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Historia 28483 — capítulo 23

Hermione se intentó sentar, pero lo único que pudo hacer fue levantar los brazos, que seguían atados y uno se notaba que estaba roto, hacia la cabeza de un lastimado rubio que estaba desmayado junto a ella.

Lo miró. Tenía muchas más heridas en la cara y el cuerpo. Respiraba dificultosamente, como si tuviera varias costillas rotas. Su pierna estaba doblada en un ángulo extraño y su labio estaba reventado.

Acarició su cabello, que a pesar de estar sucio y lleno de sangre, seguía brillando y ella lo sentía sedoso y suave. Se quedó varios minutos así, deleitándose con los recuerdos que le habían negado desde hacía cuatro años. Recordó todas las salidas furtivas, cuando empezó con el plan… todo.

Un movimiento la sorprendió. Volteó con mucho dolor, y vio a Harry, tratando de pararse. Un momento después, cayó al suelo precipitosamente. La chica se arrastró hasta el joven, que había soltado un grito. Ella llegó y le preguntó.

  • Harry, estas bien?

  • Eso creo, solo creo que mi tobillo esta dislocado.- Contestó él, con una mueca adolorida.

  • A mi me duele mucho el brazo, pero creo que me puedo parar.- Susurró la chica, mostrándole su brazo izquierdo, que colgaba inmóvil.

La chica trató de levantarse, y cuando lo consiguió, llegó hasta la silla donde un día antes había estado atado Draco. Se sentó y agarró la capa del ex Slytherin, que estaba ahí en la silla. Regresó junto a ellos y le pidió a Harry que le ayudara a romperla en tres partes. La primera se la entregó al ojiverde, que se la amarró al tobillo, inmovilizándolo. La otra se la amarró ella misma al brazo con ayuda del chico, como cabestrillo, y la otra parte la llevó hasta el rubio, que seguía inconciente, examinando sus heridas y concluyendo cuales eran las más preocupantes.

La amarró la venda en la pierna, poniéndola en su lugar. “Gracias a mis padres que me obligaron a tomar clases de primeros auxilios cuando niña!” pensó la castaña. Luego se sentó junto a él, y le agarró la mano, preocupada por que Draco no despertaba.

Sintió que Harry se movía junto a ella, y se quedaba en silencio.

  • Se…- Comenzó el chico de la cicatriz.- Se rompió?

  • Recuerdo todo.- Contestó Hermione, con un tono de reproche hacia su amigo.

  • Hermione, se que debes estar sumamente enojada por todo esto, pero él lo único que quería era evitar que sufrieras.- Defendió Harry al ojigris.

  • Evitar que sufriera? Evitar que sufriera?- Susurró la castaña, volteando a verlo, con los ojos llenos de furia.- Como sabía lo que me haría sufrir? Llevo cuatro años sin poder recordar nada sobre mi amor! Llevo cuatro años con un vacío en el estomago sin ni siquiera saber por que es! Llevo cuatro años mirando esta pulsera antes de dormirme y tratando de recordar al que me la regaló! Llevo cuatro años soñando con la Sala de los Menesteres! Él no sabe cuanto hubiera sufrido si hubiera seguido con mi memoria!- Empezó a gritar la chica.

Harry se quedó callado, pero una voz rompió el silencio después de unos segundos.

  • Si lo se. Por que yo lo he sufrido cada día desde hace cuatro años. Por que yo sí te recordaba.- Susurró Draco con voz quebrada por el dolor y la tristeza.

Hermione lo miró, con lágrimas en sus ojos miel y con una mirada sumamente arrepentida por su arranque.

  • Lo se…- Respondió con una voz muy baja.- Lo siento tanto, Draco. Entiendo que querías protegerme, pero… no se me hizo fácil vivir sin ti, aunque no te recordara.

  • Tranquila. Te amo, y eso nada lo va a cambiar.- Le dijo Draco, tratándose de sentar.

