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Historia 29479 — capítulo 5

Capítulo 5: Conciencia y remordimientos

Amarraron al búlgaro y le hicieron curaciones en sus heridas, al fin y al cabo, tampoco lo iban a dejar morir ahí. Cuando ya todos estuvieron relativamente bien, despertó aquel famoso jugador y al sentirse atado, no pudo más que gritar - ¿Dónde están cobardes? – Esto hizo que Harry despertara abruptamente, y dejara a Hermione a un lado, quien se había quedado dormida sobre su brazo en la habitación. Ronald, por su parte estaba en la otra habitación y no despertó ante el grito del que lo había golpeado. - ¿Qué quieres? – Dijo Harry saliendo de la habitación de la castaña - ¿Qué hacías en la habitación de mi novia, Potter? – Decía Victor, mientras trataba de librarse de las invisibles ataduras – Estaba en la habitación de mi amiga, quien por cierto es tu EX NOVIA, porque estábamos descansando de lo ocurrido anoche – Recalcó claramente la palabra ex novia, con el fin que el búlgaro entendiera que ya no había nada más que hacer ahí - ¡Suéltame! ¡Te lo advierto Potter! – Harry tenía la paciencia de un boxeador, así que lo miro de mala gana y se sentó frente a él - ¡A mi no me adviertes nada Krum! ¡Es más, te soltaré cuando Herms tenga todo empacado para irnos! – Victor lo miró con rabia, con rencor, con tanta fuerza contenida que se estaba lastimando mientras trataba de soltarse - ¡Tu te la llevas e iré tras ella! ¿Me entendiste? – Harry sonrió sarcástico – Si quieres una celda en Azkaban, claro que podrás ir tras ella. Porque cuando te vea en Londres, no tendré compasión y te haré encerrar Krum, así que por favor, no me provoques – Harry sabía que podía hacer eso. Solo era ponerle una caución mágica y con que Victor se acercará a Hermione a menos de cinco metros, ya tendría dos aurores a su lado llevándolo a Azkaban. - ¡Eres muy valiente cuando estoy atado, ¿cierto?! – Victor trató de ponerse en pie, pero no podía hacerlo – No Victor, si estás atado es porque la misma Hermione lo pidió, porque si te suelto y me provocas, te dejo tan mal, que casi podrías morir. Así que no me busques, porque no soy el mismo Harry Potter de hace casi diez años – Se lo dijo con tanta rabia, que Victor no insistió más - ¡Ahora duérmete! De aquí no saldrás hasta que tengamos todo listo – Y le lanzó un hechizo para que de nuevo cayera en un sueño profundo. Al instante, salió Ronald de su habitación - ¿Todo bien Harry? – Preguntó el pelirrojo – Si Ron, ¿Tu cómo sigues? – Ronald desperezándose aún, le respondió – Bien, la verdad es que ya quiero irme – Harry lo miró y sonrió descaradamente – Te hace falta Luna, ¿no? – Ron hizo una cara de susto algo graciosa - ¡Luna! ¡Lo había olvidado, prometí llevarle algo de aquí! ¿te molesta si voy a comprarle algo y te quedas con Herms y este tipejo? – Harry rió con más ganas al ver la cara de susto – ¡Ni que te fuera a lanzar un “crucio” por no llevarle nada...! Pero claro, ve y compras algo y de paso cómprale una pulsera a Ginny, yo te doy el dinero aquí – Ron hizo una mueca de broma, al ver la respuesta de su amigo – No me hará un “crucio”, pero me puede castigar de otra forma – Le dijo a Harry con una cara de pícaro – Y bueno, yo te compro la pulsera, ¿algún color en especial? – Harry pensó un poco mientras se reía de la broma de su amigo – Puede ser rosa, a ver si por primera vez le gusta algo diferente – Ron lo miró algo extrañado y antes de irse a arreglar le comentó – Creo que nosotros dos debemos hablar Harry – El moreno asintió con la cabeza y se esperó a que saliera Ronald, para dirigirse a la habitación de su amiga.

