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Historia 28245 — capítulo 6
-Sí, pero tendrá que pasar un tiempo, un mes, como mucho, en el cual le explique TODO, todo lo que es su vida, que tiene un hermano gemelo y unos padres que le querían muchísimo. Es el momento de que sepa la verdad.
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Harry se dirigía hacia su sala común. Todo lo dicho por Dumbledore en aquellas dos horas que había durado su reunión, le daba vueltas en su cabeza sin cesar. Un hermano… aquello era impensable para él, no podía creérselo. Había añorado tantas veces tener a alguien con quien compartir sus penas, sus alegrías, su tristeza…, todo… en momentos que estaba solo. Había necesitado tantas veces tener alguien con quien charlar en las tardes aburridas de Privet Drive. Alguien que lo entendiera, que lo escuchara, que hablara con él, simplemente alguien que le hiciera compañía. Lo había necesitado tanto… que rebeldes lágrimas amenazaban con salir de sus ojos.
Dumbledore le había dicho que pronto acudiría a España, a hacerle una visita a Jack para ir contándole toda la verdad poco a poco. ¿Pero cuándo sería ese “pronto”? ¿Pronto de mañana o pronto de un mes? No podía saberlo, pero esperaba que fuese cuánto antes.
Miles de preguntas, de sentimientos y de dudas cruzaban por la mente de Harry. ¿Cómo sería él? ¿Realmente tan “clon” cómo Dumbledore decía? ¿Realmente eran tan iguales? ¿Y si lo rechazaba al saber la verdad? ¿Y si no quería saber nada de él y le daba la espalda? Tenía miedo. Mucho. No sabía como iba a reaccionar Jack. ¿Bien? ¿Mal? Ni idea.
Minutos después llegó a la torre de Gryffindor, le dijo la contraseña al retrato y subió a su habitación. Comprobó que tanto Ginny, como Ron y Hermione se encontraba cenando en el Gran Comedor. A él se le había quitado el apetito completamente, pues pensar en esos momentos era más importante que comer.
Ya en su habitación decidió darse un baño, para relajar toda la tensión acumulada en el despacho. Tras estar cerca de media hora en la bañera, intentando que el agua se llevara todas sus preocupaciones, decidió ponerse el pijama y acostarse, pues no tenía muchas ganas de esperar a sus amigos para contarle lo ocurrido. Horas después, entró Ron, quien despertó Harry a tropezar con el baúl de éste.
-¿Ron? –preguntó Harry adormilado aún.
-Auch, como duele! –seguía quejándose el pelirrojo. –Sí, soy yo. ¿Cómo que no has ido a cenar? Estábamos preocupados por ti. –preguntó Ron en un susurro para no despertar a ninguno de sus compañeros.
-No tenía hambre… mañana os cuento. Vais a flipar –y tras decir esto con voz somnolienta, Harry se abandonó a los brazos de Morfeo.
Ron decidió no volver a preguntarle a Harry, pues sabía que su amigo le contaría lo que fuese al día siguiente. Además, pensó que si era algo tan importante, era normal que el chico estuviese cansado y pensativo, y que necesitase dormir.
Al día siguiente Harry fue el primero en levantarse. Seguía dándoles vueltas a todo lo que había sabido en apenas dos horas. Preparó su mochila, pues la había dejado tirada en cualquier parte nada más llegar la noche anterior, y no había metido nada de lo que necesitaba en ese día. Se dio una ducha para despejarse y se vistió. Pensó que era mejor bajar a la Sala Común a esperar allí a sus amigos, pues sabía que con lo nervioso que se encontraba, no iba a parar hasta que sus compañeros de habitación no lo echaran a patadas.
Ya en la sala común, decidió dejar de pensar en Jack y en todo lo que giraba en su entorno. Cogió uno de los libros que había por allí y comenzó a hojearlo. Al cabo de un rato, comenzaron a bajar los primeros Gryffindor, hambrientos y deseando llegar al Gran Comedor, pero todavía faltaría otro cuarto de hora para que Ron hiciera su aparición.
-Harry, ¿dónde estabas? Me ha sorprendido no verte en la cama.
-Me he desvelado y decidí bajar aquí para no despertaros a vosotros también.
-¿Qué lees? –preguntó Ron.
-Emm… -Harry miró la tapa del libro, pues no sabía que estaba leyendo, simplemente intentaba alejar de su mente a su hermano. –No lo se. Pero creo que un libro de Encantamientos.
-¿Te ocurre algo Harry? –preguntó Ron extrañado porque su amigo tuviese un libro en las manos haciendo como que lo leía pero sin leerlo. Además, Harry casi nunca abría un libro por interés que no tuviese que ver con quidditch o Defensa Contra las Artes Oscuras.
-No, bueno sí.
-Aclárate.
-Es sobre lo que me dijo Dumbledore, que me dejó atontado perdido.
-¿Qué…?
-Cuando bajen las chicas se los cuento todo.