  • No te muevas.- Le recomendó Harry.- Tu pierna está rota, y creo que varias de tus costillas también.

Draco se había dado cuenta de eso cuando se había intentado mover. Soltó un grito, y Hermione lo besó. Harry los miraba con una sonrisa franca en el rostro. Al menos una cosa buena saldría de esa pesadilla. Si salían.

Hermione se separó del rubio y sintió el sabor de su sangre en su boca. El chico la volvió a mirar con ternura y se desmayó de nuevo.

En la madriguera, Ginny lloraba desesperadamente, mientras Ron y Molly trataban de consolarla. El señor Weasley llegó a la casa, con unos cuantos papeles, pero ante la mirada inquisitiva de todos, agachó la mirada y negó lentamente con la cabeza.

  • Ya llevan una semana desaparecidos! Hermione lleva casi semana y media!- Gritó la pelirroja.- No es posible que no se sepa nada de ellos.

  • Tranquila, Gin.- La abrazó Ron.- Los aurores los están buscando, los van a encontrar.

  • Harry era jefe de esa oficina y Hermione era subjefe, si ellos no pudieron escapar, los aurores no tienen ni la más mínima posibilidad.

  • Pero son los Magos de Choque del Grupo de Operaciones Mágicas Especiales- Rebatió Ron.- Es la rama más especializada de aurores que hay en el Ministerio! Bueno, de todas maneras Harry la controla.- Complementó el pelirrojo con una sonrisa apaciguadora.

  • Draco era jefe de la oficina de Magos de Choque del Grupo de Operaciones Mágicas Especiales, no? Fue el sucesor de Hermione cuando la dejó, no? Los tres han pasado por el entrenamiento especial de esa oficina! Y los tres han sido jefes de esa oficina!- Gritó Ginny, histérica.

  • Ginny, tranquila, que ellos sean de los más capacitados no significa que los demás…- Empezó a decir el señor Weasley, pero su hija salió salvajemente del comedor al jardín, dejándolo con la palabra en la boca.

Estaba muy enojada consigo misma, por haberlos dejado ir a esa misión tan abruptamente, y ahora podrían estar muertos su esposo y sus amigos (Por que Draco era su amigo). Podrían están malheridos, torturados, perdidos, enfrentándose a Voldemort… Ante este pensamiento, se le heló la sangre.

Draco estaba sentado junto a Hermione, tratando de tragar un sorbo del agua que les habían dejado. Era una ínfima cantidad. Máximo, un litro para los tres. Harry se veía muy concentrado, mirando a la puerta.

La chica abrazaba a Draco, tratándolo de ayudar, pues en otras tres sesiones de torturas, en las cuales su padre no solo había utilizado crucio, sino que también patadas, golpes y tubos que había ahí para golpearlo, haciendo gala de un instinto para la pelea muggle bastante efectivo, y más salvajemente por que el orgullo de Draco no había cedido ni un ápice e incluso lo toreaba. Por eso, era un milagro que hubiera sobrevivido. Y eso que los torturaban solo cada dos noches, pero los días en que no había tortura, los dejaban sin agua.

Hermione estaba también muy débil, al igual que el ojiverde, pero ninguno de los dos estaba tan mal como el rubio de ojos plata que recibía toda la furia tanto de un padre rabioso como de una chica despechada.

La noche anterior, Harry había tratado de que solo lo llevaran a él, mirando el estado de sus amigos, pero con eso solo consiguió que lo dejaran en la tortura todavía mas tiempo. No habían comido en más de tres días, cuando otro de los secuaces de las chicas había ido a dejarles las sobras de un poco de pollo que estaba casi echado a perder.

Draco se sentó, recargándose en la cama, mientras que el pelinegro seguía mirando a la puerta, con intensa concentración. Hermione se recargó también el la cama y le preguntó a Harry con voz débil por la sed.

  • Harry… que haces?

