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Historia 28483 — capítulo 28

Hermione caminaba lentamente por la calle. Necesitaba pensar las cosas. Por que un simple beso la hacía sentirse tan traicionada? Tan solo había sido un beso, pero se sentía tan engañada…

Miró un escaparate que había a su lado. Helados de todos los sabores. “Mmmm… hace cuanto no me tomo un helado? De pronto tengo muchísimas ganas de uno.” Entró en la tienda. Era muy alegre, pintada de blanco, rosa y amarillo, pero hacía mucho frío. Se sentó en la barra y pidió un helado de capuchino con chocolate. (Jeje, mi preferido! Wii!).

Estaba leyendo una revista muggle que había ahí para los clientes, casi a la mitad de su helado, cuando la campanilla de la puerta sonó. Un hombre alto, moreno, fornido, de cejas pobladas y gesto ceñudo pasó y se sentó junto a ella.

  • Hola.- Le susurró.

  • Mmmm?- La castaña volteó a verlo, y al reconocerlo, su cara se iluminó.- Víctor!

  • Todavía te acuerdas, verdad?- Le preguntó Víctor Krum, con una sonrisa.- Como has estado?

  • Muy bien, y tu?- Le contestó Hermione con alegría.- Hace muco que no te veía, ni con la… bueno, ya sabes.

  • Si, la “mmmm”.- Bromeó el joven búlgaro.- Estaba en Arabia, en una… “mmmm”.

  • Pues que bueno es volver a verte! No recordaba que vivías aquí cerca.

  • Y a ti? Como te va? Me enteré de que andabas con Malfoy.- Le dijo el moreno, con un dejo de reproche en la voz.

La castaña desvió la mirada un momento. El búlgaro la había tratado de conquistar de nuevo cuando ella no recordaba nada, pero no se sentía a gusto con él. Le había pedido tiempo, y desde ese entonces no lo había vuelto a ver. De eso hacía dos años.

  • Ese hurón se convirtió en una serpiente… tu entenderás.- Le respondió simplemente, tratando de esconder la tristeza de su voz, pero el búlgaro la notó.

  • Y de ese secuestro del que un pajarito me contó, no me vas a decir nada?

  • Voy a matar a ese pajarito pelirrojo y ojiazul.- Susurró la castaña divertida.- Pues bien, todo empezó por culpa de ese estúpido hurón, de nuevo. Bueno, en parte.

La castaña comenzó a contar, ante la mirada inescrutable del joven jugador de Quidditch.

  • Me parece que esas chicas si estaban locas. Era mal de familia, no?- Bromeó el joven, tratando de aligerar el ambiente, que se había puesto tenso.

Hermione esbozó una media sonrisa.

  • Y a ti como te ha ido?- Preguntó la joven, con una sonrisa, para cambiar de tema.

  • Pues bien, ya no soy el mismo de hace cuatro años… y como ya va a ser tiempo en el que no voy a ser lo suficientemente joven para jugar al Quidditch, estaba pensando en encontrar trabajo en la oficina de Ron.

  • Wow, como veremos al famoso Víctor Krum en un puesto de escritorio bajo el mando de Ron Weasley? En el Departamento de Deportes y Juegos Mágicos!

  • No te burles, la carrera que elegí no dura para siempre, de hecho es muy corta. Pero la de auror puede ser todavía más corta, verdad?

  • Pero no por culpa de una bludger loca.- Le respondió sagazmente la castaña.

  • Mmm… puede ser.- Aceptó el búlgaro finalmente.

Hermione sonrió. Siempre terminaba dándole la razón. Terminaron los helados que habían pedido y salieron a la soleada calle. El joven la acompañó hasta el hotel, desapareciéndose junto a ella. La casa de él estaba muy cerca de la heladería, como a tres cuadras, y también estaba cerca del cementerio donde habían enterrado a la madre de Hermione.

(N/A.- Coincidencia? No! Draco y Hermione cada uno fue a visitar a su respectiva madre después del entierro de los Weasley; de ahí venía la castaña al entrar a la heladería. Perdón, pero me parecía interesante.)

Crookshanks se le enredó entre lo pies a Hermione mientras se vestía. Iba a ir a cenar con Victor. Le dejó croquetas en su plato, y rellenó su agua con la varita. Sonrió al ver al viejo gato caminar orgullosamente con la cola levantada hasta el plato de comida.

Fuera del cuarto, miró su nuevo reloj de oro. Había sido un regalo del joven búlgaro en su segunda cita. Ésta era la quinta. Eran las siete cuarenta y cinco. En la otra mano vio un destello y observó la pulsera de oro blanco que no se había quitado a pesar de lo que pesaba en su alma. Se mareó un poco, pero se repuso y desapareció hacia el lujoso restaurante de Londres.

Ahí estaba él. Sentado, con un traje azul marino, camisa blanca y corbata azul a rayas. Cuando la vio, se levantó y le tomó la mano. La llevó hasta la mesa, donde movió la silla para que se pudiera sentar. Ella le agradeció con una sonrisa, mientras el joven la observaba.

Levaba un vestido negro entallado, pero que en la falda se abría un poco, para que pudiera caminar. Dejaba sus brazos con al descubierto, y con una flor blanca en la cintura. El cabello lo llevaba recogido en una peineta, muy elegante.

