Tituladas 16.2% · 32,381 de 199,415 descubiertas
Rescatado 63.6% · 59,982 de 94,296 páginas identificadas · 59,972/60,586 caps con texto ☕ Invitanos un café

← Historia 29479 · de

Historia 29479 — capítulo 6

Capítulo 6: Maldita confusión...

Después de tanto desfogue de pasión, cayeron rendidos en la cama del moreno, sumiéndose así en un sueño profundo, pero peligroso; la pelirroja se encontraba en su consultorio, confundida aún por no saber si era una palpable realidad; tenía su uniforme y estaba preparándose para atender a su último paciente, cuando sintió que tocaban a la puerta: era Harry quien entraba y cerraba con suavidad - ¿Qué haces aquí? – Dijo Ginny sobresaltada porque Harry nunca había ido a su consultorio, decía que era su espacio laboral – Vine a verte – Decía él, mientras se sentaba lentamente sobre el escritorio de ella, muy cerca de ella - ¿Todo está bien? – Harry sonreía misteriosamente – Claro que si, ¿por qué habría de estar mal? – Ginny lo miró extrañada – Nunca te ha gustado venir a mi trabajo – En eso, el moreno sonreía mientras se acercaba a ella lentamente y le daba un beso pasional. Ella lo rodeaba con sus brazos, mientras él la levantaba lentamente y la ponía sobre él, quien se había acomodado en la silla de la sanadora. En un momento se separaron - ¿No dices tu acaso, que en el trabajo es un espacio para eso, para trabajar? – Harry hacia un gesto en él desconocido para ella, pero que había visto en otro rostro – Solo, quiero arriesgarme contigo. ¿No es eso lo que te gusta acaso? – ella sonreía satisfecha ante la respuesta del moreno, y se acuno en su cuello, dándole unos mordiscos mientras lo acariciaba con su lengua. Él empezó a moverse rítmicamente, incitando a que la ropa fuera de vuelta al piso, mientras ella sentía como su pasión seguía creciendo entre los dos; sin embargo, mientras le mordía el cuello y el lóbulo de la oreja, ella le susurraba cosas – Espere mucho por esto. Sabía que te arriesgarías conmigo, sabía que harías esto algún día... Sabía que te podías entregar a mi, para poder entregarme a ti como debo... – En esto, sintió como la mano de él se escondía bajo su bata y rozaba sus pechos, sintiendo que esa mano no era la de él, tenía otra textura, tenía otro movimiento ya conocido por ella, y al separarse asustada por su descubrimiento, veía la cara de Draco y se veía envuelta en un apasionante momento con él; entonces se detenía y él le decía - ¿Te das cuenta que yo soy el único capaz de arriesgarme por ti? Potter no haría esto, tu lo sabes, y te voy a demostrar que me enfrentaré al mundo si es necesario, por tenerte conmigo, porque se que también lo deseas... – En eso, Ginny se despertó con un pequeño sobresalto, sin acordarse de que estaba en la cama de su novio y volteó de inmediato a buscarlo, sin embargo, él estaba en la ducha hacia unos minutos, con otro rollo en su cabeza.