  • Espero idear un plan, pero simplemente no puedo pensar en ninguno si quiera para salir de aquí.- Contestó el joven, que trataba de no hablar, por que la garganta le punzaba.

  • No es posible salir. No de esta sala.- Susurró Draco, mirándolos.- Yo conozco este lugar. Ya se los había dicho. Es… era- Se corrigió.- mi casa. Varias veces mi padre me bajó aquí. Después de castigarme. Desde pequeño.

Harry frunció el entrecejo y volteó a ver de nuevo la puerta, cuyo pomo giraba lentamente.

Una joven que parecía de su misma edad, de cabello negro, con una sencilla túnica azul claro, de tez morena clara y que miraba a Draco asustada, se quedó plantada en la puerta.

  • Parkinson?- Preguntó Harry, al mismo tiempo que Draco decía.- Pansy?

  • Dra… Draco…- Susurró la chica, caminado lentamente hacia ellos.

  • No te acerques, Parkinson.- Susurró con odio el rubio, con la voz más fría y despreciativa que pudo usar. Sentía asco por la morena que tenía en frente.- No creí que cayeras tan bajo.

  • No sabía… no tenía idea!- Exclamó la joven ex Slytherin, con un nudo en la garganta.

Era verdad. Pansy no sabía nada de lo que pasaba en la parte inferior de la casa. Lucius la tenía como “invitada”, mientras que arreglaban su boda con Spencer, que se celebraría un día después. Su padrino la trataba muy bien, pero no tenía idea de la crueldad hacia su hijo.

Pansy sabía que el rubio siempre había sentido aborrecimiento hacia su padre, pero ella lo atribuía a las agresiones para con Narcisa, que hasta ella había presenciado. No imaginaba que Lucius pudiera hacerle eso a su propia sangre.

Se arrodilló frente al chico, que la miraba extrañado. Pansy no era buena, mintiendo, pero nunca lo había podido engañar, sus ojos siempre la delataban, desde que habían estado en la escuela. Y en sus ojos se leía terror, angustia y dolor. El ex Slytherin agarró la mano de Hermione, que miraba a la morena con una mirada asesina. Esto asombró a la pelinegra.

  • Granger… es que tu…?- Empezó a reclamar la chica, con un color rojo tiñendo sus mejillas.

  • No hables de eso, basta.- La increpó Draco, con una mirada fría, pero recobrando su voz, por la adrenalina.- Que quieres, Pansy? A que viniste?

  • A dejarte esto.- Dijo la joven, volviendo a mirar al ojigris e ignorando por completo a los otros dos jóvenes, que tampoco trataron de formar parte de la conversación. Le enseño una mísera porción de comida.- Lucius me envió, pero me prohibió pasar al cuarto. No pude resistir la tentación, por que te escuché hablar. Pero si deseas puedes dejarles esto a ellos y yo te conseguiría algo más decente.

  • O nos traes a todos, o a ninguno, y no me importa morirme de hambre.- Aclaró el chico, con voz ronca.

  • Draco…- Susurró la joven serpiente, mirando la mano del rubio, que sostenía la de la castaña con fuerza. Tenía un dedo roto, pero parecía como si estuviera acostumbrado al dolor físico.- Haré lo que pueda.

Se levantó y fue hasta la puerta. El ojiverde se había tratado de incorporar del suelo, pero no lo había logrado. Era patético verlos ahí, a los tres, sin varitas, muertos de hambre y de sed, con la ropa rota y sucia y más que exhaustos por las diversas heridas.

Pero notó que entre ellos tres había algo que ella nunca había sentido junto a sus compañeros de Slytherin, ni siquiera con Draco. Había amistad y apoyo incondicional entre los tres. Ella sabía que normalmente para las serpientes no había amor ni amistad ni cariño alguno. Era algo que incluso se repudiaba, pues lo consideraban muestra de debilidad. Todo se hacía por instinto de supervivencia. Eso les habían enseñado desde pequeños, y era el sello personal de los de su casa en Hogwarts.

