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Historia 28483 — capítulo 27
La Marca Tenebrosa se erguía brillante sobre la inclinada edificación. Draco entró estrepitosamente, y miró una imagen desgarradora. Harry daba puñetazos a las paredes, mientras que Ginny lloraba, sosteniendo un cuerpo inerte.
Los ojos siempre cálidos y a veces amenazadores de la Señora Weasley estaban vacíos y huecos. Draco se adentró sigilosamente y puso su elegante y blanca mano en el hombro del furioso ojiverde. Éste se sorprendió y dio un respingo, pero al voltear, su cara estaba surcada por las lágrimas, al igual que su esposa.
Draco lo abrazó en un gesto consolador y fraternal, mientras que Ginny seguía susurrando palabras al cuerpo sin vida de su madre. Los jóvenes se separaron y Harry se sentó en el sillón, aún con furia y tristeza contenida. Draco se arrodilló junto a la pelirroja, y puso su brazo encima de sus hombros. La pelirroja sollozó más fuerte. Entonces, se desplomó, desmayada.
Draco la sostuvo para que no se golpeara, y Harry le ayudó a recostarla en el sofá. El pelinegro miró al rubio y susurró
- No es justo. Por que ella?
Draco puso su mano de nuevo en su hombro. Él sabía lo que era perder a las personas que más quería, y que le habían demostrado amor sincero.
-
No hemos revisado la parte de arriba. Ginny tuvo un colapso nervioso cuando vio el…
-
Quieres que vaya a revisar?- Preguntó Draco, con voz firme, aferrando la varita con fuerza.- Tu quédate, por que lo más probable es que…
-
Lo se.- Contestó Harry, pensando en el Señor Weasley. Entonces recordó algo de lo que no se había percatado.- Jessica.
-
Jessi? Que pasa con ella?- Preguntó el ojigris, con preocupación.
-
Ron tenía partido, y Luna tuvo doble turno, le pidieron a Hermione que si la podía cuidar, por que nosotros íbamos a ir al partido, seguro te comentó.- Al escuchar el nombre de la joven leona, Draco desvió la mirada y sintió una punzada en el pecho.- Pero como iba a estar contigo, la trajo aquí. Tenía que estar en la casa…- La voz de Harry desapareció.
Draco se puso todavía más pálido. Subió lentamente las escaleras, y entró en el cuarto de Ginny. No había nada. El cuarto en el que había dormido él, durante las noches que lo habían alojado después del encierro con las Vane. Nada. Siguió subiendo hasta llegar al último piso. Abrió lentamente la puerta de cuarto de Ron.
Ahí encontró otro cuerpo. Corrió hasta él, mirando las gafas torcidas hacia un lado y los ojos azules que resplandecían a pesar de que su dueño ya no tenía energía. El señor Weasley estaba tendido en el suelo, con la varita aferrada a su mano.
Buscó de nuevo en la habitación, y al no encontrar a Jessica, su cara perdió todo el color que hubiera podido tener. Bajó de nuevo a las habitaciones, buscando detenidamente en cada una de ellas, pero no encontró a la pequeña niña en ninguna parte, ni cuando buscó en el ático, en donde un olor pútrido revelaba la presencia del ghoul.
Bajó a la sala y ante la mirada inquisidora de Harry, le dedicó una mueca triste.
-
Él está…
-
No lo digas.- Susurró Harry. Sabía que estaba en la etapa de negación, al igual que había estado cuando murió Dumbledore, o Sirius.- Y Jessica?
-
No esta arriba…- Y no pudo contener que su voz tuviera un dejo de angustia.
-
No, no puede estar… no, tiene que estar oculta, por aquí.
Draco comenzó a buscar en la cocina y el jardín. “La cava”, pensó. Era un lugar ideal para esconderse, pues estaba muy escondida en la maleza del jardín.
Y efectivamente, ahí, acurrucada, con sus ojos bañados en lágrimas, estaba la pequeña Jessica, en una esquina de la húmeda, oscura y olorosa cava.
Harry siguió al rubio al verlo llamarlo con señas.
Draco iluminó la estancia con un lumus, mientras bajaba rápidamente las escaleras. Llegó hasta la pequeña nena, que sollozaba incontrolablemente, mientras que algunas latas que estaban a su alrededor, temblaban o se volcaban, dando a entender que la magia de la pequeña mostraba su angustia interior.
