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Historia 29408 — capítulo 16

Mi madre armó un verdadero escándalo cuando vio la ventana. Eran las cinco de la mañana y no dejaba de gritar. Los perros de los vecinos le hacían los coros y ella y mi padre no paraban de insistir en llamar a la policía.

-Cariño ¿y si fue un ladrón?- me decía tratando de asustarme.

-Hubiera entrado por la puerta y se hubiera llevado la tele del salón- bromeé, tranquila, tratando de quitarle hierro al asunto.

-¡Esto es serio, nena!

-No, papá, seguro ha sido una rama- había un árbol junto a mi ventana y hacía viento, al fin las ramas que tanto me habían asustado por las noche en invierno servían de algo.

-Pero… toda la ventana…- mi madre aún no me creía.

-¿Tu viste a alguien? Nadie es tan rápido como para escapar sin dejar ni rastro- nadie humano, claro- Nadie va a secuestrarme, no somos tan impopulares en el pueblo- y no teníamos dinero para pagar un rescate.

Al fin logré convencer a mis padres de que no era nada, pero estaba segura de que no se iban conformes a la cama. De todas formas no llamarían a nadie hasta por la mañana, lo que me dabaunas horas para solucionar el lío que acababa de crear y para poder hablar con Bastien ahora que tenía la mente algo más fría… no estaba segura de qué pensar, de que creer, me sentía traicionada, aunque también me sentía una traidora.

Cogí mi móvil y marqué el número de Agatha. No estaba segura de que fuera a hablar conmigo, pero tras dos tonos escuché su voz, algo alterada.

-¿Madison, ha pasado algo?

-Sí…no sé, ¿podrías venir a buscarme? Quiero volver a tu casa pero no tengo demasiado tiempo antes de que se levanten mis padres.

-No es muy buena idea, Maddie, las cosas no están bien por aquí.

-Lo sé, pero créeme, debo ir- Agatha se mantuvo pensativa unos segundos.

-Está bien, Jack estará ahí en unos minutos.

Estuve a punto de volver a vestirme, pero mi pijama asemejaba un chándal, muchas veces bajaba la basura con él, así que era como ir vestida, además no quería que Jack me pillara a medio vestir.

Llegó en cuestión de cinco minutos y me esperó de pie en el jardín delantero. Yo me deslicé por la enredadera hasta llegar abajo y salimos corriendo (él salió corriendo, más bien) hacia la mansión. Ni me pidió explicaciones ni intentó convencerme de que no fuera, comenzaba a pensar que quizás no me odiara tanto. Al llegar a la casa me dejó de pie frente a la puerta y me advirtió de algo importante antes de entrar.

-Fue a tu casa…

-Lo sé.

-No sé lo que pasó, pero Bastien no está bien ahora… quizás sea peligroso.

-¿Dónde está?- pregunté sin hacer caso de sus advertencias.

-En su habitación.

Entré en la casa detrás de Jack y me dirigí hacia el cuarto de Bastien, por el camino todos me miraron de una forma extraña, sospechosa y sus miradas pesaban tanto que me daba la sensación de ir más despacio, como si todo transcurriera a cámara lenta.

Traté de ignorarles y subí hasta el cuarto, creo que estuve parada ante la puerta como cinco minutos, pensando en qué decir, en cómo decirlo. No sabía cómo justificar lo que acababa de pasar porque aún no había asumido que había pasado. Y, por encima, pensar que me había mordido, que había bebido mi sangre en un momento en el que estaba totalmente indefensa en sus brazos… no sabía qué sentir.

Golpeé la puerta varias veces pero no obtuve respuesta, sabía que estaba dentro porque había escuchado golpes los primeros dos o tres minutos, pero ahora había un silencio sepulcral. Cuando me cansé de esperar, decidí autoinvitarme y entré en el cuarto. El panorama era desolador. Bastien, literalmente, había destrozado el cuarto, aún lo estaba destrozando.