Se sentó y comenzaron a pedir. La velada siguió sin novedades. Hermione, aunque no lo admitía, se aburría, comparando lo que sentía hacia el joven que tenía en frente, con el engreído hurón de ojos grises.

Pero esa noche, Hermione aceptó ir a la casa del húngaro. No supo por que lo hizo. ¿Venganza? ¿Necesidad? ¿Deseo? No entendía. Lo que si sabía era que no era por amor.

Victor la acorraló en la pared del living, respirando el embriagador aroma que desprendía la castaña. Había tomado mucho, a diferencia de la castaña, pero eso solo lo hacía más difícil de controlar.

  • Victor…- Le susurró la castaña en un tono tranquilo, pero internamente asustada, reprochándose haber aceptado ir con él, sabiendo lo que podía pasar.

  • Te amo, Hemione.- Le contestó el moreno, tratando de besarla. Ella no se dejó, y reuniendo todas sus fuerzas, lo empujó hacia la sala.

  • Victor, lo siento, pero…- La joven leona se detuvo y corrió a buscar el baño. No lo buscó mucho tiempo, pues era la primera puerta que abrió. Vomitó. Se la pasó vomitando alrededor de cinco minutos, hasta que pudo levantarse y enjuagarse la boca.

  • Hermione, lo siento, lo lamento de verdad. No se por que…- La llamó Victor, recuperado y apenado.

  • No te preocupes, lo siento. Me voy.- Le contestó la castaña, saliendo del baño, y corriendo fuera de su casa.

“No… no puede ser, no ahora” imploraba la castaña, mientras caminaba desesperadamente por la calle, buscando algo con la mirada.

Desde hacía varios días tenía mareos y vomitaba. Pero si sus sospechas eran ciertas, no podría mantener alejado a Draco… era su derecho.

Mientras…

  • Estúpida!- Voldemort golpeó con su fría y huesuda mano la mejilla de una pelinegra.

  • Pero… señor, amo, yo no…- Tartamudeaba Pansy.

  • No hay excusas! No estaba en la casa! Y dijiste que estaría!- Susurró el innombrable, con su voz cargada de desprecio.- No soporto los errores.

  • Pero, señor…

  • Nada, no digas nada, imbesil serpiente.- Su voz transmitía enojo.- Lucius, ven acá!

  • Si, amo.- Empezó Lucius, mirando con terror a Voldemort.

  • Como dejaste que esta inútil hiciera tu trabajo? Para eso me hiciste soltar a Potter, al traidor y a la Sangre Sucia?

  • Yo no sabía que ella se equivocaría así.

  • Yo estaba distrayendo a Draco, para que no llegara.- Se defendió la joven.

  • Distrayendo? Disfrutando, será.- La corrigió Spencer, en un susurro, pero en su interior envenenado por los celos. Él si quería a Parkinson, pero sabía que ella seguía encaprichada con Malfoy.

  • Cállate, Jack.- Lo cortó Pansy.

Voldemort miraba la escena mientras acariciaba a Nagini.

  • Sabes que pienso, Parkinson?- Le preguntó con voz suave, pero por eso mismo, mucho más espeluznante.- Pienso que tu eres una traidora al igual que Malfoy júnior. Y no tolero a los traidores. A Malfoy se la he perdonado por que servirá para mis planes próximos, pero tu…

La mujer lo miró horrorizada y retrocedió unos pasos.

  • No, mi lord, le juro que…

  • Avada Kedavra.- Dijo Voldemort, moviendo la varita perezosamente, como cosa de todos los días.

El cuerpo inanimado de la joven ex Slytherin se desplomó con un golpe sordo.

  • Quieres un bocadillo, mi queridísima Nagini?- Susurró, mientras Jack Spencer miraba horrorizado a su novia sin vida frente a él, con un grito atorado como un nudo en la garganta.- Me parece que tenemos que actuar ya. Con nuestros infiltrados en el Ministerio, va a ser mucho más sencillo, pero necesito terminar con ese molesto mosquito en el que se ha convertido Potter. No puedo dar un gran golpe, como pensaba hacer para desaparecer a la Orden entera. Sin el bebé Potter, no habrá Orden que se resista…- Hablaba más para si mismo que para sus compinches.

Los demás lo observaban, asustados por sus destinos y el de sus familias.

  • Bien, ya se lo que haré… y esta vez no podrá haber errores. Verdad, Lucius?- Continuó, con una potente voz, llena de maldad, haciendo que el aludido diera un paso hacia atrás en cuanto escuchó su nombre.

El Señor Tenebroso se levantó de la silla donde había estado sentado. Caminó entre sus mortífagos, hasta llegar a Romilda y Stefany, que acababan de ser iniciadas, y esperaban, temerosas, las ordenes de su señor, después de ver morir a Pansy.

Voldemort ni siquiera las miró. Llegó sin interrupciones hasta un espejo gastado y sucio que estaba junto a la puerta. Odiaba la sensación de recorrer esa tierra de pronto, pero no tenía tiempo.

Su varita empezó a vibrar cuando tocó el espejo, volviendo líquido el cristal. El Señor Tenebroso volteó a ver a sus seguidores. Le dio una señal a Nott, que asintió e hizo una reverencia, para luego desaparecerse. Entonces atravesó el frío cristal sin siquiera voltear, para no ver las caras de incredulidad de los imbésiles que tenía detrás.