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Historia 28483 — capítulo 33

Cuatro días después, Hermione despertó. Trató de despertar a Draco, pero él no estaba a su lado. Se levantó de un brinco y agarró su varita. Corrió hasta el cuarto de sus hijos. Las cunas estaban vacías. La desesperación la empezó a abordar.

“No, no, no puede ser. Draco, Marine, Kevin, donde están?”- Se preguntaba la castaña.

Bajó rápidamente a la sala. Ahí, vio a sus dos bebés, jugando con unos cubos de madera, sentados en el piso de la sala. Un olor llegaba de la cocina.

Suspiró con alivio. Como no se le había ocurrido llamarlos? Entró por la puerta de la cocina, y vio al rubio preparando unos Hot-Cakes. Tenía la cara manchada de harina, y el cabello desordenado.

  • Me asusté!- Le dijo.

Draco dio un salto. No la había visto llegar. La miró con reproche, pero se convirtió en una sonrisa cuando ella lo abrazó.

  • No puedo dejar de pensar que un día de éstos despierto y no están ustedes aquí.

  • No te preocupes más. Todo va a pasar.

  • Eso espero…

La castaña le ayudó con el desayuno, y después de comérselo, se dio una ducha. Mientras se enjabonaba el cabello, reconoció los llantos de los mellizos.

  • Que barbaridad, que ni una ducha puedo tener sin que ustedes lloren?- Preguntó en voz alta, enjuagándose y vistiéndose con la varita.

Iba a abrir la puerta cuando ésta se abrió de golpe. Draco y Harry estaban ahí, agitados y preocupados.

  • Que sucede? Que pasa?- Los miró Hermione.

  • Es la hora.- Contestó Harry.- Necesitamos a todos para luchar.

  • La…

  • Batalla final.- Complementó Draco.

Hermione salió rápidamente del baño y abrazó a sus hijos, temiendo que fuera la última vez que lo hacía.

  • Donde dejaremos a los niños? Y Jessi?

  • Irán a Hogwarts.- Respondió Harry, firmemente.- Ahí estarán seguros.

  • Bien.- Asintió la joven, agarrando polvos flu y aventándolos a la chimenea, que acababa de prender, cuyas llamas cambiaron a verde brillante. Draco, Harry y Hermione con los bebés, por turnos, desaparecieron hacia Hogwarts.

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En el claro de un alejado bosque de Irlanda, dos bandos contrarios se acercaban, cada uno con su líder al frente. Eran casi las cinco de la tarde. El solo se iba despidiendo lentamente, dándole a la escena un toque maquiavélico con brillos rojo sangre.

Harry daba pasos lentos hacia la persona, si se le podía llamar así, que más odiaba en ese mundo. El ser que tenía la culpa de todas sus desgracias, y las de muchos otros.

  • Vaya, vaya, creo que el señor Potter viene a cavar su tumba.- Susurró Voldemort con voz fría.

Harry ni se inmutó. Estaba recordando todo lo que le había pasado por culpa de la sabandija que tenía al frente. La muerte de sus padres, de Sirius, de Dumbledore… por su culpa, se había ido quedando solo… solo por su culpa.

Detrás del pelinegro venían toda la Orden y aurores del Ministerio. Voldemort, vestido con una holgada capa negra, tenía detrás a un ejército compuesto principalmente por sus mortífagos, pero con varias criaturas tenebrosas como vampiros, y hombres lobo. Las fuerzas del bien estaban en verdadera desventaja.

  • Dime, no crees que es irónico cuantas personas han muerto? Han sido desperdiciadas tantas personas importantes, para salvar tu patética vida, y de todos modos vas a morir. Aquí y ahora.

Harry lo miró con odio. A su lado se pusieron tres personas. Ron, Hermione y Draco habían avanzado un paso hacia el frente, demostrándole su apoyo.

  • Ven, pequeño Potter. Muere con honor. No mueras escondido detrás de las faldas de tus amigos.

  • No lo haré. Y eso lo decidí hace mucho tiempo.- Dijo, avanzando nuevamente hacia él.

  • Bien, dejaré que mis seguidores se diviertan un rato con tus amiguitos.- Le dijo el innombrable. Dio una señal con la cabeza. Todo su ejército se movilizó, dando inicio a la sangrienta lucha.

Voldemort se lanzó contra Harry. Éste esquivó su hechizo. Comenzó a lanzar hechizos potentes. No solo por recomendación era jefe de la oficina de Aurores.

Hermione luchaba contra Nott y Zabini. Ambos le lanzaban miradas lascivas, mientras le lanzaban hechizos mortales.

Draco se encargaba de su padre y de Crabbe. Ron peleaba en contra de un mortífago desconocido y de Fernir Greyback. El hombre lobo reía y esquivaba con suma facilidad los hechizos del pelirrojo.

  • Vamos, Weasley! Me divertí más con tu hermano!

  • No te divertirás conmigo!- Gritó una voz detrás de él.

Greyback solo volteó para ver un rayo dorado darle en el pecho, un rayo que había salido de la varita de una pelirroja de cabello largo. Cayó desmayado.

Ginny sonrió triunfante, pero no le duró mucho la euforia. Un hechizo le pasó rozando el hombro, estrellándose contra la pared. Volteó a ver a Spencer lanzándole maldiciones imperdonables.

Ginny danzaba para esquivarlas. También respondía a los ataques con suma habilidad. Spencer, después de unos cuantos minutos, cayo al suelo herido en la pierna.

La pelirroja de pronto se vio peleando con dos mortífagos y un vampiro a la vez. Llevaban las de perder, definitivamente.

