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Historia 29408 — capítulo 11
No sé cual fue el peor de mis errores, si aceptar salir con Dylan o pedirle a Betsy que me echara una mano. “Casualmente” iría a al cine y a “cenar” a la misma pizzería a la que tenía pensado llevarme Dylan, acompañada de sus hermanos. Al principio me pareció buena idea, pero pronto cambién de opinión.
Todo fue bien en el cine hasta que se apagaron las luces. Sentía los ojos de Betsy, Bastien, Agatha y Jack mirándome... bueno, Agatha y Jack pronto comenzaron a no ver la película, así que sólo había cuatro ojos mirándome con interés. Dylan comenzó muy atento, pagó las entradas y las palomitas, a pesar de mi insistencia, podíamos pagar a medias... Pero entonces comenzó con la tontería de fingir que bostezaba para pasarme un brazo por encima del hombro.
-¿Qué haces?- pregunté, en un susurro, cuando me cansé de los amagos.
-Na...nada, perdona, es que necesitaba bostezar.
-¿Siete veces?- miré de reojo a Betsy, que sonrió y asintió.- Hazlo de una vez, anda.
Dylan sonrió y me pasó un brazo sobre el hombro, no es que estuviera incómoda pero no era lo que quería. Dios... juraría que se escuchó una especie de gruñido que hizo eco en toda la sala.
-Esto...- musitó Dylan-¿Te está gustando la peli?- me encogí de hombros, estaba demasiado preocupada dándole vueltas a la cabeza, tenía miles de cosas en las que pensar.
-No está mal.
Ni siquiera sé por qué trataba de darme conversación, estábamos en el cine ¡en el cine no se habla! Y yo no tenía intención de ponerme cariñosa, eso estaba claro.
-Creo que me apetece una chocolatina- dije de pronto- Voy a por ella ¿quieres algo?
-No, no... ¿quieres que vaya yo?
-No, gracias. Ahora vuelvo.
Me levanté y le hice una señal demasiado indiscreta a Betsy, que me siguió hasta fuera de la sala de cine. Salió sonriendo, parecía estar divirtiéndose, debía de ser la única.
-Mierda, Betsy... no debí venir, no debí aceptar.
-¿Pero qué dices? Bastien se muere de celos y Dylan quiere besarte.
-¡No! ¿Pero qué dices? Betsy, esto es serio.
-Lo sé- dijo enseriándose- Sabe que vas a rechazarle, sé directa y di algo bueno sobre él para no herirle demasiado... espera hasta después de la cena.
-¿Tú crees?-Asintió, acariciándome el pelo.
-Pero lo mínimo que le debes es un beso...
-No podré hacerlo- eso sería como darle esperanzas y yo lo único que quería era dejar bien claro de una vez que no le quería.
Volví a la sala de cine tras comprar una chocolatina y, en cuanto me senté, Dylan volvió a rodearme con su brazo. No dije ni hice nada hasta que la película terminó y me limité a escucharle y asentir durante todo el camino hacia la pizzería. Le pedí a Dylan que pidiera por los dos y, cuando ya pensé que no podía estar más nerviosa, Bastien y los demás aparecieron.
“Dios, Dios... no puede ser” me dije a mí misma, apretando los puños bajo la mesa. Se sentaron un par de mesas a la derecha de la nuestra e hicieron como que no nos habían visto, pero Dylan sí les vio a ellos.
-¿Nos están siguiendo?
-¿Quiénes?- me hice la tonta.
-Los Randall- dijo, bajando el tono, como si temiera que le escucharan.
-¡Ah!¿Pero están aquí?-pero que mala era fingiendo, por el amor de Dios.- Ni me había dado cuenta ¿Qué tal si cenamos?- trataba de no mirarle directamente a los ojos, me daba mucha vergüenza, y no hacía más que reescribir en mi cabeza las palabras que utilizaría para rechazar sutilmente a Dylan.
De vez en cuando observaba de reojo a los Randall. Ellos habían pedido una pizza que ni siquiera estaban comiendo y bromeaban y reían de vez en cuando, sin mirar para mi mesa, pero yo sabía que sabían todo lo que estaba pasando. Nos escuchaban hablar y sabían lo que Dylan sentía y pensaba, me parecía injusto para él, todos tenemos derecho a la intimidad y los Randall, aunque no pudiera evitarlo, violaban ese derecho.
-No te lo estás pasando bien ¿verdad?- me preguntó de repente Dylan, cuando notó que prestaba más atención a la otra mesa.
-Sí, claro que sí. Lo siento, estoy algo dispersa, estos días me han pasado muchas cosas...
-¿Cosas malas?
