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Historia 29447 — capítulo 3
Disclaimer
Harry Potter es propiedad de J. K. Rowling, este fic no tiene fines de lucro, sino sólo brindar un poco de entretenimiento para ávidos lectores como ustedes.
SI SABES QUE ESTE FIC ESTA SIENDO PLAGIADO, TE AGRADECERIA MUCHO SI ME LO HACES SABER
CAPITULO 2
Draco entró en "Flourish & Blotts". Las campanitas que estaban en la puerta hicieron su infernal y cursi sonido tintineante - odiaba las campanas, de cualquier tipo, desde las pequeñas hasta las enormes, en especial las de las iglesias… en si, odiaba las iglesias con toda su alma -, un anciano que se encontraba tras el mostrador, levantó la mirada del diario que sostenía entre sus manos y al verle, esbozó una sonrisa bonachona.
−Buenos días, ¿en qué le puedo ayudar? - preguntó el buen hombre con amabilidad. Draco se adentró unos pasos en el lugar sin contestar a la pregunta - ¿busca algún título en particular?
−En realidad solo vengo a ver qué me interesa - respondió con indiferencia. El anciano asintió - ¿cuál es la sección de novela de terror?
−Derecho, cuatro libreros al fondo. No solo hay novela de terror, también hay poemas góticos y esas cosas que les gustan a los jóvenes hoy en día.
Por toda respuesta, cabeceó afirmativamente.
Caminó hasta el dichoso librero mencionado por el anciano, pasando la sección de novela romántica - donde puso los ojos en blanco -, novela histórica - donde se detuvo por escasos segundos - y novela de ciencia ficción - siguiéndose de largo. En cuanto llegó a su destino, comenzó a pasear la vista por entre los títulos. Muchos ya los había leído… en especial los de Stephen King.
Escuchó voces a lo lejos, quizá alguien más había entrado en la tienda… aunque no habían sonado las campanitas, ¿pero qué más daba?, las personas podían entrar, salir y/o estar en los lugares que quisieran, en el momento que quisieran, con quien quisieran y como quisieran, ¿no?
Continuó repasando los títulos (también había leído la colección de Anne Rice: Crónicas Vampíricas, así que ni siquiera contempló los títulos), hasta que finalmente tomó uno de un autor que no conocía, un tal Fael Bielefeld. El libro en cuestión se llamaba: "Exorciza mis demonios".
Leía un poco lo que venía en la contraportada, había escuchado pasos que alguien se acercaba, pero no les dio trascendental importancia y continuó con lo que hacía. El libro que sostenía con la diestra no era en realidad una novela, sino un conjunto de poemas góticos - la contraportada decía que era una lectura no apta para menores, por su alto contenido erótico-sadomasoquista.
−Buenos días, ¿hay algo en lo que pued…? - escuchó que le decían.
Volteó ligeramente, solo para ver a una chica castaña - a su parecer quizá no muy atractiva, además de que el enorme suéter y el cabello emarañado no ayudaban mucho en su apariencia -, que le miraba como si hubiera visto una aparición, o mejor aún al espíritu del gato - perro, pez, tortuga o lo que fuera -, que se le murió por accidente cuando niña. Levantó una ceja extrañado y se giró completamente, para mirarla de frente.
−¿Si?
Ella pareció reaccionar en ese momento, al escuchar la voz del chico que frente a sí se encontraba, como si su voz hubiera accionado un interruptor en alguna parte de su cerebro. Parpadeó un par de veces y frunció el ceño.
Draco solo podía mirarle entre divertido y confundido. Ok, lo aceptaba, las chicas podían llegar a comportarse como perras en celo al verle, o bien, como retrasadas mentales, pero jamás alguien le había mirado así… como si estuviera examinando a un animal de laboratorio.
−¿Puedo ayudarle en algo? - preguntó finalmente la chica, mirándole aún con desconfianza.
−En realidad no.
−¿Encontró lo que buscaba?
−Si - fue la seca respuesta que obtuvo.
−Bien… emm… si necesita algo, puede decirlo.
−Si, lo haré, en el dado caso de que llegue a necesitar su ayuda. Gracias - respondió cortante, sonriéndole con superioridad.
