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Historia 28483 — capítulo 11
Cuando Hermione subió, solo faltaban los prefectos de Slytherin. Pero al cabo de unos momentos llegaron.
La directora les explicó todo lo que le había explicado a Hermione. Todos estaban bien hasta que llegaron a la parte de que la directora escogería a sus parejas.
-
El baile será en una semana y yo escogeré a sus parejas.
-
Que?- Gritaron Ron y Pansy al mismo tiempo.
-
Como escucharon, pero no se van a enterar de cual va a ser su pareja hasta el día del baile.
-
Y como nos vamos a enterar?- Preguntó Malfoy.
-
Esa es la parte. Yo les daré una cinta, a cada uno, por separado. El día del baile, entre ustedes verán los listones, que se amarrarán a la muñeca. Y el que sea del mismo color del suyo, esa será su pareja.
-
Voy a cambiar el color del mío en cuanto lo vea.- Susurró Ron, enojado.
-
Ah, no, ya había previsto eso, señor Weasley. No podrá, por que el listón será blanco hasta la hora del baile. Y además… tiene un hechizo. No lo puede cambiar. Ni el color ni el listón en si.
-
Y se puede saber como nos va a elegir?- Preguntó Hannah.
-
Si. Yo les daré a escoger un listón y su color…
-
Bueno, al menos podrá tocarnos con alguien de nuestra casa.- Dijo Anthony Goldstein, alegremente.
-
Pues no, señor Goldstein. Los listones solo podrán ser elegidos para una pareja de otra casa.
-
Pero…- Dijo Padma. Miró con claro enojo a Ron. Éste recordó que en el baile de Navidad no se la había pasado muy bien con él.
-
Nada de pero, señorita Patil. Eso es todo. Ahora salgan y quédese aquí el señor Macmillan.
Todos salieron menos Ernie. Cuando salió, traía una cinta de terciopelo blanco.
Así pasaron cada uno, hasta que dejaron a los Griffindors al final. Malfoy salió del despacho de la directora y Ron entró, dejándolos solos.
Malfoy se acercó a Hermione y le dio un suave beso en los labios, para después bajar por las escaleras.
Cuando Ron salió, vio a su amiga tocándose los labios con una sonrisa y puso cara de incomprensión. Ella se rió y pasó al despacho.
La profesora le tendió el listón que le había tocado. Ella le dio las gracias y bajó por las escaleras, arrastrando a Ron, que la había esperado.
El día del baile, Hermione se bañó y regresó a su cuarto para cambiarse.
Abrió una caja blanca con negro. Había encargado un vestido a una tienda y había llegado esa mañana.
El vestido era hermoso. Era color rojo sangre y la falda era recta y un poco plisada. Le llegaba hasta un poco más debajo de las pantorrillas al frente, para así poder lucir las zapatillas del mismo tono, con piedras de imitación que brillaban con cada paso que daba, pero el vestido por detrás arrastraba un poco. La falda tenía una cinta blanca en la cintura, que se amarraba por detrás en un elegante moño.
El corsé era igual, rojo. Era strapless terminado en pico, pero tenía unas pequeñas cintillas que iban amarradas al cuello por detrás. En la parte de debajo de la falda y el corsé tenía bordadas unas pequeñas flores blancas, cuyo centro tenía las mismas piedritas que los zapatos.
También llevaba una capa blanca, un antifaz blanco (El antifaz era tradicional en ese baile) con la orilla roja y guantes blancos largos.
“Ahora el peinado” Pensó ésta, un poco angustiada.
Se recogió el cabello en una media cola, alaciando lo que quedaba suelto.
Lo que llevaba recogido dejó que le cayera en caireles, y se recortó un poco el cabello que se había dejado de fleco, para que se pudiera acomodar a los lados.
Era muy simple, pero tenía el accesorio perfecto que combinaría con ese simple peinado.
Abrió un cajón y sacó dos cajas. Una pequeña y otra más grande. Abrió primero la pequeña. Sacó un par de aretes. Eran dos rubíes rojos, tallados en forma de corazón. Se los puso. Cada que giraba, los rubíes parecían absorber la luz del cuarto y la amplificaban mil veces.
