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Historia 28483 — capítulo 30

Voldemort salió de la otra parte del espejo, mientras se sacudía la túnica. Era la segunda vez en tres días que iba ahí. Maldijo mentalmente a Iblis. La vez anterior, después de matar a Parkinson, había gastado un viaje en vano. Y él detestaba esos viajes a través del espejo.

Alrededor de veinte personas lo miraban asombradas, paradas en distintas partes de la habitación, como el cuarto que acababa de dejar. Voldemort esbozó una sonrisa irónica. Los yins si que imitaban perfectamente a sus seguidores: todos tenían la misma cara de idiotas.

(N/A. Si no saben que son los yins, no se desesperen. En seguida explico eso.)

  • Cálmate, Tom, que nosotros sabemos lo que piensas, recuérdalo.- Habló Lucius Malfoy.- Te estaba esperando. Me aburría.

Voldemort quitó inmediatamente su sonrisa de la cara.

  • No me digas Tom.- Susurró insondable.

  • Bien, como digas, al cabo tu eres el jefe, no?- Contestó “Lucius”.

  • Entonces sígueme.- Le ordenó.

Caminó de ante los yins que imitaban la apariencia de sus mortífagos. Salió por la puerta del lúgubre cuarto del redil donde estaban. Llegó hasta otra puerta, mucho más elegante, de madera. La abrió y entró al cuarto. Se sentó en una mullida silla, mirando a la figura de Lucius, que se paró frente a él. No esperaba mucha hospitalidad ahí.

  • Bien, ahora que quieres? Por cierto, no estaba la vez pasada, espero que haya sido un buen viaje desperdiciado.

  • Necesito que tu ejército se una a mi.- Dijo Voldemort sin rodeos e ignorando el comentario.

  • Y que ganamos a cambio?

  • Lo que quieras.

  • Tú sabes lo que quiero, pero no me lo vas a dar.

  • Claro que no te lo voy a dar, imbesil.- Rugió Voldemort, con furia.- De que me serviría ganar la guerra si después tengo que entregarte mi alma?

  • No es para mí, sabes perfectamente que Lucifer quiere tu alma y no se va a detener hasta tenerla. Serías una fuente inagotable de energía maligna.- Explicó el yin con forma de Lucius.

  • Pues va a tener que esperar sentado.- Aseguró Voldemort.

  • Eso crees?

  • Vamos, Iblis. Sabes lo que he hecho para alejarme del maldito infierno que me espera,- y agregó.- y seguirá esperando.

  • To…- Empezó Iblis (el yin con forma de Lucius), pero al ver la expresión de maldad que ponía éste, se corrigió.- Voldemort. No eres tan estupido como para pensar que con esos pobres trucos de los Horrocruxes vas a salvarte del infierno, verdad?

  • No, eso es para salvarme de la muerte. Y sin muerte, mi alma nunca llegará a manos de Lucifer.

  • Bueno… tú sabes que él no dudará en ponerte las cosas difíciles para que caigas en su horno. Y lo logrará.

  • Tú obedeces mis órdenes, Iblis, así que no necesito pagarte con nada.

  • Sabes perfectamente que antes debo acatar las órdenes del diablo. Es muy superior a ti. Simplemente por que fue creado antes que el primer humano. Mucho antes. Y Lucifer me encomendó llevarle tu alma.

  • Nunca me explicaste algo… me parece ilógico que ahora estés obedeciéndome a mí, cuando la razón por la que te echaron del cielo fue que te negaste a obedecer a los humanos. Ironías de la vida.- Le dijo Voldemort mordazmente, ignorando la última frase del yin.

  • Ja, ja muy gracioso. Los primeros humanos no tenían ningún poder mágico extraordinario. No eran nada, comparados con nosotros. Era estúpido adorar a una criatura mucho más débil que yo.- Contestó Iblis, enojado.

