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Historia 28060 — capítulo 4
Por estúpido que le pareciera a Cassidy, uno de los motivos por los que pasó tan mala noche era saber que Gabby no iba a estar fuera por si ella necesitaba algo. Se sentía idiota y egoísta, pero su enfermera era la primera persona que parecía preocuparse por ella en mucho tiempo.
"Es sólo porque es su trabajo, en realidad no le importas" se repetía una y otra vez, su propia voz resonaba en su cabeza diciéndole que no le tomara cariño, que no era real, que a Gabrielle le traía sin cuidado lo que le pasara.
Por la mañana, a las nueve, en lugar de que su enfermera entrada despació en su cuarto, Margarette entró como un torbellino, dando un portazo al cerrar y abriendo de par en par las persianas. Hacía unos minutos que Cassie estaba despierta, pero aún así la luz le molestó.
-Arriba, niña. En media hora baja a desayunar- dijo dirigiéndose a la puerta.
-¿No se queda?
-Tengo más pacientes, querida. No soy tu niñera- Gabby siempre se quedaba y siempre le sonreía. Margarette era una vieja amargada.
Despacio fue hasta el baño para dedicar unos minutos a esas tareas humanas que se hacen al despertar. Luego se puso su chaqueta de lana azul y bajó al comedor, sola y muy insegura. Necesitaba más a Gabby de lo que creía, al menos así no se sentía tan vulnerable. Margarette le sirvió su desayuno. Leche, zumo de naranza, un tazón de melocotón en almíbar y tostadas con mermelada de ciruela y le obligó a comerlo todo, como a una cría, de hecho Cassie fue la última en irse del comedor con un intenso dolor de estómago y muchas ganas de vomitar por el exceso.
Tras una ducha rápida sin lavarse el pelo (no dejaría que Margarette la peinara) se puso su chándal gris y se dirigió a la terapia, esta vez acompañada de la enfermera, quien no decía una sola palabra.
-¿Quién está con Hazel si usted está conmigo?- quiso saber Cassie antes de entrar a la terapia.
-Estoy con las dos, aunque ella es como un corderito con la medicación, es más manejable que tú- encima de fea y vieja era una borde, lo que le faltaba.
Cassie entró en el salón, uno distinto al del día anterior y allí estaba Farrel, acompañada de un chico joven y apuesto. Se sentó lo más cerca del médico guapo y esperó a que todos hubieran llegado.
-Bueno días- dijo la doctora- Hoy el doctor James Dempsey nos acompañará en la terapia- no era la primera vez que James acudía a observar o participar en las terapias de la doctora Farrel, pero sí era la primera vez que Cassie le veía.- Hoy Cassidy nos acompañará, es nueva en North Danvers- a diferencia del día anterior nadie la saludó, de hecho la mayoría de los pacientes, otros ocho, la miraron con desconfianza e incluso, un par, con cierta repulsión.- Cassidy ¿por qué no nos cuentas cuál es la razón de que estés aquí?
-Porque no quiero- no quería hablar en público, no le gustaba. La respuesta le cayó muy mal, de nuevo, a Starla.
-Cassidy, por favor- tenían un trato, ambas debían cumplirlo, empezando por la joven.
-Usted es la razón de que esté aquí. Según sus informes sufro depresión, delirios y alucinaciones pero no es verdad- ella seguía negándoselo.
-¿De verdad? ¿Dónde está tu hermana ahora?
-En casa, con mi madre- contestó Cassi furiosa.
-No, no es cierto ¡Hope ha muerto!- si Cassidy iba por las malas, Starla también lo haría.
-¡No es verdad!
-Sí lo es- la discusión subía de tono. Siempre era por lo mismo, por Hope. Cassidy se agazapó en su silla y negó con la cabeza, estaba nerviosa y sentía que todos la miraban.
-¿Por qué no al deja de una vez?- preguntó una voz femenina desde extremo de la sala opuesto a Cassie. Parecía desagrable, algo enfadada.
-No te metas en esto Regina- dijo la doctora enfadada.
