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Historia 29447 — capítulo 8

Disclaimer

Harry Potter es propiedad de J. K. Rowling, este fic no tiene fines de lucro, sino sólo brindar un poco de entretenimiento para ávidos lectores como ustedes.

SI SABES QUE ESTE FIC ESTA SIENDO PLAGIADO, TE AGRADECERIA MUCHO SI ME LO HACES SABER

CAPITU****LO 7

Hermione llegó al descanso que había entre los pisos tres y dos. Disminuyó la velocidad que llevaba hasta detenerse. Prácticamente había corrido desde el piso siete hasta ese punto, y ahora que por fin se detenía, podía calmar su respiración agitada. Suspiró. Dio una mirada furtiva a las escaleras que había dejado atrás y continuó con su camino escaleras abajo ahora con más calma, hasta salir del edificio. Sonrió al ver que Harry ya se encontraba esperando por ella.

Se acercó hasta el auto del pelinegro - el cual no era muy lujoso, pero como el pelinegro solía decir, el lujo no lo era todo - y abrió la puerta para así entrar en él.

−Hola, Harry - saludó mientras se acercaba al joven para besar su mejilla.

−Hola, Herm - respondió Harry justo en el momento en el que Hermione cerraba la puerta.

−Gracias por pasar por mí - agregó la castaña cuando el auto se puso en marcha.

−No hay por qué - contestó su amigo sin despegar la mirada del camino - ¿alguna razón por la cuál ocurrió este inesperado (y sorprendente, he de admitir) cambio de look?

Hermione se sonrojó y Harry sonrió para sí, él sabía, o al menos algo le decía que había una razón detrás de todo esto. Y así era, pero obviamente, Hermione no le diría que era para darle una lección a su rubio y sexy vecino - aunque en realidad era para llamar la atención de éste. Carraspeó antes de contestar, intentando disimular su sonrojo.

−Hoy tengo la presentación de un trabajo importante - dijo seria, con el fin de ocultar la realidad - y el profesor es de esos que se fijan mucho en la apariencia de las personas.

Bien, eso era algo que ni ella se lo creería, Hermione Jean Granger no era del tipo de chicas plásticas y superficiales que se dejaba llevar por lo que los demás dijeran, aunque esa persona fuera un profesor.

−No es que me agrade mucho tener que seguirle su juego de superficialidad - se apresuró a decir - pero no puedo hacer nada al respecto.

−Hmm… - Harry sonrió aún más, y Hermione se tensó un poco. Quizá él no le creía - en ese caso, tendré que ir a hablar personalmente con tu profesor. No te veía usar ropa de tu talla desde que nos graduamos de preparatoria. Ha hecho que ocurriese un milagro.

Hermione le dio un golpecito en el brazo y el pelinegro sonrió. Él sabía perfectamente bien que su castaña amiga estaba mintiendo, pero no diría nada al respecto. Si ella quisiera decirle lo que realmente pasaba, lo hubiera hecho… él no iba a obligarle a hacer algo que ella se negaba a hacer. Hermione secundó la risa de Harry después de unos segundos, simplemente no podía evitarlo, la risa de Harry era demasiado contagiosa como para no dejarse llevar por ella.

−¿Realmente no es problema que vinieras por mí? - preguntó Hermione cuando ambos dejaron de reír.

−¡Claro que no! En todo caso, llevo tiempo de sobra, como uno de mis profesores nos avisó que faltaría, mis clases comienzan hasta medio día, por lo que puedo ir con más calma.

−Qué alivio - suspiró la castaña - me sentiría muy mal conmigo misma si por mi culpa llegaras tarde a alguna de tus clases.

Harry se limitó a sonreír. Ambos estudiaban en la misma Universidad, aunque claro, Hermione lo hacía en la Facultad de Filosofía y Letras, y Harry en la Facultad de Derecho. Generalmente sus horarios no coincidían, por lo que cada uno se iba por su cuenta a la Universidad, aunque en ocasiones Harry pasaba por Hermione, ya fuera cuando él o ella entrara, por "X" o "Y" razón, en un horario diferente, de tal manera que no afectara en su tiempo.

