← Historia 28483 · de
Historia 28483 — capítulo 29
Hermione miraba por la helada ventana. Era Navidad. Por la noche iba a ir a casa de Harry, para la cena. Lágrimas corrían por su rostro, mientras miraba los copos de nieve caer, deshaciéndose en el suelo. No podía ser verdad, no podía. No en ese momento…
Miró dentro del cuarto del hotel. Necesitaba urgentemente una casa. Entonces oyó un súbito golpeteo en la ventana. Miró una lechuza grisácea, casi congelada, pero fiel a su misión. Abrió rápidamente la ventana y la dejo entrar. “Ahora la hora de la verdad.” Pensó. Pero no era de quien pensaba.
Era de Malfoy. Se dio cuenta por la ornamentada D del sobre. Ni siquiera necesitó ver el remitente.
Sus manos temblaron. No la quería abrir. No… o si? Por que sentía que esa carta iba a cambiar su forma de pensar? Ya había recibido muchas cartas de él, desde hacía dos semanas, pero conforme las recibía, las echaba a la basura.
La abrió lentamente.
Sus lágrimas fluyeron más rápidamente al leerla. Cuando terminó, estaba sentada en la cama, con la cara bañada en lágrimas, sin notar que Crookshanks trataba de alcanzar a la pobre lechuza, que revoloteaba cerca del techo para evitar ser cazada.
Hermione:
No tengo perdón. Lo se. Se que soy un imbesil, se que nunca debía hacerlo. Y me torturo lentamente cada que pienso en lo que tuve y lo que perdí. Se que no quieres verme, ni me quieres perdonar, pero creo que mínimo te debo una explicación.
Pansy fue a verme. A la casa. Yo estaba en nuestro cuarto, dormido. Llegó y cerró la puerta. Me desperté y le reproché por que estaba ahí. Me dijo que estaba aburrida y que quería platicar. Me empezó a contar que ella se había unido a las filas de Voldemort antes de su “boda”, pero que no quería, me juró y juró que era verdad, que no quería. Supongo que desde que salimos de Hogwarts aprendió Oclumancia. Traté de sacarle los planes inmediatos de Voldemort, pero no me lo decía. Entonces ya sabes lo que pasó…
Acaba de llegarme una carta de Pansy, por medio de Spencer. Y acaban de encontrar su cuerpo en una zona pobre del sur de Manchester. La mató Voldemort. Te anexo la carta, para que veas lo que sucedió. Te responderá muchas dudas, creo.
No espero que me perdones, se que perdí toda tu confianza en mi, y que me va a costar mucho recuperarla. Pero quiero que estés segura de una cosa. La única cosa pura y real que he sentido en toda mi vida, es el amor. Hacia ti y hacia mi madre.
Me enseñaste que podía haber un mundo donde poder soñar tranquilos. Me enseñaste que solo con pequeños detalles podemos ser las personas más felices del mundo. Me enseñaste a ser humilde y la importancia de tener amigos incondicionales. Y por eso te agradezco. Te agradezco por el amor que me tuviste, que aunque no merezco, me ayudó a ser mejor persona, por eso y mucho más que aprendía a tu lado.
Y te agradezco por hacerme sentir esta emoción, que es y será para ti siempre. Por que dejaste huella en mí, y en mi corazón, y eres la única a quien amé y amaré por siempre.
Je t’ aime (Te amo en francés)
Att. Draco Malfoy
Hermione se secó las lágrimas y guardó la carta en su cajón. Levantó la otra carta que estaba anexada. Decía así, con una letra nada elegante, de grandes trazos:
Draco:
Te voy a explicar ahora. Todas las jugarretas.
El secuestro era una farsa. Voldemort sabía todo, y el escape era planeado. Por eso lo tuvieron todo tan fácil. Fue para que Jack y yo nos infiltráramos en la Orden. Por eso los mortífagos pudieron encontrar la Madriguera, que concluyó en el asesinato de los Weasley. El señor Tenebroso quería dar un solo golpe y eliminar a Potter junto a toda la Orden, frente a todos.
Le pedí a Jack que te enviara esta carta, solo si no sobrevivo. O sea que ahora estoy muerta. Y sobre ese beso… Es una pena que solo la Sangre Sucia los disfrute. Pero de todos modos no te iba a decir nada. Aunque te amo, vivo y muero para servir a mi Señor.