Creo que estaba tan furioso que ni se dio cuenta de mi presencia porque se había ensañado con un recamier antiguo y parecía muy entretenido.

-Sébastien- dije con un hilo de voz. Se quedó paralizado y giró lentamente para verme. Sus ojos estaban inyectados en sangre, oscuros y brillantes, me mostró los colmillos. Esa fue la primera vez que, de verdad, le tuve miedo.

-Márchate- gruñó, bajando la vista.

-No…- musité, casi sin respiración.

-¡VETE!- gritó, haciendo temblar los restos de cristal de la ventana. El eco de su rechazo pudo oírse en toda la casa. Le vi ponerse en pie y al segundo siguiente esta a mi lado, sujetando el pomo de la puerta tan fuerte que casi lograba arrancarlo.- Vete- susurró de nuevo. Negué con la cabeza y di un paso hacia dentro del cuarto, no había ido hasta allí para dar la vuelta.

-Tenemos que hablar…

-¿Del chucho?- dijo con el tono más hiriente que tenía.

-Del lobo y del vampiro- contesté. Cerró la puerta de golpe y me hizo dar un salto en el sitio, estaba realmente tensa. Dio una vuelta a mi alrededor, tratando de intimidarme, lo estaba consiguiendo, pero en el fondo sabía que no iba a hacerme daño.- Lo siento- musité.

-¿Lo sientes?¿Qué sientes?

-Lo que viste, porque sí, es exactamente lo que crees.

-No eras muy buena en esto de las disculpas.

-¿Prefieres que te diga que no era lo que parecía?- eso sería un insulto a su inteligencia y a sus sentidos.- No sé por qué lo hice, pero está hecho y no creo que la solución sea distanciarnos.

-Te he visto con otro ¿y pretendes que no nos distanciemos?

-Has bebido mi sangre- ahí yo no era la mala de la película y necesitaba dejarlo claro.

-¿Lo has hecho para vengarte?- eso me ofendió.

-¿Te parezco una persona vengativa?- dije encarándole con súbita valentía- ¿Un persona que usa a los demás para hacerte daño?- me agarró por los hombros y me empujó contra la pared, acorralándome- Me haces daño- musité con los ojos cerrados y aterrada.

-¿Crees que a mi no me duele?- preguntó, aflojando un poco- Verte con él… haber hecho lo que hice, estar haciendo esto…Sabía que yo estaba allí y se aprovechó de ti, de la situación, él ni siquiera te quiere… no como te quiero yo.- Abrí los ojos poco a poco y le miré. Sus ojos me inspeccionaban serenos, pero en ellos había algo que me decía que, de poder, estarían llorando.Tragué saliva y respiré hondo, Bastien me soltó, pero no se movió ni un centímetro, seguía teniéndome acorralada, pero no sujeta.

-Todos cometemos errores- yo lo había cometido, él lo había cometido. Yo estaba dispuesta a olvidarlo, pero quizás el no lo estuviera.

-El mío es imperdonable.

-No- dije convencida- el tuyo fue producto de tu naturaleza, de tu debilidad, pero lo mío… eso si es imperdonable.

-No es cierto, después de lo que te hice, es normal que estuvieras confusa…

Sonreí por no echarme a llorar ¿en qué momento habíamos dejado de justificarnos a nosotros mismos para comenzar a justificar los errores del otro? Cerré de nuevo los ojos y sentí las frías palmas de sus manos en mis mejillas. Me secó las lágrimas y me abrazó.

-Te quiero.

-Yo también te quiero, Madison.

Estuvimos un rato abrazados, pero querernos no era suficiente, no lo era para mí. Necesitaba que confiara en mí y necesitaba confiar en él.

-Tengo tanto miedo de hacerte daño- confesó, preocupado.

-¿Tienes algo que corte?- Bastien me miró sorprendido.

-¿Cómo?

-Algo que corte, o que pinche. Una cuchilla o un alfiler o algo así.

-¿Qué pretendes?

