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Historia 28060 — capítulo 5
Aquella fue, con diferencia, la peor noche que Cassie había pasado en mucho tiempo. El afán de la enfermera vieja y arrugada porque se comiera todo lo que ponían en sus bandejas terminó por saturar su estómago. Hacia las tres de la mañana el dolor se hizo insoportable y la chica tuvo que llamar a la enfermera... creyeron que mentía y la ignoraron, hasta que a las cuatro de la mañana la enfermera volvió a ver como estaba la paciente. Cassidy estaba tirada en el suelo del baño, inconsciente y muy pálida, cubierta de sudor frío. Había estado vomitando el exceso de comida de todo aquel día.
Horrorizada, la enfermera pidió ayuda para poder cargar a Cassie y dejarla sobre su cama. Aquel día Damien tenía turno de noche y fue el primero en acudir. Se quedó paralizado unos instantes al ver a la chica tirada en el suelo, tan pálida y quieta. Llevaba una camiseta de manga corta y podía ver sus moratones. Imágenes suelta de lo que pasara días antes le vinieron a la cabeza. No tardó en reaccionar y la tomó en brazos para llevarla a la cama y dejarla allí con mucho cuidado.
-Cassidy, vamos Cassie, despierta- le pedía mientras le daba ligeros golpecitos en las mejillas para que reaccionara. Mientras tanto la enfermera había ido a por toallas frías gritanto y buscando al médico de guardia, pero la joven recuperó la consciencia antes de que nadie más llegara. Abrió los ojos poco a poco, desorientada y la primera persona a la que vio fue a Damien.- Dios mío, Cassie ¿estás bien?¿Qué ha pasado?
-No sé... creo que me sentó mal algo que comí- aunque ya no sentía pesadez en el estómago seguía mareada y tenía arcadas. No recuperaba el color y no tenía fuerzas para moverse.
-Tranquila ¿sí? El médico llegará enseguida- la tranquilizó agarrándole la mano.
-No me dejes sola...-pidió antes de que uno de los médicos de guardia entrara como un torbellino en el cuarto, encendiendo las luces y gritando.
Su resolución fue hacerle un lavado de estómago a la muchacha, aunque ya hubiera eliminado casi todo lo que la enfermaba. Tras una hora de lavado fue ingresada hasta consumir dos bolsas de suero por vía intravenosa y se le recetó una dieta blanda y suave y un protector estomacal... más medicación. Quizás por preocupación o quizás por culpabilidad, Damien no se separó de Cassie en toda la noche, la larga noche.
Amaneció un día oscuro, muy nublado, que amenazaba llover y Cassie se despertó con la imagen de la tormenta que se avecinaba en su ventana y la de Damien dormido en un incómoda sillón a los pies de su cama. Trató de incorporarse torpemente, apoyando ambos brazos a los lados de la cama para hacer fuerza y sentarse, pero le habían puesto una vía en el brazo derecho y al tratar de forzar el brazo un dolor punzante y muy intenso le recorrió el brazo. No pudo evitar que un gemido de dolor saliera de su boca lo que fue suficiente para despertar al chico que se levantó rápidamente.
-Cassie ¿qué ocurre?- preguntó preocupado.
-Na-nada... la vía Sólo quería sentarme y... no quise despertarte- se disculpó.
-No, tranquila. No tendría que haberme dormido- cuidadosamente le tomó del brazo para colocarle de nuevo la vía en su sitio y, después, ayudó a la chica a incorporarse en la camilla- He localizado a Gabby, iba a incorporarse dentro de un par de día, pero me ha dicho que viene para acá.
-¿Por qué?
-Porque se preocupa por ti... nos has dado un buen susto esta noche, Cassidy.- La sonrisa de Damien no se correspondía con el momento, pero sólo trataba de calmar a la muchacha.- Debes descansar, pasarás unos días a base de sopa y cosas así, pero te pondrás bien.
En ese momento Gabrielle, preocupadísima, entró en el cuarto, tirando su bolsa en el suelo y corriendo junto a Cassie.
