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Historia 29408 — capítulo 9

Esperé un rato y llamé de nuevo, se escuchaba la música desde fuera, estaba tan alta que era normal que nadie oyera los débiles golpes de mi puño contra la puerta de madera. Pasados unos segundos alguien abrió.

No sabía quien era, no le había visto en mi vida. Era alto, negro y de cabello enmarañado. Sonrió levemente, mostrándome su perfecta y blanca dentadura, y luego me invitó a entrar. Quise sonreír, para ser amable, pero no pude.

La música era escandalosa, más de lo normal, como si la tuvieran tan alta para tapar algún otro ruido. Caminé lentamente hacia el salón, seguida por el hombre que me había abierto y me encontré una reunión en toda regla. No sólo estaban allí Alex y Charlie, había otros cinco hombres y al menos tres de ellos tenían la edad de Alex. Todos me miraron, todos apreciaron enseguida mi olor a vampiro, el que se me debía impregnar cuando estaba con ellos.

-Sal de mi casa- dijo Alex, poniéndose en pie y mirándome con odio. No sabía qué decir.

-¡Alexander!- bufó Charlie, enfadado, emitiendo lo que parecía un gruñido- Ella no tiene la culpa.

-Sí la tiene, ella lo sabía.

-Ella no tenía ni idea- sentía que me estaba perdiendo parte de la conversación, como si hubiera frases tachadas en el diálogo entre Charlie y su hijo, pero al menos alguien, a parte de Bastien, no me culpaba de todo lo ocurrido, y eso era un alivio.

-¡Me da igual!- gritó Alex, no era más que un maldito obstinado. Estaba armando un escándalo y yo cada vez estaba más convencida de que todos los presentes eran lobos también y eso me hacía sentir como una brocheta de carne.

-Pues a mi no- dije, tratando de alzar mi voz sobre la de los dos lobos- En estos últimos días han intentado matarme tres veces y me he enterado de que existen los vampiros y ¿sabes qué? No son esos vampiros tan interesantes de las series de la tele… son peligrosos y dan miedo y yo no puedo defenderme sola…

-¡Cómo si fuera culpa mía, Madison!- bufó Alex, viniendo hacia mí y encarándome, bueno, era demasiado alto para encararme, más bien me miraba desde la terraza.

-Siento lo que pasó, pero era imposible que yo lo evitara y lo sabes ¿crees que yo pedí esto?

-Cállate…

-¿Crees que me gusta?

-¡SAL DE MI CASA!

-¡¡NO!!-ahí podíamos gritar los dos, seguro que a eso sí ganaba a los lobos y a los vampiros.

-No estás en condiciones de pedir nada, Madison, estás rodeada de lobos…-dijo alzando las cejas, tratando de sentenciar la conversación.

-Y tú de vampiros- si me lo proponía sería yo quien tendría la última palabra.

-¿Te los has traído?

-Verás, Alex- dije alejándome un poco de él y dando unos pasos por el salón, mirando todo a mi alrededor, seria- No sé si puedo fiarme de alguien que me oculta que es un lobo.

Alex se quedó callado y sentí todos aquellos ojos mirándome con odio, algunos gruñeron pero, extrañamente no sentía miedo. Sabía que no podían atacarme, que no me harían daño y, sinceramente, Basil me daba mucho más miedo que cualquiera de ellos.

-Nunca creímos necesario tener que decírtelo- explicó Charlie- probablemente, si no se hubiera dado esta situación, jamás lo hubieras sabido.

-Pero se ha dado y me hubiera gustado saber que podíais protegeros solos en vez de estar pensando cada segundo que unos vampiros chiflados podían haceros daño- como a la familia y la novia de aquel chico en Ohio, aquel era mi verdadero temor, pero no me había dado cuenta hasta ese momento.

-Te comprendemos, de veras- dijo Charlie, que recibió una mirada asesina de su hijo, él parecía no comprender… o no querer entender. Charlie le hizo una señal con la mano para evitar que abriera la boca- Pero creímos que tanto tú como tu familia estaríais más seguros cuanto menos supierais ¿Lo entiendes, Maddie?- asentí, aunque no compartía su opinión.

-No le diré nada a mis padres… al fin y al cabo tampoco saben nada de los de los vampiros- nota mental: no mencionar a los vampiros ante los lobos, no hacían más que gruñirme.