-¿Y qué va a hacer?¿Sedarme?¿Mandarme a ala norte de la tercera planta, como a Bastien?
-¡¡Ya está bien, Regina!! Estoy harta de tu comportamiento. James, sácala de aquí- el doctor asintió y se dirigió hacia Regina a la que tuvo que sacar prácticamente a patadas mientras gritaba- Cassidy ¿queires acabar así¿es lo que deseas?- la chica negó con la cabeza, aún hundida entre las rodillas.- Pues tienes que aceptar la realidad.
Tras un breve e incómodo silencio la doctora retomó la sesión de terapia. En el centro del círculo que formaban las sillas, como habían echo en la anterior sesión, había una pizarra.
-Bien, lo que haremos hoy es un ejercicio de exteriorización. Uno por uno saldreis aquí y yo os propondré una situación, vosotros debéis dibujar en al pizarra lo que os sugiere. Samuel, comienza tú- Un chico de unos veinte o veintidos años se puso de pie. Era muy alto, casi un metro noventa, aunque caminaba encogido y de manera desgarbada. Tenía el pelo rubio oscuro, los ojos marrones y un gesto de ira en su cara, como odio... aunque Cassie no percibió por qué.- Bien Samuel, quiero que imagines que estás en un lugar público, una cafetería por ejemplo, y escuchas discutir a una pareja ¿qué te sugieres? Dibújanoslo.
-¿Para qué sirve esta mierda?- preguntó enfadado, cogiendo el rotulador del ecerado.
-Sirve para exteriorizar emociones y para que yo sepa como reaccionas a estímulos externos agenos a ti- explicó la doctora. Sin entender muy bien, Samuel comenzó a dibujar malamente un hombre y una mujer discutiendo. De cada cabeza salían nubes, como las que aparecen en los comics y en las que se pueden ver los pensamientos de los personajes. En la nube del hombre del dibujo había una especie de calavera y en la de la mujer una persona llorando. En la esquina del dibujo, agazapada, una figura más pequeña lloraba.-Siéntate, por favor ¿Puedes explicarnos tu dibujo?- pidió la doctora. El chico volvió a su sitio y habló.
-La gente que discute se odia y odia a quienes le rodea, por eso grita y piensa cosas horribles.. y siempre hacen daño a alguien hasta que un día se les va de las manos...- explicó amargamente.
-¿Quién es la tercera figura del dibujo?
-Siempre hay terceras personas que pagan los errores de los demás...
-¿Eres tú?- el chico asintió y fijó su vista en el suelo.- ¿La pareja que discuten son tus padres?- él asintió de nuevo. Sam había tenido una vida difícil. Sus padre siempre estaban discutiendo por todo, sobretodo por dinero. Había sido un niño maltratado y había perdido a su madre, tras una brutal paliza. Poco a poco se había hundido y había terminado en North Danvers.
-¿Cassie, sales tú?- preguntó la doctora tras tomar unas notas. Cassidy prefirió no quejarse y salió. Borró la pizarra con un trapo que le tendió la doctora y tomó un rotulador.- Imagínate que estás en un barco, Cassidy, y hay una fuerte tormenta. Estás allí con otras dos personas ¿qué es lo que te viene a la mente?- A la chica se le revolvió el estómago e imágenes horribles del accidente de barco pasaban por su mente a mil por hora y entonces recordó el momento en el que ya no pudo sujetar la mano de su hermana...
Con los ojos vidriosos y aguantando como pordía, destapó el rotulador y miró la pizarra unos instantes. Tras pensar un minuto comenzó a dibujar, con más esmero del requerido por la actividad. Mientras lo hacía James entró de nuevo en la sala, cuidando no interrumpir, y se quedó observando al lado de la puerta.
Primero dibujó un barco de vela, grande y majestuoso en un mar bravo, rayos, nubes y dos personas en el mar, ahogándose mientras otra lloraba en el barco. Lo tomó unos diez minutos hacer un boceto a mano alzada, sin muchos detalles, pero nadie le metía prisa.
-Descríbenos el dibujo, por favor- pidió la doctora, tras indicarle a la chica que tomara asiento. Tras unos instantes en los que Cassidy se acomodó, comenzó a explicar su ilustración.