Ese viernes en la tarde, el rubio llegó puntual a su cita con la sanadora. En esta ocasión si tuvo quejas, dado que había tenido un pequeño accidente en el auto en esa semana. Al entrar y cerrar la puerta, Ginny lo vio y se dio cuenta del mal estado del rubio - ¿Qué paso? – Preguntó entre asustada y nerviosa – Tuve un pequeño accidente sanadora, creo que no podré tener un tratamiento hoy – Dijo un adolorido Draco, siguiendo el juego iniciado días antes – ¡Obvio que hoy no habrá tratamiento, es más, creo que debemos hablar de lo que sucedió hace unos días! – Dijo Ginny con cara de remordimiento – Sabía que te ibas a arrepentir Ginny – Dijo Draco, quien se sentó y puso una cara de desilusión notoria – A pesar de ser tan liberal, no se hasta que punto pueda suceder esto. No quiero lastimar a Harry, él me quiere – En eso Draco la detuvo, poniéndose en pie lentamente – Potter te quiere, eso es muy cierto, pero a ti no te ha importado mucho eso antes Ginny, o por lo menos, no la forma como él lo demuestra – la pelirroja lo miró con el ceño fruncido, haciendo que Draco sonriera – Es verdad, él es todo romanticon, un pelmazo completo para tus necesidades. Quiere ir despacio, quiere no correr riesgos contigo, quiere que todo sea planeado, ¿eso acaso no te dice algo? ¿Acaso no te está diciendo que tu no eres la persona para estar con él? ¿Qué él no se siente seguro a tu lado? – Ginny lo miró ahora con rabia - ¿A que te refieres Malfoy? Si él a veces también es arriesgado... – Draco no la dejo terminar - ¿Alguna vez has hecho el amor con él, o solo tienes sexo desestresante? – En eso Ginny se puso en pie para reclamarle, pero Draco la alcanzó a detener y aprovecho que tenía su brazo para acercarla a él y robarle un beso. Al principio Ginny se resistió, pero el joven la llevo lentamente hacia la camilla, donde él se apoyo suavemente y atrajo más a su sanadora hacia él; la besaba con lujuria, con pasión, con ansias de tenerla siempre para él. Empezó a recorrer con sus manos, aquel cuerpo de la pelirroja que tantos suspiros le había quitado, mientras ella se dejaba llevar, se dejaba tocar... Él por su parte trato de agacharse un poco, y a pesar del dolor de su cuerpo, empezó a sentir el cuello de la pelirroja en sus labios, en su lengua, haciendo que un leve gemido fuera expulsado por la pelirroja, que de un momento a otro se separó y lo detuvo - ¡No Draco! ¡Esto no debe seguir pasando! – Draco estaba con la respiración agitada y la veía como dudaba entre continuar y parar ahí todo. No sabía si reír por la confusión de su sanadora o si dejarse caer en la camilla por el dolor que aquejaba su cuerpo ante el esfuerzo hecho. Pero eso no impidió lanzar el último comentario para aquella que lo tenía sin ganas de estar con otra mujer - ¿Acaso Potter te da esta emoción? ¿Acaso Potter te toma por sorpresa para que sea más pasional, o espera a que todo suceda como lo planea? – En eso, se dejo de apoyar lentamente de la camilla – Pediré otra cita, y me contarás tu respuesta – Ginny lo miraba con confusión – No se si te atienda – Draco sonrió y se acercó lentamente, mientras se arreglaba un poco la camisa – Se que lo harás – y con su brazo libre la halo hacia él y beso el lóbulo de la oreja de Ginny, haciendo que el calor tomara su cuerpo. Así, Draco Malfoy salió del consultorio, dejando a una Ginny pensativa, confundida y con ganas de darse un baño en una piscina.