-¡Oh! Dios ¿estás bien?- preguntó preocupada. Cassidy asintió, tratando de sonreir.- No sabes que susto me he llevado. Estúpida vieja bruja, se va a enterar. Le dije que no te forzara, que tenías el estómago sensible porque no comes mucho ¿y crees que me hizo caso?¡NO!
-Gabby, cálmate- pidió Damien- Ya está todo bien.
-¿Todo bien? No, aún hay una cosa que no está bien- y sin decir nada más salió del cuarto, sin recoger sus cosas de suelo y sin dar explicaciones.
-¿A dónde va?- preguntó Cassie.
-No lo sé... tu no te preocupes.
Gabby irrumpió en la sala de enfermeras hecha una furia.
-¡Margarette!¿Pero qué es lo que te pasa? Casi te cargas a una de mis pacientes- gritó, enfadada.
-¿Pero qué dices? Sólo le sentó mal la cena- se defendió al mujer- Quizás si no la mataras de hambre no hubiera pasado esto.
-¿Matarla de hambre? ¡Pero qué dices! No tienes ni idea de...
-No, tú eres la que no tienes ni idea, niña. Llevo siendo enfermera desde antes de que tu nacieras- le espetó Margarette, a quien le traía sin cuidado el estado de Cassie. La discusión no pudo prolongarse porque el barullo formado alertó a la doctora Farrel, que acudió enseguida.
-¿Qué es lo que ocurre aquí?- preguntó enfadada.
-Nada, doctora- mintió Margarette.
-¿Nada? Doctora Farrel ¡Han tenido que hacerlo un lavado de estómago a Cassie y...!
-¡Sólo le sentó mal la cena!
-Ya está bien- cortó Starla- Gabrielle, no es para tanto, Cassidy ya está bien- Margarette se sintió triunfar al escuchar a la doctora, aunque pronto bajó de su nube- Y Margarette, si tanto tiempo llevas ejerciendo la enfermería deberías saber que cada paciente tiene unas necesidades especiales. No debiste embutir de esa manera a Cassidy.- Starla se paró a pensar un momento antes de continuar- Gabby si deseas tomarte libres los días que te quedan le asignaré una nueva enfermera a Cassidy.
-No, me reincorporaré hoy-aseguró la joven enfermera.
-Bien, en cuanto a ti, Margarette, tendremos una charla al final de día... y quiero que Hazel esté presente.- Y dicho eso, dejando a Margarette muerta del miedo, la doctora salió del cuarto.
Hacia la una del mediodía Damien acompañó a Cassie a su cuarto, encantado de que ya estuviera mejor y de que se hubiera olvidado de lo ocurrido un par de días atrás.
-Damien, esto es una tontería- se quejaba Cassidy.
-Lo siento, normas del hospital.
-Pero puedo caminar perfectamente, no necesito la silla- Damien empujaba la silla de ruedas en que iba sentada Cassie por exigencias del hospital, todos lo enfermos recién salidos de la zona de observación iba en silla de ruedas.
-Bueno, pues hazlo por mi ¿sí? Esto es relajante- no lo era, pero quizás esa fuera una forma de convencer a la chica.- Ya hemos llegado- dijo al fin, cuando entraban en el cuarto.
-¿Puesdo levantarme ya?
-Sí, ya puedes. Oye, si vuelves a encontrarte mal o algo llámame o llama a Gabby, se ha reincorporado hoy y ha cogido turno de noche- explicó el chico antes de salir.
-¿Crees que estará enfadada?- preguntó ella sentándose en su cama.
-¿Quién, Gabby?¿Contigo?- Cassie asintió- No ¿por qué habría de estarlo?
-Le he fastidiado sus días de descanso... Dios, soy lo peor, seguro que ahora está enfadada conmigo- por alguna razón Cassidy se sentía culpable por haberse puesto enferma, aunque no fuera cosa suya.
-No, no Cassie- negó Damien sentándose a su lado- Oye, te pusiste mal porque la estúpida de Margarette te forzó demasiado. Gabby está aquí para cuidarte y no está enfadada.
-¿Tú crees?
