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Historia 28483 — capítulo 32
Hermione estaba sumamente agitada. Las contracciones habían comenzado hacía poco más de una hora. En ese instante estaba acostada en una camilla en San Mungo.
Una amable enfermera miró que había roto la fuente.
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Medimago Rupert!- Gritó.
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Que sucede?
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Ya rompió la bolsa.- Contestó la joven. No tendría más de veinte años.
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Bien, en seguida regreso.
Fue a la sala de esterilización. Ahí se encontró a tres jóvenes. Un rubio, un ojiverde y una pelirroja.
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Medimago, como está? Mi esposa es la que está ahí.- Le increpó Draco.
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Usted es el señor Malfoy?- Preguntó desconfiado.
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Si.
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Usted puede pasar.
Harry y Ginny asintieron, mientras el rubio se esterilizaba también y se ponía un cubre bocas. Los miró y asintió también con la cabeza.
Hermione estaba sudando, mordiendo una almohada para no gritar. La enfermera le sostenía la mano, dándole instrucciones para que se relajara. El medimago comenzó con el parto. Draco suplantó a la enfermera, que se le quedó viendo un momento, embelesada por sus ojos grises, fríos para todo el mundo, menos para los que lo conocían.
Al cabo de cuatro horas, los bebes habían nacido. Había habido una complicación, pues el cordón umbilical había estado enredado en el cuello del segundo bebé, pero el medimago lo había arreglado rápidamente.
En ese momento estaban limpiando a los bebes. Draco seguía al lado de la castaña, susurrándole palabras de aliento. Ella seguía sudando, pero respirando menos agitada, relajándose.
El medimago entró, con dos pequeñas cunas detrás de él, moviéndose solas. En ellas se encontraban dos bebes.
Eran un niño y una niña. Hermione no pudo reprimir las lágrimas de felicidad. Draco le sostuvo la mano con más fuerza. Estaban más que despiertos, pero sin llorar. Parecía como si se quisieran comer ese nuevo y desconocido mundo para ellos con los ojos. Ambos agarraban las cobijas y las miraban entretenidos.
La enfermera llegó y se los llevó a los padres. Puso a la niña en brazos de su padre y al niño con su madre, que seguía llorando de felicidad.
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Hola, pequeña.- Susurró Draco, acariciando la pequeñísima nariz de su hija. Ella tenía los ojos grises, al igual que su hermano. Casi no tenía cabello, tenía muy poco, pero destellaba, dando a entender que sería rubio.
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Creo que son igualitos a ti.- Le comentó Hermione.- Ambos rubios de ojos grises y piel pálida.
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Podría cambiar.- Le respondió éste. Nunca le había gustado estar tan blanco, que parecía transparente. En cambio a Hermione nunca le había gustado ser morena, y le encantaba la tez aterciopelada de su marido.
La puerta se abrió. Harry y Ginny entraron rápidamente. Ellos serían los padrinos de la pequeña, mientras que Ron y Luna serían los del niño.
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Oh, que felicidad!- Gritó Ginny.
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Maravilloso!- Complementó Harry.- Como se llamarán?
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Ella se llamará Marine.- Contestó Draco.- Marine Hermione Malfoy.
La pequeña gorgojeó como si entendiera que hablaban de ella. Su padre se la entregó a Harry, que la sostuvo con delicadeza, como si fuera de cristal.
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Y este pequeñín se llamará Kevin Draco Malfoy.- Remató Hermione, mientras acariciaba la mejilla de su hijo.
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Que bonitos nombres… excepto el de Draco.- Bromeó una voz desde la puerta.
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Gracias, Weasley.- Le reprochó el rubio.
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De nada, Malfoy.- Le respondió Ron, que entraba junto con Luna y Jessica. Jessica fue directamente a ver a sus nuevos “primos”.