−Si quieres puedes encender el radio - sugirió el pelinegro. Hermione así lo hizo, cambiando de estaciones lentamente, hasta encontrar una en la que estuviera una canción que le gustara tanto a Harry como a ella.

No pasó mucho tiempo para que llegaran a la Universidad. La Facultad de Filosofía y Letras estaba antes que la de Derecho, por lo que Harry dejó a Hermione muy cerca de la entrada de ésta.

−Muchas gracias, Harry - dijo Hermione mientras bajaba del auto - te debo una.

−Me debes un helado - respondió el pelinegro esbozando una sonrisa que Hermione respondió.

−Hecho, tú sólo dime cuándo y vamos a Florean Fortescue.

−Me parece bien. Ahora, no es que no quiera quedarme a charlar por más tiempo contigo, pero…

−Lo sé, lo sé, el tiempo apremia. Gracias otra vez - repitió cerrando la puerta.

−Que te vaya excelente en tu día, Herm - dijo el pelinegro antes de que volviera a poner el auto en marcha.

−Igual a ti, Harry - se despidió ella, y él arrancó el auto - ¡hasta luego!

Por toda respuesta, el pelinegro sacó la mano por la ventanilla, dándole a entender a la castaña un "nos vemos".

En cuanto el auto de Harry se perdió de vista, ella dio media vuelta y entró en la Facultad. Era conciente de las miradas que le mandaban las personas a su alrededor, y aunque esto le molestaba de sobremanera, prefirió ignorarles y caminar como si nada sucediera. Desde un principio sabía que algo así sucedería, y aún sabiéndolo, se hizo ese cambio de look. Aún recordaba los rostros de Ginny y Luna cuando les dijo que quería un cambio en su apariencia.

El recuerdo le hizo sonreír.

Al principio sus dos amigas se habían alterado. Ginny incluso comentó que el Apocalipsis había llegado, y que ella aún no había encontrado a un hombre lo suficientemente bueno para ella como para que el mundo se terminara, seguido de muchas otras cosas incoherentes, como "hace más de cuarenta y ocho horas que no me acuesto con alguien, ¡el mundo no se puede acabar así!". Finalmente habían logrado calmarla cuando la amenazaron con lanzarle agua directo al rostro.

−¿Por qué quieres cambiar de apariencia, Hermione? - le preguntó Luna con su voz eternamente tranquila, pero en esta ocasión se podía notar un tinte de curiosidad.

Había vacilado en contestar, pero después de unos segundos de meditarlo, llegó a la conclusión de que si ellas eran sus amigas no tenía por qué ocultarles la verdad detrás de sus actos, así que les contó todo lo que había sucedido desde que conoció a Draco en "Flourish & Blotts", hasta que él resultó ser su vecino y lo escuchado días atrás. Esto último había terminado por convencer a sus amigas, quienes simplemente se indignaron por las palabras que habían sido dichas en referencia a su castaña amiga.

−Bien, Hermione. Nosotras nos encargaremos de hacerte parecer una diosa - fue la respuesta de su amiga pelirroja cuando terminó de contar la historia.

−Si, Hermione - agregó Luna - quedarás tan deslumbrante que no sólo dejarás boquiabierto a ese vecino tuyo, sino que lo harás con todos los chicos de tu Facultad.

Esto último no agradó mucho a Hermione, pero era un precio que estaba dispuesta a pagar sólo por enseñarle una lección a ese prepotente de Malfoy.

−Por cierto, Herm - intervino Ginny después de que hubieran empezado a comentar sobre algunas cosas que cambiarían en la castaña - tu vecino tiene que estar realmente muy bueno como para que quieras hacerte un cambio de look. Ni siquiera cuando saliste con el estudiante de intercambio, ese tal Krum…

−¡Ay, Ginny! - se sonrojó Hermione - es que si lo vieras. Digo, podré ser una persona más reservada, incluso para mi edad, pero no estoy ciega, y este chico realmente es un ángel caído del cielo.

−¿Tanto así? - preguntó Luna, Hermione asintió.

−Pero es un patán - agregó la castaña antes de que sus amigas hicieran otros comentarios al respecto - y el que esté muy bueno no quita que quiera darle una lección. Además, esto es cuestión de honor y orgullo… ¡me avergüenzo de mí misma al recordar que terminé aseando todo su mugroso departamento!