Draco tenía en su mente las imágenes de sus pequeños y su castaña. Eran los que le daban la fuerza para no dejarse vencer. Tenían que derrotar a Voldemort… solo así sus hijos podrían vivir en paz. Pero en ese instante, Lucius lo tenía acorralado entre su varita y la pared. No podía safarse. Su arrogante padre lo miraba triunfante, y le dijo:

  • No eres un Malfoy… no eres más que uno más. Avada…

  • Impedimenta!- Gritó Ron, detrás del hombre.

Malfoy padre cayo inconciente. Draco miró al joven Weasley.

  • No preguntes.- Le dijo él.

  • Cuidado detrás de ti!- Le dijo el rubio. Ron se movió justo a tiempo para evitar el hechizo que Goyle había lanzado, aprovechando su distracción.

Draco fue contra él y contra Stefany, que se había unido a la lucha.

Ron, fue para el otro lado, para ayudar a su esposa, que intentaba luchar contra tres mortífagos mientras un hombre lobo la rondaba.

Hermione por su parte, ya había acabado con Nott, pero le quedaba Zabini, que era mucho más hábil. Esquivaba los hechizos con tremenda agilidad. El moreno le respondía a los ataques con furia.

  • Ya me harté de ti, dulzura!- Gritó.- Avada Kedavra!

Hermione cayó al suelo. La maldición asesina le había chamuscado el cabello, que llevaba atado en una coleta, con mechones escapando por los lados.

  • Encarceo!- Susurró, aprovechando que Zabini la miraba atontado. Cuerdas se enredaron alrededor del mortífago, haciéndolo caer al piso.

Zabini se había estrellado de bruces contra el suelo, chocando la cabeza contra una piedra. Un hilito de sangre brotó de su frente. Hermione lo ató y rompió su varita.

  • Tú te quedas aquí.- Susurró, hechizándolo para que no se pudiera desaparecer.

Corrió hasta donde estaban Ginny, Fred y Luna, en mera algarabía de la batalla.

Había varios heridos. Victor Krum yacía inmóvil en el piso, con sangre en su pecho. Fleur Delacour estaba sentada, recargada en un árbol, sangrando del hombro. Varios mortífagos, vampiros y Fernir Greyback estaban alrededor del claro, inconcientes o inmovilizados.

En el centro estaban el chico que vivió y el innombrable, peleando a muerte. En ese instante…

  • Avada Kedavra.- Gritó Voldemort.

  • Incendio!- Gritó Harry.

Ambos hechizos se encontraron en el aire. El Priori Incantatem volvió a ponerse en acción, pero esta vez, Voldemort rompió la conexión. Ya se había hartado de esa situación, debía terminar la batalla de una vez por todas.

Harry había utilizado incendio por que era la única forma de destruir el último horrocrux de Voldemort: su varita.

  • Avada Kedavra!- Gritó Voldemort.

  • Incendio!- Volvió a gritar el joven de la cicatriz.

La esfera del Priori Incantatem volvía a aparecer. Esta vez, ninguno de los dos se molestó en romperla. Era la única forma de acabar el uno al otro. Los lazos dorados llegaron a casi tocar la varita de Harry, pero como en ocasiones anteriores, él se concentró y logró que se acercaran a la de su enemigo.

Afuera de la burbuja, nadie movía ni un músculo. Nadie quería ni respirar. Miraban la pelea que se llevaba a cabo, hasta que las huellas de los muertos empezaron a aparecer. Spencer miró incrédulo como Pansy salía de la varita de Voldemort. Todas sus víctimas rondaban por la esfera dorada, sin molestar a ninguno de los dos contrincantes. Por fin, James y Lily Potter aparecieron. Harry (aunque ellos no se le acercaron, ni le dijeron nada) solo con sus miradas y sus presencias, se renovó de fuerzas.

Ambos hechizos habían permanecido en igual fuerza chocando con furia en el centro de la esfera, pero ahora el incendio se acercaba peligrosamente a la varita de Voldemort, hasta que…

La varita se hizo polvo. Y un grito desgarrador llenó el silencio que se había formado. Voldemort vio horrorizado el polvo entre sus manos.

  • Avada Kedavra.- Susurró Harry. Un rayo verde salió de su varita, y una voluta de humo envolvió a Voldemort.

Un estremecimiento general recorrió los cuerpos de ambos bandos. Cuando el humo se disipó, vieron la capa negra del innombrable en el suelo. No había nada más que tierra, polvo y algo que parecían cenizas.

Harry se sintió extraño. La cicatriz le ardía incansablemente.

La esfera desapareció después de unos segundos. Harry caminó lentamente, mientras los mortífagos comenzaban a huir. Pero había una mortífaga que seguía luchando con furia. Bellatrix lanzaba hechizos a un joven que le estaba haciendo frente.

Ron tenía la cara perlada de sudor. Dio gracias a Dean, que yacía inconciente, pues había debilitado en gran manera a la bruja.

Iba a vengar a sus padres, no había duda. Sabía que ella había estado en la Madriguera, no sabía como, pero estaba seguro de que ella los había matado. Pero entonces, cuando tenía a la mujer acorralada contra un árbol, ella lanzó una carcajada.

  • Los Weasley nunca dejarán de sufrir…- Susurró.- Avada Kedavra.

Ron miró el hechizo. No iba dedicado a él. Iba dedicado a una joven pelirroja que estaba de espaldas, mirando hacia su esposo.

  • No!- Gritaron Harry y otra voz.

Ginny volteó al ver la cara asustada de su marido. Y solo vio un resplandor verde y una sombra oscura antes de caer al suelo.