Después abrió la caja grande. Sacó de ahí una tiara adornada por rubíes rojos y diamantes. Eran muy pequeños, pero por eso mismo no resultaban ostentosos. Y cuando se la puso y se miró en el espejo, pensó: “Esa soy yo en serio? Ni yo me reconozco.”
Se maquilló un poco, muy tenue, pues no lo necesitaba. En eso, Ginny entró por la puerta y la miró sorprendida.
-
Herm… te ves realmente hermosa!- Dijo la pelirroja, solemnemente.
-
Tu mucho más, Ginny.- Ella iba a ir con Harry, e iba vestida con un vestido dorado corto, y su cabello suelto brillante, un poco ondulado, y sus ojos cafés ocultos tras un antifaz dorado.- A Harry le va a dar un infarto.
-
Ja… no me digas, que frente a ti, Malfoy se va a morir.- Contestó su amiga, mordazmente.- O él o mi hermano.
Hermione rió un poco.
-
Bueno, vengo para decirte que te apresures, y no se te vaya a olvidar el listón de prefecta.
-
Si, lo se… ya voy.- Dijo la castaña, con una sonrisa.
Agarró el listón, que no había cambiado de color. “Bueno, todavía faltan veinte minutos.”, pensó. Se puso la capa blanca de seda encima, el antifaz y los guantes también de seda.
Bajaron por las escaleras y ahí se encontraron con los chicos. Harry iba vestido con una túnica de gala color negro, al igual que Ron, que por fin había conseguido una decente. Ambos llevaban antifaces negros y estaban peinados finamente… bueno, lo mas finamente que Harry podía.
Los dos jóvenes se quedaron pasmados al ver a la castaña bajar, arrastrando un poco el vestido mientras bajaba. Pero Harry se recuperó para volver a caer mientras veía a Ginny bajar. Realmente estaba hermosa.
Ginny le dio la mano, la cual el ojiverde besó, y tomándola por el brazo salieron por el agujero del retrato.
Ron miraba embrujado a Hermione. Le dio la mano y le preguntó con un murmullo:
- Herm… por pura casualidad de que color es tu listón?- La joven observó que el listón del pelirrojo era rojo.
Miró el suyo, que había cambiado a verde botella.
-
Verde botella.- Dijo ella, y miró la cara de decepción del chico.
-
Ah…
Bajaron al vestíbulo, y varios chicos se quedaron viendo a Hermione con absoluta perplejidad, y algunos chiflaron mientras pasaba.
Ron miró alrededor y vio a Padma Patil, con un vestido negro y antifaz del mismo tono, con estrellas en la orilla.
- No- Gimió.
Hermione notó que el listón de Padma era rojo, y sintió pena por el pobre Ron.
Empezó a buscar con la vista a los jóvenes prefectos, pero solo estaba Ernie, cuyo listón era amarillo. Hermione lanzó un suspiro al ver esto.
Entonces llegó Anthony Goldstein, con una túnica de gala grís y antifaz igual y Hannah Abbott, con vestido azul y antifaz negro. Hannah llevaba un listón azul pero no pudo ver el de Anthony.
Entonces llegó el que más quería ver. Draco caminaba con Pansy Parkinson, subiendo del pasadizo que daba a las mazmorras. No traía ningún listón en lugar visible. Eso decepcionó a Hermione. Suponía que iría con Hannah. Pansy llevaba un escotado vestido plateado… con un antifaz que la hacía ver muy bien, alargando sus facciones.
Pero Draco estaba tan guapo… traía una túnica de gala roja, y debajo traía pantalón negro y camisa blanca. Su cabello platinado relucía y brillaba.
Se quedó parada, viendo. Entonces sus miradas se cruzaron. Los ojos grises de él se desviaron un momento de los suyos para admirar su cuerpo, y sonrió.
La directora salió del Gran Comedor y ella se iba a acercar cuando alguien le tapó los ojos y la boca.
- Quien soy?- Preguntó una voz que arrastraba las palabras.