Nos veremos en la otra vida.
P. P.
La castaña sujetaba el papel con tanta rabia que estaba a punto de romperse. Así que todo había sido una farsa. Todo. “Maldita sea, por eso pudieron llegar al centro del laberinto sin ayuda! Como no lo sospechaste, Hermione? Eres auror! Debiste de haber usado la cabeza!” se reprochaba la joven bruja.
Miró el reloj. Eran las 7:30 de la tarde. En una hora tenía que estar en casa de Harry y Ginny. Mejor empezar a prepararse. Salvó a la lechuza de su gato y la acarició.
- Lo siento, chica, pero no hay respuesta para tu dueño.- La lechuza ululó lastimosa. La miró reprochante, pero emprendió el vuelo, saliendo por la ventana.
Hermione cerró la ventana, pero observó otra lechuza, que volaba hasta su habitación. La presión volvió a ella, haciendo que su estomago se achicara.
Era una gran lechuza parda. La miró y extendió la pata al llegar al alfeizar. Hermione le quitó la carta con cuidado, y la lechuza salió disparada sin esperar respuesta.
La joven miró la carta. Por fin, pero ya casi estaba segura de que sería verdad. Y al mirar el pergamino, confirmó sus sospechas.
Estaba embarazada.
Se dio un baño, se quedó en la tina por unos quince minutos y al salir, eligió un conjunto verde satinado, de saco de manga larga y falda hasta arriba de las rodillas. Una blusa blanca de seda combinaría perfecto.
Se agarró el estomago, imaginando a su hijo o hija. Era de él, por supuesto. Tal vez tuviera sus hermosos ojos, o su elegante cabello. Pero esperaba no tuviera su carácter. No, su carácter no.
No podía negar que lo seguía amando, y esa carta de la tarde había cambiado muchas cosas, tal y como sospechaba. Tal vez con un poco de tiempo pudiera perdonarlo… por ella y por su bebé.
Le diría en cuanto lo viera. Esperaba que no fuera a la fiesta. Quería retrasar ese momento de hablar frente a frente con él a solas.
Dejó a Crookshanks dormido en la cama y se desapareció con el mayor cuidado hacia la hermosa casa colonial de sus amigos. Era hermosa, rodeada de un jardín de manzanos, en cuyo suelo todavía se notaban copos aislados de nieve. Vio a una linda niña rubia sentada en un columpio.
-
Madrina!- Gritó Jessica, al verla llegar.
-
Hola, amor, como estas?- Preguntó ella, con una sonrisa en su rostro.
-
Bien!- Le respondió la pequeña.- Vamos a cenar en el jardín de atrás! Convencí a mi padrino. Al cabo no va a llover.
-
Que bien, Jessi.
-
Ven, te acompaño.- Le dijo Jessica, agarrándola con su pequeña mano.- Ya quiero abrir los regalos.
-
Si, después de cenar.
La rubia le dedicó una mueca de aburrimiento. Llegaron y Hermione saludó a todos. Se sorprendió al ver ahí a Draco con una botella de cerveza de mantequilla en las manos. Solo estaban los Potter, Ron, Luna, Jessi y los gemelos.
Draco la miró a los ojos en cuanto se acercó. Se veía tan hermosa… esperaba que con la carta que le había escrito, pudiera por lo menos considerar perdonarlo. Sabía que estaba preocupada, pero no se imaginaba por que.
La pulsera (N/A.- De hecho no es una pulsera, sino una esclava, que es más apropiada para los dos sexos) que llevaba la castaña no solo le permitía mandarle mensajes, sino que transmitía el estado de ánimo de la persona. Por ello sabía como se encontraba.
Hermione se acercó a Ginny, que seguía bastante triste, pero mucho más recuperada. Estaba llevando el pavo a la mesa. Comenzaron a platicar y Hermione no pudo esconder la sorpresa más.
- Ginny… estoy embarazada.- Le dijo de pronto.
La pelirroja se quedó sin habla.
-
Que estas que?- Gritó.
-
Embarazada, pero no le digas a nadie.
-
Hermione, por que? Si eso es genial! Que dijo Draco?- Preguntó Ginny, que aunque sabía que estaban peleados, a veces se le iba la onda.