Harry comenzó a caminar por la Sala Común, nervioso, de un lado para otro, tal y como había hecho en el despacho de Dumbledore. Se sentía inquieto por todo lo que tenía que decirles a sus amigos. No estaban al tanto de nada relacionado con la Profecía, ni con que tenía que convertirse en asesino o víctima y mucho menos con Jack, su hermano. ¿Cómo empezaría? Aquello le resultaba excesivamente difícil.
Tras unos minutos más de cavilaciones tanto para Harry, por lo duro que le resultaría aquello, como para Ron, que intentaba averiguar que le había dicho Dumbledore a su amigo que lo tenía tan nervioso, bajaron las chicas. Suspiros por ellas se escuchaban aquí y allá. Aquello se había convertido en una especie de rutina a seguir todas las mañanas: los chicos esperaban, las chicas bajaban y la torre de Gryffindor suspiraba.
-¡Harry! –exclamó Ginny al verle, corriendo hacia él. Cuando llegó a su altura le dio un abrazo, levantando los celos de muchas personas. El chico se impresionó mucho de aquel recibimiento tan caluroso por parte de la pelirroja. -¿Dónde te metiste anoche? Te estuvimos buscando un buen rato.
-Lo siento –respondió Harry al comprobar lo preocupados que habían estado sus amigos por él. –Estuve en el despacho de Dumbledore cerca de dos horas y después me dirigí a mi habitación, estaba muy cansado.
-No te preocupes -lo tranquilizó Hermione viendo lo arrepentido que estaba su amigo. –Bueno, ¿qué te dijo Dumbledore? –preguntó la castaña en un susurro para que nadie se enterara.
El momento había llegado. Se sentaron alrededor de media hora en los sillones favoritos de los chicos, escuchando todo lo que Harry les tenía que contar. Ni siquiera bajaron a desayunar.
El moreno fue sintiendo un gran alivio al compartir aquella gran carga con alguien, con sus amigos, con aquellas personas que apreciaba, quería e incluso adoraba. Les contó el contenido de la Profecía, quién había sido la persona en predecirla y por qué Voldemort había nombrado como a su igual. Les contó también que otro niño podría haber sido esa persona, Neville, pero que por algún extraño motivo le había elegido a él. Les contó sobre la protección que su madre había puesto en él la noche en que murió, y por eso era tan importante que volviese a Privet Drive todos los veranos. Les contó también todo lo que aquello significaba, que podía convertirse en asesino o víctima, pero que no podía seguir viviendo mientras Voldemort siguiera con vida. En aquel punto Ginny y Hermione no pudieron contener las lágrimas y lloraban sin disimulo. Ron intentaba hacerse el fuerte, pero en su cara se notaba todo el dolor que estaba sufriendo por el futuro incierto que le esperaba Harry. Sentían como aquél estúpido relato había marcado para siempre la vida de su amigo, haciéndoselo pasar mal, dejándolo sin la felicidad que todo el mundo buscaba, sin padres, sin padrino, teniendo que vivir en una casa que no lo querían. Aquello era realmente duro.
-¿Desde… desde cuando sabes esto? –preguntó Hermione haciendo un especial esfuerzo por contener las lágrimas.
-Desde junio.
-¿Has llevado esta carga tú solo desde junio? –preguntó Ginny sin poder disimular su sorpresa, su asombro, pero a la vez su admiración y orgullo por la persona que tenía delante, que al fin y al cabo seguía siendo un chaval de 16 años.
-Sí –respondió Harry finalmente al darse cuenta que sus amigos no iban a enfadarse con él. Era lo que menos deseaba en aquellos momentos.
-¿Entonces… qué te contó Dumbledore anoche? –preguntó Ron, pues no creía que hubiese nada más aparte de aquello.
Harry decidió que lo mejor era enseñarles primero el trozo de profecía que el director le había revelado la noche anterior, para que sus amigos se fueran haciendo una idea y después contarle todo.
-Veréis… había una parte de la profecía de la cual yo no tenía conocimiento hasta hace unas horas. Leerlo.
El chico les entregó el pergamino que él mismo había recibido y esperó a que sus amigos lo leyeran.
Minutos después, Hermione, Ginny y Ron levantaron la cabeza extrañados, frunciendo el ceño y mirándose entre sí. No habían entendido nada.
-No… no lo entiendo. –Admitió Hermione.
-Hay una persona que no conocéis, yo tampoco, pero que muy pronto entrará en nuestras vidas. Es alguien muy importante, a quien tengo muchas ganas de conocer, para saber si es tal y como me lo han descrito.
-¿Quién? –preguntó Ron ansioso por descubrir toda la verdad.
-Mi hermano gemelo Jack.
En esos mismos momentos, a muchos kilómetros de Hogwarts, un chico se quedó ensimismado mientras desayunaba. Algo había pasado. Algo importante. Alguien les había contado algo a otras personas que era primordial para su futuro. Personas que él añoraba a pesar de que nos la conocía. ¿Quiénes eran?
-¿Me estás escuchando Jack? ¡Jack! ¡Colegio de Magia y Hechicería Español llamando a Jack!
-Eins? Qué? –respondió un muchacho moreno de ojos verdes saliendo de su estado.
-Te preguntaba que si sabes quién es ese tal Dumbledore que te envía una carta.