-No, no- SI, pero no se lo iba a contar.
-Ya... sé que no me lo contarás, porque no confías en mí y porque no te gusto, pero puedes hablar si quieres.
-Dylan...no...-¿por qué me lo ponía tan difícil?
-¿A caso sí te gusto?- bajé la cabeza, sentía como si me fuera a echar una buena bronca.
-Mira, eres guapo, de verdad... y me caes bien y de verdad siento haberte utilizado...
-¿Pero?
-No me gustas, Dylan- y no pude añadir que lo sentía, porque no puedo sentirme culpable por no quererle.
Se hizo el silencio, uno de los más largos e incómodos que había mantenido con un no vampiro en toda mi vida. No necesitaba tener los poderes de Bastien para saber que ahora él estaba destrozado ¿Por qué me sentía tan culpable?¿Cómo era posible que yo causara ese efecto en alguien?
-Será mejor que te lleve a casa- musitó él, sacando la cartera y dejando el dinero de la cuenta sobre la mesa. Cogió su chaqueta y se puso de pie, yo le seguí cabizbaja y obediente, sin parar a despedirme de nadie.
La vuelta en coche fue silenciosa y se hizo eterna. Pensaba una y otra vez en lo que Betsy me había dicho un par de días atrás, quería poder pensar en Dylan, pero los vampiros eran mi nueva obsesión, todo mi cerebro funcionaba pensando sólo en ellos, las 24 horas del día. Cuando quise darme cuenta llevábamos ya un par de minutos aparcados ante la puerta de mi casa. Dylan no dijo nada, no me metió prisa ni interrumpió mis cavilaciones.
-Dylan- musité al fin- Yo...
-No importa, Maddie, lo entiendo... no tienes que disculparte.
-Es que no iba a hacerlo- eso no había sido nada sutil- No puedo sentir no quererte... pero sí estar haciéndote daño. Eres genial y te portas muy bien conmigo pero...
-No te gusto y, aunque no te lo creas, te entiendo y sí, me hace daño, pero podré soportarlo, no te obligaré a hacer nada que no quieras- me gustó escuchar eso, me hizo sentir algo mejor y también me hizo ver que Dylan podía ser más maduro de lo pensaba- Pero sí me gustaría pedirte una cosa- musitó. Le miré y no dije nada- Un beso- alcé las cejas, ese sí era él, eso sí me lo esperaba.
-No creo que sea buena idea...
-No pretendo conquistarte con un beso, ni hacerme ilusiones... pero siempre he querido besarte, podrías cumplir ese capricho- volví a quedarme en silencio y cuando quise darme cuenta Dylan estaba a un par de centímetros de mi.
Me dije a mi misma que no iba a significar nada y, de hecho, no sentí nada. Me besó y yo le besé, pero jamás pensé que un beso pudiera ser tan insípido. No nos tomamos mucho tiempo y me limité a decir un seco 'adiós' antes de salir del coche. Sobraba decir que si lo iba diciendo por ahí le mataría tras negarlo.
No dije ni mu al entrar en casa, mis padres estaban en el salón viendo la televisión y cerré con mucho cuidado para no delatarme. Subí a mi cuarto y dejé allí el bolso, normalmente hubiera dejado la ducha para la mañana siguiente, pero necesitaba refrescarme. No me tomé demasiado tiempo, el justo de lavarme el pelo y refrescarme, al día siguiente tenía que ir a clase fingiendo que no ocurría nada.
Tras coger el secador del armario volví a mi habitación, de nuevo pensaba sólo en los vampiros, como si no acabara de tener un cita mal parada.
-Bonito beso de despedida- su voz sonó tenue y suave desde la ventana de mi cuarto. Yo me sobresalté y me giré para mirarle, para asegurarme de que era él.
-Bastien- quise decir algo pero recordé que llevaba puesto tan sólo un albornoz y me pudo la vergüenza. Me observaba desde el alfeizar del la ventana, la había abierto desde fuera. Una fría ráfaga de viento entró por la ventana y sentí como se me ponía la piel de gallina. Sus ojos color miel me hipnotizaron, acababa de alimentarse y me miraba de un modo extraño, no era sed o deseo, era diferente y me hacía sentir especial.
Dio un salto para bajar de la ventana al suelo y después la cerró con cuidado. Le observé con curiosidad cuando se paró, apoyándose en el alfeizar, sin voltearse hacia mí, parecía pensativo, preocupado, aunque sabía que no podría apreciarlo en su cara, en su gesto perfecto.
-¿Qué has sentido?- preguntó. Yo no respondí, no sabía qué decir- Cuando te besó...- añadió pasados unos segundos.
