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Historia 28060 — capítulo 17
Todo el hospital estaba conmocionado tras la muerte de Hazel y para calmar los ánimos y ofrecerle a la chica un digno final, se ofició una ceremonia en su memoria en la capilla del hospital. Cassie ni siquiera sabía que hubiera una capilla, nunca había sido muy religiosa, pero había sido de las primeras en apuntarse.
Fue una bonita ceremonia llena de fotos de Hazel de antes de su internamiento, de cuando era pequeña e incluso algunas de tiempo en el que había estado en el hospital. Era muy fotogénica, muy guapa y Cassie pudo quedarse con algunas de sus fotos, de recuerdo, no quería olvidarla cuando saliera de allí, no quería olvidar a nadie. Tras la ceremonia, Gabby la acompañó a su cuarto y se mostró algo reacia a dejarla sola.
-¿Seguro qué no quieres que me quede?
-Seguro, estoy bien.
-¿Quieres algo de comer o...
-¡No, Gabrielle! Por Dios- exclamó Cassie enfadada- Estoy bien ¿vale? No necesito nada- y menos volver a tenerla de niñera como si fuera una cría o una persona que no puediera valerse por sí misma.
Gabby se fue del cuarto, llevaba varios días muy extraña y nerviosa, era incapaz de negarle nada a Cassie y cada vez que debía ponerse autoritaria bajaba la cabeza y se iba, como si no puediera imponerse sobre nadie. La doctora Farrel no había notado y le había insistido, al igual que Damien en que se tomara unas vacaciones, pero ella quería esperar a que Cassidy se marchara.
Por otra parte estaba Meredith, totalmente destrozada, técnicamente había perdido dos pacientes en un día, a Hazel y a Tess, que seguía catatónica en un cuarto especialmente acondicionado en la zona de máxima seguridad del hospital, donde estaban los casos más urgentes y algunos de los más complicados.
-Meredith- le hablaba la doctora Farrel, en su despacho- He llamado a James para contarle lo ocurrido y él me ha dicho algo de ti que no sabía- la enfermera bajó el rostro, sabía de sobra de lo que se trataba.- ¿Por qué no me lo dijiste?
-¿Me hubiera contratado de haberlo sabido?
-Probablemente no- reconoció la doctora- Y de hecho, no creo que sea conveniente que sigas trabajando aquí.
-¿Me está despidiendo? Necesito el trabajo, me gusta y lo que me pasó nunca ha afectado a mi trato con los pacientes- dijo Meredith entre indiganda y asustada.
-Lo sé, pero lo que ha ocurrido sí te está afectando a ti. No voy a despedirte Meredith, eres una gran enfermera, pero no deberías trabajar en un hospital psiquiátrico, por eso he pedido tu traslado al geriátrico de Rossenblant- Meredith no supo que decir y Starla prosiguió al ver que la chica no decía nada- El sueldo es ligeramente inferior, pero trabajarías menos horas, estarías más cerca de tu casa y por supuesto trabajar con mayores te afectaría mucho menos que trabajar con pacientes con desequilibrios similares al que padeces.
-¡Yo ya no soy esquizofrénica!- gritó la chica, lo que no hacía que tuviera mucha credibilidad.
-Meredith, tranquila. Es un buen trabajo, mejor que el que tienes ahora, conozco a la doctora que dirige el geriátrico y le he dado una excelentes referencias, está deseando que empieces ¿cuál es el problema?
-Que me está echando... no quiere tenerme aquí.
-No te hará bien...
-¡Me habla como a una empleada o como a una paciente?
-Te hablo como tu jefa, tú eres mi empleada y estás pasando por un mal momento. Te ofrezco una gran oportunidad, deberías aceptarla.
-Y si no lo hago...
-Ya sabes cual es la respuesta.
Farrel estaba siendo generosa y no entendía por qué la morena no aceptaba la oferta de trabajo, al igual que Gabby, que tampoco lo comprendió cuando su compañera de trabajo se lo explicó en la farmacia del hospital, mientras repartían la medicación de cada paciente en los vasitos de plástico, media hora antes de la hora de comer.
-Deberías aceptar, Meredith, es un buen trabajo.
-Me gusta trabajar aquí...
-No te hace bien ¿Cuántas veces podrás pasar por lo mismo?
-¿A qué te refieres, Gabby?
-A lo que le ha pasado a Hazel. Mira, hace dos años yo perdí a una paciente en circunstancias muy similares, sé lo que sientes- explicó la rubia- Quizás puedas soportarlo una vez, o quizás dos... pero todo tiene un límite, incluida tú.- Hazel ya no estaba, debía aceptarlo y continuar con su vida.
