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Historia 29479 — capítulo 11
Capítulo 11: Vestidos de gala
Esa semana pasó como si nada. Harry no le comentó nada a Ron ni a Hermione sobre su rompimiento con Ginny, y la pelirroja tampoco lo hizo. Es más, Harry y Ginny, tenían todo fríamente calculado para que el día del matrimonio de Ron y Luna, se destapara todo, o por lo menos, la castaña y el rubio se dieran cuenta que estaban en un completo error al estar juntos. Nunca se imaginaron que ellos eran objeto de otro plan y mucho menos, que tendrían que poner a prueba sus más descabelladas ideas. La noche de la despedida de solteros, Harry y Draco se llevaron a Ronald a Grimmauld Place donde habían muchos compañeros del colegio, como Neville, Dean, Seamus, entre otros; mientras Hermione y Ginny se llevaron a Luna al apartamento de la castaña, donde estaban también amigas del colegio como Parvati, Angelina, entre otras. Ya en cada uno de sus sitios, todos tenían planes diferentes. Así pasaron las despedidas de solteros, sin penas ni gloria... Todo comenzaría al día siguiente.
Ella estaba alistándose para ir a la Madriguera, donde se desarrollaría todo el evento, cuando sintió que golpeaban a su puerta. Se dirigió rápidamente, pensando que era Draco quien había quedado de recogerla. Cuando abrió la puerta, una sorpresa la tomó - ¿Harry? – el moreno de ojos verdes, volteó a verla y ya estaba listo con su túnica de gala para ir al matrimonio de su mejor amigo - ¿Tanto te sorprende verme por aquí? – Dijo éste con tono de ofendido - ¡No, no, para nada! Solo me extraña – Dijo Hermione quien los nervios la estaban acechando - ¿No me vas a dejar pasar? – la castaña se dio cuenta que estaban en la puerta y ella aún no había terminado de arreglarse - ¡Ehhh! Si, si, que vergüenza contigo, es que me estoy terminando de arreglar. Sigue – el moreno siguió y se sintió satisfecho al ver tan nerviosa a su amiga – ¿Estás con Draco? – preguntó precavido Harry – No, no ha llegado aún – dijo la castaña tranquilamente – Que bueno – Dijo Harry en un susurro - ¿perdón? – Hermione le había escuchado, pero no estaba segura de lo que había dicho – Que, que bueno que no haya llegado. Necesito comentarte algo... personal – Hermione lo llamó con la mano mientras se dirigía ala habitación – Dime, ¿qué sucede? – En eso, Harry la tomó por atrás, rodeando sus brazos en su cintura - ¿Sabes que no he podido dejar de pensar en ti? – Le dijo al oído a Hermione - ¿Harry? ¿Estás bien? – Ella intentó soltarse, porque igual debía ayudarle a Draco con lo que habían planeado, por ende no podía adelantarse a los eventos - ¿Por qué me evitas Herms? ¿No te das cuenta? Yo estoy aquí para... – le dio la vuelta algo forzado para que quedaran frente a frente – decirte que... – En eso golpearon a la puerta, haciendo que la castaña se soltara y al darle la espalda a Harry, sonriera disimuladamente sin que él lo notara. Mientras abría la puerta, sonó un “plup” fuerte, haciendo que Draco al entrar se sobresaltara - ¿Quién está aquí? – Hermione reconoció el sonido, como cuando alguien se desaparece – Estaba, querrás decir – Draco mostró confusión en su rostro – Estaba Harry aquí Draco. Creo que hasta el momento las cosas están saliendo bien – Draco sonrió satisfactoriamente – Nunca pensé que se atreviera a venir, sabiendo que te iba a recoger Hermy – Ella sonrió – Bueno, ahora sabemos que hay uno completamente seguro de lo que siente – Draco cambió su rostro a uno de tristeza - ¿Es decir que no me ayudaras hoy? – Hermione le sonrió y tomó de gancho al rubio – Yo no dije que hubiera pasado algo... Es decir que hoy te ayudo – le guiño el ojo y lo guió a la sala, para que la esperara un poco más mientras terminaba de arreglarse.