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Hola, pequeñitos!!!!!- Gritó. Normalmente tenía el carácter de su madre, pero lo impulsivo de su padre varias veces llegaba.- Yo soy su nueva prima.
Los bebes se movieron inquietos ante el alboroto. Aún así, el pequeño Kevin movía sus manitas hacia la niña de cuatro años. Al contrario, Marine parecía tener curiosidad, pero se aferraba a Harry, mirándola un poco enojada.
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Que hermosuras!- Dijo Luna, mientras su esposo sostenía a su hija.- Cual es mi ahijado?
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Es él.- Dijo Hermione, señalando al pequeñín que seguía queriendo alcanzar a Jessi.- Kevin.
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Préstamelo tantito.- Le rogó la rubia. Hermione se lo entregó. La joven le puso un colgante en el cuello. Harry hizo lo mismo con Marine.
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Así sellamos nuestro pacto como padrinos. Eso acordamos para nuestros respectivos ahijados.- Explicó el ojiverde.
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Gracias.- Dijeron los Malfoy al unísono.
Todos sonrieron, mientras Jessica acariciaba la cabeza de Kevin, pues Marine seguía muy arisca a acercársele.
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Hermione arropaba a sus hijos. Draco había salido a una misión con la Orden. No le gustaba que se fuera sin ella. Pero alguien tenía que cuidar de los bebés, que ahora tenían tres meses de nacidos.
En todo ese tiempo, desde la muerte de Parkinson, ya no habían vuelto a oír de ninguna muerte sospechosa, ni nada misterioso. Poco más de medio año de relativa calma y paz. Pero la Orden no se confiaba. Sabían que algo planeaba Voldemort.
En ese momento unos golpes fuertes en la puerta la sobresaltaron. Agarró su varita, y dibujó un círculo protector alrededor de sus hijos, que la miraban serios. Bajó las escaleras. Miró por la mirilla de la puerta. Ahí, un destello dorado-plateado la hizo abrir de golpe la puerta.
- Draco!- Gritó, mientras veía a su esposo desvanecerse y caer al piso frente a ella, con la ropa desgarrada y manchada de sangre.
Lo arrastró hasta dentro de la casa, dejando una estela de sangre en la alfombra. El rubio estaba temblando, y tenía una herida abierta en el hombro. Lo acomodó y limpió la herida. La cerró con un toque de su varita, consiguiendo que su esposo dejara de temblar.
Lágrimas amenazaban con salir por sus mejillas, pero en ese momento, sus hijos empezaron a llorar desconsoladamente. Subió rápidamente y los bajó a la sala. Ahí, Draco seguía desmayado.
Se sentó a su lado, mientras sus hijos seguían llorando. Miraban a su padre en el sillón, hasta que los tres pares ojos grises se encontraron.
Hermione abrazó a Draco en cuanto abrió los ojos. Lágrimas corrían lentamente por sus mejillas, lágrimas de alivio por ver a su esposo recuperarse.
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Que sucedió, Draco?- Preguntó, angustiada.
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Se acerca la batalla…- Respondió simplemente el joven.- Voldemort se hace todavía mas fuerte.
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Como te hiciste eso?- Preguntó Hermione, señalando con la cabeza su hombro, que tenía todavía rojizo por la sangre y con una visible cicatriz.
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Creo que Stefany sigue odiándome…- Volvió a responder Draco.
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Pasó en la misión?
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Teníamos que ir a ver como estaban las cosas en el redil. Snape estaba ahí, pero Spencer observó la capa de Weasley desaparecer en un pasillo. No se movió lo suficientemente rápido.
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Y llegaron ahí los mortífagos?
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Nos rodearon. Éramos Harry, Luna, Ginny, Weasley y yo contra veinte mortífagos.
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Y como escaparon?
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Polvo peruano de Oscuridad Instantánea.- Respondió Draco, con voz débil.
Hermione le acercó un vaso de agua, que él tomó desesperado.
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Y por que no fuiste al cuartel de la Orden con ellos?