Había caído dormido, pero no demoro en despertarse ante el recurrente sueño donde el cuerpo de la pelirroja, era reemplazado por el cuerpo de la castaña. Al despertar, se dio cuenta lo que había sucedido, que había cedido ante sus instintos y había tenido sexo con su novia, tal y como a ella le gustaba. Sentía que la había usado, que la había utilizado como su juego de pasión, su juego de remordimiento. Se puso en pie lentamente, entrando en el baño de su habitación. Cerró la puerta y puso un hechizo silenciador en todo el cuarto de baño, porque no quería despertar a Ginny, ni mucho menos que escuchara sus pensamientos prohibidos. En ese momento, se acordó que su mejor amigo, hermano de su novia, le había dicho que tenía que hablar con él - ¿Habrá notado algo? ¿Sabrá de mi confusión? ¿Qué diablos me está pasando? – En eso golpeo la pared por la impotencia de no poder controlar siquiera, algo que era tan suyo como su vida misma: no podía controlar lo que sentía. Se acordó de la rabia que contuvo, al ver a la castaña con esos golpes en su rostro, pero también se acordó que en aquel momento, también se contuvo de abrazarla como debía, y tan solo le dio unos golpes en la espalda, porque su “cuñado” estaba ahí. Se acordó de cómo Ginny había estado hacía no más de dos horas, cuando él entró y desesperadamente buscaba como resguardarse en él, como buscaba liberarse de algo, de sus...¿demonios? – ¡No! ¡Yo soy el que me debo liberar de mis demonios, soy yo quien debe deshacerse de todo lo que tengo! – Decía para si mismo, mientras abría lentamente la llave del agua caliente, e inconscientemente la combinaba con el del agua fría. Entró a la ducha con ese pensamiento en su cabeza, y cerró los ojos al contacto con el agua; entonces mil imágenes vinieron a su mente: las vividas hace cinco años con su amante de una noche, el beso que había tenido hace no más de 24 horas con la misma castaña, y el haber pensado en ella mientras compartía un espacio íntimo con su novia. Entonces sintió como de nuevo su ansiedad se precipitaba y al verse así mismo, notó como se erizaba hasta el último espacio de su cuerpo, sintió la necesidad de tener a esa castaña ahí para sobrepasarla y hacerla suya. Se sonrojo por sus pensamientos, trató de sacarlos cerrando fuertemente los ojos, pero fue imposible conseguirlo, dado que entre más intentara sacarlos, más se añadían a él todos sus recuerdos. Cerró la llave del agua caliente, para que el agua fría hicieran salir de él todos esos pensamientos, todos esos instintos, pero nada pudo hacer; salió de inmediato y se rodeo una toalla alrededor de su cintura, tal vez podría volver a saciar su deseo con su novia, eso era lo más lógico y justo, pero cuando salía a la habitación, la vio ahí, vestida, lista para irse y de inmediato a él, se le apagó todo el fuego que había tenido hacía unos instantes, todo el fuego que había despertado en él, el simple recuerdo de Hermione, su “mejor amiga” - ¿a dónde vas? – Fue lo único que se le ocurrió preguntar – Tengo que... mmm... Ir por ropa a mi casa. Ya sabes, aquí no tengo sino solo dos cambios y quiero llevarla para lavar y traer limpia la otra semana – Harry frunció el ceño, en señal de confusión, pero no la detuvo mucho tiempo, porque igual quería estar solo – Está bien, ¿nos vemos en la noche? – Ginny estaba totalmente sonrosada y no podía verlo directamente a los ojos, cosa que Harry omitía porque igual que ella, tenía un secreto y era incapaz de sostener la mirada – No, mejor mañana nos vemos. Con mi madre habíamos quedado de hacerle un almuerzo de bienvenida a Hermione. Por cierto, no te pregunté, ¿ella vino o se quedó allá? Y si vino, ¿Dónde está? – Harry no más con escuchar el nombre de la castaña, sentía como un nudo se generaba en su estómago, y como si le hubieran dado un golpe, se sentía sin aire por el temor - ¿Ella? Claro que vino... Se está quedando en Grimmauld Place. Supongo que cuando encuentre algo se irá de ahí – Ginny no le vio mayor problema a ello – Bueno, por lo menos ya tenemos a nuestra amiga aquí, ¿no? – Harry asintió a la pregunta, haciendo que estaba buscando algo para ponerse. Ella se acercó y le dio un beso en la mejilla; no sabía porque, pero al igual que el moreno, no lo había besado en la boca en todo el tiempo que estuvieron juntos. El moreno por su parte, agradeció en silencio que así lo hubiera hecho, porque sino hubiese tenido que esquivarla – Adiós. Mañana a las doce en mi casa te espero. Avísale a Herms, pro favor – El moreno asintió nuevamente y solo respondió – Adiós -. Luego de la partida de su novia, Harry le escribió una lechuza a su amiga, informándole del almuerzo, y no salió de su apartamento en todo el día, dada su indisponibilidad y la cantidad de cosas que tenía en su cabeza.

No se comunicaron en todo el día con la castaña, quien en último momento había decidido ir a visitar a sus padres y quedarse allá. Así fue que al otro día en la mañana, se retiró nuevamente a la casa de Harry, y al llegar se encontraba una lechuza muy parecida a Hedwig que habían conseguido alguna vez con su amigo. Le llevaba una carta donde le informaba sobre un almuerzo en la madriguera, para su bienvenida. Siendo el medio día, Hermione llegó a la madriguera con muchos detalles y muchas cosas que en algún momento había comprado, ilusionada con volver a Inglaterra, pero que siempre se quedaban guardados porque su ex novio le impedía ir, con alguna estúpida excusa. Todos le abrazaron, todos se alegraron de su presencia, todos estaban felices y se dirigieron a la mesa, donde el almuerzo estaba servido; había un puesto de más, que todos notaron como extraño, y antes que iniciaran las preguntas, Molly tomó la palabra – Bueno, hoy quiero hablar con ustedes sobre algo... mmm... Bueno, sobre alguien para ser exactos – Todos estaban sentados en la mesa, esperando que se tocará el tema del fallecido Fred, sin embargo, cual sería su sorpresa al saber que no era sobre él que quería hablar la madre Weasley – Quiero que todos entiendan y tengan claro, que el errar es de humanos y que el perdonar es de pocos, así que espero que el perdón por parte de ustedes, los haga únicos en este momento – todos se miraron preocupados, en especial porque ya pensaban que los años habían afectado la mente de la señora Weasley – hoy vino a compartir con nosotros alguien, que se acercó hace poco más de dos meses a esta casa, en busca de cariño, de aceptación y de encontrar ese perdón del cual les estoy hablando. Le pedí que viniera para que hablara con ustedes y empezaran a aceptarlo tal y como es, además porque como el mismo dice, los errores los cometió su padre realmente, y su madre también cometió errores al no detener la farsa de vida que tenían – Ahora si todos estaban en la mala, no tenían idea alguna sobre quien se trataba, y la desesperación estaba tocando fondo – Mamá, ¿de quien nos hablas? No veo a nadie por aquí, así que sin más preámbulos, ¡por favor! – dijo Ginny, quien se imaginaba de todo, menos lo que iba a ocurrir minutos después; Molly la miró desaprobatoriamente y antes de llamar a la persona en cuestión, casi con súplica en su voz habló con el resto de la familia - ¡Prométanme que lo perdonarán y aceptarán como parte de nosotros! Sus padres murieron y merece todo nuestro apoyo y comprensión; ¡merece una verdadera familia! Y yo ya lo perdoné – Todos se vieron entre si, y sabiendo que a Molly Weasley no le podían negar nada, todos lo prometieron al unísono. Ella agradeció con la mirada a todos, e hizo unas señas hacia su casa, de donde salió nadie más y nadie menos que... Draco Malfoy.