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Historia 29447 — capítulo 2
Disclaimer
Harry Potter es propiedad de J. K. Rowling, este fic no tiene fines de lucro, sino sólo brindar un poco de entretenimiento para ávidos lectores como ustedes.
SI SABES QUE ESTE FIC ESTA SIENDO PLAGIADO, TE AGRADECERIA MUCHO SI ME LO HACES SABER
CAPITULO 1
Era un nuevo día en la cuidad, los autos iban de un lado para otro, la gente comenzaba con sus actividades rutinarias: ir al trabajo, ir a la escuela, estar en casa, lo que fuera que tuvieran que hacer. En una habitación normal de un departamento completa y totalmente normal, un bulto yacía bajo las sábanas… el reloj despertador comenzó a sonar con aquel chillido ensordecedor: eran las 7:30 a.m. Una mano salió de entre el mar de cobijas con un solo objetivo: acallar el infernal sonido. De un manotazo, el aparato fue silenciado, y la habitación volvió a sumirse en un silencio total.
Aquel bulto continuó con su movimiento, saliendo por fin de debajo de las sábanas que le habían proporcionado una reconfortable noche en la que la presión a la que su cuerpo era sometido día tras día disminuía considerablemente. Finalmente, y después de mucho batallar, la persona que ahí se encontraba, logró salir al exterior. Era una chica castaña de no más de 20 años de edad.
−Jo… qué pesadez - se dijo después de dar otro largo bostezo - pero ya qué, hay que ir.
Con un poco de lentitud, se puso de pie y estiró los músculos. Su cabello ya de por si indomable, estaba todo enmarañado y aún tenía los ojos medio cerrados. Definitivamente estaba más dormida que despierta. Bostezando una vez más, comenzó a buscar la ropa que usaría ese día. Cuando la hubo encontrado - unos vaqueros algo desgastados por el uso, una playera color azul que se ceñía a su cuerpo y unos no muy limpios converse negros, además de la obvia ropa interior -, abrió la puerta de la habitación y salió al pasillo. Unos cuantos pasos, y ya estaba en el baño. Se desnudó, procurando dejar su ridículo pijama de patitos perfectamente doblado sobre un pequeño mueble, y abrió la llave de la regadera; y una vezel agua estuvo como a ella le gustaba, entró a la ducha que la despertaría.
Terminando sus labores de higiene personal, prosiguió a secarse y vestirse con aquella peculiar indumentaria. Aún secándose el largo cabello con la toalla usando una mano y con el pijama en la otra, regresó a su habitación. Encendió el televisor que en ésta había mientras buscaba en el interior de su revuelto armario, y finalmente sacó un suéter de rayas en tres tonos distintos de azul, que era obviamente unas dos tallas más grandes a la que en realidad necesitaba, la playera que usaba aquel día, y en sí, su esbelto cuerpo, permanecería oculto por el bendito suéter.
−… el clima será completamente favorable - decía el tipo del clima mientras señalaba un mapa detrás de él - perfecto para salir a dar un paseo por la tarde… - más comentarios al respecto, mientras la castaña terminaba de cepillar su prácticamente indomable cabellera - … hasta aquí el reporte del clima, regresamos contigo, Amy.
Terminó de acomodarse el suéter, para después tomar el cepillo del tocador y comenzar con su ya acostumbrada lucha en contra de lo que se hacía llamar su cabello.
−Muchas gracias William. Pasando a otras noticias, ayer por la noche se registró un incendio en…- la noticia continuaba. Ella tomó el mando de la televisión y cambió de canal, hasta llegar a uno en el que transmitían videos de la música que le gustaba todo el día.
Escuchaba la música de aquel video de una banda de nombre Within Temptation mientras continuaba luchando contra el cabello. Cuando la canción terminó, y empezó otra, se dio por vencida. Apagó el televisor. Había dejado el cabello completamente suelto, ya se ocuparía de recogérselo más tarde, cuando estuviera seco y esponjado, por ahora lo tendría así. Tomó una bolsa hecha de mezclilla - en la que previamente había metido sus pertenencias: un libro de bolsillo que había adquirido el día anterior, el teléfono móvil, su ipod y la cartera -, y salió de la habitación.