-
Aun no lo sabe.- Respondió la joven castaña, apenada, mirando hacia la mesa donde el rubio la miraba fijamente.
-
Pues tienes que decírselo… al cabo es el padre, no?
-
Claro que si, Ginny… yo nunca lo hubiera engañado.- Respondió la joven ofendida.
-
Lo se, eres más fiel que un perro amaestrado. Bueno, vamos a cenar.
Se sentaron a la mesa. Hermione hablaba con Luna, sentada entre ella y Harry. Draco estaba frente a la joven ex Gryffindor, poniéndola muy nerviosa.
El joven rubio se preguntaba por que estaba así. Cuando se veían, normalmente en el trabajo, lo miraba con odio y desprecio. No se ponía nerviosa. Que estaría pasando?
Cenaron con una amistosa charla entre todos. El pastel de arándanos estaba delicioso, y el pavo igual. Las dotes culinarias de Ginny estaban muy desarrolladas, y Hermione se alegró de que no hubiera tenido que cocinar ella.
Llegó la hora de los regalos.
Jessica recibió un par de muñecas de parte de sus padres, un juego de pociones para niños de Draco, una bolsa de dulces y artículos de broma de los gemelos y un vestidito de princesa de Harry y Ginny. Pero el que más le gustó, fue un libro de historias fantásticas, que le había regalado Hermione. Se puso a leer de inmediato.
Hermione fue la última en abrir sus regalos. Recibió dos libros, un perfume y un collar. Pero la última caja, forrada de verde, la sorprendió enormemente. Era otro libro, pero no cualquiera. Era un libro de extensa magia oscura y como combatirla. No lo editaban desde hacía cinco años.
Miró a Draco, que la miraba con una sonrisa tímida. Se levantó y les dio las gracias a todos en general.
Después empezaron a bailar y a platicar animosamente. Hermione sintió ganas de vomitar y corrió hasta el baño. Al salir, chocó con unos alucinantes ojos grises que esperaban junto a la puerta.
-
Hermione…- Comenzó Draco, pero calló, pues no sabía que decir.
-
Calla.-. Le susurró ésta. Tenía ganas de besarlo, abrazarlo y perdonarle todo, pero su cerebro se interpuso a su corazón.- Necesito decirte algo.
Lo llevó hasta una habitación vacía.
-
Estoy embarazada.- Le soltó de golpe.
-
Que?
-
Lo que escuchaste.- Le respondió la joven.
Draco procesó lo que le había dicho. Un bebé! Iba a ser padre! Empezó a imaginar a su hijo.
-
Desde hace cuanto?- Preguntó.
-
Tres meses.
-
Hermione…- Le sostuvo la mano. La joven tenía la mirada en el piso.- Que piensas hacer?
-
No lo se.- Contestó sin verlo, pero sin soltarse tampoco.
-
No puedes criar a nuestro hijo en un hotel.
-
Lo se. Y no lo pienso hacer.
-
Hermione. Que sientes por mi?- Le preguntó sin rodeos el joven.
La castaña lo miró a los ojos. Y sus defensas de hierro se derrumbaron. Draco lo notó y se acercó lentamente, para unirse en un beso tierno y suave, en el que arreglaban todo lo sucedido. Solo con un beso.
Hermione correspondió indecisa al beso. Lo amaba, pero no sabía si podía confiar en él. Una guerra interna empezó en ella. Pero su amor era más grande y venció.
Draco sentía los dulces labios de su chica. La amaba, y por ninguna estúpida razón la perdería de nuevo. Se separaron y Draco la abrazó con una lágrima amenazando salir por su ojo. Al final la contuvo y pudo poner su seductora sonrisa.
- Te mudas mañana a casa.- Susurró.
Hermione lo besó de nuevo.
-
Pero tienes que prometerme…- Comenzó.
-
Hermione, por Merlín. Crees que me arriesgaría a perderte de nuevo? Nada nos separará. Y ahora con esta bella vida que crece dentro de ti, mucho menos.
Hermione sonrió y salió con él de la mano, sorprendiendo a los presentes de la fiesta. Todos sabían de la pelea, pero aceptaron de nuevo a la pareja, felices por su reconciliación. La verdad era que nadie sabía la verdadera razón de la pelea, y nunca sospecharon nada.