-El mar es traicionero, puedes salir pensando que hace sol y todo está tranquilo pero puedes no regresar a puerto...
-¿Quienes están en el dibujo?
-Mi padre, mi hermana y yo.
-¿Quiénes están en el agua?
-Mi padre y... y yo- dijo sin poder evitar que las lágrimas brotaran de sus ojos, aunque parecía no darse cuenta.
-¿Por qué tú, Cassidy?- aquello era algo nuevo y la doctora y Dempsey tomaban notas como locos.
-Porque tenía que haber muerto yo- todos se le quedaron mirando y a Starla se le formó un nudo en la garganta.
-Doctor Dempsey, llévese a Cassidy por favor- James se acercó a la chica y le ayudó a ponerse de pie. Luego ambos salieron de la sala. La terapia finalizó sin contar con la presencia de Cassie, quien se quedó en su cuarto, sola.
Casi a la una y media llamaron a la puerta de su habitación, ya era la hora de comer, así que Cassidy creyó que era Magarette o, con algo de suerte, sería Gabrielle, pero ni una ni otra. La doctora Farrel entró cuidadosamente. Llevaba una bolsa grande negra y marrón.
-Hola, Cassidy ¿estás bien?- preguntó preocupada. Le chica asintió, aunque estaba mintiendo.- Me ha preocupado mucho lo que has dicho hoy en la terapia.
-¿El qué?
-Cassidy, no te hagas la tonta- dijo Starla sentándose a los pies de la cama- ¿De verdad crees que debías haber muerto en el accidente?
-Mamá estaría mejor si fuera Hope la que estuviera viva... seguro que ella lo hubiera afrontado mejor.- Al menos se encontraban en un punto en el que podían hablar de forma racional.
-¿Estás preparada para hablar del accidente?- porque en más de un año de terapia Cassie se había cerrado en banda a hablar de ese tema, de hecho, durante muchos meses se había encerrado en un silencio que los había tenido parados a todos. Aquel parecía un buen momento para empezar de cero y poder ayudar a la chica... claro, parecía, esa es la clave. Cassidy negó con la cabeza, en el fondo no quería hablar de eso, no podía.- Tienes que intentarlo...
-No quiero, no lo haré- casi sin darse cuenta, Cassie comenzó a balancearse de atrás hacia delante, nerviosa con un nudo en la garganta.- Quiero estar sola, vete.
-No me iré, Cassidy. Mira, te he traído cuadernos, carboncillos y algunas cosas más- dijo con una sonrisa sacando las cosas que llevaba en la bolsa- No estaba segura de que tipo de cuadernos querías así que te he traído varios modelos y unas ceras...
-Gracias- dijo la chica maravillada- Estos son los que uso siempre- añadió tomando uno de los cuadernos y mostrándoselo a la doctora.
-Está bien, cambiaré estos dos por ese modelo ¿vale?- comentó guardando de nuevo dos cuadernos en la bolsa- Hoy a las seis hay otra sesión, ya lo sabes.
-¿Tengo que ir?
-Sí, tienes que ir. Tenemos un trato- Starla estaba cumpliendo su parte ahora le tocaba a Cassie.
-Está bien pero quiero que vuelva Gabrielle.
-¿Por qué?- ¿Y ahora tenía que decir la verdad o mentir? Mejor ocultar la verdad si decir nada que no sea cierto, para evitar la culpabilidad.
-No me gusta Margarette- era cierto, sólo se saltaba la parte de que le caía bien Gabrielle, no quería reconocerlo.
-Está bien, mañana te asignaré a otra enfermera y...
-¿Mañana? ¿Cuándo regresa Gabrielle?
-Se ha pedido unos días de descanso, se los merece Cassidy, trabaja mucho y necesitaba descansar.- Eso fue suficiente para confirmarle a la chica que su enfermera sólo se preocupaba por ella porque era su trabajo.- Antes de las seis Margarette vendrá a buscarte e iremos a terapia, será mucho más sencillo que por la mañana. La esquizofrenia no se cura con terapia de grupo, es sólo una forma de...