El moreno llegó a la Madriguera, donde lo esperaba Ginny para saber noticias - ¿Pasó algo? – Harry golpeó la cama con su puño - ¡No pude hacer nada! ¡Ahí llegó ese...! – Se quedó pensando en como llamarlo, dado que igual ese personaje, era el que amaba Ginny - ¡Draco! – terminó por decir para no disgustar a su ahora, amiga – Bueno, entonces tocó hacerlo por la mala Harry... – Dijo Ginny, mientras en su rostro se reflejaba que estaba pensando - ¿Qué quieres decir...? – La miró Harry algo ansioso – Es hora que tu apliques tu romanticismo y yo mi rebeldía – Los dos sonrieron mientras sabían perfectamente el paso a seguir. Al rato, llegaron Draco y Hermione, quienes habían estado practicando diversos bailes, para que los vieran juntos constantemente. Llegaron cogidos de la mano y con una gran sonrisa - ¡Buenas tardes a todos! – gritó Draco desde el jardín, donde todo estaba organizado - ¡Hola querido! – saludo la Sra. Weasley – Buenas tardes Sra. Weasley – le dijo Hermione y la madre de los Weasley le dio un abrazo y la saludo efusivamente – Sigan, sigan... Todo está listo, por favor acomódense – Draco agradeció a la Sra. Weasley e ingresó en el salón, donde todos se encontraban prácticamente acomodados y así, tanto él rubio como su “novia” les lanzaron miradas inquietantes a Harry y Ginny, quienes los esperaban con sus puestos al lado. La ceremonia siguió su camino, y llegó el momento definitivo, cuando los padrinos entregan a sus ahijados a su pareja respectiva – Luna Lovegood, ¿aceptas a Ronald Weasley como esposo, para quererlo, respetarlo y estar con él, durante este mágico viaje de vida y en la eternidad? – Luna, con una sonrisa que hacía sobresalir aún más su belleza, respondió pausadamente, pero con convicción – Acepto – Para Ronald, esos segundos habían sido eternidades, que al culminar, solo hicieron que sus ojos brillaran con una luz especial y su sonrisa diera paso a un suspiro de felicidad – Ronald Weasley, ¿aceptas a Luna Lovegood como esposa, para quererla, respetarla y estar con ella, durante este mágico viaje de vida y en la eternidad? – Ronald casi no dejó terminar al representante del ministerio, cuando respondió seguro y firme – Acepto – Harry, quién miraba fijamente a la castaña, dado que estaban frente a frente por ser los padrino, sonreía tímidamente haciendo que su amiga se sonrojara, pero sin que ella le quitara la vista en algún momento – Padrinos, sus palabras por favor – El representante los había sorprendido ¿Palabras? ¿Cuáles palabras? ¡A ellos les habían dicho que no tenían que decir nada! Y en un susurro, solo audible por Harry, la Sra. Weasley le explicó – Harry, las palabras de entrega de tu ahijada – el moreno, a quien poco le gustaba hablar en público, se le ocurrió la brillante idea de aprovechar la situación para utilizar su romanticismo con la castaña, de forma indirecta - ¿Padrino...? – Dijo de nuevo el representante - ¡Ehh! ¡Si, si, las palabras! Excúseme, estaba repasándolas mentalmente – dijo el moreno con una risa nerviosa, haciendo que Hermione le preguntara con la mirada a que se refería, mientras éste le guiñaba el ojo, y volteaba a ver a Ginny para darle a entender que empezaba todo – Ronald, he aquí una joya. Una joya que te entrego para que la cuides, para que estés siempre pendiente de ella; una joya irrepetible que debes cuidar al máximo y no dejarla ir. Te entrego un ángel para que te cuide, una amiga para cuando necesites apoyo, una amante para tus mayores sueños y una mujer para que esté contigo por siempre y la hagas tuya para toda la eternidad. No la pierdas amigo – La ojiazul tenía las lágrimas a punto de salir, al igual que el pelirrojo, quien le tomó la mano de Luna, que Harry entregaba como formalidad y le agradeció con un gesto con su cabeza. Hermione por su lado, también tenía un nudo en la garganta, dado que Harry no solo miraba a su amigo mientras decía sus palabras, sino también miraba de reojo a la castaña. Ella, estaba lista cuando Harry terminó