-Estoy seguro- entonces Damien hizo algo que quizás no debía haber hecho, lo hizo de manera inconsciente y, aunque en ese momento no significó nada, la cosa podía ir a más con el tiempo. Sonriendo, acarició la mejilla de la chica para tranquilizarla.- Descansa ¿sí? Dentro de una hora te traeré algo suave para comer.
-¿No voy a bajar al comedor?- quiso saber ella.
-No creo, hablaré con Gabby... me dijo que no te gusta nada comer con más gente- Cassidy negó- Pero sólo hoy porque aún estás convaleciente, mañana te quiero de pie por ahí ¿vale?
-Vale.
Resulta que Damien no era el asqueroso y bruto mastodonte de unos días atrás, ahora estaba siendo amable con Cassie y eso le gustaba, lo que era raro, porque solía evitar cualquier contacto. Lo primero que quiso hacer cuando se quedó sola fue dibujar, tomó sus cosas de la mesillas y comenzó, más animada de lo normal para na mala noche que había pasado.
Pasó una hora y llamaron a su puerta, Cassie creyó que era Damien con la comida, pero era la doctora Farrel.
-Hola, Cassidy ¿cómo te encuentras?- preguntó amablemente, cerrando la puerta tras de sí.
-Bien... estoy dibujando- aunque era algo evidente.
-Ya veo ¿puedo verlos?- preguntó de nuevo la doctora. La joven asintió y le pasó su cuaderno a Starla que miró los dibujos con curiosidad.- ¿Esta es Regina?
-Sí...
-¿Y este es... Damien?
-Aún no está terminado.
-¿Por qué los has dibujado a ellos?
-No lo sé. Regina es diferente... me ha llamado la atención y Damien se ha portado bien conmigo, aunque antes no se portó muy bien- recordó, razonando como si fuera una cría- ¿Pasa algo?
-No, no. Claro que no. Están muy bien- Starla le devolvió el cuaderno a Cassie y se levantó.-Gabby tiene que estar a punto de llegar, así que deja eso. Si vuelves a encontrarte mal yo te atenderé.
-¿Tengo que ir hoy a la terapia?
-No, si no te encuantras bien no tienes por qué ir- Sin hacer caso a su médico, la joven siguió dibujando, tranquila.
-A lo mejor voy- eso sorprendió gratamente a la doctora, aunque no comprendía la actitud de la muchacha.
Starla se fue del cuarto y pasados unos diez minutos Gabby entró, sin llamar a la puerta, llevando una bandeja de comida. No dijo nada, sólo se limitó a dejar la bandeja en la mesa del cuarto de Cassie y a recoger un poco el cuarto. Parecía enfadada y Cassidy no se atrevía a decir nada.
-¿Estás enfadada conmigo?- preguntó de repente Cassie.
-No- dijo la enfermera- Lo siento, es esa bruja de Margarette. Siento haberme ido Cassie.
-No... la doctora dice que trabajas mucho y necesitas descansar- la culpabilidad invadió a la joven y comenzó a sentirse muy mal.
-Cassidy ¿crees que he descansado en mis días libres?- preguntó Gabrielle con una sonrisa cansina- Tengo 26 años y vivo sola, tengo facturas que pagar y el sueldo de una enfermera no es muy alto. En mis días libres y en vacaciones tengo un trabajo por horas.
-¿De verdad?- para alguien que aún no había tenido que trabajar para mantenerse aquello era algo extraño- ¿No lo odias?
-Cassidy- Gabby se sentó en la cama de la joven y sonrió- Me gusta ser enfermera y me gusta vivir por mi cuenta, pero es algo que cuesta mucho y tengo que esforzarme. Tu no tienes que preocuparte de lo que yo haga, sólo tienes que preocuparte de ponerte bien... es lo único que queremos.
-Yo ya estoy bien y tú lo sabes. Podría marcharme...
-No, no puedes. Cassidy, tienes que aceptar cual es tu situación familiar y dejar de sentirte mal en todo momento...
-Yo no me siento mal siempre, eso no es verdad. Sólo hay veces que estoy triste... todo el mundo se siente trsite alguna vez- ¿ a caso no es eso cierto ?
-Cielo, esto es distinto. Anda, come algo, te he traído sopa de verduras y fruta picada.