-Eso está bien- aprobó Charlie, sonriendo- ¿Ha venido su jefe?

-Creo que sí, están fuera y…- no, ya no estaban fuera ¿tenían oído súper sónico o qué? En cuanto Charlie los nombró, Nigel, Bastien y Betsy aparecieron como balas en la casa, había tanta tensión que podía cortarse con un cuchillo-...ya está aquí.

-Charlie- saludó educadamente Nigel.

-Nigel, debemos hablar sobre lo ocurrido.

-Claro, en primer lugar, deciros que lamentamos sinceramente la muerte de uno de los vuestros- sabía que Nigel decía la verdad, hablaba sereno y no tenía razones para mentir, aunque muchos no le creyeron.

-Sí, ya seguro…- bufó Alex.

-Joven- continuó Nigel- no disfruto con la muerte ajena y menos si esa muerte está tan estrechamente relacionada con mi familia y afecta a tantas personas.

-Te lo agradezco- dijo Charlie antes de que su hijo pudiera seguir replicando.- ¿Ha visto tu esposa algo nuevo?

-Sí, de hecho sus visiones son cada vez más fuertes y continuadas, lo que le está afectando gravemente- por eso siempre desaparecía.

-Creí que nuestra presencia anulaba su poder- En ese punto de la conversación me perdí oficialmente.

-Y así es, por eso pensamos que la mayoría de las visiones son falsas, un simple truco de Taryn, que trata de manipular su mente- sólo pronunciar el nombre de la vampiresa hizo que todos los lobos se tensaran, hasta yo me puse tensa, pero enseguida sentí a Bastien tras de mí, que apoyó sus manos sobre mis hombros. A Alex no pareció gustarle eso.

-¿Y qué propones?

-Por el momento, esperar- sentenció Nigel, manteniendo la tranquilidad, era incapaz de comprender como podía tener sus nerviosa tan templados, tan controlados. Me fascinaba que pudiera hacerlo con tanta facilidad.- La pelea de anoche les ha debilitado y el saber que contamos, en cierto modo, con ayuda externa les tomó por sorpresa.

-Les repugnó- bufó uno de los presentes.

-También nosotros os repugnamos- le contestó Betsy, asqueada.

-Oye, nena, si me tapo la nariz casi puedes resultar atractiva- le contestó, muy desagradable.

-¿Nariz? ¿No querrás decir hocico?

-¡Elizabeth!- dijo Nigel con voz firme. Nunca les había escuchado llamar a Betsy por su nombre completo, quizás ahí se podía entrever que estaba más tenso de lo que se podía apreciar a simple vista.- ¿Propones tú alguna otra cosa?

-…- Charlie pareció pensárselo un instante, como si tuviera algo nuevo en la cabeza- No… aunque me preocupan Rogger y Helen.

-Los mantendremos vigilados- ahora papá trabajaba y mamá estaba en la ciudad, estaban seguros.

-No, nosotros podemos encargarnos de eso sin problema… pero queda Madison- todos los ojos se posaron en mí ¿consecuencia? Me puse roja como un tomate.

-Nosotros podemos protegerla- dijo Bastien.

-Y manosearla de paso- añadió Alex. Los chicos del salón rieron estruendosamente, pero a mí no me hizo nada de gracia.

-¿Qué problema tienes, Alex?- pregunté, enfadada.

-¡Oh! Yo ninguno, aunque el hecho de que seas la novia de un vampiro es algo morboso, enfermizo diría yo.

-¿Qué? ¡Yo no soy la novia de ningún vampiro!- dije enfadada, yendo hacia Alex, como si quisiera golpearle- Serás asqueroso e hijo de…- Bastien me sujetó por la cintura sin el mínimo esfuerzo y tiró de mi hacia atrás. Alex rió jactancioso.

-Como si pudieras hacerme daño, Turner- dijo burlón. Probablemente tuviese razón, seguro que no podía hacerle ni un solo rasguño.

-Ella no puede- bufó Bastien- pero yo sí.

Me quedé petrificada y en un parpadeo los vi a los dos, uno frente al otro, mirándose de cerca con odio. Alex tan moreno, fuerte y desgarbado y Bastien tan pálido, tan elegante y sereno. Aquella era la máxima tensión que soportaba aquella casa.