-Su lengua- ¿soné muy idiota? Probablemente sí. Siguió sin voltearse, apoyado en la ventana.
-Madison.
-Bastien- parecía que tratábamos de desafiarnos el uno al otro y quizás fuera así, obvio yo llevaba las de perder- ¿Por qué te interesa?
-Porque no puedo evitar estar celoso- no esperaba una respuesta tan directa y eso me dejó aún más paralizada.
-¿Puedes salir hasta que me ponga el pijama, por favor?- pedí, mirando al suelo.
-¿Por la ventana o por la puerta?
-Sorpréndeme.
Lo consiguió, salió por la puerta y supongo que se quedó fuera, sin hacer ruido. Me tomé mi tiempo en ponerme el pijama, eso me permitía pensar, pero no en cómo dejarlo boquiabierto con alguna frase inteligente, mis pensamientos pasaban de Basil a Betsy, Betsy a su familia... y así uno por uno por todos los vampiros, hasta llegar a Alex, tampoco podía dejar de pensar en él.
-¿Sigues ahí?- pregunté tras unos minutos. Bastien entró de nuevo en mi cuarto y cerró sin hacer ruido. Nos miramos hasta que bajé la vista porque ya no aguantaba más, en esas peleas silenciosas siempre ganaba él.
-Lo siento.
-...- abrí los ojos y le miré sorprendida- ¿Qué?¿El qué?
-No tengo derecho a meterme en tu vida- de nuevo no supe qué decir.
-No sentí nada- fue lo primero que se me vino a la cabeza y él me lo agradeció con una leve sonrisa de lado. Dio un paso hacia mí, pensé en retroceder, pero no lo hice- ¿Por qué estás celoso?
-No hagas como que no lo sabes, esta vez Betsy sí se ha ido de la lengua- sí, esa vez sí.
-¿Que vio Kambria?
-Eso tendrá que decírtelo ella- igual que me dijo B.
-¿Era algo malo?
-Madison...
-Por favor, dime sólo eso.
-Puede serlo si no sale bien.
-Sólo lleváis aquí un par semanas y ya habéis puesto patas arriba mi vida- esta vez fui yo quien dio un paso hacia él.
-Ojalá hubiera otra forma, una en la que no tuviéramos que destrozarte la vida- terminó de acercarse a mí y me rodeó por la cintura con ambos brazos.
-No lo hacéis- era complicado y difícil, pero no me estaban destrozando nada- no es que me guste la situación, pero sí me gustas tú... tu familia- ¡mierda!
Sólo pude arrepentirme de haber dicho aquello durante medio segundo, el tiempo que tardó Bastien en posar sus fríos labios sobre los míos, en besarme por tan sólo dos segundos, dos segundos en el que sentí demasiadas cosas juntas, desde miedo a placer... frío y calor.
Se separó de mí, negando como si se arrepintiera de lo que acabábamos de hacer.
-Lo siento, no debí hacerlo.
-¿Por qué no?-a mí no me había molestado, creo.
-No quiero hacerte daño- sentí el dolor en su voz, la preocupación en su mirada y sin embargo sonreí.
-No lo harás. Puedes controlarte ¿no?
-No es lo mismo caminar a tu lado que besarte, o abrazarte... o acariciarte- musitó, clavando sus ojos en los míos y pasando su pulgar por mi mejilla. Me dio un escalofrío, entre su piel fría y mi pelo mojado, me estaba congelando.
-¿Eso significa que si te beso yo me morderás?
-No, o al menos eso espero- respondió sonriendo. Me apretó un poco más contra su cuerpo y me miró con sus ojos dorados- Esto no está bien.
-¿Por qué no?
-Podría seducirte si quisiera, podría hacerte mía aquí mismo... pero quiero que quieras- no podía decir nada, ahora sí que no podía dar crédito ¿yo despertaba sentimientos así en otras person...vampir...¡arg!
-Es imposible no querer.
-No me mires a los ojos, no pienses en lo que soy... créeme, tú tienes más poder sobre mí del que yo pueda tener sobre ti.
-¿Seguro?
-Totalmente, tú sólo necesitaste un segundo para poner mi vida patas arriba- lo que era muy poco teniendo en cuenta que era inmortal, no podía creer aquello.
Poco a poco me dio media vuelta y quedé de espaldas a él, me agarró ambas manos y se acercó a mi cuello. Me tensé de repente, por un instante pensé que podía morderme, pero no lo hizo. Pasó la punta de su nariz por mi cuello, aspirando mi aroma, e hizo que me estremeciera.
-¿Podrás soportar que esto me encante?
-No lo sé...
-Trataré de ser sutil porque no quiero dejar de hacerlo.