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Historia 28483 — capítulo 9
Cuando Draco llegó, Hermione estaba recargada en la pared, con la mirada fija en el rubio que acababa de llegar.
-
Que haces?- Le preguntó él, de pronto.
-
Y tu? Mas bien pregúntate: que hacemos?- Respondió tranquilamente la chica.
-
Yo? Yo no soy el que llego y me insinúo a todo el mundo, Granger.
-
No, solo eres el que corresponde a mis besos y mis caricias, Malfoy.
Draco se quedó atónito. Nunca habría pensado que la chica tuviera esas respuestas. Siempre que a alguna joven le decía eso, ella se ponía roja y le trataba de dar una cachetada, o simplemente le empezaba a gritar sobre sus evidentes encuentros íntimos con las chicas de su casa.
-
Mira, Granger, yo no…- Pero se interrumpió, por que la castaña ya lo había abrazado y le acariciaba el cabello con una mano y los labios con la otra.
-
No lo arruines, si… Draco?- Le susurró ella; pero en lo más profundo de su ser, la chica empezaba a hacer eso por algo más que venganza.
Sus labios se volvieron a juntar, en un beso suave, sin prisas. Y con ese pequeño roce el cuerpo de Draco se relajó, y empezó a disfrutar de ese dulce e inexperto beso de la castaña.
Cuando la castaña se movió, el perfume de su cabello le llenó la nariz. Olía a naranja. Y ese aroma le recordó a su madre. La última vez que la vio fue en un baile, con su padre. Llevaba un vestido verde satinado, y su cabello rubio le caía con elegancia por los hombros. Y su perfume favorito… naranja.
Cuando llegó a ese recuerdo, se separó de la leona. Ella estaba disfrutando mucho del beso, y lo miró con un poco de reproche. Pero en sus ojos se instaló la inquietud, al ver que los ojos grises de Draco estaban húmedos.
- Que pasa?- Preguntó, con ternura.
Y ahí, con esa pregunta que su madre siempre le hacía, con ese tono dulce y que estaba lleno de comprensión y deseo de ayudar… ahí, Draco no pudo contener más las lágrimas, que rodaron por su blanca piel como perlas.
Hermione no sabía que hacer, el rubio estaba llorando, pero ella hizo lo único que tenía sentido en ese momento. Lo abrazó.
- Vamos, Draco… tranquilo.- Dijo Hermione
El Slytherin se separó de ella y se limpió las lágrimas. Y su semblante cambió radicalmente, volviéndose frío de nuevo, aunque en su interior había agradecido el interés de la castaña.
-
Estoy tranquilo, que creías?- Dijo, tratando de que su voz no se quebrara.
-
Bueno, ya volvió el Malfoy de siempre.- Gruñó la chica.
Pero antes de que pudiera agregar algo más, Malfoy salió rápidamente de ahí, dejándola atónita.
Pero Hermione nunca había visto a Malfoy tan sensible, ni mucho menos llorar. Así que salió a los jardines y lo buscó con la mirada.