En ese preciso instante entraron en la casa Agatha y Jack. El hombre negro apartó a Alex, sonriendo y haciéndole un gesto de disculpa a Bastien. A él no le había sujetado nadie, tenía los nervios tan templados como los de Nigel, podía contenerse sin problemas.

-La muchacha pelirroja- mustió Charlie, acercándose un poco a Agatha. Jack se puso instintivamente ante ella, para protegerla, pero Nigel le hizo un gesto para que se apartara, no necesitaba un escudo en ese instante.- Y el chico rubio- añadió Charlie, sonriendo de lado- ¿Estás bien?- Agatha asintió y sonrió de lado sin muchas ganas- Bien.

-¿Y vosotros?- todos los vampiros se sorprendieron cuando Agatha mostró algo de interés, les pareció extraño.

-Siempre es duro perder a un miembro de la familia…

-Manada- corrigió Agatha- la palabra es manada.

-Ni que vosotros fuerais familia de verdad- bufó Alex.

-Bueno, ya está bien- sentenció Nigel- es hora de que nos marchemos.

-Sí, será lo mejor- concedió Charlie- Estaremos en contacto.

-Claro, si averiguamos algo nuevo os avisaremos.

Miré por la ventana, fuera estaban aparcados dos de los lujosos coches de los Randall, por eso Agatha y Jack habían llegado más tarde, habían ido a por los coches.

Los vampiros salieron de la casa antes que yo, yo me quedé un instante más. Charlie se acercó a mí y me abrazó, sonriente.

-No te preocupes, ha sido un accidente.

-No puedo evitar pensar que tengo la culpa.

-Pues no la tienes. Estate tranquila ¿sí? Y en cuanto a Alex… bah, es un niñato, ya se le pasará- sonreí un poco y miré a Alex, parecía haber escuchado lo que dijera su padre, aunque estaba demasiado lejos- Si pudiera darle una azotaina lo haría, pero es demasiado fuerte- sonreí de nuevo y miré al suelo- De verdad, dale unos días… se le pasará.

-Eso espero- era un buen amigo y si podía confiar en vampiros ¿por qué no en hombres lobo?

Salí de la casa sin mirar a nadie, tras una fría despedida de cortesía. Fuera ya sólo quedaba un coche, en él me esperaban Nigel y Jack ¿dónde estaba Bastien? Necesitaba hablar con él.

Algo tensa todavía, me monté en el coche. Los dos vampiros iban delante y yo allí detrás, intimidada y nerviosa. Entonces me fijé en una carpeta de cartulina amarilla a mi lado que llevaba mi nombre.

-¿Y esto?- pregunté, sin atreverme a mirar dentro.

-Hoy cubrí tu ausencia en la escuela- dijo Nigel sonriendo- pero eso no te librarás de tus deberes. Por mi parte será sólo un trabajado de cinco mil palabras sobre la guerra fracoprusiana- que muermo- los de matemáticas y francés son bastante peores.

Sonreí de lado, era un detalle que Nigel se hubiera preocupado de traerme los deberes.

-Si alguien te pregunta, estabas mal del estómago- añadió, apartando los ojos de la carretera para mirarme y sonreírme.

-Hablando de estómagos ¿No os apetece un helado?- dijo Jack, sonriente. Nigel le miró extrañado aunque divertido, yo no comprendí- Es decir ¿a alguna humana en este coche le apetece un helado?- negué con la cabeza mirando al suelo del coche, no porque no quisiera comer algo, si no porque me negaba a mi misma las miles de ideas que habían pasado por mi cabeza sobre Jack.

-Creí que me odiabas- musité.

-Como bien dice Agatha, es imposible odiarte con lo bien que hueles- se hizo el silencio, Nigel cada vez aceleraba más el coche y yo ni siquiera me había puerto el cinturón de seguridad. Había instantes en lo que un accidente de coche me parecía atractivo al lado del ataque de vampiros sedientos y desquiciados.- Mira, Maddie- comenzó a explicarme Jack- Agatha es lo más importante que hay en mi vida y anoche, cuando la vi mal, me disgusté, pero no te odio ¿entiendes?- asentí ligeramente y bajé la cabeza, como una niña regañada.

-Perfecto entonces- sentenció Nigel- Ahora te llevaremos a casa, Bastien se pasará antes de que llegue tu padre, creo que tiene que hablar contigo.

Eso estaba bien… yo también tenía algo importante que decirle.