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Historia 28483 — capítulo 10
Nadie había salido de clases, todavía faltaba media hora para la hora de la comida. Cuando volteó hacia el lago, vio un resplandor rubio platinado, y se dirigió corriendo hasta allá.
También vio a un chico de cabello negro y gafas redondas que se acercaba a ella con una escoba, pero se alejó y llegó hasta donde estaba Draco.
El chico estaba sentado bajo un haya, rompiendo una hoja, con lágrimas silenciosas que corrían por sus mejillas.
Hermione llegó detrás de él y lo abrazó. Él acarició sus manos, tan suaves y resplandecientes…
Hermione solo lo abrazó, y después lo soltó y se sentó junto a él, mirando hacia el lago. El calamar gigante jugueteaba con unos pájaros que había ahí.
La chica solo preguntó:
-
Tu no querías que esto pasara, verdad?
-
A que te refieres?- Contestó él, extrañado.
-
Tu no querías intentar matar a Dumbledore, ni que todos te creyeran mortífago, verdad?
-
Y tu como sabes…
-
Por tu expresión. En estos últimos dos días he visto facetas tuyas que nunca había visto. Y son las mejores. Pero lo que no entiendo es tu reacción de hoy.
El rubio bajó la mirada, y se quedó mirándose los pies. Necesitaba a alguien con quien desahogarse, o un día explotaría. Y ahora la castaña estaba dispuesta a escucharlo.
-
Mi madre.- Contestó simplemente.
-
Le sucedió algo?- Preguntó ella, aún sin mirarlo.
-
Hace seis meses que no la veo, desde navidad. Ni una carta, ni un mensaje, ni nada. Estoy seguro que cuando llegue a casa ella no va a estar ahí. Ella va a estar…- Y se le fue la voz.
Hermione lo miró. El Slytherin estaba con la cabeza gacha, sin mirarla.
-
No te preocupes.- Dijo Hermione, abrazándolo.- No pienses eso. Ella va a estar bien. Es muy fuerte.
-
Como la sabes? No la conoces.- Dijo Draco, levantando la cabeza para mirarla.
-
Tiene que serlo, para poder tener un hijo como tú…- Dijo la castaña, con una sonrisa conciliadora.
Malfoy sonrió. Era la primera sonrisa sincera que tenía desde hacía mucho tiempo.
La chica se alegró de que Malfoy sonriera tranquilamente. Se acercó a él y le dio un pequeño beso en la boca. Luego le dio otro beso, esta vez en la mejilla y se levantó para alejarse.
-
Hermione…- La llamó el rubio.
-
Si, Draco?- Preguntó ella, con una sonrisa. Era la primera vez que la llamaba por su nombre.
-
Por que hiciste esto? Por que me escuchaste, con todo lo que te he hecho?
Hermione lo pensó un momento y le respondió, pero sin voltear a verlo
- Me parece que simplemente eres un chico que necesita a alguien que esté a su lado y le escuche, no como tus “amigos”. Y quiero conocer más a ese chico dentro de ti, no al que siempre esta paseándose y molestando a todos, como si fuera el dueño.- Volteó a verlo. Malfoy la miraba con los labios un poco abiertos.- No, a ese ya lo conozco bien. Yo quiero ver al verdadero Draco.
Y acto seguido, caminó para encontrarse con el chico de ojos verdes que estaba parado en las escaleras de piedra de la entrada.
Malfoy se quedó pensando en lo que Hermione le había dicho. Por que ahora sentía algo raro en el estomago cuando recordaba la sonrisa de la chica? Que rayos le pasaba?
No lo entendía. Lo que tampoco iba a entender era que a Hermione sentía exactamente lo mismo, cada que recordaba su conversación durante la comida. Ni ella lo quería admitir, pero empezaba a gustarle Draco… sus caricias, sus palabras, la fogosidad de sus besos…
Pasó la comida perdida, pensando en el nuevo Draco, en el que acababa de conocer, mientras Harry se sentaba frente a ella y la observaba.
No había querido contarle a Harry lo que Malfoy le había dicho, pues sabía que diría que solo estaba actuando para seducirla, pero ella sabía que era verdad. No la estaba engañando.
Después de la comida fue con la profesora McGonagall, mientras su amigo iba a ver a Ron, que seguía con Dean y Seamus.