−Ya, ya, Hermione. Mejor hablemos de otra cosa - sugirió Luna.

−Si, como el tipo de cambio que habrá en tu guardarropa - agregó Ginny.

−¿Qué tiene de malo mi ropa? - preguntó la castaña inocente.

Ginny y Luna simplemente se miraron la una a la otra... esto sería difícil. Si Hermione no se daba cuenta por sí misma de que su ropa era lo mismo que usaría una monja, tenían un largo camino por recorrer…

Y ahí estaba en resultado de dos semanas completas de tortura a manos de sus amigas. Dos fines de semana completos que tuvo que pasar en el centro comercial, más específicamente en tiendas de ropa, maquillaje y accesorios, lo cual cabe mencionar era algo más allá de lo que su salud mental podía soportar. Nunca había sido amante de los días de compras. Prefería comprarse unos buenos libros a comprarse ropa, total, ropa tenía, quizás no era mucha, pero era ropa al fin de cuentas, y ella no era exigente. Lo mismo sucedía con el tiempo que se tenía que invertir comprando ropa y esas cosas… ese tiempo podía ser perfectamente bien invertido en una buena lectura. Cuando llevaba el momento de comprar ropa, ella tomaba lo primero que veía, y que no fuera demasiado llamativo, provocador, ostentoso, costoso o todas las anteriores.

Teniendo en cuenta todo lo anterior, es obvio que a Hermione le había resultado ser una verdadera tortura el primer día… y el segundo también. Pero después de un rato, poco a poco, y al ver el entusiasmo que ponían Luna y Ginny en sus comprar, le fue pareciendo un ritual interesante y divertido, cansado sin duda alguna, pero divertido. Eso sin mencionar lo costoso.

Había gastado mucho más de lo que planeaba inicialmente, no sólo en ropa y maquillaje, sino también en un extraño tratamiento para el cabello, uno muy bueno, por cierto, casi milagroso se atrevería a decir. En una semana su cabello antes indomable había pasado a ser, sino muy manejable, más fácil de peinar; y en dos semanas… el resultado era maravilloso. El problema del peine enredándose en su cabello había pasado a la historia.

−Pero valió la pena - se dijo sonriente. El rostro de Malfoy en el momento en el que la vio había estado como para fotografiarlo. Se reprendió mentalmente por no haber llevado su cámara consigo… aunque la del móvil hubiera servido igual.

Cuando llegó al edificio A-3, que era en el que recibiría sus primeras clases, subió las escaleras con tranquilidad… sabía que ponerse esas botas no había sido la idea más inteligente que pudo haber tenido ese día, ella no estaba acostumbrada a usar ese tipo de calzado, por lo que sabía que se cansaría pronto y en la noche, cuando regresara a su departamento después del trabajo, los pies le dolerían horriblemente.

Llegó al segundo piso y entró en el aula a la que debía hacerlo. En cuanto estuvo dentro, el lugar se quedó en un silencio casi sepulcral. Sus compañeros y compañeras no le quitaban la mirada de encima, incluso alumnos de otros grupos se habían asomado en el aula. Se dirigió a su lugar casi al frente de la fila de en medio y se sentó, colocándose la mochila en las piernas y comenzando a buscar unas cuantas cosas.

−¿Jean? - escuchó que la llamaban.

Levantó la cabeza y se encontró con una de sus amigas, Jessica Moseley. Ella era una de estatura promedio, ojos color verde hoja y cabello castaño oscuro, casi negro, liso y corto - le llegaba a los hombros y siempre lo dejaba suelto. Era de facciones bonitas, pero estaba un poco pasada de peso. Ella era dos años mayor que Hermione, como lo eran casi todos sus compañeros en todas sus clases.

−¡Woah, qué cambio, mujer! - exclamó la chica viendo a Hermione de arriba abajo -, te ves simplemente hermosa.

−Je, je, gracias Jessy - respondió la castaña sonrojándose un poco.

−Qué escondidas te tenías esas curvas - agregó una voz - ¿quién diría que debajo de esas ropas enormes, Jean escondía esos atributos.