-¿Controlarlos?
-Cassidy- replicó Starla- Puedes llamarlo como quieras, pero es una forma de que los pacientes nos e aislen.- Suspiró y se puso de pie, tenía más cosas que hacer- Te dejo, intenta descansar un poco- Cassie asintió, pero lo que haría sería ponerse a dibujar.
Tuvo que bajar a comer pero lo primero que hizo al regresar a su cuarto fue ponerse a dibujar a carboncillo, un retrato. Generalmente dibujaba retratos de Hope o cosas que recordaba o si no estaba insipirada recurría a los paisajes. Pero esta vez alguien le había llamado la atención, la chica de la terapia, Regina. Cassie estuvo dibuando hasta que llegó la enfermera para bajar a la terapie. Llamaron a su puerta pero no entraron.
-Vamos, niña, sal. Tienes que bajar a la sala de terapia- dijo la vieja bruja desde fuera. Cassidy se puso la chaqueta sobre el chándal, tenía frío, y salió de su cuarto. Allí no estaba solo la enfermera borde, también estaba Hazel.
-Hola- dijo con una enorme sonrisa- Así que esta es tu habitación ¿qué llevas ahí?¿Hoy vas a sonreir?- ¿No iba a estar callada nunca?
-Hazel, cállate- dijo la vieja bruja zarandeando a la pequeña chica.
-No le haga eso- le reprendió Cassidy.
-No me digas lo que tengo que hacer, niña- le espetó la enfermera.
-Uno: tengo nombre y dos: de lo que pago cada mes por estar aquí encerrada sale su sueldo, así que intente ser algo más amable- ambas podían jugar a ser una bordes y unas brujas, pero en ese juego suelen ganar los locos, ellos no tienen nada que perder. Hazel sonrió y miró fijamente al suelo, ella no podía defenderse con tanto sedante.
Al llegar a la terapia y contra todo pronóstico, Cassie se sentó al lado de Hazel. Toda la hora fue una pérdida de tiempo para Cassidy pero no le importó, porque al salir pudo irse al jardín a dibujar. Se sentó en uno de los bancos de piedra y abrió su cuaderno, lo había bajado a la terapia, junto con ceras, y se puso a dibujar lo que había a su alrededor. Estaba demasiado concentrada en su dibujo y no se dio cuenta de que alguien se le acercaba.
-Hola- dijo una voz masculina a su lado. Cassie no miró y no dijo nada, aún así el chico se sentó- ¿Qué haces?- preguntó.
-Estoy dibujando, es evidente- dijo mirando por fin a su acompañante, era Damien.- Ahora no he hecho nada...
-¡No, no! Tranquilo, no vengo a hacerte nada... sólo quería saber como estás- no le venía nada bien que Cassie le hiciera sentir aún más culpable.
-Gracias a ti tengo moratones en los brazos- bufó mirándolo con odio.
-Lo siento... no quería hacerte daño.
-Pues para no querer lo hiciste- mentía, claro que mentía, ¿si no por qué tenía moratones?
-Oye, si hay algo que pueda hacer para que me perdones... te juro que no quería hacerte daño- se excusó.
-Consígueme una cera blanda azul cián.
-¿Estás de broma?
-No, consígueme una cera de ese color y te perdono- Era inútil tratar de entender a cualqueira de los pacientes de ese lugar pero aún así a Damien le hizo mucha gracia y sin decir nada dejó sola de nuevo a Cassie.
Damien se fue a la sala de enfermeras apresurado a buscar a Gabrielle.
-Hola em... ¿Sabéis dónde está Gabby?- preguntó asomando la cabeza.
-Hoy no ha venido, se ha tomado unos días libres- contestó una de las enfermeras.
-Bueno, veréis, quería salir un momento y...- Gabby solía cubrirle en esas situaciones, pero al no estar ella no podía escaquearse.- Es que me he acordado de que tengo que hacer una cosa y...
-Vete cielo- dijo Margarette frunciendo sus labios pintados con carmín rosa y mirando de forma maternal a Damien- No diremos nada, pero tienes que volver pronto.