Sin mucho entusiasmo, llegó a la cocina de su departamento, donde se dedicó a picar un poco de fruta, hacerse un jugo de naranja y un huevo, pues como su madre siempre le había dicho: "el desayuno es la comida más importante de todas". Treinta y cinco minutos después aproximadamente, tras haber aplicado lo que sus padres le enseñaron sobre higiene bucal, ya cerraba la puerta y caminaba por el pasillo del edificio, llegando a las escaleras y comenzando a bajarlas lentamente. El lugar donde vivía era lindo y tranquilo. Quizá lo único que criticaba era el hecho de que no hubiera elevador en el edificio, y ella vivía en el piso siete, así que muchas veces no le era muy grato subir los muchos escalones hasta llegar a su departamento, pero eso era todo. Su departamento era espacioso, si fuera necesario, se podría remodelar y dividir el comedor, para así tener otra habitación; pero eso no era algo que ella quisiera hacer. La renta era considerablemente más barata que si se hubiera ido a vivir a un edificio más moderno. Ésta era otra de las cosas buenas que tenía el lugar.
Tras bajar el último piso, salió y caminó con tranquilidad, pues aún tenía casi media hora para tener que llegar a su trabajo. Hermione Jean Granger (N.A: Originalmente era "Jane", pero JKR decidió que Hermione no podía tener el mismo nombre que Dolores Umbridge, así que lo cambió por Jean) era una chica inteligente, amante de la lectura, la música y las buenas películas por las tardes. No era demasiado sociable, pero los pocos amigos que tenían la consideraban la mejor de las amigas. Físicamente era delgada, aunque no demasiado, su piel se encontraba ligeramente bronceada por el contacto con el sol, pues casi no salía de casa; durante su infancia había tenido que sufrir distintos tratamientos para que sus dientes lucieran como estaban ahora. A sus 20 años, se encontraba en su último año de la universidad, siendo la mejor de la clase, además tenía un trabajo de medio tiempo en una librería en el centro de la ciudad.
Tras tomar el autobús, llegó a "Flourish & Blotts", su lugar de trabajo. Ahora que tenía un par de semanas de vacaciones por eso del cambio de semestre, aprovechaba el tiempo que tenía trabajando. Para otra persona sería tedioso, aburrido y una pérdida de tiempo hacerlo, pero a Hermione le gustaba. Amaba estar rodeada de tantos libros, pues hasta que entró a la Preparatoria, jamás había tenido amigos más allá de las páginas.
−Buenos días - saludó mientras entraba en el establecimiento - ¿señor Newell? - preguntó internándose en el lugar, cerrando la puerta tras de sí - ¿hay alguien?
−¡Hermione! - ella dio un pequeño saltito por la impresión provocada por aquella alegre voz - perdón por no contestar - detrás de unas cajas se asomó un hombre de edad un poco avanzada y de aspecto bonachón
- acaba de llegar esto y bueno, no pude evitar darle un vistazo.
La castaña sonrió. Se acercó hasta donde el hombre se encontraba, teniendo que esquivar las cajas que se encontraban esparcidas por todo el piso. Examinó con curiosidad los nuevos libros que el dueño de la librería había adquirido. Se leían títulos interesantes, ya se ocuparía de echarles una hojeada más detallada cuando tuviera tiempo.
−Señor Newell - le llamó ella, él se asomó por encima de un libro - creo que sería mejor si llevásemos todo esto a la parte de atrás - señaló - no falta mucho para que llegue algún cliente, y bueno… no daríamos buena impresión si este lugar está hecho todo un desastre.
−Tienes mucha razón, mucha, mucha razón - el señor Newell cerró el libro y levantó una de las cajas - aunque ya sabes, si por mí fuera, me quedaba aquí leyendo todo.
−Lo se, yo haría lo mismo - respondió Hermione imitándole, aunque con un poco de esfuerzo, pues la caja era más pesada de lo que aparentaba.
De esta manera, hablando a cerca de lo maravilloso que era el mundo de las letras, y de lo bella que era la sensación de ser transportado por los diversos autores, y de vivir, reír y llorar con los personajes, ambos llevaron todas las cajas a la bodega que tenía el local. Ambos compartían el gusto por la lectura, habiendo leído desde los clásicos y los best seller hasta llegar a libros que pasaban completamente desapercibidos por muchos alrededor de todo el mundo.
−Bien, esa fue la última - exclamó el señor Newell mientras cerraba la puerta de la bodega - ya nos encargaremos de acomodarlos cuando haya espacio para hacerlo - agregó sonriente.
−Tiene razón, este lugar está lleno de libros - coincidió ella mirando uno de los muchos libreros que había, el lugar estaba hasta el tope - por eso me encanta.
El señor Newell sonrió, clara seña de que le daba la razón a la castaña. Miró su reloj.
−Hermione, tengo que salir un momento - dijo con voz tranquila, llamando la atención de la chica, quien de inmediato se giró para verle - un asunto personal. ¿Algún problema si te quedas sola aquí?