El moreno se había quedado solo en el apartamento, con un jugador de Quidditch que estaba bajo los efectos de un hechizo para dormir, y su castaña amiga, quien estaba aplicándose hechizos para librar un poco el dolor que sentía en su rostro - ¿cómo sigues? – Se acercó sin ninguna intención de algo más que preguntar por su estado – Bien, mucho mejor – Dijo algo queda Hermione - ¿Necesitas algo? – Preguntó el moreno, mientras se hacia frente a ella para ver las heridas – No Harry, así estoy bien, gracias – Ella se dejo revisar, como si él fuera un sanador; claro está, sabía algo, no solo por ser auror, sino por tener una novia sanadora – Las heridas ya están bien, solo falta un poco de tiempo para que hoy mismo queden totalmente curadas – Dijo Harry acariciando las heridas de Hermione en su rostro, mientras se las revisaba. Ante tal acto, la castaña cerró los ojos por reflejo, más que por otra cosa. Él lo notó, y al ver esos provocativos labios, se acercó lentamente a ellos y la beso; ella respondía ante el beso, y posaba sus manos sobre el cuello del moreno, quien a su vez bajo sus manos a la cintura. Ni siquiera por la falta de aire se separaban, estaban unidos totalmente, hasta que un gritó los sacó de su trance emocional - ¿Alguien me puede al menos alimentar? Ya que me secuestraron, ¡al menos eso debería tener! – al separarse se miraron fijamente a los ojos, ¿Qué habían sentido? No tenían ni la mas remota idea, ese impulso había sido extraño, inesperado, todo lo contrario a lo que le gustaba a Harry - ¡Perdóname! – Dijo Harry en un susurro casi hablado – Perdón, fui yo quien... Lo siento – Hermione se sentía peor que antes – No, yo fui quien... Mejor, no paso nada, ¿ok? – En eso Harry se puso en pie, algo nervioso, algo intranquilo, mientras Hermione tocaba con sus manos los labios que hacía poco, habían probado nuevamente los del moreno, sintiendo como su estómago tenía una opresión y ella se repetía “El es solo mi mejor amigo”. Cuando llegó Ron, el búlgaro había terminado de comer y Hermione y Harry habían terminado de empacar – Vamos primero a Grimmauld Place, donde se hospedará Hermione mientras se recupera por completo y el domingo vamos de nuevo a nuestras casas, diciendo que llegamos tal día, ¿De acuerdo Ronald? – Ronald hizo una mueca de disgusto, dado que quería ir a ver su futura esposa – Harry, ¿por qué no llegamos y mañana aparecemos en las casas, diciendo que llegamos un día antes? – Ronald cambió su rostro de disgusto, por uno de súplica a su amigo – Esta bien. Entonces vamos ya. ¿Te quedarás en Grimmauld Place mientras consigues, cierto Herms? – Ella asintió, y con esto Harry solo levantó su varita, dirigiéndose hacia Victor – Suerte, pelmazo. No te olvides lo que hablamos esta mañana; dame la oportunidad de enviarte a Azkaban – Le dijo en susurro al personaje atado en el piso, el cual solo lo miraba con rabia, mientras Ron también le apuntaba. En eso, Harry le lanzó un hechizo para dormir nuevamente y luego de asegurarse que estaba bien dormido, lo desato y lo acomodó en el piso. Así desaparecieron y terminaron en Grimmauld Place, donde acomodaron las cosas de la castaña y se preparaban para llegar al otro día a sus casas, aunque Hermione prefirió ir a visitar a su familia y general el domingo.

El sábado llegó en un dos por tres; Harry había tenido en sus sueños, la repetición de ese beso sorpresivo, y el remordimiento pudo más que la razón y llegó rápidamente a su apartamento, donde sabía, descansaba la pelirroja esperándolo. Ella también estaba en su dilema; las preguntas hechas por Draco el día anterior la tenían confundida, pero también se sentía mal por todo lo que había pasado con Harry. Es así, que cuando Harry llegó, no dejo que desempacara si quiera, cuando se lanzó encima y rodeo la cintura de éste con sus piernas y lo empezó a besar, sin saludarlo aún. Harry, quien también se sentía mal por lo ocurrido, respondió ante los besos de la pelirroja, y más por instinto, ya que por primera vez necesitaba desahogar su remordimiento en la cama teniendo sexo con su novia, la llevo a la habitación. No hubo tiempo para mucho, la ropa salió tan rápido como pudo, las manos de ambos recorrían todo el cuerpo de su pareja, parecían sedientos de placer, no querían darse tregua, él no espero por primera vez a que ella estuviera lista, ella omitió ese detalle, solo quería estar de nuevo con él, quería que con sus movimientos la hicieran gritar para así acallar todo lo que su mente le decía; más de una vez, tuvo que aguantar las ganas de gritar el nombre de aquel “paciente”, no entendía que pasaba, tenía sus manos en la espalda de él, mientras que él con movimientos bruscos y fuertes la tenía contra la pared, sin querer besarla en los labios, maldiciéndose por no querer hacerlo, por recordar solo a la castaña que había dejado en su otra casa. Gritaron, se besaron, desocuparon toda su ansiedad en ese momento, ninguno de los dos se oía, solo veían en su mente las múltiples imágenes de sus encuentros clandestinos; él, aquel de hace unos años y el último beso que tuvo el día anterior; ella, aquel de hace pocos días y el beso que la hizo hablar de placer; ambos en un mundo diferente, teniendo sexo con la persona con la que no estaban mentalmente, manteniendo una mentira por los secretos que ocultaban, y los remordimientos que su conciencia les dictaba.