de hablar – Luna, pequeña gran soñadora, te entrego a un soñador, a un impulsivo cuando de amor se trata, te entrego a un amigo en cualquier circunstancia, te entrego a un amante ideal. Te entrego a la persona en la que podrás confiar siempre, con la que podrás guardar tus mayores secretos, compartir tus mayores alegrías y quien te acompañara en tus más profundas tristezas. Te entrego a mi amigo, te entrego a mi hermano, a uno de los seres más maravillosos del mundo, y te lo entrego con la condición de ser feliz a su lado, y hacerlo feliz con tu propia felicidad, pero ante todo, que siempre sientan que el amor es la base de su vida en pareja – En eso, tomó la mano libre de Ronald y se la entregó a su amiga, quien ya estaba apunto de llorar y le agradeció tímidamente en un susurro. Luego miró al moreno, con una mirada significativa, una mirada de amor, de algo más que un cariño fraternal. Se alejaron un poco de la pareja, cuando el representante empezó a hablar – Por el poder que me confiere el ministerio, y estas dos personas que bajo su propia voluntad quieren estar siempre juntos, los declaro marido y mujer. Pueden besarse – Ron se acercó a su esposa y la beso con ternura al igual que ella a él, mientras se abrazaban profundamente, mientras sus padrinos simulaban mirar la escena, mientras se miraban entre ellos - ¡Un aplauso a la nueva pareja Weasley! – Todos aplaudieron y Ronald se acercó a agradecer a sus padrinos, al igual que Luna y así empezó la recepción.
Después de todas las formalidades, la cena y demás, la hora del baile tomó el sitio. Casi todos se encontraban embriagados, menos los más jóvenes; Ginny y Harry bailaban al compás, viendo de lejos como Hermione y Draco se divertían de lo lindo. Su rabia estaba casi descontrolada al ver tal escena, sin imaginarse de lo que se reían el rubio y la castaña - ¿Viste como nos miran desde que llegamos? – decía Draco en medio de una sonora carcajada - ¡Claro que lo vi! ¿Por qué no paran eso de una vez? – le respondió la castaña con una sonrisa más tímida – Deben estar diciendo lo mismo que nosotros, que porqué no paramos esto de una vez, ¿No crees? – Hermione se acercó un poco más al rubio. Habían bailado como una hora y no se habían despegado un instante – Draco, es hora que te la lleves – el rubio la miró feliz y asintió con la cabeza – Entonces Señorita Granger, fue un placer haber sido su “novio” por una semana – Dijo, mientras se separaba de ella y hacia una reverencia – Gracias Draco, para mi también lo fue – Sonrió tímidamente, y cuando se iba a retirar al baño, Draco la halo un poco para que volteara a verle – Perdóname por todo Hermy. Me perdí de mucho por creer en estúpidas ideologías – Hermione se acercó y le abrazó a lo que el rubio respondió el abrazó – Totalmente perdonado Draco Malfoy. Tu también debes perdonarme – él entendió a que se refería – Totalmente perdonada Hermione Granger. A partir de ahora seremos muy buenos amigos, y tal vez los mejores, dado que tu mejor amigo será tu esposo, ¿o no? – Se separó de ella y los dos sonreían abiertamente por el comentario del rubio, hasta que una descolocada Ginny salió por detrás de ellos, haciendo que la castaña se excusara y se fuera al baño, mientras el rubio disimuladamente perseguía a la pelirroja. – Ginevra. ¡Ginevra Weasley! – la menor de los Weasley se detenía en seco, cerca de una zona de muchos árboles, con los puños cerrados. Cuando por fin la alcanzó Draco, la tomó por el brazo y la giró para poder verla directamente - ¿Qué pasó? ¿Peleaste con Potter? – Ginny lo miró fijamente y le dio una cachetada, dejando a Draco más perdido aún - ¿Te hice algo yo? – Draco sabía que ella estaba de mal genio y buscaba la forma de alterarla más para que le dijera toda su verdad. Ginny se dio la vuelta y salió corriendo, adentrándose más en el pequeño bosque que rodeaba a la Madriguera. El rubio la siguió y la detuvo del brazo bruscamente - ¿Qué carajos te pasa? – ella volteo y el rubio detuvo su mano, que