← Historia 28060 · de
Historia 28060 — capítulo 16
Todo apuntaba a que no iba a ser un buen día. La noche fue tormentosa, llovía torrencialmente y había estado tronando durante horas. Eso había alterado a los pacientes y las enfermeras y auxiliares había estado muy atareados, incluso la propia doctora Farrel tuvo que quedarse toda la noche y terminó llamando a Meredith para que entrara a trabajar unas horas antes. Gabby tuvo que quedarse, pero no por Cassie, si no por el lío que se estaba armando en el módulo de los paciente comunes, que estaba histéricos.
-En estos momentos era cuando Damien nos venía tan bien- bromeó Gabby, mientras iba con Meredith hacia la sala de enfermeras, a las seis de la mañana.
-Me hubiese gustado poder despedirme- comentó la chica, bostezando.
-A él también- estuvo a punto de no decírselo, pero Damien era su amigo y no quería parecer posesiva.
En realidad Gabrielle no tenía nada contra Meredith, pero simplemente eran dos chicas sin nada en común... el episodio de falsos celos era agua pasada. Tras tomar un café y algo de comer, Meredith se fue a organizar los horarios de la mañana de sus pacientes, Tess y Hazel, e hizo la ronda antes del desayuno.
Hacia las ocho y media de la mañana, algo antes de lo normal, se repartieron los desayunos por los cuartos de los pacientes, debido al jaleo de la noche anterior. Meredith le llevaba a Kazel una bandeja con su comida y la medicación, pero algo falló nada más girar el pomo de la puerta. Parecía cerrada por dentro, lo que era imposible, porque ella tenía las llaves. La enfermera volvió a dejar la bandeja sobre el carrito de la comida y golpeó la puerta.
-Hazel ¡abre!- ordenó, enfadada, pero no obtuvo respuesta, dentro del cuarto no se escuchaba absolutamente nada.- Hazel, por Dios, abre la puerta, me estás asustando.- Sólo obtuvo silencio y se preocupó. Cogió su walkie talkie y llamó a Gabrielle, sabía que estaba cerca porque a ambas les tocaba andar repartiendo los desayunos- Gabby, Hazel se ha encerrado en el cuarto, debe haber atrancado la puerta y no me contesta.
-¿No la dejaste atada?- preguntó Gabrielle.
-Sí...- entonces cundió el pánico ¿cómo había sido capaz de desatarse y atrancar la puerta de su habitación?
-Mierda, voy para allí. Golpea la puerta ¡haz lo que sea! Como si tienes que tirarla abajo.
Hizo lo que Gabrielle le había dicho y comenzó a golpear la puerta con fuerza para lograr abrir. Le llevó varios intentos pero la silla que atrancaba el pomo desde dentro cedió y Meredith pudo entrar. Fue entonces cuando tuvo que enfrentar la situación más difícil de su vida, cuando vio la terrible escena...
...Hazel estaba tirada en su cama, parecía dormir, pero no dormía. Las sábanas estaba empapadas en sangre, sangre que había manado de sus muñecas, abiertas. En el suelo, al lado de la cama, había una pequeña cuchilla. Meredith se quedó helada, con los ojos abiertos, totalmente aterrorizada y cuando Gabrielle llegó, durante una milésima de segundo reaccionó de la misma manera, pero enseguida fue hacia la cama aunque ya nada podía hacer.
Hazel estaba fría, pálida, mortecina. No respiraba y su corazón había dejado de latir. Hacía al menos una o dos horas que lo había hecho, se había siucidado.
-Esta muerta- murmuró Gabby, dolida. Meredith negó con la cabeza, con los ojos vidriosos.
-No... no...
-Meredith...
-¡NO! No puede estar muerta- gritó, rompiendo a llorar, nerviosa y culpable. Gabby se acercó a ella, pero la morena retrocedió, furiosa.
-Meredith, por favor- a esas alturas Gabrielle no sabía que su compañera sufría esquizofrenia, o la había sufrido, y que la controlaba con medicación. No necesariamente iba a recaer por eso, pero era su gran miedo, perder una paciente, perder a Hazel la traumatizaría de nuevo.
-No me toques... no puede estar muerta- bufó llorando y sin parar de negar con la cabeza. Gabby sacó su walkie y llamó a la doctora, que llegó corriendo y vio el cadáver.
