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Historia 29447 — capítulo 9
Disclaimer
Harry Potter es propiedad de J. K. Rowling, este fic no tiene fines de lucro, sino sólo brindar un poco de entretenimiento para ávidos lectores como ustedes.
SI SABES QUE ESTE FIC ESTA SIENDO PLAGIADO, TE AGRADECERIA MUCHO SI ME LO HACES SABER
CAPITULO 8
Ginny Weasley adoraba el chocolate. Le encantaba sentir cómo éste se derretía en su boca lentamente mientras su sabor dulce extasiaba a sus papilas gustativas. Adoraba el chocolate blanco, el chocolate normal y el amargo, no importaba la presentación. Sobre un helado, en paletas de chocolate, bolitas de chocolate, ranas de chocolate, barras de chocolate, conejitos de chocolate, chocolates envinados, chocolates rellenos, chocolate derretido, pastel de chocolate, helado de chocolate, chocolate caliente, malteada de chocolate… lo adoraba, simplemente lo adoraba.
Su adicción por el chocolate era el único vicio - además del sexo - que se permitía tener. No era muy afecta al alcohol - cuando bebía solo era un poco, a penas para sentirse "feliz", solo en un par de veces había bebido hasta perder la conciencia - y tampoco fumaba. Además, no sufría el horrible problema de los granos; la palabra acné jamás estuvo, ni estaría, en su vocabulario.
Aquella tarde, después de salir de clases, decidió ir al lugar al cual, desde hacía más de dos años, iba a comprar chocolate, usualmente para todo el mes - aunque había ocasiones en las que le duraba más o menos tiempo dependiendo de lo que sucediera en su vida -, Honeydukes. Conocía al matrimonio que era dueño del lugar desde que, por casualidad, le encontró escondido en un bazar de nombre Hogsmeade. Los señores Reeves eran muy amables, ambos de mediaba edad y amantes de los dulces y el chocolate tanto como Ginny, lo que ayudó bastante en su… "amistad".
Entró en Honeydukes,siendo su llegada anunciada por el tintinear de una campanita que se encontraba en la puerta. Nada más al entrar en la dulcería, el maravilloso aroma de la variedad de golosinas que había ahí la llevó a un mundo de ensueño bastante bizarro en el que ella se encontraba rodeada de barras de chocolate.
Se espabiló y obligó a caminar con paso tranquilo hacia el mostrador, tampoco quería parecer una loca que pedía chocolate como posesa - aunque en realidad faltaba muy poco para que fuera así. No se fijó en si había más personas además de ella en la pequeña tienda. Eso no era importante. El chocolate sí lo era.
El señor Reeves se asomó desde la trastienda y sonrió al reconocer a la pelirroja.
−¡Pero si es mi clienta preferida! - exclamó el hombre para después acercarse a Ginny y estrechar su mano en un caluroso saludo.
−Buenas tardes, señor Reeves - saludó la pelirroja sonriéndole al hombre - ¿qué tal todo por aquí?
−Oh, todo normal, como siempre - respondió él.
−Y la señora Reeves, ¿cómo se encuentra?, la última vez que estuve aquí no se veía muy bien.
−Si, si, gracias por preguntar. Ahora está durmiendo un poco, tu sabes… el doctor dijo que tenía que descansar. ¿Llevarás lo de siempre?
−Si, y esta vez también llevo goma de mascar.
El señor Reeves ensanchó su amable sonrisa. Sabía de memoria qué era lo que Ginny solía llevar, así que comenzó a colocar cada cosa que ella llevaría sobre el mostrador: una caja de chocolates envinados, tres paletas de chocolate con forma de estrella, una bolsa de bolitas de chocolate y un paquete pequeño de goma de mascar con distintos sabores. Guardó todo en una bolsa de tamaño mediano y se lo entregó a Ginny. A ella no le era necesario preguntar cuánto sería por todo, sabía muy bien la cantidad que tenía que pagar por todo
- podía decir que conocía los precios de toda la mercancía que se vendía en Honeydukes -, extendió el dinero al señor Reeves, quien lo tomó y se acercó a la caja registradora. Regresó uno segundos después con el cambio de la pelirroja.