intentaba de nuevo golpearle - ¡Otra vez no! ¡Me vas a decir que te pasa, y me lo vas a decir ya! – Ginny no dijo nada, sino que se lanzó a él y lo beso desaforadamente, mientras él le soltaba las manos y se dejaba llevar por el beso; cuando Draco se dio cuenta, las manos de ella buscaban afanosamente quitarle la camisa que tenía y en general la túnica. Él no se dejó intimidar y empezó a acariciarle todo el cuerpo a aquella pelirroja que lo traía totalmente loco, le quito el vestido que era de una sola pieza color lila y la tiró al piso, mientras él se terminaba de quitar los pantalones. Habían quedado únicamente en interiores, mientras el jugaba sobre ella, con sus manos en sus pechos y besándole desde el cuello hasta rodear todo su cuerpo. Lo estaba reconociendo. Estaba jugando con su lengua mientras ella soltaba leves gemidos de pasión, y se dejaba amar, se dejaba llevar por el momento y la pasión que tal desencadenaba. Cuando el rubio por fin estuvo de nuevo a la altura de los labios de ella, fue tomado por sorpresa y quedó bajo la pelirroja, mientras ella le devolvía las caricias dadas por él anteriormente y jugando con sus manos bajo los boxers del rubio, haciendo que éste gimiera de vez en cuando, susurrando el nombre de la pelirroja y retorciéndose de placer. Cuando no aguantó más la tomó por sus brazos y la subió un poco y se puso nuevamente sobre ella, le quitó sus panties, mientras que el sostén ya había desaparecido hacia mucho tiempo. Bajo su mano a el sexo de ella y empezó a acariciarlo para asegurarse que estaba húmeda, que estaba preparada, y así se quitó los boxers mientras seguía jugando con sus dedos en ella y le besaba sus pechos. Cuando estuvo totalmente desnudo subió su rostro a la altura del rostro de ella - ¿Lo notaste Ginny? – ella con sus ojos cerrados asentía mientras gemía de placer - ¡Dímelo entonces Ginevra! – Ella no reaccionaba, solo buscaba con sus manos el sexo del rubio para que pudiera entrar en ella, y él lo evitaba - ¡Dímelo de una vez, por Merlín! – ella por fin abrió los ojos, haciendo que él sacara sus dedos de ella y empezara a jugar con sus pechos - ¡Te amo Draco Malfoy! ¡Te amo y no quiero estar con otro que no seas tu! ¡Quiero ser tuya por siempre! – respondió agitadamente la pelirroja en el piso, haciendo que Draco sonriera para si con una gran satisfacción y fundiéndose en ella de un solo golpe, mientras con un sonido casi ahogado de pasión le decía en el oído a la pelirroja - ¡Te amo Ginevra! – ella se sentía plena. Los vaivenes del momento la hacían sentir más allá de las estrellas; su espalda se arqueaba de placer, mientras el la embestía con el amor que tenía para ella, mientras ella jugaba con el cabello del rubio, sedoso y suave. Gritaban sonidos de placer, de pasión, de amor... No se supo cuando, pero el se sentó y la llevó hacia él mientras le besaba los pechos y seguían siendo uno solo. Ella llevaba el ritmo y cuando llego el momento del clímax la volvió a acostar y la tomó fuerte pudiendo al fin, concluir con un especial momento de amor, entre estos dos seres que por mucho tiempo se odiaron por culpa de otros, pero que ahora mostraban su amor sin temor alguno. Él quedó sobre ella, besándola tiernamente mientras sonreían al tiempo, hasta que la miró fijamente a los ojos - ¿En verdad me amas? – le dijo él – Si, te amo – ella respondió sin soltarle el cuello a Draco - ¿Y él? – la pelirroja lo hizo acercarse, para darle un beso – Él ya no me ama. ¿Y ella? – él sonrió levemente al acordarse como todo se había dado – Ella y yo nunca tuvimos nada. Solo queríamos demostrarles que ustedes no se amaban – Ginny lo beso nuevamente por un largo tiempo y se separó cuando le falto el aire – Bueno señor Malfoy. Misión cumplida. Solo falta que esos dos cumplan su parte – En eso, se pusieron en pie y se vistieron lentamente para volver a la fiesta, donde nadie los había extrañado, porque pensaban que estaban con sus parejas, quienes en ese momento estaban en otro cuento.