Dijo la contraseña frente a la gárgola y subió hasta el despacho de la directora. Tocó la puerta 3 veces, como les habían dicho hacer si eran prefectos, y la puerta se abrió.
La directora estaba sentada, con la vista fija en sus papeles, cuando dijo:
-
Buenas tardes, señorita Granger, que gusto que haya venido, por que la necesito.
-
Si, profesora, que necesita?
-
Bueno, ustedes saben que en Hogwarts se hace un baile de despedida para los alumnos de 7°, o sea ustedes.
-
Si, profesora.- Contestó la joven prefecta, con una sonrisa en la cara.
-
Bueno, lo que sucede es que este año se va a celebrar, pero hay algunos cambios…
-
Cuales, profesora?
-
Bueno, en primer lugar, normalmente solo podían asistir los alumnos de 7° año, pero creo que, este año… podrán invitar a alumnos de otros años.
-
En serio, profesora?
-
Si, señorita Granger. Y además… éste año las parejas de los prefectos yo las escogeré. Serán parejas de prefectos, para que den el ejemplo de unidad que debería haber en la escuela.
Hermione frunció el seño.
-
Pero profesora…
-
No, señorita Granger. Usted sabe la situación, y yo quiero que lo que haya en el baile sea unidad, no peleas.
-
Pero, al menos díganos… quien van a ser!
-
No, señorita Granger… no. Para eso la necesitaba. Quería que avisara a los demás prefectos de su grado que vengan a verme.
-
Si, profesora.- Dijo la chica, olvidando por completo para que iba a ir a ver a la directora.
-
Gracias, ahora vaya.
Hermione se dispuso a salir y a buscar a los demás prefectos. Era hora de la comida, y todos deberían estar en el Gran Comedor.
“Últimamente no veo mucho a la profesora McGonagall en las comidas…”, pensó la castaña, mientras entraba al Gran Comedor.
Se iba a dirigir a la mesa de Slytherin primero, pero se corrigió y se dirigió a la mesa de Griffindor, en donde Ron estaba comiendo hasta ya no poder.
-
Ron…- Lo llamó la castaña.
-
Y después le dije…- Dijo el pelirrojo, al parecer sin oírla.
-
Ron!- Gritó Hermione.
-
Mmmm? Ah, Herm! Le estaba platicando a Harry…- Empezó a contar el colorín.
-
No importa, vamos, sube al despacho de McGonagall!- Dijo la chica.
-
Para que?
-
Nos va a explicar allá, vamos, ve!- Dijo Herm, mientras se dirigía a la mesa de Ravenclaw.
Ron le dirigió a su plato a medio terminar una mirada de lástima, suspiró, se despidió de su hermana y su amigo, y subió con la directora.
-
Padma! Anthony!- Llamó Hermione, a los prefectos de Ravenclaw.
-
Que pasa, Hermione?- Contestó la gemela de Parvati.
-
La directora quiere que subamos a su despacho.- Dijo la castaña, alejándose para llamar a los prefectos de Hufflepuff.- Ernie, Hannah! La directora nos quiere en su despacho!
-
Si, Hermione, oímos cuando se lo dijiste a los Ravenclaws.- Dijo Hanna.
-
Bueno, pues vamos, yo voy por las serpientes.- Dijo indiferente, pero Ernie notó un tono de alegría en su voz.
Localizó la cabellera rubio platinada de Draco y se acercó ahí. Éste la volteó a ver, sorprendido.
-
Parkinson!- Llamó la leona, un poco nerviosa por estar rodeada de Slytherins.- Malfoy! La directora quiere que los prefectos suban a su despacho. Solo los de 7°.- Agregó, al ver a una chica de cabello castaño claro que se iba a levantar.
-
Vamos, Granger.- Contestó Malfoy, con frialdad, pero Hermione tocó su espalda sin que nadie se diera cuenta y él sintió una descarga eléctrica que recorría su cuerpo.
-
Bien, no tarden, es importante.- Dijo la castaña, y de nuevo hizo contacto con el brazo de Malfoy mientras se iba.
Lo que no observó fue que dos pares de ojos, unos cafés y unos verdes, sí habían visto los contactos con Malfoy, desde la mesa de Griffindor.