← Historia 28483 · de
Historia 28483 — capítulo 24
Ron ya casi estaba dormido, cuando escuchó ruidos en el jardín. Se puso de pie de inmediato, mientras agarraba su varita y salía sigilosamente de su antigua habitación, en la Madriguera. Se había alojado allí junto con su hermana menor y su esposa e hija, desde que sus dos mejores amigos y el joven ex Slytherin habían desaparecido. Casi dos semanas habían pasado sin ninguna noticia.
Bajó sin hacer ruido las escaleras con sumo silencio, y ahí, en el pasillo, vio una cabellera roja lacia y larga.
-
Ginny! Me asustaste! Que hacías afuera en el jardín a estas horas?- Preguntó el joven pelirrojo, con un suspiro de alivio y empezando a guardar su varita.
-
No era yo. Yo también lo escuche, por eso bajé.- Susurró la chica, encaminándose hacia la puerta trasera de la cocina, que daba al jardín con la varita en ríste.
Ron puso sus sentidos en alerta de nuevo, mientras seguía a su hermana. El jardín estaba sumamente oscuro, tanto que aún con el lumos, Ron no pudo seguir a la joven pelirroja, y chocó con algunos arbustos que había ahí. Pero esos arbustos estaban muy duros… y habían soltado un gemido cuando chocó contra ellos.
-
Ginny, ven, rápido!- Gritó Ron, reconociendo una cabellera castaña que estaba ahí, junto a un joven rubio y otras tres figuras que yacían en el piso, tratando de incorporarse.- Hemione! Harry!
-
Hola, Ron.- Contestó el pelinegro, con voz sumamente ronca, pero feliz de volver a ver a su amigo. Pero su felicidad se esfumó cuando Draco trató de despertar a Hermione y no lo conseguía.- Vamos, a la casa!
Los otros dos jóvenes, una morena y un chico de cabello castaño, se levantaron en el acto, y encendieron sus varitas. Draco llevó a la castaña cargando, mientras que corrían hacia la casa. Harry cerraba la marcha, junto con Ron. Ginny los había alcanzado, y después de recuperarse de la impresión, guió a los chicos hasta la sala, en donde recostaron a Hermione en el diminuto sillón.
-
Enervate.- Susurró Ginny, apuntando a su amiga con la varita. Hermione movió los parpados, pero no despertó.- Magia Oscura, verdad?
-
Si…- Susurró Draco, con desesperación. Era culpa suya.
-
Vamos, tengo aquí una poción, pero contra magia oscura…- La voz de Ginny se quebró, mientras buscaba en la cocina una pequeña botella. La encontró, y la llevó hasta el sillón. Echó un poco de la poción dorada en la boca de Hermione, y dejó que hiciera efecto.
Ginny guardó de nuevo la poción y se acercó a su esposo. Tenía una herida arriba de la ceja derecha, y estaba muy sucio, pero sus ojos verdes centelleaban con amor y anhelo al verla. Solo necesitó una mirada a esos profundos ojos esmeralda para lanzarse a sus brazos y darle un beso en la boca con ansias.
-
Gin… te extrañé.- Comenzó Harry, pero fue interrumpido por un grito ahogado, que venía de la parte superior de las escaleras.
-
Harry! Hermione! Draco!- Gritó una linda rubia de ojos azules, corriendo hacia ellos. Abrazó al ojigris, hasta que se fijó en el estado de la joven leona.- Oh, por Dios!
Se separó del rubio cuando vio la mirada de disgusto de Ron, y fue a abrazar a su esposo, que estaba sentado en una silla.
Spencer y Pansy se habían mantenido alejados de la escena, con suma incomodidad, pero tranquilos. Pansy todavía llevaba su vestido de bodas, pero desgarrado y sumamente sucio, al igual que Jack llevaba su traje azul marino.
Ginny se fijó en ellos, y no pudo evitar que su cara pusiera una mueca de disgusto.
-
Parkinson! Como es que tu…
-
Tranquila, amor, ella nos ayudo, junto con Spencer.- Le contó Harry, con un susurró, mientras la abrazaba. Sentía un dolor muy intenso en la muñeca, y Ginny se dio cuenta, por que se separó de él y tocó con su varita la muñeca de guapo chico de cabello azabache. De inmediato la muñeca recuperó su coloración y tamaño normales, y Harry dejó de sentir dolor.
-
Gracias, amor, eres la mejor medimaga que he conocido.- Pero al ver de reojo a Luna, que estaba abrazada de su esposo pelirrojo, complementó.- Al igual que Luna.
-
No te preocupes, Harry, tu admira a tu esposa, y yo admiraré a la mía!- Comentó Ron, mientras estrechaba todavía mas a la rubia entre sus brazos y le daba un pequeño beso en la mejilla, pero volvió a ver a la castaña y su semblante se ensombreció.
Draco se había mantenido en silencio, sosteniendo la mano de Hermione, sin poner atención a la conversación.
“Eres lo mejor que me ha pasado, Herm… no te puedes ir de mi lado. No de nuevo, ahora que ya te tengo, y quiero tenerte para siempre. Eres lo que me mantiene vivo, y no puedo vivir sin ti. Y te voy a cuidar por el resto de mis días, por que vas a superar esto, y seguirás siendo mi endemoniada sabelotodo.” Pensaba Draco, y al final susurró…
- Fue mi culpa, tú no mereces morir, yo debía morir ahí, no tenías que… soy un imbesil, pero tienes que sobrevivir.