-¡Oh, Dios mío! ¿Qué ha pasado? ¡Meredith!- trató de reincorporar a Hazel, acomodándola entra sus brazos, pero la notaba helada, sin vida.- No, no... vamos pequeña- comenzó con la RCP, pero era inútil.
-¡¿Es qué nadie se da cuenta de que está muerta?!- tuvo que gritar Gabby, que parecía ser la única que mantenía la cordura.
-¿Cómo ha podido pasar?- preguntó la doctora- Se supone que debía estar atada ¡¿y de dónde ha sacado la cuchilla?!- nadie contestó, nadie sabía la respuesta- ¡MEREDITH!
-¿Qué? La puerta estaba atrancada y cuando entré la encontré aquí- dijo gritando- Cuando llegué vine a verla y estaba durmiendo, atada y entonces...
-... entonces?
-Usted me llamó a la 109, el cuarto de Sam- terminó de decir Meredith- Y no cerré con llave... No, no, no... ha sido culpa mía.
-No, para nada- dijo Gabby- alguien la desató, alguien le dio esa cuchilla.
-Que se cancele el reparto del desayuno, quiero que se revisen todos los cuartos del módulo de los comunes, si ha sido un paciente lo quiero en mi despacho antes de una hora- lo que era imposible, pero la doctora estaba fuera de si- ¡ID!- gritó, ella se quedaría en el cuarto. Tendría que llamar al forense, tendría que certificar su primer suicidio desde que era la directora del hospital.
Todo el personal se movilizó, yendo de cuarto en cuarto por el módulo de los comunes. No sabían ni por donde empezar, pero Meredith tenía sus sospechas.
-Gabby, deberías ir al cuarto de Cassie...
-¿Qué? No ha sido ella- dijo enseguida, para ella Cassie no era una opción, la había descartado de plano.
-¿Y cómo lo sabes? ¡Ya la desató una vez y trató de tirarse por una ventana!
-¡QUE NO HA SIDO ELLA! Estás paranoica- gritó Gabrielle. Normalmente las hubiera separado Damien, él hubiera mantenido la calma, pero no estaba allí, se había ido. Otro de los auxiliares que pasaba por allí las separó y cada una se fue por su lado.
Gabby seguía sin pensar que hubiese sido Cassie, pero cuando llegó frente a la puerta de su cuarto no pudo ignorarlo, tenía que entrar a preguntar. Llamó a la puerta y entró. Cassie estaba sentada en la cama, dibujando, parecía serena, feliz, pero en cuando vio entrar a su enfermera y vio la sangre en su ropa la sonrisa se le borró de la cara.
-Gabrielle ¿qué ha pasado?
-Hazel...
-¿Qué ha pasado?
-Cassie dime que no has sido tú- suplicó.
-¿Qué? No sé de qué me hablas...- Gabby corrió a abrazarla, aguantándose las ganas de explotar y llorar.
-Alguien desató a Hazel... Cassie- tomó aire, no sabía como decirlo- Hazel se ha suicidado.
-¿QUE?- preguntó la chica con la voz entrecortada, no podía ser, Hazel no podía haber muerto. Ambas rompieron a llorar, Gabby no pudo resistirse, eso le ocurría al encariñarse con los pacientes.
El forense y sus dos auxiliares se llevaron el cadáver a media mañana tras certificar la hora y causas de la muerte, que eran evidentes. A la una del mediodía terminaron de registrar los cuartos de los comunes, pero no encontraron nada.
Todos los pacientes estaban muy nerviosos, ya había corrido la noticia y ver por allí a dos hombres llevando una camilla son un cuerpo dentro de una bolsa de plástico. Sin embargo no podía parase todo, la vida de los pacientes debía continuar, no podían romper su rutina.
La doctora Farrel ordenó a Meredith irse a casa, pero no quería irse, no quería estar sola en ese momento, así que se fue a la sala de enfermeras para intentar calmarse. Gabby fue junto a ella para que no se quedara sola en un momento tan difícil.
-Deberías irte a casa...
-¡Vete tú a casa!- bufó Meredith- Acabo de perder una paciente, soy un fraude...
-No, no... Meredith, no digas eso, no ha sido culpa tuya- trató de animarla, zarandeándola un poco, pero no parecía funcionar- Dios, esto se le daba mejor a Damien...
-Ojalá estuviera aquí.
-Ojalá...
-El sabe algo de mi... algo que...- se le atropellaban las palabras, no sabía cómo decirlo.