Ella frunció el ceño, ¿quién se creía ESEcomo para hablarle y comportarse con ella de esa manera?, ¿el Rey del Mundo?, ¿o acaso pensaba que era Tohma Seguchi, el puto amo del Universo? Poniendo su rostro serio, asintió y dio media vuelta, dispuesta a regresar donde el señor Newell, o quizá, para comenzar a limpiar la bodega.
Decir que estaba enojada era algo muy cierto en ese instante, pero al mismo tiempo se sentía como ida. Por un momento le había parecido ver que aquel chico tenía un par de alas de color negro, pero al parecer todo había sido producto de su imaginación, una alucinación, pues había dejado de verlas en cuanto él había hablado, sacándola de su letargo.
−No debí dormirme tan tarde anoche - se dijo avergonzada consigo misma - pero al película estaba muy interesante - en ese momento iba pasando por la sección de novela romántica - ayy… no dormir bien hace que vea cosas raras.
En cuanto los pasos de la chica dejaron de escucharse, Draco borró la sonrisa de superioridad que tenía en el rostro, dándole paso nuevamente a su expresión vacía que le caracterizaba. Continuó examinando el volumen que tenía en las manos. Había una pequeña fotografía del autor: un chico de cabello oscuro y ojos azules, de expresión seria pero jovial. No parecía tener más de veinte años.
Esperó un par de minutos y regresó a donde se encontraba el señor Newell.
Al llegar, colocó el libro sobre el mostrador, justo frente al anciano, sobresaltándole por la brusquedad con la que lo depositó en dicho lugar y con la que lo sacó de su lectura. El señor Newell se sobresaltó, dando un cómico - desde el punto de vista de Draco - saltito en su asiento, bajando el diario para mirar al rubio.
−¿Sería todo? - preguntó cordialmente, aunque Draco sabía a la perfección que se había molestado por lo sucedido.
−Si.
Minutos después, salía con el libro dentro de una bolsa blanca que tenía un ridículo estampado de un par de libros sonrientes, y la leyenda: "Flourish & Blotts, el placer de leer un buen libro".
..*
Hermione colocó una caja sobre otra con sumo cuidado. Sonrió satisfecha al ver su recién terminado trabajo en la bodega… bueno, en realidad no había hecho gran cosa, y aún se veía un poco desordenado, pero por lo menos ahora sí se podía caminar entre las cajas, cosa que ya era de mucha ayuda.
Salió del lugar, y en cuanto lo hizo, miró el reloj de pared que estaba en el muro de enfrente… habían pasado ya cuarenta y cinco minutos desde que aquel chico rubio había salido de la tienda. Bufó molesta al darse cuenta que estaba pensando en él… ok, era atractivo, pero esa no era razón válida para pensar tanto en él. Muchos otros chicos atractivos habían entrado a comprar o a preguntar por algo y jamás se había quedado pensando en ellos. Tan absorta se encontraba en sus pensamientos, que no escuchó las campanitas de la puerta…
−¿Hermione?
Ella volteó de inmediato para ver quién le llamaba, sonrió con calidez al reconocer a Luna Lovegood, una de sus mejores amigas. Se habían conocido en la preparatoria, más por accidente que por tener el propósito de entablar conversación. Luna siempre había sido una persona muy excéntrica, pero de buenos sentimientos. Ahora estudiaba en una academia de arte, habiendo resultado ser muy buena para el dibujo y la pintura.
−Hola Luna, ¿qué hay? - saludó mientras la rubia se acercaba hasta ella.
−Pues solo paso a saludar - Lovegood sonrió - sabía que no estarías en tu departamento, así que vine directamente hasta acá. ¿Cuánto tiempo falta para que puedas salir?
Hermione miró el reloj de pared. Aún faltaba tiempo para su hora de salida.
−Un poco todavía - contestó la castaña.
−Qué mal, quería que fuéramos a comer un helado.
−Si quieres puedes irte ya, Hermione - se escuchó la voz del señor Newell, quien colgaba el teléfono con delicadeza - no ha habido mucho movimiento, así que podré solo. Ve con tu amiga.
−¿Está seguro?
−Claro. Estaré bien.
−Gracias señor Newell - diciendo esto, tomó el bolso de mezclilla y salió del mostrador y posteriormente, junto con Luna, salir del lugar.
Ambas caminaron sin prisa, pues la heladería a la que siempre solían ir, "Florean Fortescue", no se iría del lugar donde estaba, y mucho menos cerraría a estas horas. No estaba muy lejos de ahí, pero si tenían que caminar un poco.