-Voy a demostrarte que no vas a hacerme daño.- Fui hacia la ventana destrozada ya cogí un cristal del suelo.- Ven- le pedí, tratando luego de volver a subir el colchó a la cama- Dios, tu colchón pesa una tonelada…

Vino hacia mí y sin ningún esfuerzo colocó el colchón sobre el somier de la cama. Se sentó sobre ella, en el centro, con las piernas dobladas y le hice una señal para que se sentara delante. Dudó un instante, pero lo hizo.

-¿Qué vas a hacer?

-Cierra lo ojos- los cerró y se mordió el labio inferior, estaba nervioso y eso hizo que se me encogiera el corazón. Me clavé la punta del cristal en el dedo índice de la mano izquierda y presioné hasta que vi salir unas gotas de sangre. Sébastien lo notó enseguida, el olor de mi sangre llegó hasta él y lo hizo estremecerse.- No abras los ojos- le pedí, respirando profundamente.

-Madison, por favor… no hagas esto- Le pedí silencio y acerqué mi mano a su rostro lentamente, estiré el índice y lo pasé suavemente por su labio inferior, dejándolo cubierto de un fina película roja.

-Haz lo que creas conveniente- podía volver a "probar" mi sangre o podía demostrar que era capaz de resistirse, que no me haría daño jamás.

Fijé la mirada en él, en sus labios y esperé. Ni siquiera se movía, parecía en trance y cuanto más tardaba en decidirse más me preocupaba. Dejé caer el cristal al suelo y corté la mínima hemorragia del dedo con mi saliva.Tras un par de minutos sólo quería echarme a llorar, hasta que lo vi utilizar la manga de su camisa para eliminar la sangre de sus labios.

-Nunca más - dijo abriendo los ojos y agarrándome ambas manos.

-Nunca más- repetí yo.

En ese momento tiraron la puerta de golpe, eran Nigel y Betsy. Me sobresalté, pero Bastien ni se movió un ápice.

-¿Qué hacéis?- preguntó con una sonrisa divertida.

-Olimos sangre y…- sonreí, jamás llegué a pensar que Nigel pudiera equivocarse.

-Está todo bien, aseguré. Todo muy bien.

-En ese caso nos vamos…- cuando nos dejaron solos Bastien me miró sonriendo y me apartó un mechón de pelo de la cara.

-¿Qué hacemos ahora?

  • Ahora tengo que conseguir que vuelvas a confiar en mí.

-Confío en ti- negué y suspiré.

-No. Ahora yo sé con certeza que no volverás a hacerlo ¿Pero cómo sabes tú que no volveré a lo brazos de Alex?

-No lo harás.

-¿Cómo lo sabes?

-Lo sé.

-No puedes saberlo…

-Confío en ti y, a no ser que sintieras algo, no tengo razón para preocuparme.

-Sentí algo… sentí dolor. Cuando volví en mi, cuando reaccioné y me di cuenta de lo que acababa de hacer- cuando rompió la ventana y me hizo salir de mi nube- siento haberte hecho daño- dije antes de romper a llorar.

Él me abrazó con fuerza y me acarició el cabello. A veces me daba la sensación de que me libraba de sus riñas con llanto, como niña que manipula a sus mayores.

-Te quiero, llevo mucho tiempo esperándote y nada de lo que hagas o lo que digas cambiará eso. Di por hecho durante mucho tiempo que tú lo corresponderías…

-Y lo correspondo- me apresuré a decir. El puso un dedo sobre mis labios, para poder proseguir.

-Pero si algún día dejaras de hacerlo, si algún día quisieras a otro… yo no te retendré.

No supe que decir a eso ¿Podía de verdad prometerle que le amaría siempre? ¿Le amaba? Estaba tan confusa. Le quería, eso era seguro, pero ¿puedes temer y querer a alguien al mismo tiempo? ¿Cuántas experiencias cercanas a la muerte puede vivir alguien si querer romper con todo? Nunca me había visto en esa situación, ni en la de peligro ni en la de estar enamorada, todo era nuevo para mi.