Hermione se dirigió al baño adaptado para todos los invitados, sin embargo, dado que se encontraba algo lleno, decidió ir al baño de la casa directamente, teniendo en cuenta que tenía la confianza, no se opondrían a ello. La castaña no se había percatado que un moreno de profundos ojos verdes esmeralda, la seguía sigilosamente. Cuando entró al baño no alcanzó a cerrar la puerta, porque alguien se lo había impedido; al subir la mirada se encontró con su mejor amigo, de quien estaba totalmente enamorada y que sabía, él sentía lo mismo - ¿Sabías que esta noche no solo se está formalizando el amor entre Luna y Ron? – Le dijo con una sonrisa seductora el moreno - ¿Sabías que estoy algo incómoda con este vestido y vine a despejarme un poco? – la castaña lo miró pícaramente. Era la primera vez que se comportaba así “¿Qué le pasa a esta mujer?” pensaba Harry, mientras se acercaba lentamente hacia la castaña - ¿Quieres que te acompañe a despejarte? – Fue lo único que se le ocurrió pronunciar, antes de tomarla suavemente por la cintura y darle un beso que al parecer, ella estaba esperando, deseando. Él terminó de entrar al baño y cerró la puerta tras de si, para luego separarse un poco de la castaña – Te amo Herms, no sé porque no me di cuenta antes, y no te voy a dejar ir, créeme – ella sonrió y sacó lentamente la varita de su amigo y pronunció los hechizos para que nadie los escuchara ni pudiera abrir la puerta - ¿Qué pasará con Ginny? – él sonrió – Tu sabes perfectamente que ella no me ama; es más, en este momento debe estar con tu “novio” – Harry recalcó la última palabra de forma sarcástica - ¿Sabías que esta noche no solo se está formalizando el amor entre Luna y Ron? – Preguntó la castaña, repitiendo la frase con la que él le había interrumpido en el baño; pero antes que pudiera éste responder, ella continuó – y, ¿sabes que hoy todo estaba planeado para que mi “novio” y tu “novia” estuvieran juntos, para que tu te acercarás a mi? – Harry la miró extrañado. Abrió los ojos preguntándole como se había enterado, pero antes de poder pronunciar palabra alguna, ella se acercó lentamente – Draco y yo nunca tuvimos nada pequeño. Te amo a ti – Y lo beso después de susurrarle esas palabras, haciendo que Harry sonriera y la abrazara con fuerza para si mismo, como si alguien se la pudiera robar, mientras ella rodeaba su cuello con sus brazos. Al separarse, el tomó su varita, que se encontraba sobre el mueble y señaló con ella hacia el techo, haciendo que cayeran pétalos de rosa y unas luces tenues aparecieran de la nada, evocando un hermoso recuerdo en la mente de ellos dos – Aquella vez fue instinto Herms... Hoy te voy a hacer el amor – Ella entendió todo y llevó las manos del moreno a su espalda de ella, donde se encontraba el cierre del vestido, mientras que ella lentamente le quitaba la túnica. No les importaba nada, si entraba alguien a la fuerza, si los encontraban, si alguien inoportunamente intentaba interrumpirlos, nada de eso les afectaba, porque estaban juntos, porque era la primera vez que iban a hacer el amor, no solo sexo por diversión - ¿Cuándo te diste cuenta? – Le dijo Harry mientras la acariciaba lentamente – Hace poco más de dos meses, cuando llegó la carta de Ron – Dijo ella, que se dejaba consentir - ¿Y por qué? – le dijo él que se acercaba lentamente a ella – Porque nunca pude amar realmente a Victor – En eso, ya estaban los dos totalmente desnudos, acostados sobre los pétalos de rosa que estaban en el piso. Sin