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Historia 28483 — capítulo 26
Draco subía lentamente las escaleras de su casa. Estaba abatido. Más triste de lo que había estado en más de dos años, desde la muerte de su madre.
Llegó a su cuarto, cuya apetecible cama tenía las colchas color carmesí, mientras que las paredes eran blancas impecables. Tenía detalles plateados en las dos mesitas que había frente a la cama, en el tocador y en el armario. Caminó con pasos largos hasta sentarse en la cama. Era muy reconfortante, estar ahí, entre las suaves colchas y las mullidas almohadas, pero se sentía tan vacío…
Abrió el cajón de su mesa de noche y sacó un libro encuadernado en piel negra. En la tapa se leía con letra elegante: “Hogwarts”. Lo abrió. Era un álbum de fotos que ella y sus amigos habían tomado y en las que en algunas salía él, abrazándola, riendo… recordaba esos días y los guardaba como el mayor tesoro y el más invaluable. Recordó también como le había dolido alejarle de él. Y ahora que ya la tenía a su lado de nuevo, había cometido la mayor estupidez que hubiera podido hacer.
Como había sido tan imbesil? Como le había podido hacer eso? Como? Por que se había dejado llevar? Por que, si se suponía que…
“Y dices que me amas?”
Si, la amaba… la amaba más que a nada en el mundo. Pero aún así lo había hecho…
Era que en realidad lo había querido hacer? No había otra forma de…? “Claro que la había, imbesil, no tenías que besar a esa perra para conseguirlo, sabiendo que esta más que enamorada de ti. Solo chasqueando tus dedos y con falsas promesas lo hubieras conseguido…” le contestó una penetrante voz en su cabeza. “Pero yo amo a Hermione!” se trató de asegurar a si mismo. “O no?”
- Claro que la amo! Daría mi vida por ella!- Gritó Draco furioso, golpeando el colchón, mientras lágrimas de furia y pena salían de sus ojos grisáceos.
Miró de nuevo el álbum de fotos. Allí estaba su hermosa chica, con Harry y el pobretón. “Harry!”, pensó de repente. Tal vez había una pequeña esperanza…
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Hermione miraba por la ventanilla de tren. No lloraba. Sabía que pronto sucumbiría ante la tristeza y el dolor de la traición, pero hasta entonces, no lloraría. Su orgullo de mujer se lo impedía.
Bajo del tren y caminó silenciosamente hasta una mesa en la cafetería de la estación. Se sentó y pidió un frappé helado. Hasta que volteó y vio un pequeño niño rubio, que estaba junto a una mujer de cabello castaño, pero a diferencia de ella, lo llevaba lacio.
-
Mami, y mi papi?- Preguntó el pequeño, que no tendría más de año y medio.
-
Vamos a llegar con él, mi amor. Vamos Dan, no querrás que perdamos el tren, verdad?- Preguntó la madre, con una sonrisa y apresurando a su pequeño a llegar al andén.
Las defensas de Hermione flaquearon ante esto. Lágrimas calientes brotaron de sus ojos sin que pudiera hacer nada.
Hacía poco tiempo se había imaginado hacer una familia junto a Draco… con un pequeño demonio de cabello lacio castaño y ojos grises, que jugara Quidditch en una pequeña escoba, con carácter arrogante, o una pequeña niña de rizos rubios y ojos miel, que devorara los libros con pasión y ansias de saber.
Por ello, al ver al pequeñín, toda la cruda verdad la golpeó y la tristeza la asfixiaba. Necesitaba alejarse de ahí, alejarse de la traición, del engaño, de la humillación.
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Flash Back
Hermione sonreía a más no poder. Había salido del trabajo con mucha felicidad. Draco se alegraría mucho cuando supiera que Harry les había dado vacaciones a ambos por dos semanas! Ella había hecho los arreglos para irse una semana a Francia, y visitar los lugares que los Potter les habían recomendado. Decidió tomarse la mañana libre para los arreglos y la tarde para pasarla con su amor.
A las dos de la tarde estaba frente a las puertas de su casa. Draco hubiera preferido una gran mansión, pero para ella lo más importante era la seguridad, la tranquilidad y estar con él. Había vendido su casa de campo y se había mudado junto con Draco a una casa colonial que quedaba en medio de varias hectáreas de bosque, a cinco minutos del mar caminando. Era un lugar prefecto para ella. Tranquilo, seguro y que compartía con el rubio, a pesar de no estar casados.
Caminó por el sendero de la entrada y llegó al pórtico. Abrió la puerta con sumo cuidado, procurando no hacer ruido. Su amor se había quedado en casa por una fuerte migraña, y lo más seguro era que estuviera durmiendo.
Se quitó los zapatos de tacón y corrió descalza hasta la planta alta, pues la mullida alfombra que cubría todo el piso de la casa, evitaba que se oyeran sus pasos.
Abrió la puerta de su habitación, y cuando entró, se paró en seco.
Los largos cabellos rubios platinados de Draco estaban desordenados, mientras su dueño besaba apasionadamente a una morena, mientras recorría con sus manos su cuerpo por encima de la ropa. Pansy Parkinson que estaba frente a ella, la vio entrar, se alejó del rubio y sonrió malévolamente.