−No señor, ninguno.
−Entonces luego nos vemos.
La chica asintió y el señor Newell salió del lugar, cerrando la puerta con delicadeza.
−Bien - se dijo la castaña mientras caminaba tras el mostrador, donde también estaba la caja registradora - sería bueno leer algo mientras llega alguien - agregó mientras, de su bolsa, sacaba el libro que estaba leyendo…
..*
Cuando el sol dio de lleno en su rostro, él se removió incómodo entre las sábanas intentando, en vano, evitar que los rayos del astro rey le dieran tan directamente. Con pereza, abrió sus ojos, fijando la mirada con un poco de trabajo debido a la luz que entraba por la ventana. Miró a su alrededor con evidente desorientación, examinando el lugar en el que se encontraba en este momento ¿en dónde demonios se hallaba?... Bah, ¡¿qué más daba el lugar, la hora y con quién había estado la noche anterior?!
Sintió cómo algo se movía junto a él, le miró levantando una ceja, ella se abrazaba a su cuerpo. Esbozó una sonrisa irónica… rubia y de cabello corto. Rubia y de cabello corto como esa persona.
−Fue divertido - le dijo a la chica que dormía plácidamente, aún con una sonrisa estúpida en el rostro - eso he de reconocértelo.
Sin que ella se diera cuenta, la alejó de él con mucha indiferencia. Se levantó de la cama y al hacerlo, las sábanas dejaron ver su cuerpo desnudo. Caminó por la habitación mientras recogía su ropa, la cual yacía esparcida por el piso de la misma. Había sido una noche como cualquier otra... después de todo, siempre terminaba olvidando la situación, ¿qué haría diferente la noche anterior?, es más, ¿cómo se llamaba ella? ¿Alice?, ¿Jessica?... ¿Elizabeth? No lo recordaba.
Se vistió poco a poco. Miró el reloj que la chica tenía en la pared: 10:55 a.m.
−Hasta nunca - y diciendo esto, salió de la habitación de ella, y posteriormente del departamento. Jamás volvería a verla, de eso estaba seguro. Él no era de los que se llevaba a alguien a la cama para después buscarle con la intensión de repetir lo sucedido. Además, había conseguido lo que quería: un lugar donde pasar la noche.
Se metió en el elevador con absoluta pereza y presionó el botón que necesitaba. Comenzó su descenso mientras se cruzaba de brazos y se recargaba en una de las paredes del estrecho lugar. 10…9…8… su descenso se estaba volviendo más lento de lo que en realidad parecía. Se miró en el espejo que había ahí… odiaba eso, que al verse en el espejo, su reflejo le regresara una mirada de tristeza, una mirada de dolor. Maldita sea, ¡¿por qué?!
−Por qué… - se dijo frunciendo el entrecejo, mirando con desprecio su propio reflejo, y finalmente apartando la mirada hacia el contador… 3…2…1… Las puertas se abrieron y él salió con paso elegante.
Las féminas del lugar seguían su trayectoria sin reparo alguno. Le miraron esbozando sonrisas, algunas realmente tontas, otras más de aparente coquetería. Él era completamente conocedor de ello, así que de vez en cuando, dedicaba una que otra mirada, guiño, o simplemente una de sus sonrisas arrebatadoras que tanto sabía les fascinaba.
Salió del edificio, caminando con las manos dentro de los bolsillos, maldiciendo al sol por brillar de la manera en la que lo hacía, lastimándole la vista. Aún mientras se acostumbraba a la intensa luz del medio día, algo comenzó a sonar… su teléfono móvil. Fastidiado, lo miró y vio que era Blaise quien le llamaba.
−¿Qué quieres? - preguntó con brusquedad, aunque era común en él tratar al chico de esa forma.
−Tranquilo, hombre… se ve que estás de mal humor, pero dime, ¿cuándo no estás de mal humor?
−Habla ya - exigió Draco doblando una esquina, caminando ahora un poco más rápido que en un principio - no tengo todo el día, ¿sabes?
−¿Y qué harás después?, si ya se que no tienes nada más interesante qué hacer en este momento.
−Cualquier cosa es más interesante que hablar contigo, y lo sabes, Blaise.
−Sabes que yo también te amo, Draco- ironizó el chico desde el otro lado de la línea.
−Solo repetiré esto una vez más: ¿qué quieres?
−¿Vendrás alPunto*? Sabes que no podemos hacer nada sin nuestro guitarrista* (N.A: No pude evitar poner a Draco como el guitarrista de una banda xD).
