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Historia 29408 — capítulo 10

Nigel me dejó en casa. Me aliviaba saber que los Randall no me odiaban, pero tenía demasiadas preocupaciones en la cabeza. Para empezar estaban los lobos, en especial Alex y Charlie y en ‘más especial, Alex. Me había tratado como a una basura, como si no fuera nadie y eso me había hecho sentir realmente mal ¿tanto rencor me guardaba?

Entonces comencé a preguntarme si había sido él el lobo del bosque, el que me había parado, rodeado y olfateado… quien sabe, había demasiados lobos en aquella sala, todos habían llegado de forma repentina, de eso estaba segura.

Por otro lado estaba Kambria y ese rollo de que los lobos anulaban sus visiones y también que Taryn manipulara lo que veía ¿Podría Taryn manipular también mi mente? Quizás, o quizás no, al fin y al cabo Bastien no lograba saber lo que yo sentía ni Betsy lo que pensaba, quizás era inmune también a los poderes de otros vampiros.

Estuve sola en casa hasta más o menos las seis y media. Bajaba de mi cuarto, acababa de cambiarme de ropa, quería ponerme algo más cómodo. Ojala no lo hubiera hecho, parecía un espantapájaros y cuando llegué a la cocina, Bastien estaba allí.

-Prefiero a los vampiros de ficción, ellos no pueden entrar en una casa sin ser invitados- bufé, abriendo la nevera para coger un zumo.

-¿Quieres qué me marche?- bajé la cabeza y suspiré.

-No, no quiero que te marches- pero mi tono de voz parecía decir lo contrario. En serio no quería que se fuera, pero estaba muy enfadada.

-¿Qué es lo que te pasa? ¿He hecho algo mal?- preguntó afligido, mirándome con sus ojos, cada vez más oscuros. No pude evitar sentirme culpable, algo hacía que todo en mí pareciera imperfecto a su lado.

-No, es sólo que creo no estuvo bien lo que le dijiste a Alex…

-¿El qué?

-Eso de que podías hacerle daño- musité, tratando de evitar su mirada.

-Y es cierto y si trata de hacerte algo lo comprobará.

-No me hará nada- ¿pero por qué salía en su defensa después de que tratara de echarme de su casa?

-¿Quieres saber lo que sentía?- me preguntó, tras unos segundos de silencio. Pensé en decir que sí, en que Bastien me contara todos y cada uno de los sentimientos de Alex en ese momento, pero luego pensé que sería meterme donde no me llamaban, violar su privacidad… no estaba bien. Quizás Bastien no pudiera evitarlo siendo empático, pero yo podía tragarme mi curiosidad.

-¿A parte de odio?

-Sí, estaba enfadado, pero había algo más…

-No quiero saberlo- dije sinceramente. Bastien me sonrió asintió, creo que aprobó mi decisión, hay cosas que es mejor no saber ¿no?

-Así que lo que querías era echarme la bronca- dijo de repente, sonriendo ampliamente- Y yo que pensé que hacía bien defendiéndote.

Me quedé callada, mirando al suelo, no sabía qué decir. Quería...necesitaba que los Randall me protegieran, ya había aceptado que no podía defenderme sola de Basil, pero no por eso estaba cómoda con la situación.

-¿No te gusta,verdad?- preguntó Bastien. Estaba distraída y no contesté. Entonces noté su fría mano en mi mejilla- Maddie...- musitó.

-¿Qué?- fui incapaz de mirarle, sentí que estaba a punto de derrumbarme y Bastien lo notó y me abrazó. Rompí a llorar, últimamente no hacía más que llorar.

-Sé que esto no es fácil, pero lo estás haciendo muy bien.

-¿Tú crees? Porque yo me siento una inútil- sollocé entre sus brazos.

-No lo eres... esto no es culpa tuya- me aseguró- Ojalá no tuvieras que pasar por esto.

Pero estaba pasando, y no iba a desaparecer y yo no sabía si podría soportarlo durante mucho más tiempo. No era sólo el hecho de tener niñeras las veinticuatro horas del día, si no el vivir con miedo, perseguida y temiendo por mi familia y amigos. Eso no era vivir.