Harry llegó junto a ellos dos, mientras que el rubio acariciaba el cabello de la pequeña. Se arrodilló y Jessica se abalanzó sobre él.
-
Padrino, que paso? En donde están mis abuelitos?- Preguntó inocentemente entre lágrimas.
-
Si, Harry, que sucedió?- Preguntó el rubio.
-
No lo se.- Confesó el joven ojiverde, mientras levantaba a la rubia en sus brazos, saliendo de ahí y la llevándola hacia la casa, con Draco siguiéndolo.- Llegamos aquí para recoger las entradas del partido de Ron que nos había dejado, pues a Ginny se le habían olvidado, pero al llegar…
Harry calló.
No llevaron a Jessica a la casa. Draco se ofreció a llevarla con Luna, a San Mungo, y a darle la triste noticia. Harry acepto. No se sentía con ánimos para darle la noticia a nadie, pues ni él lo aceptaba.
Draco se llevó a la pequeña hasta la reja de la Madriguera, con los ojos quemándole, pues los Señores Weasley habían sido un gran apoyo para él cuando su madre había muerto, a pesar de su padre.
Cargó a la pequeña Jessica, en cuyas mejillas todavía corrían lágrimas, y desapareció hacia San Mungo.
En San Mungo
-
Draco! Que pasa? Por que esta aquí Jessi?- Preguntó una linda rubia con cara de ángel que se acercaba a otro rubio que estaba en la sala de espera del hospital.
-
Luna… tu tienes que saber una cosa.- Comenzó Draco Malfoy, esperando que su voz no se quebrara.
Hermione lloraba mientras se vestía con un sencillo vestido negro recto. Crookshanks dormitaba en la cama. Estaba muy viejo, y casi no hacía nada. Hermione pensaba que su vida estaba a punto de terminar, pero hasta entonces, a menos que tuviera que evitarle un sufrimiento mayor, seguiría siendo su compañero y su consuelo, como lo había sido durante casi diez años.
Se cepilló el cabello con indiferencia y salió del cuarto. Estaba alojada en un hotel. No era de cinco estrellas, pero era lindo. Estaba muy cerca de la casa de Harry y Ginny, y lo suficientemente lejos de Malfoy.
Se transportó a un jardín pacífico, con algunos cantos de aves, que hubiera pasado por un silencioso parque, si no hubiera habido lápidas en el suelo.
Observó a la gente que se reunía alrededor de dos ataúdes. Caminó asta ahí. Sintió su alma caer al suelo cuando vio dentro de los ataúdes de madera oscura. Los señores Weasley reposaban tranquilamente, como si hubieran estado dormidos en un profundo sueño.
Se sentó en una silla, mientras que miraba alrededor. Ginny estaba a unas cuantas sillas de distancia, junto con su hermano George, ambos derramando lágrimas silenciosas. Harry estaba con el gemelo de éste, Fred y con Ron, parados junto a los ataúdes, mirando fijamente al vacío, sin articular palabra alguna, con una que otra lagrima sutil que caía sin que pudieran evitarlo.
Bill, Charly y Percy estaba separados de los demás, sentados y con los ojos rojos, pero ahora sin llorar.
Hermione se acercó a Ginny y a George, y solo lloró junto con la pelirroja, que se había recargado en su hombro.
Le dolía tanto… sabía lo que era perder a un ser tan querido, pues su madre había sido asesinada por los mortífagos al igual que los Weasley. Su padre había sobrevivido gracias a que no se encontraba en casa ese día. Nunca se había perdonado no haber podido estar ahí para defenderla, pues sabía que la buscaban a ella. En ese entonces, eran vacaciones y ella se alojaba con ellos, pero había tenido una misión de espionaje junto con Harry y se había ido de ahí. Eso había sido tres meses después de haber ido al entierro de Narcisa…
La ceremonia inició, y un minúsculo señor con una túnica verde esmeralda, empezó a hablar. Nunca le había puesto tan poca atención a alguien. Sus oídos se desconectaron al ver una cabellera platinada en las filas del frente. El dolor de la traición volvía a llegar, pero por suerte, Harry la salvó al empezar su discurso.