Ambas chicas voltearon hacia dónde provenía esa voz, la cual pertenecía a Christine Adams, otra de las amigas de Hermione. Ella era más alta que las otras dos chicas, su cabello estaba teñido de color negro ultravioleta, por lo que se veía como si fuera violeta a la luz del Sol, usaba lentes que la hacían ver como toda una intelectual. Al igual que Jessica, ella era un año y medio mayor que la castaña; ambas llamaban a Hermione por su segundo nombre, como lo hacían varios de sus compañeros de clase.

−No es para tanto, Chris.

Chris se sentó a su lado derecho - ya que Jessica se encontraba al lado izquierdo de Hermione -, y acomodó su carpeta sobre la su escritorio, lo mismo hizo con un par de libros que pertenecían a la Biblioteca de la Universidad.

−¿Quién es el afortunado? - preguntó de manera directa. Jessica sonrió, ella también había estado tentada a preguntarle eso mismo a Hermione, pero no era tan directa como Chris.

Hermione sonrió nerviosa. Chris era muy perspicaz y de un carácter muy parecido al de Ginny, aunque era más tranquila y su mente no pensaba tanto en perversidades como lo hacía la de su pelirroja amiga Weasley. Jessica le lanzó una mirada pícara y ella se sonrojó.

−Emm… bueno…

Por suerte para Hermione, justo en ese momento entró la profesora de Historia Literaria, por lo que la pregunta quedó en el aire y no se vio obligada a contestar... al menos por ese momento.

..*

Draco terminó con la clase de la pequeña Tasmin Applebee poco después de las 2:30 p.m. Ella era una niña que se encontraba cercana a cumplir seis años, su padre era inversionista, por lo que eran una familia acomodada… y como buena familia acomodada, querían que su pequeña Tasmin tuviera lo mejor, por lo que la niña recibía clases de canto, ballet, gimnasia y violín. Era una pequeña prodigio que en ocasiones llevaba a molestar a Draco, sobre todo porque además de todo… era un tanto precoz y en ocasiones decía cosas que incluso sorprendían a Draco, como aquel día, en el que la pequeña le preguntó si se quería casar con ella.

−¿A qué viene la pregunta? - respondió Draco en cuanto la sorpresa del momento disminuyó.

−Porque usted es muy guapo, profesor - fue la respuesta de la pequeña Tasmin - y a mi me gustaría casarme con un hombre guapo y talentoso como usted.

Quizás el comentario hubiera agradado más a Draco si la persona que se lo dijo hubiera sido una joven con curvas pronunciadas, y no una mocosa de cinco años que en cima estaba comenzando a mudar sus dientes.

−Bueno, señorita Applebee - dijo Draco - yo soy demasiado grande para usted. Verá, yo tengo veintitrés años y usted cinco, soy dieciocho años mayor que usted.

−Oh, eso no me importa - respondió Tasmin - si me espera hasta que cumpla dieciocho, usted tendrá sólo treinta y seis años, por lo que no será demasiado viejo y podremos contraer matrimonio.

En ese momento, Draco estuvo seguro de que faltó poco para que le diera un tic nervioso en el ojo. Miró a la pequeña y le sonrió, logrando aturdirla por un momento, para después indicarle que continuara practicando la lección… lamentablemente para él, aún faltaba toda una hora antes de que la clase se diera por terminada.

El resto de la hora, Tasmin no dejó de mirar y sonreírle a Draco, quien respondía a sus sonrisas de manera falsa, pero convincente. Al terminar la clase, la pequeña retomó el tema de su anterior conversación.

−¿Entonces si me esperará trece años? - preguntó Tasmin mirando a Draco con ilusión. Él permaneció tranquilo, guardando su propio violín en su estuche, cuando lo cerró, miró a la pequeña.

−Sólo si te conviertes en la mejor violinista del mundo - respondió y sonrió. Ella se sonrojó, era la primera vez que Draco se dirigía a ella en ese tono tan informal - bueno señorita Applebee, con su permiso, me retiro.