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Por que fui el último en salir. Todos ya habían desaparecido, y los estúpidos esos me seguían pisándome los talones.- Contó el rubio, incorporándose con un poco de dolor.- El primer lugar en el que pensé fue aquí.
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Amor! Me preocupaste mucho!- Le reclamó la castaña.
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No te librarás de mi tan fácilmente.- Le susurró él, abrazándola.- Ahora tráeme a mis peques.
Hermione sonrió. Draco nunca se separaba de sus hijos, ni aún al estar al borde de la muerte, estaba segura. Hermione no sabía qué hacer. Marine era exactamente igual que su padre en el carácter. Kevin, al contrario, era tranquilo y apacible.
Los pequeños estaban vestidos cada uno con un mameluco blanco. A Marine ya le había crecido un poco el cabello, pero no lo suficiente como para que vieran que tipo de cabello tendría.
Su esposo cargó a Marine y sentó a Kevin en sus piernas. En ese momento se dio cuenta de que todavía llevaba la camisa y el pantalón manchados de sangre.
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Los voy a ensuciar, mejor me doy un baño.
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Estas muy débil, querido!
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Hermione, sostenlos.- Le dijo, ignorándola y entregándole a los bebés.
La joven puso a Kevin en un brazo y a Marine en otro. Ya se había acostumbrado a llevarlos así. Al fin y al cabo, todavía eran muy pequeños.
Draco se levantó lentamente y casi vuelve a caer. Sus hijos lo miraban curiosos. Les sonrió y caminó lentamente hacia el baño de la planta baja. Ahí, Hermione empezó a oír el agua correr.
Rodó los ojos. “Terco como siempre, haciéndose el fuerte”, pensó.
Llevó a los bebés a su habitación. Era una acogedora habitación pitada de amarillo brillante. Había dos cunas separadas. Puso a cada uno en una.
- Duérmanse, si, hermosos?
Ellos, como si hubieran escuchado y entendido perfectamente, se acurrucaron y cerraron sus ojitos.
Hermione sonrió y salió por la puerta, dejándola entre abierta.
Entró a su habitación y se sentó en la cama, cogiendo el libro que estaba en la mesita de noche. Draco llegó, entrando lentamente por la puerta.
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Por que no me esperaste?
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Por que si te hubiera esperado, hubieras rechazado mi ayuda.- Contestó ella.
El rubio sonrió. Era verdad. Seguía siendo muy orgulloso. A sus veintitrés años había cambiado de cómo era a los dieciséis, pero su ego y su orgullo seguían formando parte de él, aunque ya sin dominarlo.
- Y ahora que pasará?- Preguntó Hermione, dejando el libro a un lado.
Draco sabía de que hablaba. No tenía caso darle más vueltas a la verdad.
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Se acerca. Podría ser mañana, en una semana, en un mes. No lo se con seguridad. Harry tiene que vencerlo ya.
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Tienes razón.- Susurró la castaña. Traía su camisón rosado con el que dormía todas las noches. Se levantó y salió por la puerta. Volvió a entrar al cuarto de sus hijos, pero quedándose cerca de la puerta.- Ellos no se merecen éste mundo.
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Por ellos pelearemos.- Le susurró la voz de Draco detrás de ella.
Rodeó a su esposa con el brazo por los hombros y la sacó de la habitación. Cuando llegaron a la suya, se acostaron en la cama.
Hermione le había querido revisar de nuevo la herida. Ya solo quedaba la cicatriz, tenue en la fina piel de él. No dolía, solo era una marca incomoda.
Hermione lo besó en los labios con ternura. Él le acarició los rebeldes rizos que caían por su fina cara. Tenía unas cuantas pecas adornando su nariz y mejillas. No podía encontrar algo más perfecto que su esposa y sus hijos.
Así, acurrucados unos contra el otro, se durmieron, pensando en el incierto futuro que se les venía encima.