La manía que tenía todo el mundo de decirle a Cassidy que estaba enferma era estúpida. Sentía que nadie la entendía en ese lugar, quizás Gabbrielle y Damien era simpáticos y Regina muy distinta al resto de la gente que conocía, pero nadie la comprendía y eso era lo único que quería ella.
Llegó la hora de la terapia y Cassidy decidió no bajar. Gabby se fue y la dejó sola en el cuarto, confiando en que no saldría, pero Cassie rompió esa norma y salió de su cuarto en busca de otra paciente. Caminó como si nada, descalza, por los pasillos buscando a Regina. No sabía cual era su cuarto, ni siquiera sabía si estaba en su pasillo. Simplemente caminaba y miraba en cada habitación. Pudo pasarse así unos veinte minutos, tranquilamente, hasta que asomó la cabeza en un cuarto vacío. Miró a su alrededor y no vio a nadie, pero alguien la vio a ella.
-¿Qué haces?- Regina estaba agazapada en el suelo, en una esquina del cuarto.
-¿Regina?- ¿por qué estaba ahí tirada?- ¿Estás bien?
-Cierra la puerta, si te ven aquí te harán daño otra vez- asustada, Cassie entró y cerró la puerta.
-¿Por qué estás ahí?
-No me gusta la cama... - Cassidy miró hacia la cama de Regina y se dio cuenta de que no se parecía a la suya. Era más ancha y tenía correas con cierres de metal.
-¿Y duermes en el suelo?
-No lo sé, por las noches no me entero-primero porque dormía y segundo porque Cassie no era la única que se medicaba.
-¿Para qué son las correas?
-Suelen atarme si me pongo nerviosa... si me dejaran en paz no haría falta- parecía enfadada y miraba su cama con una mezcla de ira y miedo.
-¿Por qué estás aquí?
-Mis padres me abandonaron cuando tenía cinco años y crecí en un puñetero horfanato, fue odioso... los niños me hacían daño y a medida que crecía cada vez me trataban peor- Regina lo explicaba como si le diera igual, como si le hubiera pasado a otra persona.- Estuve con cuatro familias de acogida, fui a siete colegios y me expulsaron de los siete.
-¿Estás aquí porque te expulsaron de varios colegios?
-No idiota- bufó negando con la cabeza- Intenté suicidarme hace unos meses... y no era la primera vez que me hacía daño.
-¿Por qué?
-¿Quieres dejar de hacerme preguntas?¿Qué más te da?
-Lo siento- se disculpó.
-¿Tu nunca lo intentaste?-quiso saber Regina.
-No...
-Mentirosa... ¿qué es lo que quieres?
-Darte tu dibujo- ese era el objetivo de haber salido de su cuarto sin permiso para buscarla.
-¿Te apetece hacer algo que va a enfadar mucho a Farrel?- preguntó Regina sonriendo de lado con cierta malicia.
-No ¿por qué iba a querer?
-Por lo que te dijo el otro día sobre tu hermana. Yo te creo, sé que no está muerta, pero ella quiere hacerte creer que sí porque está metida en el ajo- susurró, como si le estuviera contándole un gran secreto a Cassie.
-¿En el ajo?
-Claro, todos lo están. ¿Crees que tu enfermera te ayuda? No... te dan medicación para controlarte y experimentan contigo cuando estás sedada... si por mi fuera ni siquiera comería lo que me dan. Seguro que la envenenan- parecía una loca, estaba muy lejos de como se comportaba Cassie.
-¿Cómo sabes eso?
-Me lo dijo uno de los chicos, se llama Sebastian... es el hermano de ese chico, el que te agarró- aclaró.
-¿Cómo lo sabes?
-Las enfermeras cotillean ¿sabes? Gabrielle cuenta todo lo que te pasa, así se ríen de nosotros... Anda, ven. Tengo una idea... Farrel se pondrá de los nervios. Con un poco de suerte también me expulsarán de aquí- dijo sonriendo-¿Te apuntas?- las palabras de Regina calaron en Cassidy y la hicieron sentir miserable y aún más incomprendida de lo normal.
-Está bien...vamos- aceptó, a ciegas ¿a dónde la llevaría Reggie?