-La echaré de menos...
-Ella no querría que fuera infeliz ni que te torturaras por su culpa. Este no es tu lugar y tú lo sabes, Rossenblant te irá bien y te sentirás mucho más realizada allí- Meredith era de esas personas que de vez en cuando necesitaba que le dieran una palmadita en la espalda y le dijera el buen trabajo que hacía y, desde que estaba en aquel hospital, sólo había recibido patadas.
Pero estaba sólo en sus manos el decidir qué hacer con su propia vida, así que le pidió a Farrel unos días días libres para aclarar sus ideas y poner en orden sus sentimientos, quizás tras pensarlo, lo viera todo más claro. Se marchó tras la hora de comer, quiso quedarse porque era una de las horas del día más atareadas y el personal era necesario, pero tras eso cogió un autobús y se fue a casa.
Hacia las cinco de la tarde, justo antes de irse a casa, Gabby recibió una llamada en su móvil. Ya iba hacia la puerta del hospital, cambiada pero se detuvo al ver quien era.
-¿Damien?
-Hola, Gabby ¿cómo te va?- saludó el chico, que parecía muy contento.
-Bien, bien ¿cómo estás tú?
-Genial, había olvidado lo mucho que me gustaba Florida.
-¿Y Bastien y Regina?
-Bastien está muy bien, Carter Beach le ha gustado. En cuanto a Reggie...- hizo una pausa y rió- ya sabes, haciendo amigos- se notaba la ironía en su voz, Regina ya se había peleado con un par de pacientes que miraban con ojitos a SU chico, pero nada grave.-¿Va todo bien por ahí?
-Desgraciadamente no. Hazel se ha suicidado.
-¿Qué? Joder... ¿cuándo?¿cómo?
-Hace un par de noches... se cortó las venas.
-¿Pero no estaba atada?¿De dónde sacó la cuchilla?- Damien no daba crédito.
-Tess Donner- no hizo falta explicación ninguna.- Necesitaba una distracción mientras venían a por ella-bufó Gabrielle, enfadada.
-¿Y qué habéis hecho con ella?
-Nada, de momento. Está catatónica- Gabby escuchó murmullos ininteligibles al otro lado del auricular, pudo distinguir un par de palabras malsonantes y el nombre de Tess, pero nada más.
-¿Cómo está Cassie?¿Ella está bien?
-Sí, está bien, triste, pero lo lleva muy bien- gracias a Dios.
-Oye, ya sé que va contra las reglas pero...
-Ya estoy de camino a su cuarto- le interrumpió la chica. Había dado media vuelta en cuanto había descolgado el teléfono porque estaba segura de que Damien iba a pedirle saludar a Cassidy.
Cuando llegó al cuarto golpeó la puerta y entró, sonriendo, móvil en mano. Cassie estaba dibujando y le extrañó la visita de su enfermera, quien se había despedido poco antes.
-¿Pasó algo, Gabby?
-Tengo una sorpresa- dijo dándole el teléfono- Es Damien- a Cassie se le iluminaron los ojos y sonrió- Esperaré fuera, pero no te líes, no están permitidos los teléfonos.- Gabby salió del cuarto y en cuanto cerró la puerta la chica se sintió libre para hablar.
-¿Damien?
-Cassie, preciosa ¿cómo estás?
-Bien, bien ¿cómo estás tú¿y tu hermano?¿y Reggie?- quería saberlo todo de todos.
-Aquí estamos todos bien, descuida. Oye, me enteré de lo que ocurrió ¿seguro que estás bien?
-Sí, sí, descuida... es sólo que... bueno, voy a echarla de menos- nadie debería morir de aquella manera.
-Todos, Hazel era una buena chica- en el fondo y dejando al lado su enfermedad.- Dime ¿qué estabas haciendo?
-Dibujar... está lloviendo y nadie puede salir de su cuarto. Todos están muy nervioso ¡oye! ¿Sabías que Sam estaba en aislamiento?
-Sí, llevaba allí como tres semanas- si no llevaba más, Damien no estaba seguro.
-¿Y qué tiempo hace ahí?- Cassie estaba tan nerviosa que saltaba de un tema a otro sin ningún orden.
-Es Florida, aquí siempre hace calor- dijo Damien, riendo- Oye, tengo que dejarte, Cassie, tengo muchas cosas que arreglar por aquí.
-Pero... no quiero colgar.