El rubio, que estaba de espaldas a ella, miró a los ojos negros de la joven serpiente, pero al ver su sonrisa perversa, volteó instintivamente hacia la puerta. Ahí estaba ella. Parada, con la mirada fija en ellos dos. De repente salió del cuarto. Draco abofeteó a la pelinegra, cuya sonrisa no desapareció a pesar de eso, y salió rápidamente del cuarto.
- Hermione!- Gritó, al llegar a la sala y no encontrarla.
Salió al jardín y la busco por todos los rincones. Entonces, mientras estaba en un montículo elevado de tierra, miró hacia el mar. Ahí había una figura, en una roca de las escolleras.
Corrió a más no poder, preparado para recibir maleficios, golpes y todo aquel daño físico que se le ocurriera a la traicionada chica. Todo, lo que fuera, con tal de que lo perdonara. Cuando llegó, se paró detrás de ella.
La chica no volteó cuando sintió la presencia de un hombre detrás de ella. Sabía quien era, y no le iba a dar el gusto de verla débil, ni traicionada.
Oyó que la llamaba con voz triste varias veces. Cuando al final volteó, se encontró con unos calidos ojos que la miraban húmedos.
Draco la miró a los ojos miel, y lo que vio, lo destruyo. No estaba llorando, no se veía furia en esos ojos hermosos, sino que se veía decepción y desolación. Hubiera preferido que se pusiera a gritarle o a golpearle, o si quiera que le reclamara o le dijera ALGO. Pero ella solo lo miraba.
- Hermione… no es lo que piensas, tiene una explicación.- Comenzó Draco.
Hermione lo miró con sus ojos tristes y que se habían vuelto fríos, y solo con cinco palabras lo destruyo.
-
Y dices que me amas?
-
Te amo. Te amo. Te amo.- Contestó Draco, desesperado.
Hermione volteó de nuevo al mar. Tenía que aprender a ser fría, así como él había podido engañarla y traicionarla. En su propia casa, en su propia habitación.
Se levantó lentamente y volteó a verlo. Él seguía ahí parado sin hacer nada, solo viendo hacia ella, con lágrimas recorriendo su pálida tez. La suave brisa marina le agitaba los rubios cabellos, y el sol que se reflejaba en el océano le arrancaba destellos dorado-plateados.
Esa imagen la perseguiría por toda su vida. Pero pasó por su lado y lo apartó con suavidad.
-
Perdóname.- Susurró con voz inaudible el rubio.
-
No… no más, Malfoy.- Contestó ella, firmemente.
Draco agarró su mano y la hizo mirarlo. Veía esos ojos miel que alguna vez lo habían mirado con ternura, pasión y profundo amor, ahora solo veía en ellos dolor, soledad, traición, frío y vacío. Como una tontería podía cambiar tanto los sentimientos de una chica tan pura? Al fin y al cabo, era solo un insignificante beso… pero al ver el semblante de la castaña, comprendió que ella había puesto toda su confianza en él y se sentía tan traicionada como si él se hubiera acostado con Pansy.
La castaña lo miró fijamente a sus pupilas. Se soltó con brusquedad y caminó hacia la casa, donde vio salir corriendo a Pansy. Cuando llegó a su habitación, donde con un movimiento de varita, guardó su ropa y objetos personales en un baúl. Salió al balcón y miró hacia el mar. Miró una figura vestida de negro que estaba inmóvil en las escolleras.
Las lágrimas amenazaron con salir de sus ojos cuando vio en la mesita de noche una rosa que Draco le había regalado la noche anterior, y junto a ésta, una foto sin enmarcar en la que estaban los dos, abrazados, en la Madriguera, después de ese horrible encierro con las hermanas Vane y Lucius. Ya lo había superado, ya habían pasado cuatro meses desde que la habían torturado por primera vez, pero ahora el dolor o era físico, sino emocional…
Se acercó a la foto y tuvo el impulso de romperla en mil pedazos, destruir toda aquella evidencia de que alguna vez había sido feliz junto a él. Pero no pudo. Guardó la foto en su baúl, en el fondo, queriendo enterrarla, al igual que quería hacer con su tristeza y con su amor. Lo que si hizo fue tirar la rosa al piso, consiguiendo que se le cayeran la mayoría de los pétalos.
- Baúl Locomotor.- Dijo secamente, y su baúl se elevó de piso, siguiéndola al igual que un viejo gato patizambo, color canela y cara aplastada, mientras caminaba lentamente hasta los límites de su propiedad. Se iba a desaparecer cuando de reojo vio una cabellera platinada que le hizo voltear. Solo vio unos tristes ojos grises y una boca color carmesí que gritaba “TE AMO”, antes de desaparecer, con Crookshanks en los brazos.
FIN FLASH BACK
Draco llegó con Harry a su casa en Manchester. Toco desesperadamente la puerta, pero nadie le respondió. Se preocupó. Harry siempre estaba ahí después del trabajo. “La Madriguera”, pensó. Seguro habían ido a comer con Molly.
Se desapareció hacia ahí, pero la visión que observó al llegar, le puso la carne de gallina.