- Molly y Arthur Weasley eran las personas más nobles y esplendidas que he tenido el privilegio de conocer.- Comenzó el pelinegro. Hermione sabía que le costaba mucho trabajo hablar en esas circunstancias, pero ninguno de los hermanos Weasley habría estado en condiciones de hablar frente a todos.- Siempre dispuestos a ayudar, siempre dispuestos a luchar por sus seres queridos. Hasta sus últimos alientos. Gracias a ellos, una pequeña vida seguirá floreciendo.- Continuó, mirando a Jessica, que estaba en una silla junto a su madre y su padre, sin entender realmente lo que sucedía.- No importaba que estuviera pasando, siempre tenían una palabra consoladora, o simplemente una sonrisa en sus rostros. Siempre preocupados por los demás, siempre tratando de mejorar el mundo…
Hermione no pudo reprimir las lágrimas. Recordaba los momentos pasados en la Madriguera, durante las vacaciones, después de Hogwarts, con la Orden.
- Siempre recordaré a la Señora Weasley lamentándose de que estuviera tan escuálido, y al señor Weasley preguntando todo sobre los muggles. Y agradezco con mi alma que me hubieran llegado a tratar con a un hijo. Eran dos estupendos magos, y en especial eran dos estupendas personas. Y yo se que todos los que los conocíamos y compartimos momentos especiales con ellos, los extrañaremos.- La voz se le quebró un poco, pero carraspeó y continuó.- Pero una vez un gran mago dijo una frase… una frase que siempre recordaré: “Para una mente bien organizada, la muerte no es más que la siguiente gran aventura.” Y estoy seguro que los Weasley descansarán en paz, después de la vida tan ejemplar que vivieron.- Terminó Harry, con voz triste, pero fuerte y clara.
Todos los presentes aplaudieron, pero en especial los Hermanos Weasley, Hermione, Draco y Luna, que sabían en carne propia lo que pasaba. Los ataúdes fueron enterrados en las fosa, y las lápidas fueron enterradas encima de la tierra recién removida.
Los distintos magos, entre los que estaba toda la Orden y algunos otros, fueron desapareciendo del cementerio.
Harry, Ron y Hermione estaban callados en un rincón, hasta que Hermione anunció que sentía mal y necesitaba descansar. Caminó hasta la salida del cementerio, pero una mano blanca la detuvo del brazo y la abrazó.
Ella se dejó abrazar por unos minutos, disfrutando de nuevo de esa fuerza y seguridad que le hacían sentirse tan bien… pero entonces recordó lo sucedido el día anterior. Y se separó bruscamente de Draco.
El rubio la miró a los fríos ojos miel que había conseguido poner la castaña. Detestaba ese cambio, ese hielo que sentía en la chica. Y él era el culpable… eso era lo peor.
Hermione volteó silenciosamente y atravesó la verja del panteón. Una vez ahí, volteó a ver a Draco y susurró…
- Y lo peor es que aún te amo.- Y dicho esto, ante la mirada garrafalmente triste del ojigris, desapareció.
Draco Malfoy, el chico que siempre había tenido todo: dinero, prestigio, linaje puro e inmenso atractivo, había perdido lo único importante en su vida. El amor.
Caminó de regreso hacia dentro del cementerio, pero no se dirigió hacia la tumba de los Weasley, sino a una tumba más a la derecha, que a diferencia de la de los Weasley, cuya lápida era color blanco brillante, era de mármol color crema, en la que se leía simplemente:
Aquí yace Narcisa Malfoy,
Querida madre y amiga.
“…Jamás renuncies a la esperanza…”
Draco recordó esa frase. Era la que su madre le decía siempre que tenía algún problema o cuando su padre lo castigaba. Y era con la que sobrevivía hasta la fecha. Con un movimiento de su varita susurró “Orchideus” y un ramo de flores apareció en la punta de su varita. Las depositó en el suelo, junto a la tumba.
Después de esto, recordó lo que le había dicho su madre una vez, después de que se había enterado de cómo jugaba con los sentimientos de las jóvenes.
“El amor es algo inigualable, Draco. Un día te darás cuenta. No puedes vivir sin él. Espero que cuando te des cuenta, no sea tarde. Por que si lo es, vas a sufrir, hijo. Y vas a llorar lágrimas de sangre.”
El joven mago soltó una lágrima… una lágrima de sangre. (N/A. No literalmente de sangre, pero… ustedes entienden. Jeje xD) La sangre de su alma. “Tenías razón, madre, lo estoy sufriendo, por ser tan estúpido, por no apreciar lo que tenía a mi lado…”
Se alejó lentamente de la tumba de su madre y desapareció en el mismo lugar en el que la castaña lo había hecho.