−Muchas gracias señor Reeves - dijo Ginny recibiendo el dinero y tomando lo que recién había comprado completamente dispuesta a irse.
No había dado ni dos pasos, cuando el señor Reeves la llamó. La pelirroja Weasley se giró con curiosidad.
−Necesito si ayuda, señorita Weasley - dijo el hombre luciendo apenado.
−¿Qué sucede, Señor Reeves? - preguntó ella volviéndose a acercar, mirándole con absoluta curiosidad.
−Verá - comenzó a explicar el hombre mirando serio a Ginny - esta mañana llegó alguien ofreciendo un nuevo producto que podría comenzar a promocionar aquí - Ginny asintió en silencio - y me gustaría saber su opinión al respecto.
−Bueno, señor Reeves, yo no estudio mercadotecnia, así que o sabría decirle con exactitud si…
−No, no - interrumpió el hombre
- a lo que me refiero es que me gustaría saber si puede darme su opinión con respecto al producto - concluyó sacando una pequeña caja de detrás del mostrador.
La pelirroja miró al hombre y luego bajó su mirada hasta la caja que se encontraba sobre el mostrador. Volvió a mirar al señor Reeves, y, con curiosidad, dijo:
−¿Qué clase de producto es?
−Chocolate casero.
Inmediatamente la pelirroja volvió a dirigir su mirada a la caja por unos segundos para después mirar nuevamente al señor Reeves, quien esbozaba una sonrisa bonachona. El expresó esto como una respuesta afirmativa a su petición de brindarle su opinión con respecto al producto. Abrió la caja y la acercó a Ginny, invitándola a tomar uno de los chocolates cuidadosamente envueltos que había dentro; una vez ella hubo tomado el suyo, él la imitó.
−No creo que se compare con el chocolate que ustedes preparan - comentó la pelirroja mirando con curiosidad el chocolate que recién había tomado.
−Eso es lo de menos - respondió el señor Reeves - me gustaría tener más variedad en la tienda. A la gente le gusta el chocolate que preparamos, pero no solo debemos vender ese, la gente debe tener una variedad de buen chocolate para elegir, ¿no lo cree?
−Absolutamente.
Ambos se miraron y asintieron en silencio. Retiraron con mucho cuidado y paciencia las envolturas metálicas que cubrían los chocolates que habían tomado. No lo pensaron mucho, y se los llevaron a la boca.
Tras comerlos, se quedaron en silencio durante tres minutos. Ninguno pronunció palabra alguna hasta que el sonido de la señora Reeves al toser desde la parte de arriba de la tienda los hizo reaccionar.
−Esto es… - comenzó Ginny.
−Lo sé - terminó el señor Reeves
- ¿qué opina?
−Definitivamente - respondió ella, él asintió - es un muy buen chocolate. Definitivamente debe venderlo aquí, claro, si no es que le molesta que llegue a volverse más famoso que el suyo…
−No me molesta - aclaró él y sonrió - lo preparó mi hijo.
Ginny permaneció unos cinco minutos más en Honeydukes. Salió del lugar con una sonrisa en su rostro, tarareando una canción, ¿cuál?, ni ella misma lo sabía, era de esas canciones que escuchas sólo una vez, pero se te quedan en la mente por todo el día. Su andar era tranquilo, no tenía prisa por llegar a su casa, y no tenía mucho que hacer después de que llegara, miraría por las tiendas.
Y así lo hizo, por lo que mientras caminaba, se percató de algo que llamó mucho su atención.
Sonrió ante su descubrimiento.
En una tienda de CDs e instrumentos musicales, se encontraba el objeto de su interés… o más bien, la persona de su interés. Era un chico que le pareció muy, muy, muy atractivo; moreno con un bonito perfil griego. En ese momento, él se encontraba hablando con el chico detrás del mostrador; parecía estar explicándole algo muy importante, o eso es lo que le pareció a Ginny por los gestos y ademanes que realizaba.
La pelirroja no quería parecer demasiado obvia con lo que hacía - o más bien, miraba -, así que se acercó a la ventana del lugar y aparentó estar leyendo un anuncio que había ahí a cerca de que se necesitaban integrantes para una banda, o algo así. Miró de reojo hacia adentro. El encargado de la tienda había desaparecido, y solo quedaba el chico sexy, como había decidido llamarle en su mente hasta conocer su nombre.