−Oh, Blaise - intervino Draco con voz melosa - solo di que no puedes vivir sin mi - terminó mientras en su rostro aparecía una sonrisa de superioridad que estaba seguro de que, aunque no le viera, Blaise sabía que tenía.
−…
−En serio, así nos ahorraríamos todo esto, ¿no lo crees?
−Aja, como digas… vendrás, ¿si o no?
−Llego a la hora de siempre, no entiendo por qué me molestas a esta hora, aún faltan unas cuantas horas.Ahora, si no te molesta (y si lo hace, no me importa)… adiós - y sin esperar a que Blaise respondiera, cortó la llamada.
Continuó su camino, mirando a su alrededor. Al parecer estaba en cerca del centro. Bien, no le tomaría demasiado tiempo llegar hasta el Punto, aunque claro, no es como si fuera a irse ya, primero daría una vuelta por ahí. Tal lugar, el Punto, era tan solo uno de los departamentos de Theodore Nott, el baterista de su banda, le decían el Punto por una tontería que dijo una vez alguno de ellos, de que era el Punto de Reunión, y como sonaba mejor decirle solo el Punto, que el departamento de Nott… comenzaron a decirle así.
Mientras caminaba, se dio cuenta de que unos metros más allá, al otro lado de la avenida, se encontraba la famosa librería "Flourish & Blotts", y aunque él no era un fan acérrimo de la lectura, había uno que otro libro que le interesaba, o que podría interesarle leer. Esperó a que la estúpida imagen del semáforo de peatones indicara que podía cruzar se pusiera en color verde, y cuando esto finalmente sucedió, así lo hizo…
..*
Habían pasado ya unas dos horas aproximadamente desde que el señor Newell se había ido y Hermione ya había leído los primeros cinco capítulos de su libro, habría leído más, de no ser porque entró una señora buscando un título que en ese momento se encontraba agotado, cosa que la castaña tuvo que repetirle pacientemente unas diez veces, antes de que la señora dejara de insistir en que buscara en la bodega. Después de eso, no sucedió nada relevante, quizá que llamaron por teléfono unas dos veces, pero nada más.
El sonido de las campanitas que había en la puerta le hizo levantar la mirada, el señor Newell regresaba finalmente.
−Hola otra vez, Hermione - dijo acercándose hasta donde ella estaba - ¿pasó algo importante mientras no estuve?
−No realmente, señor - él asintió para después dejar un paquete sobre el mostrador.
−¿Puedes poner esto junto a las otras cajas que están en la bodega? - preguntó sonriente, ella asintió y tomó el paquete, abriendo la puerta de la bodega.
Encendió la luz y bajó los tres escalones justo cuando se escuchaba el sonido de las campanitas de la puerta. Con tranquilidad, pues el señor Newell se encargaría de atender al cliente, dejó la caja junto a otras más. Echó un vistazo dentro del lugar y frunció el ceño, arrugando la nariz en una mueca de desagrado, definitivamente en ese lugar hacía falta una buena sesión de limpieza. Ya se encargaría de hacerlo más tarde, si es que no se atravesaba alguna otra situación que se lo impidiera.
Dio media vuelta y retomó el camino que le había llevado hasta aquel lugar, subiendo nuevamente los tres escalones, apagando la luz y cerrando la puerta con cuidado. Volteó y miró al señor Newell, quien estaba sentado leyendo el diario tranquilamente, examinó el lugar con la mirada. Al parecer no había alguien más.
−Pensé que había entrado un cliente - comentó acercándose al mayor, quien sin levantar la mirada del diario, contestó:
−Está viendo lo que hay.
−Oh…
−¿Puedes ir a atenderle? - preguntó el hombre mientras finalmente levantaba el rostro y le dedicaba una sonrisa a la castaña.
−Por supuesto.
Salió de detrás del mostrador y comenzó a pasearse por entre los libreros, intentando localizar a la persona que había entrado recién. No tardó mucho en distinguir unos zapatos masculinos no muy lejos de donde ella se encontraba. En realidad no le gustaba adoptar la actitud de vendedora que debería tener, pero si no quería perder el trabajo, lo haría; así que poniendo su mejor sonrisa, dijo antes de ver a su cliente…
−Buenos días, ¿hay algo en lo que pued…?
Se detuvo en seco al observar a la persona con quien debería tratar. Decir que era atractivo sería poco, sin embargo, no fue eso lo que le hizo quedarse estática, sino que fueron aquel par de alas que él tenía en su espalda… unas alas negras.