afán alguno, aunque con la ansiedad que amerita el momento, Harry reconoció nuevamente el cuerpo de su amiga, lo moldeo con sus manos como un escultor con su obra, rozó con sus dedos todos aquellos espacios que había perdido hacía cinco años atrás, mientras escuchaba como ella soltaba leves sonidos ahogados, que denotaban toda la pasión que tenía contenida. El sonreía, se sentía pleno y pasaba sus manos por el resto del cuerpo de la castaña, que no estaba siendo recorrido por sus labios. Cuando por fin llegó a la boca de ella, la beso dulcemente y ella empezó a acariciar la espalda del moreno lentamente; subía y bajaba sus manos a través de esa escultura, haciendo que él sintiera como pequeños choques eléctricos se desprendían desde su médula hasta el final de todo. Ella dejó de besarle los labios, y se apoyo con sus manos en la espalda de él, para levantarse un poco y besarle el cuello, mientras él hacia fuerza dejando sus manos apoyadas en el piso y lanzando pequeños gemidos de pasión; su juego de caricias, pronto terminó y todo parecía ir demasiado lento, entonces él bajo una de sus manos bajo el abdomen de la castaña y empezó a jugar con sus dedos, mientras ella solo se retorcía de pasión y arqueaba su espalda ante cada movimiento grato que el moreno hacia; al sentirla lista, empezó a entrar en ella lentamente, rozando con sus labios el cuello de la castaña y jugando con los lóbulos de los oídos de ésta, moviéndose rítmicamente con ella, dejándose llevar por el momento; entonces ella subió el rostro de él, y se escondió entre su cuello y su hombro, empezando a morderlo suavemente, haciendo que ahora él se sintiera mucho más que acoplado con ella. El moreno, en un impulso de extremo deseo, la tomó y se puso en pie y la apoyó contra la pared, mientras ella le rodeaba la cadera con sus piernas – Te amo Herms, nada me haría más feliz si fueras algo más que mi amiga y mucho más que mi novia – le decía mientras la poseía lentamente con un movimiento sin igual – Quiero ser tu esposa, tu amante, tu amiga y tu mujer Harry – Eso fue la fuerza suficiente para envolver el momento en un movimiento mucho más rápido, con más tensión, con más deseo, con más pasión. Ninguno de los dos reprimían sonido alguno de placer, gritos que parecían desgarrar sus gargantas, sus corazones; ella con una mano en el cuello del moreno y jugando con su mano libre en el pecho de él, con su cabeza hacia atrás, mientras él la sostenía con fuerza y besaba su cuello. Todo pasó rápido, pero placentero, excitante... No gritaron cuando llegaron al clímax, no pronunciaron palabra alguna, porque sus bocas contenían todo ese sonido en un beso, donde sus alientos y su amor se confundían. Harry se hizo hacía atrás, se sentó con ella aún sobre él - ¿Quieres ser mi esposa? – Hermione se acercó a él, y mientras reposaba su cabeza sobre el hombro de él, suspiró – Nada me haría más feliz señor Potter – él sonrió y la abrazó con más fuerza - ¿Aprovechamos que está el representante del ministerio? – cuando hizo el ademán de ponerse en pie, Hermione lo retuvo un poco en el piso – Primero, debemos hablar con la familia Harry. Recuerda que tu tienes “novia” y yo tengo “novio” – Él la miró con ojos de perrito regañado - ¿Entonces? – Ella le sonrió y le dio un beso en la mejilla – Te prometo que todo saldrá bien, pero ahora, solo déjame estar contigo y aprovechar el momento – él sonrió y la abrazó, perdiéndose en su fragancia y charlando de cosas sin importancia realmente.