-Márchate- musité. Bastien aflojó el abrazo y me miró- Necesito estar sola.

Sé que no le sentó nada bien, pero no estaba de humor y no quería quedarme lloriqueando entre sus brazos, como si fuera una niñata. En cuanto mi vampiro se fue me subí a mi cuarto, no me quedaría abajo esperando a que mi padre llegara y me interrogara.

Creí que podría pasar un rato tranquilo en mi cuarto, sola, pero parecía que el mundo no quería dejarme en paz o, como en este caso, Dylan no quería dejarme en paz. La musiquilla de mi móvil rompió el silencio, no me apetecía contestar, pero siendo Dylan sabía que seguiría llamando.

-¿Sí?- contesté sin ganas.

-Maddie, soy Dylan.

-Hola... ¿querías algo?- hablaba desganada y se notaba que había estado llorando.

-¡Hey!¿Estás bien? ¿No estarás llorando?

-Dylan, venga ¿qué quieres?

-Saber si estabas bien... y disculparme por lo que te dije- no era el mejor momento, ahora sólo había un chico con quien quería hablar, y era Alex. Quería que volviéramos a estar bien, pero lo veía muy difícil.

-Estoy bien y no tienes que disculparte.

-No me mientas, a ti te pasa algo ¿puedo hacer algo?- no, a no ser que pudiera matar a los vampiros que me perseguían.- ¿Qué tal si quedamos mañana? Seguro que puedo animarte un poco.- Sí, seguro, a ver cómo pretendía hacerlo...

-No puedo, Dylan, estoy ocupada y...

-¿Y el domingo? Venga, tienes que animarte. Ya lo dice Nessa, desde que llegó ese Bastien estás muy rara, no creo que te convenga.

-¿Y tú qué sabes?- exclamé, enfadada.

-Vale, vale... lo siento. Venga ¿qué dices? Cine, pizza y un helado. Sé que no es mucho, pero será divertido- me resigné y finalmente, cedí. Supongo que se lo debía por todas las veces que lo había utilizado de excusa.

-Está bien, el domingo.

-Genial- gritó a través del teléfono, tan fuerte que pude quedarme sorda- Paso a buscarte a las cinco y media ¿vale? Y anímate, no me gusta que estés triste.

Creo que no me dio oportunidad de decir nada antes de colgar porque temía que me retractase o me echara atrás. Ganas no me faltaban, yo no pretendía que aquello fuera una cita, es más, probablemente iba a intentar que Nessa viniera con nosotros, para np tener que quedarme a solas con Dylan en el cine.

Dejé el teléfono sobre la mesilla y me llevé las mano a los ojos, me dolían y estaban hinchados de llorar.

-A Bastien no le gustará nada eso- dijo una vocecita que venía de la puerta. Era Betsy ¿por qué no dejaban de colarse en mi casa?

-Betsy ¿qué haces aquí?

-Quería saber cómo estabas, sé que esto está siendo muy difícil.

-¿En serio?¿Lo sabes? ¡Si tú eres súper fuerte! Al menos puedes defenderte sola- bufé, enfadada. Betsy sonrió y se aceró a mi cama, sentándose a mi lado.

-No siempre pude- parecía entristecerse cuando me dijo eso, lo que me preocupó.

-¿Qué quieres decir? Si eres ágil, rápida y fuerte ¿qué problema puedes tener?

-¿Crees que nací vampiresa?- preguntó, mirándome con una ceja en alto y enchuecando la boca. Me sentí totalmente estúpida- Dios, creo que antes era la persona más torpe sobre la faz de la tierra- rió un poco al decir eso y me miró enternecida.- Cuando era pequeña vivía en el campo. Eramos nueve en casa, mis padres, yo y mis seis hermanos mayores. Todos eran altos, guapos y fuertes y yo era enana, torpe y tenía los dientes torcidos...

-¿De verdad?- Betsy asintió, mientas su sonrisa se iba apagando.

-Sí... mis hermanos tenían que trabajar en el campo...

-¿Y tú no?

-No, mis padres tenían la esperanza de que yo llegara más alto en la sociedad... oye, mi historia es aburrida, Maddie, será mejor que lo dejemos.

