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Historia de una vida — capítulo 14

La oscura figura cayo encima de ella, instintivamente Vivian se tumbo al piso y rodó, cuando se levanto vio que su contrincante era un hombre lobo, no lo reconoció, ni siquiera lo intento, quería lastimar, dañar, destrozar, quería sangre, necesitaba desfogar su ira, sus ojos se volvieron naranja fuego, el hombre lobo se lanzo otra vez hacia ella, Vivian se convirtió en una imponente pantera completamente negra, solo tenia una mancha blanca entre las orejas, sin piedad mordió al hombre lobo, le clavo sus colmillos, y sintió el gusto de su sangre, el licántropo lanzo un agónico aullido.

Un perro se lanzo después hacia ella, ella se arrojo sobre el y con sus garras lo rasguño profundamente dejando salir mucha sangre, un ciervo llego, era hermoso, no le importo, sentía una incontrolable furia y le fascinaba desfogarse, lo mordió aun con mas crueldad clavándole sus garras, su furia desapareció por completo, y se dio cuenta de lo que había hecho.

El hombre lobo, el perro y el ciervo, OH, por Dios, casi había matado a sus mejores amigos, la furia ya no existía, ahora daba paso a una sensación inmensa de culpabilidad, del cuerpo de los tres manaba sangre, lagrimas cayeron por el rostro de Vivian, todo por culpa de Voldemort, todo por culpa de Lucius.

No podía llevarlos a Hogwarts, ni tampoco podía dejarlos ahí, sonrió, era una diosa, nada era un obstáculo para ella, además recordó lo que le había mostrado su abuela en su primer año de escuela, hizo levitar los cuerpos de sus mejores amigos e hizo que la siguieran en un sobrenatural y sangriento desfile.

Este era el árbol, se alzaba imponente en un claro del bosque prohibido, susurro un antiguo hechizo y el árbol se abrió ante ella revelando una acogedora estancia, mucho mas grande de lo que se esperaba que fuera el tronco de un árbol, entro seguida por sus inconscientes amigos, con una simple orden mental aparecieron tres habitaciones muy bien amuebladas, deposito un cuerpo en cada cama y se puso en una labor de enfermera, les curaba las heridas a los tres, sintiéndose muy culpable por lo que había sucedido, era obvio que ellos no la habían reconocido ya que había usado una forma en la cual jamás se les había manifestado a ellos.

Sirius comenzó a abrir los ojos y miro a Vivian como embobado, simplemente acertó a sonreírle, trato de levantarse, pero sentía un fuerte dolor en todo su cuerpo y desistió de su intento, Vivian intento tranquilizarlo.

-Perdóname Canuto -dijo ella sintiéndose muy culpable.

-¿Perdonarte que? -dijo el muy confundido- solo recuerdo que había un gran animal en el bosque que nos ataco, ¿por qué estas tu aquí?.

-Por que yo soy ese animal -dijo Vivian sintiéndose como un trapo sucio- me puedo convertir en todos los animales que yo quiera, estaba furiosa por que había peleado con.. -casi se le escapaba- con alguien, estaba rabiosa y no me di cuenta de lo que hacia.

El sonrió -Tranquila, tu jamás me harías daño en tu sano juicio, estoy seguro -pero que equivocado estaba, en la vieja historia siempre había una victima, y esta vez seria el- A propósito, ¿Dónde estamos?.

-Estamos en un legado de la familia Gray -ella sonrió, le fascinaba esa historia, al menos podría contarle algo de sus orígenes a Sirius- estamos dentro de un árbol del bosque prohibido, fue transplantado hasta acá, ¿Sabes la historia de Merlín? ¿Sabes cual fue su final?.

-Claro que lo se -contesto el con un gesto de autosuficiencia- cualquier mago lo sabe, el final si no estoy mal fue que cayo bajo los embrujos de la Dama del lago, una tal Vivian du Lac y ella lo encerró en un árbol, pero no me digas que...

-Si, este es el árbol, acá paso Merlín sus últimos días hasta que decidió dejar de vivir -ella sonreía, al menos era sincera en algo con Sirius- la Dama del lago es un ancestro mío, igual que Merlín, tuvieron una hija que ella escondió, la Dama amaba de verdad a Merlín.

-Claro que no -salto Sirius- si lo hubiera querido no le habría hecho eso.

-Si lo amaba -dijo Vivian con una sonrisa triste, recordaba que había pasado, había sido una de las tantas encarnaciones en las que habían venido a uno de los mundos para sufrir Nimue y Liadon, el amor de la Dama del lago y del mejor mago de todos los tiempos jamás fue posible, se amaban de verdad, pero nadie lo había entendido, aun en este tiempo ella seguía siendo juzgada por algo que se vio obligada a hacer, su mirada triste persistía, pero siguió hablándole a su novio con una voz neutra- este es el famoso árbol, y aquí esta enterrado Merlín.

Sirius abrió los ojos como platos, el sueño de todo mago era saber donde se encontraba Merlín, y el lo sabia ya, pero esto no le proporcionaba alegría, lo que se la proporcionaba era saber que Vivian confiaba lo suficiente en el, tanto como para contarle esa historia.

Sin poder evitarlo la beso con deseo, y por primera vez la hizo suya, pero ni siquiera presentía que ella jamás lo amaría tanto como el a ella, se dio cuenta que no era la primera vez de la chica, pero no le importo, ahora estaba realmente seguro de que la amaba, de que Vivian era la mujer de su vida, y que compartiría su existencia con ella para siempre, bueno, al menos eso era lo que creía.

Sirius le hacia el amor, se sentía vacía, mientras que el la besaba, la tocaba, la amaba, no pudo evitar que una lagrima que el no percibió corriera por su mejilla, el no era Lucius y jamás lo seria, jamás sentiría con Sirius lo que sentía con el rubio, los dos la amaban, pero era un amor completamente distinto, ella también los amaba a los dos, pero entre esos dos sentimientos no había comparación, a Sirius lo amaba como a un primer amor, casi como un hermano, algo mas que un hermano, no sabia explicarlo bien, en cambio a Lucius, a Liadon lo amaba de una forma completamente distinta, una forma de amor que jamás habían sentido otros seres, solo ellos estaban autorizados para sentir ese tipo de amor, y lo pagaban con creces, se amaban de una forma tan profunda, tan nociva, pero se amaban como nadie.

Sirius yacía a su lado, observándola, observando su belleza, esa belleza que deseaba para el por el resto de la vida, se incorporo para quedarse mirándola a los ojos, la amaba, la amaba profundamente.

-Vivian -su voz vacilaba, había tomado una decisión, pero no era una precipitada, sino una que había tomado hacia tiempo, ella noto el tono de su voz y lo volteo a ver con un gesto de interrogación en sus bellísimos ojos, el siguió- Se que somos muy jóvenes para esto, se que quizás me dices que no, pero solo te digo que yo esperare mucho tiempo, todo el que me sea posible esperando tu respuesta -tomo aire, jamás antes de amar tan profundamente a Vivian había pensado que le fuera a decir a alguien algo parecido, se arrodillo frente a ella, tomo aire- Quería saber si, ufffffff, quería saber si tu ¿te casarías conmigo?, no digo ahora, mas tarde, en dos años, diez, veinte, no importa.