  • Y sin embargo, tienes más poder que yo ahora.- Contradijo Voldemort, aunque sabiendo la respuesta del yin.

  • Pero tú lo puedes materializar en todos los mundos. Yo necesito poseer a alguien en tu mundo para materializarlo. Y de todos modos termina muriéndose, de que sirve?- Hablaba como un chico con un juguete nuevo al que le estaba prohibido usarlo.- Lo único que puedo hacer para divertirme es tentar a los tontos humanos a vender su alma. Que aburrición.

Voldemort le lanzó una sonrisa de suficiencia.

  • No eres ni demonio, ni ángel, ni humano, ni fantasma, ni esencia. Ningún yin lo es. Eres un ser maligno que obedece las órdenes de los magos poderosos y le vende almas a Satanás. Veo que los estúpidos que hayan llamado genios a los yins, no tenían ni idea.

  • Cállate, Voldemort, que estas en mis dominios. El nombre que los muggles nos pusieron de genios es solo una estúpida confusión.- Le increpó Iblis con furia.- Y si. Le vendo almas a Satán. Y la tuya me va a asegurar la entrada al infierno.

  • Vas a comprar con mi alma tu entrada al círculo de los demonios? Patético.

  • Eso crees? En serio?

  • Si, por que tú me vas a ayudar.

  • Y por que crees que lo haría?- Lo retó el yin.

  • Por que tú sabes quien tiene más magia demoníaca en su cuerpo que ningún otro humano.- Le comentó sutilmente el innombrable.

  • Malfoy? Ese imbesil no tiene nada. Lo he estado vigilando. Nada. La magia no se desarrolló.

  • No hablo de Lucius.

  • Lo se. Hablamos de la misma persona. Draco.

  • Lo estabas vigilando y no me informaste?- Gritó furioso Voldemort, levantándose de un salto.

  • Si.- Contestó tranquilamente Iblis, agarrando otra silla y sentándose en ella.- Y necesito decirte algo, así que cálmate y siéntate.

La cara de Voldemort se desencajó mientras escuchaba el relato del yin. Otro estúpido retraso. No, era inaceptable.

  • Tengo que matar a todos.

  • Siendo así, tu única salida sería darme tu alma. No voy a aceptar ninguna más. Una de esas tres almas tengo que conseguir.

  • Nunca tendrás mi alma. Simplemente tengo que matar a los hijos de Draco Malfoy y ya está. Tendrás tus estúpidas almas.

  • Bueno, nos vemos en once años.- Contestó el yin, sin preocuparse.- Será un instante para mi.

  • Once años? Te las traeré en tres horas. Estará muerta toda la familia Malfoy. Incluyendo a la Sangre Sucia.

  • Que iluso. Pensé que eras más inteligente, Voldemort.

  • Que dijiste?

  • Son niños, Voldemort! Sin pecados! Van directo al Paraíso. Serás imbesil. Hasta los once años podrían pasar por el purgatorio. Y ahí yo ya arreglaré que lleguen a mis manos, para luego enviárselas a Lucifer, comprando mi pase a su círculo. Y tú tendrás a tus órdenes a todos los yins que quieras.

  • Once años!- Exclamó Voldemort.- No puedo esperar tanto!

  • Si los matas antes, van directito al cielo.- Replicó Iblis, con aburrimiento.- Se paciente. Once años más no harán mucha diferencia, tomando en cuenta los trece que tardaste en recuperar tu cuerpo.

  • Si hay algo que no tengo, es paciencia, Iblis. Y lo sabes bien. Pero necesito a esos yins a como de lugar. No puedo gobernar sin ellos.

  • Pues entonces, vete a tu mundo y quédate sentadito, no te vayas a cansar durante once largos años. Cuando vayan a Hogwarts verás que es tiempo de quitarlos del camino, y a sus padres con ellos. Así no hay obstáculos para tu poder. Punto final.