Salió de ahí antes de que Tasmin le abordara nuevamente. Se despidió de la madre de la niña, recibió el cheque con su paga y se fue. Cuando subió a su Mercedes, dejó salir un suspiro mientras lo ponía en marcha, esa niña realmente lo desesperaba. Sonrió para sí al recordar la condición que le puso a la pequeña, eso era algo, sino imposible, por lo menos muy complicado como para que ella lo lograra. Además, en dado caso de que así fuera, ella tenía muchas cosas por delante, conocería a más personas… y obviamente Draco no tenía intensiones de cumplir con lo dicho.

El camino de regreso a su departamento fue tranquilo. Colocó un CD de una banda japonesa de nombre Malice Mizer en el auto-estéreo, pero aún así, entre más se acercaba al edificio donde vivía, más recordaba el rostro de la castaña. Aún le sorprendía el cambio que ella había tenido, un cambio demasiado radical, se atrevía a decir; aunque obviamente había sido para bien.

−Y qué curvas - se dijo mientras estacionaba su auto.

"Demonios, deja de pensar en eso" se reprendió mentalmente.

Bajó del auto, tomó el estuche del violín consigo y cerró la puerta con un poco más de fuerza de la que debió de haber usado para hacerlo. Continuó con el camino que llevaba hacia su departamento. No se preocupó por la cantidad de escalones que tenía que subir, ya se había acostumbrado.

Al llegar a su destino, entró y se dirigió directo a su habitación. Estaba tal y como la había dejado en la mañana, con la cama deshecha y las cortinas cerradas, sólo la ventana estaba abierta. El aroma del tabaco se percibía por todas partes. Se acercó a la mesa de noche y tomó el cenicero que ahí había, tiró todas las colillas de cigarrillo que había ahí en el cesto de la basura y volvió a dejarlo en la mesa de noche. Hizo la cama con obvia molestia; las labores domésticas no eran lo suyo, y ahora no tenía a su ingenua vecina para que lo hiciera por él.

Su vecina… Hermione.

−Ja, bueno, ya lo dice el dicho - se dijo sentándose en la cama y tomando un cigarrillo de la cajetilla que estaba junto al cenicero y tomando, de paso, el encendedor - "aunque la mona se vista de seda, mona se queda", y ella no es la excepción - dijo llevándose el cigarrillo a la boca y encendiéndolo.

Se puso de pie nuevamente y se dirigió al otro lado de la cama, pues junto a la pared, acomodada sobre una base de metal, se encontraba su guitarra. Una Parker Nite Fly negra con detalles en plateado a la cuál, sin que sus amigos supieran, había nombrado Thuban. La cuidaba como a su vida… bueno, no así, ya que él no cuidaba mucho de sí mismo, pero sí lo hacía con esa guitarra: había sido un regalo de Narcisa.

Tomó a Thuban y salió de la habitación. Practicaría en la sala, que era el lugar donde se encontraba su ampli.

Cuando estuvo en aquel lugar, se sentó en uno de los sillones - previamente conectando el amplificador, y la guitarra a éste - y comenzó a tocar un poco. Se dio cuenta de que la cuarta cuerda sonaba mal, por lo que antes de proseguir con lo que hacía, debía afinarla. Dejó el cigarrillo en un cenicero que se encontraba a su lado y comenzó con su labor. Su oído era lo suficientemente agudo como para poder afinar a Thuban a la perfección y de manera rápida.

Justo cuando terminó, tomó el cigarrillo nuevamente y volvió a tocar algo, sólo eran unas simples escalas pero definitivamente la velocidad con la que lo hacía y el sonido perfecto que producían no era algo que un humano hubiera podido hacer sino tras muchos años de práctica.

Sin embargo, se detuvo al sentir algo, fue como un golpe directo a su pecho lo que sintió, tanto le sorprendió sentirla, que el cigarrillo se le cayó de la boca. Era la presencia de un ángel. No. No era solo uno, eran más… tres quizás. ¿Qué podrían estar haciendo para que sintiera la presencia tan claramente?

Dos segundos después, de la misma manera en la que la presencia apareció, dejó de sentirla.

−¿Qué demonios está sucediendo - se pregunto mientras miraba el cielo a través de la ventana - en este lugar?