−¿Estás bien, Herm? - preguntó la rubia al ver la expresión pensativa de su amiga.
−¿Eh?, ¡claro!, ¿por qué lo preguntas?
−Es que… no se, siento que estás más pensativa que de costumbre - respondió mientras cruzaban la avenida - y vaya que eso ya es bastante decir.
−Bueno… en realidad pasó algo muy extraño - explicó Hermione - ya sabes que desde lo que pasó hace casi tres años… bueno, a veces veo cosas raras, ¡y no es porque esté loca!
−Lo se. No estás loca, yo también las veo… a veces - sonrió - ¿pero qué viste ahora?, pensé que habías tomado la decisión de ignorar lo que veías.
−Y lo hago, pero en esta ocasión fue algo diferente.
Y comenzó a relatar lo visto en la librería.
−Hmm… - Luna miró pensativa el camino - hmm…hmmm… mjmmm…
−¿Quieres dejar de hacer eso? - preguntó Hermione mirándole seria - me pones nerviosa cuando lo haces.
−Lo siento, es que me quedé pensando en lo extraño que es eso… - dijo con tranquilidad.
"Eso explica la sensación que tuve al entrar en "Flourish & Blotts" pensó "desde que desperté tuve esa sensación, de que tenía que ver a Hermione cuanto antes… realmente me asusté, fue como hace tres años…"
−¡Luna, te estoy hablando!
−Perdón, estaba pensando en las hadas, ¿no crees que son seres incomprendidos? - dijo con voz soñadora - ¿qué decías?
−Ay Luna, tu no cambias - comentó la castaña con voz divertida - te decía que si has visto a Ginny.
−Ah, eso. Sip, la vi ayer por la tarde - respondió esbozando una sonrisa - sigue igual que siempre, ya sabes… últimamente no ha tenido mucho tiempo.
Hermione asintió. Ginny era otra de sus mejores amigas, a ella la conoció por ser la hermana menor de uno de sus dos mejores amigos hombres. Al principio no hablaban mucho, pero con el tiempo floreció entre ambas una fuerte y sólida amistad que había continuado a través de los años. La pelirroja estudiaba diseño de modas, y ya en su segundo año, tenía demasiadas cosas qué hacer.
−¿Y tú Luna?, ¿cómo te ha ido en la academia?
−Todo bien, gracias - respondió la ojiazul - en realidad no he tenido mucho qué hacer, como pronto habrá una exposición de los grados superiores, pues todos están muy ocupados con eso, y nos han olvidado un poco.
−Pero al menos así descansas, ¿no?
−Si, es lo bueno dentro de todo esto - sonrió.
−Al menos nosotras tenemos tiempo libre. Ya casi no nos vemos por eso… y los chicos también han estado ocupados, ¿no?
−Si, Harry está en exámenes y Ron en prácticas - respondió Lovegood.
En ese momento llegaron a la heladería. Entraron aún enfrascadas en su charla y se dirigieron hasta donde estaban los congeladores, dispuestas a pedir un delicioso helado cada una.
−¿De qué pedirás el tuyo, Luna? - preguntó la castaña mirando la variedad de helados que tenían al frente.
−Hmm… creo que hoy probaré el de mandarina, Herm
- dijo Luna - ¿y tú?, ¿qué pedirás?
−Lo se siempre - respondió Hermione esbozando una sonrisa.
−Beso de Ángel - dijeron las dos al unísono, lanzándose a reír segundos después.
(N.A. El helado de "Beso de Ángel" es muy común en México, no se en otros países. Es una mezcla extraña, pero deliciosa, lleva cereza, piñón, nuez, pasas y mamey).
..*
−Hombre, llegas temprano.
Draco puso los ojos en blanco mientras entraba en el Punto. Theo cerró la puerta en cuanto el ojigris estuvo dentro. Le miró extrañado, era demasiado temprano, incluso para Draco, quien solía llegar con un "elegante retraso" cuando de los ensayos se trataba - porque para otras cuestiones era muy exigente en cuanto a puntualidad se refería. El lugar era amplio, solo tenía dos sillones y dos habitaciones amuebladas, pues Theo vivía en otro lugar, solo se usaba cuando ensayaban hasta tarde o cuando después de una fiesta pasaban la noche - o el día en ese - lugar.