Salió de la sala y mientras llegaba a las cocinas, pensaba en las palabras de su ex compañero. “O nos traes a todos o a ninguno, y no me importa morirme de hambre.” Como habían llegado a significar ellos tanto para él que estaba dispuesto a dejar de comer, estando conciente de que su condición era demasiado grave? Como habían llegado a ser verdaderamente sus amigos? Como era que la Sangre Sucia y el cabeza rajada, como los llamaba él mismo antes, habían podido pasar a sus sentimiento, eliminando los rencores y perjuicios y sustituyéndolos por los de la amistad y apoyo?

Los elfos domésticos le entregaron bastante comida, y ella la escondió bajo un hechizo de invisibilidad, y les prohibió a los elfos hablar de aquello con Lucius.

Caminando de regreso hasta las salas más subterráneas, seguía pensando eso. Como era que habían podido traspasar la barrera del rubio hacia las demás personas? El chico nunca había tenido amigos, que ella supiera. Todos lo seguían por diversas cuestiones como admiración o simplemente miedo, pero él no los consideraba amigos. Si acaso a Blaise lo hubiera podido considerar algo parecido, pero hubiera sido algo más como un aliado íntimo.

Sacó la llave que tenía al cuello y la introdujo en la cerradura. Los tres jóvenes seguían casi en la misma posición, pero el rubio acariciaba el cabello de la castaña, que sollozaba levemente en su hombro, mientras el pelinegro que tenía las gafas rotas la miraba.

Dejó la comida frente a ellos, y se sentó cerca de la puerta, para poder huir si alguien pasaba y notaba algo raro. Draco y los otros dos chicos comían con ansias. “No tienen las manos atadas”, notó Pansy.

  • Draco…- Empezó a preguntar.- Como se quitaron las sogas? Por que supongo que los tenían atados!

  • Si, con cuerdas gruesas.- Contestó él, con un poco de carne en la boca, abandonando los buenos modales al comer. Su voz recuperaba su fuerza, igual que su cuerpo, a pesar de tener muchos huesos rotos.- Gracias a Herm. Ella notó esa pequeña saliente de la silla que nos sirvió de cuchilla.

  • Mmmm.- Susurró Pansy, molesta por que las ideas las diera la castaña.

Los vio comer, y se ofreció a arreglar sus heridas. Draco se sorprendió de que se lo ofreciera a todos, pero aceptó en silencio.

Había empezado con su pierna rota, que arregló con unos cuantos toques de la varita, después con las otras heridas de su cuerpo, como sus bastantes costillas fracturadas y su cara, mientras le contaba de su vida y su próxima boda con Spencer. No se habían visto desde que salieron de Hogwarts, pues el rubio había seguido estudiando, y ella solo se había ido al extranjero a buscar fortuna con su belleza.

Cuando terminó con el rubio (Con el cual se tardó bastante), siguió con el ojiverde, a quien le arregló las gafas también, y al final dejó a Hermione, que la miraba con agradecimiento, pero sin poder evitar notar la mueca de disgusto de la morena.

  • Parkinson, necesitamos hablar.- Empezó Harry, al acabar sus porciones de comida.

  • Que quieres, Potter?- Preguntó secamente.

  • Necesitamos ayuda. Urgente.

  • No puedo avisar a nadie que están aquí. Esta protegido por un encantamiento Fidelio, y como comprenderás, genio, no soy la Guardiana Secreta.

  • Entonces ayúdanos a salir de aquí.- Arremetió Hermione de repente.

  • Y que quieres que haga, sabelotodo? Que distraiga a mi padrino durante tres horas en lo que ustedes salen sigilosamente de la mansión?

  • No, serpiente imbesil…- Empezó la chica, pero ante la mirada divertida y altanera de Pansy, que sabía que ella era la que ponía las reglas, y las miradas de advertencia de los dos hombres, se corrigió de mala gana.- Perdón. Mira, esto es lo que puedes hacer.