-¡NO! Quiero que me lo cuentes... quiero saber cosas de vosotros- sentía que los Randall sabían todo de mí, pero yo de ellos no sabía nada.

-Está bien...- dijo suspirando- Toda mi familia tenía la tez bronceada, el pelo alborotado y claro y llevaba ropa ajada. Yo tenía la piel blanca, el pelo oscuro y siempre iba impecable. Todo el dinero que ganaban mis padres se iba en mí, me llevaban a todas partes para intentar que encontrara un marido que me sacara de la vida del campo... mis hermanos mayores me odiaban.

-¿Qué?¿Por qué?

-Ellos se quedaban sin nada para lograr que yo pudiera tenerlo todo... pero no funcionaba. Yo podía pasar por alguien del servicio, como mucho, pero no por noble, ni siquiera acomodada- hizo una pausa y torció la vista, como si ya no quisiera mirarme- Y entonces un día alguien se fijó en mí.

-¿De verdad?

-Sí. Era el hombre más atractivo que había visto nunca. Alto, guapo, moreno y misterioso. Había llegado al pueblo hacía poco tiempo y todas las chicas de la alta sociedad se morían por él.

-Pero él se fijó en ti- a mi me parecía una historia de cuento, como la de la cenicienta, era incapaz de verle alguna pega.

-Sí, sentía como si volara, no paraba de hacerme regalos, a mí y mi familia. Les consiguió trabajos a mis hermanos y facilitó la vida de mi padres.

-¿Y qué pasó?

-Yo tenía dieciséis años y él casi treinta- prácticamente le doblaba la edad, pero no pareció raro, sabiendo la edad de Betsy y como era la sociedad en su época.- Pidió mi mano en matrimonio y mis padres se la concedieron, todas las chicas de mi edad ya eran madres... pero yo ni siquiera quería casarme con él.

-¿Qué hiciste?

-Nada, Madison, yo no tenía nada que decir. Me mudé a vivir con él a su casa y entonces las cosas comenzaron a torcerse.

-¿No te pegaría, no?

-No, de eso nada- dijo negando con la cabeza- Eran sus fiestas... celebraba fiestas casi todas las noches a las que acudía gente muy extraña. El me obligaba a quedarme en su cuarto y me decía que si me atrevía a bajar me pasaría algo terrible. Al principio tenía miedo, pero un día me dije a mi misma que sólo eran fiestas ¿qué podían hacerme?- Betsy paró un instante, yo me ahorré preguntarle que había pasado, sabía que a esas alturas no iba a dejar de hablar- Me puse una bata blanca de seda que acababa de regalarme sobre mi camisón y bajé las escaleras. No tardaron ni un segundo en notar mi presencia... sus ojos se clavaron en mi, sedientos y cuando traté de salir corriendo ellos me bloquearon el paso. Eran imposiblemente rápidos... pero él les detuvo, les dijo que era suya, que sólo él podría probarme.

“No...” me dije a mi misma “No puede ser”

-Me llevó a su cuarto y entonces sí que me pegó. Comenzó a gritarme y a decirme que no tenía que haberle desobedecido. Luego me dijo que iba a ser imposible que llegara viva al día de la boda, al día que me haría suya para la eternidad- Abrí los ojos aterrada y le agarré la mano, me hubiese gustado decir que parecía más fría que de costumbre, pero no era así- Supongo que no todo es lo que parece ¿verdad?

-¿Qué? No puedes dejarlo así. Betsy...

-¿No es obvio cuál es el final?- Lo era, pero yo quería pensar que no- Me arrastró de nuevo a la sala donde estaban todos sus “amigos” y quiso acelerar las cosas.

-Acelerar las cosas...?

-La boda. Basil dijo que jamás se había topado con nadie que oliera como yo. Lo describió de una manera morbosa y terrorífica y me convirtió delante de todos ellos después de romperme un brazo para castigarme. Agonicé durante cuatro días, ahí tirada, hasta que la ponzoña se extendió por todo mi cuerpo. Morí y resucité siendo lo que soy...

La miré atónita ¿Basil la había convertido en vampiro? ¿Basil era aquel hombre de la nobleza que se había fijado en ella? No me lo podía creer, no daba crédito.