Todos lo miraron en silencio, incluso Pansy y Jack. Ginny sollozaba en silencio, mientras Harry miraba al rubio con pena. Entonces, pasó algo que les revolvió el corazón.
Hermione abrió los parpados lentamente y susurró con una voz tan suave que era casi inaudible.
-
No tienes la culpa de nada, y no tenías que morir.
-
Hermione!- Gritaron todos, excepto los dos novios, que miraban la escena con gesto inexpresivo.
La castaña solo los miró y trató de esbozar una sonrisa. Draco sencillamente se acercó y la besó profundamente, mientras Ron miraba a la pareja confuso, al igual que su hermana y Luna, y Harry los miraba enternecidos. Jack lo miraba con estupefacción, pues él nunca se había enterado de nada, y Pansy miraba a la castaña con odio intenso, pues aunque se iba a casar con Spencer, su único amor desde la escuela siempre había sido el rubio que besaba a la ex Gryffindor.
Hermione cerró sus ojos y susurró “Te amo”, y se quedó dormida. Ron no pudo evitar que un signo de interrogación se pintara en su rostro, mientras que Ginny y Luna, que a pesar de que la rubia era tan extravagante tenían gran agilidad mental y su instinto de mujeres las guiaba, empezaron a hilar cabos, creando una teoría.
-
Harry… creo que ella necesita descansar.- Comentó la pelirroja a su esposo.
-
Claro, vamos.- Se levantó lentamente, pues sus piernas no le respondían bien, pero miró a los dos novios, y preguntó.- Gin… se podrían quedar aquí, mientras llamamos a la Orden?
-
Pues… si, la habitación de Percy esta libre.- Contestó su esposa, pero hizo una mueca de enojo.- No se como llegaron a este punto, mira que confiar en unas serpientes…
-
Oye, yo era Slytherin, recuerdas?- Reclamó Draco, entre ofendido y divertido, con voz ronca, mientras que Pansy la miraba con ojos asesinos.
-
Lo se.- Contestó la joven Weasley, con una sonrisa, abrazando a su esposo.- Pero tu eres diferente, Draco. No eres ponzoñoso.- Agregó la chica, mirando con desagrado a la joven pelinegra vestida de blanco.
El chico esbozó una sonrisa, mientras acariciaba el cabello de Hermione. Luna y Ginny se ofrecieron a enseñarles la habitación a los novios. Harry se apresuró a seguirlas, para mayor seguridad, y el pecoso pelirrojo le preguntó a Draco.
-
Que pasó con el hechizo de memoria, Malfoy?
-
Demasiados crucius…- Susurró el joven, sintiendo que la herida se abría de nuevo. No la había podido defender…
-
Dejaste que la torturaran?- Preguntó Ron, echando chispas.
-
Ella no quería que dijéramos nada!- Reclamó furioso el ojigris, pero los ojos le empezaron a escocer por tratar de contener las lágrimas.- Y no tenía muchas posibilidades contra mi padre y otros secuaces suyos sin mi varita, verdad?
-
Entonces como salieron? No me digas que los soltaron!- Se mofó Ron.
-
No seas imbesil… hoy no te contaré nada, Weasley!- Le gritó Draco, sentándose de nuevo, pues se había parado sin darse cuenta, y acarició la mano de Hermione.
Ron se calló. Sabía que había metido la pata, presionando a Malfoy, pero estaba desesperado por información. Se acercó al sillón donde dormía la chica y le dio un beso en la frente. Cuando notó la mirada contrariada del ojigris, sonrió insolente.
Él amaba a su esposa y a su hija, que en esos momentos dormía apaciblemente sin enterarse de nada. Pero no podía dejar pasar la ocasión de humillar un poco al rubio, al que despreciaba tanto, por sus errores pasados.
El tiempo se había encargado de sanar la herida de su primer amor, limpio y puro; sencillamente amor de niño, hacia la castaña que dormía. Ahora lo que sentía hacia ella era lo que sentía desde que la conoció y seguiría sintiendo hacia ella: un amor de hermanos y una eterna amistad, no otra cosa.
Subió las escaleras y entró a su habitación. Ya no era completamente naranja, y había dos camas, en una de las cuales, una pequeña niña de ojos azules cerrados dormía con respiración acompasada. Otra mujer, la miraba dormir, sentada junto a ella.
Ron miró a sus dos rubias. Se veían tan hermosas… La pequeña Jessica con su largo cabello tapándole la cara y desparramado por la almohada, con su manita agarrando una muñeca de trapo. Luna estaba como siempre. Su locura de creer en cosas sin fundamento había pasado, aunque no del todo. Pero se le veía igual que antes, dulce e inocente, con su cara de niña, pura y casi con un halo brillante que la rodeaba y la hacía ver como un ángel. Sus ojos azules brillaron al verlo, haciéndolos parecer dos zafiros cerca de una brillante luz.
Se acercó a ellas y le susurró a Luna en el oído: “Todo va a estar bien, no te preocupes más…”.