Él comenzó a buscar algo dentro de la mochila que llevaba, y Ginny no se perdió del más mínimo detalle de sus movimientos, los cuales a pesar de ser bastante casuales y despreocupados, tenían un cierto toque de elegancia que le llamó mucho la atención. Él sonrió cuando encontró lo que tanto buscaba.
Ginny no alcanzó a ver de qué se trataba, pues en ese momento, el chico sexy se giró, dándole la espalda por completo, comenzando a ver unos cuantos bajos y guitarras eléctricas.
Ella sonrió maliciosa. Parecía que tendría que entrar en la tienda "para averiguar qué era lo que él había sacado de su mochila" - aunque en realidad esto no era más que una excusa para poder acercarse al chico, las personas tenían que ser sociables, ¿o no? -, abrió la puerta con suavidad, y una ráfaga de aire acompañó su entrada. No miró al chico sexy, sino que se pasó de largo, acercándose hasta donde se encontraban los CDs. Comenzó a mirarlos con interés fingido, pues en ese momento lo único que le interesaba de aquel lugar era el moreno que se encontraba a sus espaldas. Podía sentir la mirada del chico sexy clavada en ella. Sonrió y sin prestar mucha atención, tomó un CD. Curiosamente era uno que Hermione le había dicho que quería: el álbum "Angels Fall First", de una banda de nombre Nightwish.
−El primer álbum - pensó ella en voz alta, aunque en realidad solo fue un mero susurro, mientras le daba la vuelta al CD para ver los títulos de las canciones.
−Ese álbum es uno de mis favoritos - escuchó una voz detrás de ella. Había olvidado por qué estaba en esa tienda y sólo se había concentrado en el CD que tenía en su mano derecha.
Escuchó una suave risa proveniente de la persona que tenía detrás. Seguramente el pequeño salto que había dado al ser sorprendida de esa manera había sido muy cómico para él…
−Lamento haberte asustado - se disculpó él. Ella se volteó y le dedicó una media sonrisa en respuesta a su disculpa.
−No me asustaste - dijo ella - sólo me sorprendiste.
Acto seguido, volvió a darle la espalda al chico sexy, para de esta manera continuar con su "interesante revisión del material que había en la tienda". Sabía que el chico intentaría entablar conversación con ella, no se había acercado sólo para comentar eso a cerca del álbum. Sonrió al escuchar nuevamente la voz del chico sexy:
−¿Te gusta Nightwish?
−En realidad - respondió volviendo a virarle - es para una amiga. A ella le gusta mucho, yo sólo he escuchado unas cuantas canciones, y con una amiga como la mía incluso conozco algunos datos de la banda. Y aunque no sea toda una experta… bueno, me gusta cómo suenan.
−¿Ahora o antes? - preguntó él - tú sabes, con eso de que cambiaron de vocalista… en lo personal me gusta más la voz de Anette, la de Tarja es más… ¿cómo explicarlo?… siempre es lo mismo, no se si me entiendas.
Ginny no tuvo tiempo de contestar, pues en ese momento el encargado de la tienda regresó.
−Hey, Blaise - le llamó - aquí está lo que querías - agregó señalando una caja no muy grande.
−Si me disculpas - le dijo Blaise a Ginny haciendo una ligera inclinación con la cabeza.
−Claro, no hay problema - respondió ella.
−Te tardaste, Mark - se quejó Blaise mientras se dirigía hacia donde el otro joven se encontraba.
Ginny le miró. Sonrió.
Blaise.
Bien, ahora ya sabía su nombre… no completo, pero algo era algo. Ahora el detalle era… que él no sabía el nombre de ella… ni su teléfono, el móvil y mucho menos el e-mail, y ella no se iría de ese lugar sin tener todos los datos anteriores - y si se podían más, como si era soltero o casado, si estudiaba o trabajaba, etc., eran bien recibidos también - por parte de él.
Blaise conversó un rato con Mark durante un momento. Ginny no puso mucha atención a su conversación pues, a pesar de todo, no era de aquellas a quienes les gustaba escuchar conversaciones ajenas.