-Lo primero que hice fue matar a mi familia... El los trajo a la mansión y me dijo que era lo que debía hacer, que estaba en mi naturaleza, que moriría de hambre... que si no lo hacía yo, lo haría él y que sería peor para ellos. Creí que si les mordía, como él me había mordido, también se convertirían, pero no fue así... jamás me lo perdonaré.

-Betsy, déjalo.

-Escuchaba sus voces en mi cabeza mientras les mordía, no decían nada pero yo podía oírles.

-Betsy, por favor...

-Hice cosas horribles mientras estaba con él y no impedí todas las cosas que él hacía y entonces conocimos a Drusilla y...

-¡BETSY!YA ESTA BIEN- estaba aterrorizada, no quería que siguiera hablando. La única razón por la que no me levantaba y me alejaba de ella era porque estaba congelada.

Me miró, se había puesto a hablar y no había tenido en cuenta que yo no podría digerir todo lo que me estaba contando. No era uno de ellos, no entendía que no pudiera controlarse, que había matando a su propia familia... no estaba segura de si podía fiarme de ella.

-Te doy miedo ¿verdad?- ni me moví, pero la respuesta era obvia- Puedo controlarme, ahora puedo, no debes temer...

-¿Basil te convirtió?

-Sí... y sabiendo lo que me ocurrió, no quiero que te pase a ti también. Nuestra guerra con Basil y los suyos es personal por muchas cosas. Por lo mío y en especial... por Bastien.

-¿Bastien?

-Kambria tuvo una visión hace tiempo, tenía que ver con él y... contigo.

-¿Hace cuánto tiempo?- quise saber, extrañada.

-Bastante, creo que aún no habías nacido, pero nosotros no podíamos saberlo, así comenzamos a seguir a Basil, teníamos que evitar que te hiciera daño- se hizo el silencio de nuevo y Betsy se puso de pie, notaba lo tensa que me había puesto y prefirió alejarse para intentar que me sintiera mejor.- Él venía a contártelo, pero no quería cargarte con más preocupaciones, sabemos lo complicado que es esto para ti.

-Quiero que se termine.

-Haremos lo que sea para que acabe pronto.

-¿En qué consistía la visión?

-No puedo contarte eso, es cosa de Kambria, si quieres saberlo tendrá que ser por ella- lo comprendí, aunque no por eso lo acepté, quería saberlo- Pero créeme, tu cita con Dylan interfiere muy negativamente.

-¿Por qué?

-¿Recuerdas que puedo saber lo que la gente piensa?

-No lo que yo pienso- aclaré, pero entonces me di cuenta de que sí podía saber lo que pensaba Dylan y lo que pensaba Bastien.

-Es más atento contigo de lo que lo ha sido con cualquier otra, de lo que ha sido desde que le conozco...

-¿Pero qué dices?

-No me dirás que no es guapo...

-¡Betsy! Es tu hermano- exclamé. De nuevo parecíamos dos nenitas hablando de cuentos de Cenicienta.

-Ya, pero es muy bueno, te lo aseguro.

-¿Y qué debo... hacer?

-Sal con Dylan, dale celos, muchos- dijo con picardía- sólo para asegurarte de que no me equivoco.

-No seas mala.

-Debes hacer tu vida normal, nosotros no pretendemos ser un obstáculo. Vive y si quieres salir con Dylan, sal con él y si quieres ser amiga del chucho.... de Alexander- se retractó enseguida, sabía que me molestaba que lo llamaran chucho- pues puedes serlo. Pero decidas lo que decidas nosotros, yo... Bastien, estaremos ahí para ti ¿vale?

Asentí, supongo que verlo de aquella manera me ayudaba, saber que estaban ahí pero que tratarían de no interponerse. La dulce voz de Betsy le daba un matiz dulce a todo aquellos, a pesar de que ahora sabía la verdad sobre ella. Pero no me daba miedo, quizás había visto demasiados capítulos de Buffy Cazavampiros y comprendía que al principio no pudiera controlarse.... Dios, pero que idiota me sentía. Idiota, pero más tranquila.