-Ni yo, pero te meterás en líos y yo llegaré tarde a una reunión importante- sonaba a excusa barata, pero que se le iba a hacer.- Adiós, pequeña.
-Besos- se despidió la chica y justo antes de colgar escuchó las palabras más bonitas que Damien pudo decirle.
-Te quiero, Cassie.
...
La chica sació del cuarto y le devolvió el teléfono a su enfermera, que no preguntó nada sobre la conversación, sabía que era privada y sabía por donde iban los tiros. Cassie le dio un gran abrazo de agradecimiento y la dejó irse, ella también tenía algo que hacer, algo muy importante.
Entró de nuevo al cuarto y abrió su mesilla, en ella estaba la nota que le había dado la doctora Farrel, la que había escrito Hazel, por alguna razón que no comprendía no se había atrevido a leerla, pero ya era hora de hacerlo.
“Quería haber podido decirte esto en persona, pero Farrel es una bruja y no me dejó verte” Cassie sonrió, recordaba haber pensado lo mismo muchas veces. “No quiero que te sientas culpable, ni por esto ni por lo que intenté hacer el día que me desataste. Sé que no debí pedírtelo, pero igual lo hice y te metiste en un lío por mi culpa. De verdad lo siento. En cuanto a lo de haberte insultado y haberte dado un puñetazo... bueno ¡estoy loca! No deberías tenérmelo en cuenta.
Sólo quiero pedirte una cosa y quiero que lo hagas por mi y, más que nada, por ti misma. NO ME ECHES DE MENOS, no pienses en mi como una loca, o una suicida o una yonqui de la medicación. Soy Hazel, sólo soy Hazel, la chica que conociste en el hospital y a la que no volverás a ver porque se marchó con su familia. Intenta verlo de ese modo porque así será menos doloroso... sé que te caía bien y lo sé porque fuiste capaz de hablar por mi cuando yo no podía hacerlo y por eso te quiero un montón. Sé feliz, Cassie, todo lo feliz que puedas porque tú sí vas a tener esa oportunidad. Besos. Hazel”
La nota le arrancó varias sonrisas, pero cuando terminó de leerla lo único que sentía Cassie eran muchas ganas de llorar, y eso hizo, soltar todo lo que tenía dentro, llorar por Hazel, llorar por Hope, llorar y al fin afrontar la pérdida como lo hacía la mayor parte de la gente: LLORANDO.
Huir del dolor no había hecho nada más que causarle un horrible sufrimiento, mucho más del que le habría causado de haberle hecho frente, como una valiente, como lo que ella había sido siempre. Cuando se desahogó y soltó toda su rabia quiso volcar todo lo que sentía de la mejor manera en que podía hacerlo, en lo que mejor sabía hacer, dibujar.
Se saltó la cena, pero mereció la pena, incluso la bronca que fue a echarle la doctora a media noche por no haber comido, por no haberse tomado la pastilla para dormir y por estar dibujando en vez de acostada, era aceptable.
-Cassie, tienes que acostarte.
-Ya casi termino, sólo me queda escribir una cosa- comentó la chica, dándole los últimos retoques a su último dibujo, uno de unas seria de seis.-¿Qué hace aún aquí?
-Papeleo por todo lo que ha ocurrido- papeleo de Hazel, de Tess y de Meredith. -Termina, no me iré tranquila si no estoy segura de que te quedas acostada.
-Ya casi... ya casi... ¡ya!
-¿Está?- 'Ahá!, contestó la chica, ofreciéndole los seis dibujos.-¿Quieres qué los vea?- preguntó extrañada, muchas veces Cassie era recelosa con su obra y muchas otras era así de generosa.
-Sí, véalos.
Todos eran preciosos, como todo lo que Cassie dibujaba. Cinco de los dibujos, todos a carboncillo, eran de Hazel y un de Tess uno que, contrariamente a lo que Farrel hubiera creído, no expresaba odio. Sin embargo todos ellos, sólo uno le llamó verdaderamente la atención y le pidió a Cassie que se lo dejara llevar a casa hasta el día siguiente. La chica por supuesto aceptó.
Al día siguiente por la mañana, todos los que fueron a visitar la capilla, fuera por el motivo que fuera, pudieron ver junto a las fotos y flores de Hazel un precioso marco de madera y cristales de colores que protegía una dibujo a carboncillo de Hazel acurrucada junto a una ventana, mirando al horizonte con una mirada serena. Al pie del papel una frase: “Sé feliz, todo lo feliz que puedas”.