-Tranquila, tranquila... todo saldrá bien- pero Gabby no podía estar segura de aquello, es más, antes de terminar el día el hospital perdería a otro paciente, de forma irremediable alguien más les abandonaría.
Ningún paciente tenía permiso para salir por los pasillos o al jardín aquel día, finalmente habían tenido que cancelarse las terapias y el personal no daba a basto, por eso a Cassie no le costó demasiado salir de su cuarto para hacer una escapada al de Hazel... cuando llegó allí y entró todo esta limpio, olía a lejía y hacía mucho frío. Las ventana estaban abiertas de par en par y el aire helado entraba a través de las rejillas de seguridad, se habían dado mucha prisa en vaciar la habitación. Pero no la cerraron y Cassie no estaba sola, había alguien más allí.
-¿Samuel?- preguntó extrañada, hacía semanas que no le veía, que no sabía nada de él, desde aquella terapia. Sam estaba sentado en el suelo, al lado de la cama, enseguida levantó la vista y miró a Cassie, su gesto era frío, pero en sus ojos se apreciaba el dolor.
-Cassidy ¿qué haces aquí?
-No estoy muy segura- aquella era como una forma de despedirse- ¿Por qué no cerraron el cuarto?
-Le pedí a Farrel que me dejara pasar unos minutos aquí... No puedo creer que lo haya hecho, me prometió que no volvería a intentarlo- ?¿ Cassidy le miró y no avanzó hasta que el chico le hizo una señal para que fuera a sentarse a su lado- Sé que la desataste una vez y que trató de tirarse por una ventana...
-¡No he tenido nada que ver!- se apresuró a decir ella.
-Lo sé, pero aún así te odio- le espetó Sam- pero yo odio a todo el mundo...
-... menos a ella.
-Era imposible odiarla, era dulce, perfecta... pero estaba desquiciada. Ojalá la hubiera conocido fuera- dijo él, suspirando.
-¿Te gustaba?
-¿Qué? No, no- ¿estaba dando esa impresión?- Hazel era como mi hermana pequeña, mi mejor amiga, ella y Reggie eran geniales, y las dos han tenido que irse- Sam pasó un brazo alrededor de los hombros de Cassie y la atrajo un poco hacia él- Y ahora te irás tú...- negó con la cabeza, resignado.
-Hablas como si te sintieras culpable.
-Y en parte lo soy...
-No lo eres- los interrumpió la doctora Farrel, que había ido a buscarle- Sam, apártate de Cassie.
-No le haré daño...- Cassie abrió los ojos, extrañada- He estado en aislamiento, agredí a mi enfermera y a tres auxiliares, me han dejado salir para despedirme- se separó de Cassie y se puso de pie.
-Gracias, doctora- dijo bajando la cabeza. Dos auxiliares esperaban fuera para volver a llevarlo a su cuarto en aislamiento.
-Gracias a ti, Sam, por cumplir tu promesa- no había causado altercados. Farrel y Cassie se quedaron solas y la doctora se acercó a ella, arrodillándose delante y acariciándole la mejilla.- ¿Estás bien?- ella asintió.
-¿Por qué lo hizo?
-No lo sé- pero sí lo sabía, Hazel estaba mucho peor de lo que cualquier allí podía pensar.-Ven, te acompañaré a tu habitación.
Ambas salieron y la doctora intentó por todos los medios no hablar de Hazel, pero era el único tema que Cassidy tenía en la cabeza. Al llegar al cuarto Farrel sacó un pequeño pedazo de papel de su bolsillo y se lo dio.
-Estaba en su mesilla, había varias notas... creo que quería despedirse- lo que significaba que lo había planeado y que si alguien la había ayudado no era totalmente culpable de su muerte- Siento no haberte dejado hablar con ella... no tenía ni idea de lo que iba a hacer.
-¿Cómo está usted?
-¿Qué?
-Usted siempre se preocupa por mi pero sé que estará mal, era su paciente- Cassie tomó la nota, interesada, pero no la leería hasta que estuviera a solas.
-No tienes que pensar en eso, cariño. Yo estaré bien, esto pasará- no sabía que otra cosa decir, nada parecía poder romper ese momento de confianza, pero algo ocurrió, algo que nadie esperaba. Se escuchó un gritó ensordecedor por el pasillos y después golpes y maldiciones- Cassidy, quédate.