Pasados unos minutos, se acercó al mostrador con el CD en la mano.
−¿Sería todo? - preguntó Mark ignorando a Blaise un momento para atender a Ginny.
−Si.
−De acuerdo.
Le cobró el CD y Ginny pagó en efectivo. La pelirroja recibió su reciente adquisición en una bolsa de plástico color humo junto con si ticket de compra.
−Gracias - dijo Ginny.
−A ti - respondió Mark.
Ginny miró a Blaise y le sonrió.
−Un placer hablar contigo, Blaise - dijo y comenzó a caminar hacia la salida. Si todo salía como pensaba… esbozó una media sonrisa.
Al estar fuera de la tienda, continuó con su andar tranquilo. Le daría tiempo… sólo un poco. Se detuvo a propósito frente a una tienda de ropa, mirando detalladamente las prendas que tenían los maniquíes en exhibición… no estaba mal, aunque no era su estilo.
Retomó su camino y justo en ese momento sucedió lo que había esperado que sucediese.
−¡Oye! - escuchó una voz detrás de ella. Giró lentamente y se topó nuevamente con Blaise.
−¿Si? - preguntó fingiendo inocencia.
−Aún no se tu nombre - dijo él sonriendo como sólo él sabía hacerlo. Era una sonrisa definitivamente diferente a las que llegaba a esbozar Draco, pero no por eso era menos cautivadora - y considero una injusticia que tu conozcas el mío y yo no sepa cómo te llamas.
Ginny rió disimuladamente. A Blaise le pareció la imagen más hermosa que había visto y el sonido más melodioso que había escuchado en toda su vida, y sin duda alguna ella era, en definitiva, la mujer más bella que había visto a lo largo de los casi veinticuatro años que tenía, y eso ya era mucho decir considerando el tipo de persona que era él.
−Ginevra Weasley - dijo la pelirroja extendiendo la mano derecha en dirección del moreno - pero mis amigos me llaman Ginny. Un placer.
−Blaise Zabini - respondió él tomando la mano de Ginny y acercándola a sus labios para depositar un pequeño beso en el dorso de ésta - el placer es todo mío.
Esto último tomó por sorpresa a Ginny, pero de inmediato se irguió y miro al moreno un poco divertida. Él le sonrió mientras le miraba a los ojos, habría podido permanecer así por toda la eternidad, perdido tan solo en la mirada de aquella pelirroja.
−Si, Blaise… ¿podrías regresarme mi mano, por favor? - agregó la pelirroja, pues Blaise aún tenía su mano entre la suya.
−Oh, si. Perdona.
Ella río nuevamente mientras él soltaba su mano. Comenzó a buscar en sus cosas, hasta dar con las cosas que había comprado en Honeydukes. Extendió la bolsa de plástico en dirección del moreno y le ofreció tomar un chocolate.
−Gracias - respondió él tomando una barra de chocolate, Ginny le imitó - amo el chocolate - agregó mientras, con delicadeza, retiraba parte de la envoltura de la barra y se la llevaba a la boca, dándole un pequeño mordisco.
−A mi también - comentó Ginny observando cómo el chico se llevaba el chocolate a la boca - y no te imaginas cuánto.
Blaise también observó cómo la pelirroja se llevaba el chocolate a la boca, le daba un mordisco en una de las esquinas para después lamer el chocolate que se quedaba en su labio inferior con lentitud y repetir la operación una y otra vez, todo mientras Ginny le miraba de reojo. La imagen le pareció sumamente erótica. Todo esto sucedió mientras, inconcientemente, retomaban su andar tranquilo.
−Y dime - volvió a hablar Ginny mirando de reojo a Blaise - ¿tocas algún instrumento?
−Si. La guitarra - respondió Blaise - y el bajo - agregó.
−Oh, qué interesante.
Justo cuando decía esto, Ginny alcanzó a ver una banca que se encontraba debajo de un árbol. Parecía un buen lugar dónde sentarse a descansar un momento, y también para continuar con su conversación con Blaise - alias Chico Chocolate. Así lo hicieron, tomando asiento uno junto al otro.
−¿Y estudias - preguntó la pelirroja ladeando un poco el rostro - o trabajas? ¡O tal vez seas mantenido! - terminó riendo con ganas. Blaise la secundó.