Theodore Nott era un chico alto, ligeramente más que Draco, de piel blanca y cabello castaño, casi rubio y de ojos color miel. Era delgado y estaba en forma. Era un chico muy inteligente - aunque en ocasiones no lo aparentara - y provenía de una familia con una buena posición económica.
−No molestes - dijo Draco mientras se dejaba caer en el sillón - no tenía nada qué hacer, así que por eso llegué antes.
−Tu si que eres un caso, Draco - comentó Theo mientras se acercaba a su batería, ajustando unas cuantas cosas.
−Soy único - respondió Malfoy con una de sus características sonrisas de superioridad - lo sé.
−Gracias al infierno eres único, porque no soportaría a más como tú, en serio - bromeó el castaño.
Ambos se quedaron en silencio nuevamente. Draco veía a Theo ir y venir por el lugar… limpiaba la batería - era lo único que le había visto limpiar en todo el tiempo que llevaban de conocerse - con meticulosa paciencia, ajustando lo que era necesario para que fuera lo más cómodo posible al momento de utilizarla.
−¿No piensas volver con tus padres? - preguntó de pronto Nott, pero sin mirar a Draco.
−¿Mis padres? - el ojigris levantó una ceja extrañado, pero después agregó:
−No, por el momento no lo haré. Ya sabes que me fui por voluntad propia, Theo.
Para todo el mundo, Draco Malfoy era hijo de Lucius y Narcisa Malfoy... la verdad detrás de todo, era que Lucius era un demonio, y uno de alto rango, que gustaba de pasar el tiempo en el mundo humano, atormentando a los mortales y obteniendo riquezas mientras otros se morían de hambre. Narcisa era una mortal, una mortal que conocía la verdad sobre Lucius, y a quien no le importaba lo que éste fuera. Estaba enamorada de él. Draco les había conocido hacía cuatro años, después de que… de que ese despreciable ser le abandonase. Lucius había decidido "ayudarle". Como demonio que era, manipuló los recuerdos de toda la gente que le conocía, para que pensaran que siempre había tenido un hijo: Draco Malfoy, quien después de vivir unos años en el extranjero, regresaba a casa.
En realidad Lucius jamás le dijo la verdadera razón de que lo hiciera, pero Draco no dudaba que era por que estaba aburrido y no tenía nada más interesante qué hacer.
−Entonces deberías comenzar a buscar piso, ¿no?
−…
−Te la pasas de errante, como vagabundo (que no eres) - Theo le miró con expresión vacía, como si fuera un comentario cualquiera - un día pasas la noche en casa de Blaise, otro aquí, otro más acostándote con cualquier mujer que te parezca lo suficientemente buena, y a quien después olvidas por completo.
−¿Celoso? - preguntó burlón. Theo no contestó, Draco sabía que era por no comenzar una discusión - buscaré un lugar después. Está bien, mañana - agregó al ver la expresión de Theo - ¿acaso Blaise, Pansy y Nate no piensan venir?
−Aún falta media hora, Draco.
−Hmm…
La media hora pasó más lento de lo que a Draco le hubiera gustado que pasara. Miraba el reloj constantemente y éste parecía ir en retroceso, así que después de un rato, se levantó y conectó su guitarra - la cual estaba en el lugar, como siempre. Había estado afinándola un poco y finalmente llegaron los que faltaban.
−¡Hola chicos! - saludó Pansy en cuanto estuvo dentro - ¿me extrañaron?
−No - respondieron Theo y Draco al mismo tiempo.
−Hmm… qué malos - se sentó donde minutos antes había estado Draco.
La puerta fue cerrada por Nate, uno de sus amigos. Un chico más bajo de estatura que los ahí presentes, pero más alto que Pansy, de piel ligeramente bronceada, cabello castaño oscuro y ojos verdes. Él era el tecladista de la banda. Se sentó junto a Pansy tras saludar a Draco yTheo. Blaise, quien tocaba el bajo, conectó su instrumento al apli y también afinó una cuerda.
Minutos más tarde, los cinco se encontraban en sus respectivos lugares, dispuestos a ensayar.
−¿Cuál proponen? - preguntó Pansy desde el micrófono.
−Sensorium - dijo Draco, el líder del grupo.
Todos asintieron estando de acuerdo, y la música comenzó, siendo Nate quien abría la canción.
La canción del final pertenece a una banda llamada Epica, eschúchenla si tienen oportunidad.