Cassie asintió y se quedó en el cuarto, escuchando desde dentro de su cuarto todo lo que ocurría en el pasillo.
-¿Qué está pasando?- preguntó la doctora, viendo como dos auxiliares cargaban a Tess, que gritaba y pataleaba.
-Se ha puesto histérica- dijo Meredith, que se negaba a irse.
-Van a venir a buscarme ¡vendrán a por mi!- gritaba Tess, histérica.
-Nadie vendrá, Tess- la contradijo la doctora.
-Sí lo harán, he hecho todo lo que me han pedido, he hecho cosas horribles... me lo deben, ellos vendrán y no lo podrán impedir- gritaba, sollozaba y pataleaba, pero la sujetaban con fuerza.
-¿A qué te refieres, Tess?- pero la chica ignoró la pregunta de la doctora y comenzó a tararear a voz en grito.
-En el lugar donde no podrán alcanzarla, van a venir a buscarla y la llevarán para siempre lejos del dolor que siente.
-Tess, cállate- ordenó la doctora.
-En el lugar donde no podrás alcanzarme, van a venir a buscarme y me llevarán para siempre lejos del dolor que siento- repitió, ignorando a la doctora.
-Tess ¿a qué te refieres con cosas horribles? Nadie vendrá a por ti, tienes que comenzar a ver la realidad- pidió Farrel.
-Sí vendrán, ellos provocaron la tormenta, era la distracción y me pidieron un último sacrificio- dijo, mirando con odio a la doctora.
-¿Qué sacrificio?
-¿Tú qué crees?- entonces Meredith se activó como una alarma de incendios y se lanzó sobre Tess.
-Fuiste tú ¡Tú la desataste y le diste la cuchilla! Jodida loca- uno de los auxiliares soltó a Tess para agarrar a Meredith, que estaba fuera de sí y Tess salió corriendo, repitiendo una y otra vez su cancioncilla.
-Meredith ¡vete a casa ahora! Quiero a Gabby conmigo ya- exigió la doctora, echando a correr tras Tess, que iba hacia el patio.-Tess, detente- estaba lloviendo, no había parado en todo el día y nada más salir ambas se empaparon.
-Déjeme, ellos van a venir a buscarme, me lo han prometido... hice todo lo que me pidieron- dijo la chica, gritando bajo la lluvia, esperando realmente que alguien fueran a buscarla. Gabby llegó rápido, tratarían de volver a meter a Tess dentro.
-No vendrán...
-¡Sí vendrán! Llegarán en cualquier momento ¡Mire!- Tess señaló un brillante luz en el cielo y sus ojos se iluminaron, al fin venían a por ella... o eso creía.
-Tess, no, te confundes...
-¡Están ahí!- gritó aufórica, ya escuchaba la nave, veía sus luces...
-Tess...- Farrel se rindió en ese momento- Tess... es un helicóptero- pasó por encima del hospital y se alejó rápidamente. La cara de Tess se tornó triste de nuevo.- Nadie vendrá...
-Pero... ellos me lo prometieron- sus ojos se llenaron de lágrimas y Farrel y Gabby se acercaron- ¡Es culpa suya! Ellos iban a venir...- se tiró en el suelo a llorar y Farrel trató de sujetarla.
-Tranquila, tranquila pequeña, no pasa nada. Gabby, trae sus sedantes, tenemos que llevarla a aislamiento.
-¡No! No me encerrará... ellos no me encontrarán si me encierra- insistió Tess- Ellos me encontrarán sólo donde no pueda alcanzarme.
-Tess, por favor ¡Gabrielle, date prisa!- Gabby salió corriendo y dejó a la doctora tratando de retener a la paciente.- No vendrán...- la paciente se quedó pensativa, quieta y mirando fijamente a la doctora.
-Hay un lugar... un sitio donde no puedes alcanzarme.
-¿Qué quieres decir?- Tess sonrió y miró el cielo por última vez. Poco a poco se sumiría en sus propios pensamientos, poco a poco la fantasía se confundiría con la realidad y Tess se hundiría en sus propias fantasías. - ¡Tess, no, no reacciona!
La doctora la zarandeó, pero fue inútil. Tess parecía un muñeco de trapo en los brazos de la doctora y por mucho que Starla trataba de hacerla volver, en ese estado era imposible. Tess se había entregado a su locura, había cedido y estaba donde quería estar, a miles de kilómetros de allí. Se había quedado catatónica.