−Las dos primeras - dijo finalmente - estudio guitarra clásica en el Conservatorio, y como unos amigos y yo tenemos una banda, pues nos presentamos en bares y lugares así.
−Oh, ya, ya.
−¿Y tú? - preguntó Blaise mientras cruzaba los brazos despreocupadamente detrás de la cabeza - ¿estudias? A simple vista parece que sí.
−Efectivamente. Estudio diseño de modas - respondió esbozando una sonrisa un poquito altanera - pero dime, ¿cómo se llama tu banda?
−Orgasm - respondió Blaise mirando hacia arriba, dónde había un colibrí volando cerca de una de las ramas del árbol. No obtuvo respuesta, así que volteó para mirar a Ginny, quién tenía levantada una ceja en un gesto de incredulidad - ¿qué?
−¿Orgasm? - preguntó, él asintió.
−No me mires así, yo no elegí el nombre - agregó el moreno un poco apenado - fue idea del tecladista. Es un tipo un poco raro.
−Se nota.
Ambos se quedaron mirando en silencio, hasta que finalmente no soportaron más y comenzaron a reír. Unos segundos después, ya más tranquilos, Ginny-la-curiosa-Weasley decidió continuar preguntándole a Blaise sobre su vida…
−¿Y qué tipo de música tocan?
−Pues… básicamente es gothic metal, pero por culpa de nuestro "querido" tecladista que te mencionaba hace un momento, algunas canciones suenan un poco como rock.
−¿Él compone?
−A veces, más que nada ayuda con los arreglos. El compositor oficial es el guitarrista de nuestra banda, Draco.
−Vaya, el nombre de todo un personaje - ante este comentario, Blaise sonrió.
−Es una persona… peculiar, sin duda.
Continuaron con su charla durante unos veinte minutos más. Blaise preguntando sobre la vida de la pelirroja, supo que era la menor de siete hermanos; también supo que aún vivía con sus padres y que uno de sus hermanos estudiaba gastronomía. Ella le contó, también, un poco a cerca de los problemas económicos que sufrieron hacía unos siete años.
−Lo siento, no debería estar contándote esto - se disculpó Ginny al darse cuenta de que quizás había hablado más de lo necesario - perdón si te incomodó.
−No te preocupes - le tranquilizó Blaise.
Ginny pareció reaccionar en ese momento a cerca del tiempo que llevaban hablando. Miró su reloj y levantó la mirada, posándola en Blaise. Él también había mirado su reloj, por lo que cuando volvió a mirar a la pelirroja, ella le sonrió.
−El tiempo vuela cuando te diviertes, ¿no? - le dijo ella a él.
−Así es - ambos se pusieron de pie - ha sido todo un placer hablar contigo, Ginny - le dijo el moreno tendiéndole la mano.
−Igualmente - dijo ella apretando la mano de Blaise con delicadeza. Ambos se soltaron - si no es mucha indiscreción… ¿cuál es tu número? - Blaise esbozó un amago de sonrisa.
−91-25-24-73-92 - dijo él, y ella se apresuró a guardarlo en la memoria del móvil - ¿y el tuyo es…?
−91-44-63-87-93 - respondió y él hizo lo propio.
−¿Me permites? - preguntó Blaise levantando el móvil de manera que quedara a la altura del rostro de Ginny, quien interpretó esto como una manera de pedir permiso para tomarle una fotografía.
−Con gusto.
La fotografía fue tomada.
−Bien, Blaise - dijo ella - ¿puedo…?
−Claro.
Y ella también le tomó una fotografía.
−Perfecto. Tengo que irme - dijo la pelirroja guardando nuevamente el móvil - sería bueno si nos vemos en otra ocasión, ¿no?
−Por supuesto - respondió él - por cierto… si te interesa, Orgasm se presenta el sábado a las 9:00 p.m. en el Beast. Digo, por si quieres ir.
−Será un placer. Te veré ahí, entonces.
Y diciendo esto, retomó su camino. Debía regresar a casa cuanto antes, tenía bastante tarea para el día siguiente, además, aún tenía que llamarles a Luna y Hermione para contarles sobre lo recién sucedido.