-Claro, será un minuto- dijo con una sonrisa antes de salir apresurado de la sala. Fue a su taquilla siuada en la sala de auxiliares en el primer piso y salió rápidamente. En el aparcamiento estaba su coche, tendría que conducir muy rápido hasta llegar al pueblo más cercano, a veinte kilómetros para ir a una librería. Una vez en el pueblo le llevó más de media hora encontrar una juego de ceras blandas que incluyese azul cián y no turquesa o azúl cielo.
Era cosa de la culpabilidad, le jugaba esas malas pasadas, pero no podía soportar haberle hecho daño a una chica que no podía defenderse, aunque hubiera sido por su propio bien... o eso le decía la doctora.
Poco antes de la hora de la cena regresó, intentando evitar a las enfermeras a toda costa, y decidió quedarse en el comedor hasta ver entrar a Cassidy.
Cassie se había quedado fuera dibujano y a las nueve menos cuarto todos los pacientes, algunos con compañía de sus enfermeros, comenzaron a irse hacia el comedor. Justo por su lado pasó Regina, hacía ya horas que había terminado su retrato.
-¿No vas a cenar?- dijo Regina. Estaba de pie, ante Cassie, era alta, poco más que ella. Esbelta y muy guapa, pero parecía tremendamente infeliz, enfadada... triste.
-No tengo mucha hambre...- frase ya típica en Cassidy.
-¿Y te crees que yo sí? Esto es una mierda, no dejes que te convenzan de lo contrario- dijo mirándola con desdén, cruzándose de brazos- ¿Puedo ver tus dibujos?- Cassie le pasó el cuaderno, había tres dibujos. El primero había sido el retrato de Regina, el segundo el jardín y el tercero aún estaba sin terminar pero no se parecía a nada que estuviera a su alrededor.- ¿Quién es la del dibujos?
-Tú- respondió Cassie tratando de forzar una sonrisa, aunque no le salió nada bien.
-No me parezco- no era cierto, para haberla visto sólo una vez el dibujo era bastante exacto.- Tienes talento... no deberías estar aquí.
-¿Por qué dices eso?- preguntó la chica mientras Regina le devolvía el cuaderno.
-Yo tenía talento... pero ellos me lo arrebataron- las manos de la joven comenzaron a temblar y sus ojos parecieron escurecerse de la rabia, las venas de su cuello se tensaron y, tras dirigirle a Cassie una mirada furiosa, se dio la vuelta y caminó hacia el interior de hospital. En la puerta había un enfermero que parecía ser quien se ocupaba de ella.
Damien seguía esperando en el comedor pero decidió salir al ver que a las nueve y diez Cassie no había llegado. Iba a ir a su cuarto pero prefirió asegurarse de que no se había quedado fuera. Hacía frío y amenazaba lluvia, pero aín así Cassie seguía sentada en el banco, sin moverse, concentrada en su dibujo.
-Deberías estar cenando- dijo Damien sentándose de nuevo al lado de la chica, como había hecho un rato antes.
-Y tú deberías meterte en tus asuntos- le espetó la joven desagradable.
-Quizás, pero quería darte esto- Cassie le miró y pudo ver como se sacaba algo del bolsillo. Estaba envuelto en papel de estraza blanco. Cassie lo cogió y lo abrió. Era una barra de cera blanda color azul cián.
-Gracias...- susurró mirando maravillada la pintura, como si fuera algo extraordinario. Allí dentro era muy fácil hacerla feliz.
-¿Me perdonas por lo del otro día?- se aseguró Damien.
-Claro- ya estaba hecho, no tenía sentido odiarle, por alguna extraña razón ya no tenía sentido guardarle rencor.
-Ven, te acompañaré a cenar. Tienes que comer y tomarte tu medicación... puedes segui dibujando luego- y si saber también por qué, ni una sola queja salió de la boca de Cassie. Sólo recogió sus cosas y siguió al chico hacia el comedor aunque allí Margarette se apropió de ella, obligándola a cebarse con toda la comida de su bandeja.