  • Maldita sea, porque tuvo que enamorarse de la Sangre Sucia? Le dije a Lucius que le enseñara a comportarse como un Slytherin. Terminó liado con una leoncita impura.

  • Lucius sabe lo que corre por su cuerpo?

  • No, por supuesto que no, imbesil. Si lo hubiera sabido, yo no estaría aquí, pidiéndote ayuda.- Voldemort se había levantado y caminaba nervioso por la habitación.- Esto es una estupidez. Maldita sea. Hubiera sido más fácil que la hubiera tenido Draco.

  • Ya te dije. Son los hijos del pequeño Malfoy. Que creo que ya no está tan pequeño. Nietos… por que fueron los nietos? Se supone que al casarse Lucius y Narcisa su hijo debió de contener la magia de los demonios. Los dos linajes mas puros del mundo mágico… Black y Malfoy… por que sus nietos?- Se preguntó el yin, sin verdadero interés.- Y luego hijos de mezcla de sangres…

  • Draco no tiene voluntad suficiente.- Aseguró Voldemort.- Si se enamoró de Granger, seguro por eso sucedió. Pero la magia no puede estar sin usarse. La siguiente generación quiera o no, la va a tener. Y puede ser catastrófico para mis planes. A Draco lo tenía en la palma de mi mano, hasta que apareció la impura. Lo controlaba y hubiera sido muy fácil eliminarlo. Pero ahora con esto…

  • Y encima gemelos…- Susurró Iblis, mientras Voldemort salía precipitadamente del cuarto, hacia el espejo que lo llevaría a su mundo.

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Hermione se recargaba en el pecho de su adorado rubio.

Él le acariciaba el cabello. Habían pasado dos días desde Navidad, y estaban en la playa, dentro de sus terrenos. Ambos estaban muy felices. Hacía dos horas habían ido a San Mungo a sacar los estudios de los bebés. Eran dos. Gemelos.

  • Esta noche es perfecta.- Susurró Draco al oído de la castaña, después de pensar todo eso.

  • Y sobre todo estar junto a ti.- Contestó la joven, mirando el cielo estrellado y la enorme luna que estaba encima de ellos.

Se acercaron lentamente, hasta que sus labios se rozaron. Draco saboreaba los de la castaña, con si fuera la última vez que los tocaba.

Pasaron así, bajo la luna llena, sobre la arena blanca, con el mar de fondo, y la brisa revolviéndoles el cabello, alrededor de quince minutos, hasta que un estornudo por parte de Hermione los hizo regresar al calor del hogar.

Draco estaba nervioso. Miró su esclava, en la muñeca derecha. Ella estaba tranquila. La castaña estaba sentada frente el fuego. La abrazó por detrás.

  • Hermione… te amo. Lo sabes.- Comenzó.

  • Y yo a ti, Draco.- Le respondió ella, con voz tranquila.

  • Y lo seguiré haciendo hasta el fin de mi existencia. Pero…

Hermione lo miró extrañada. “Maldita sea. Por que es tan difícil decirlo?” pensó él.

  • Lo que quiero que pase, es amarte durante toda mi vida… teniéndote junto a mí.

  • Y que no eso estamos haciendo?- Le preguntó, con una media sonrisa.

  • No es eso…- Se arrodilló frente a ella, rodeando el sofá.- Quieres ser mi esposa, Hermione?

La castaña se quedó impactada. Era la pregunta que había estado esperando desde que había podido recordar. La pregunta que podría cambiar su vida para siempre. Miró el anillo que el rubio le extendía. Tenía un rubí en el centro, y rodeado de diamantes verdaderos.

  • Si.- Contestó simplemente, abrazándolo.- Te amaré siempre. Contra viento…

  • … y marea.- Terminó el joven, con una sonrisa más grande que su cara.

Ambos jóvenes se levantaron. Estaban cansados, pero felices y nerviosos por la boda. Sería en cuatro meses…