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Historia 30010 — capítulo 24
Oscuridad
...Oscuridad, fue todo. La negrura de mi mente. La negrura de mis pensamientos. La oscuridad en la que me ahogaba, y me ahogaba lentamente. Por más que gritara que me dejara ir, que me salvaran, nadie oía mis gritos de auxilio. Estaba condenada a ahogarme en todos mis errores. Deje de gritar y permití que la oscuridad me consumiera, que me destruyera.... De pronto una gran luz me cegó, la negrura desapareció. Y me encontré en un gran cuarto blanco. Yo era la única mancha de otro color. Yo era la diferente. Me quede en el suelo, sin moverme, sin querer siquiera abrir los ojos. El silencio era absoluto, atormentador. Hasta que escuche las risas de una niña. Abrí los ojos, y pude ver mi rostro, mi rostro sonreía, con alegría, como si de verdad estuviera feliz. Intente tocar el rostro, por que sabia que yo no podía expresar aquella felicidad, y menos en esos instantes. El rostro se fue y yo seguí intentado tocar el aire. Una mano fría me sujeto. Mire el brazo, el hombro, y por ultimo el rostro. Era yo. Yo
-¿Quien eres?-. Mi voz era ronca, y amortiguada, como si tuviera algo en la boca que me impidiera hablar con claridad.
-Tú sabes quien soy yo, la pregunta aquí es ¿quien eres tú?-. Mis párpados comenzaron a pesarme, eh intente pensar con claridad. Yo. ¿Quien era yo?
-Soy, Scarlet -. Otra risa, pero más cruel que la anterior. Era mi imagen, pero con esa sonrisa torcida (N/A: Recuérdese al Guasón). Esos ojos rojos, brillando como el carmesí. Mire a la chica que aun sujetaba mi mano. Era yo, pero con esos ojos castaños que jamás volveré a tener. Y esa sonrisa tan.... humana.
-No, tonta, yo soy Scarlet-.Señalo a la chica que estaba junto a mi.- Ella es Milla. y tú, tú ¿quien eres?
La respuesta se atraganto en mi garganta, y no salieron palabras. Lentamente me comencé a levantar, mirando confundida a mis, “yo’s”. Algo dentro de mi me decía que con certeza era Scarlet. Pero ahora que veía a la “Scarlet” no estaba tan segura. Por un momento quise decir que era Milla, pero yo no era humana.
-¿Lo ves? Ya no sabes quien eres-.Milla se acerco a mi, y me atrajo a una puerta blanca.- No eres humana, pero tampoco un Vampiro. Entonces, ¿qué eres?-Abrió la puerta y pude ver todos mis errores. Todo lo que había hecho. La chica de los ojos violetas que estaba en la puerta, me devolvía la mirada, intente acercarme a ella, pero ella se fue. Y pude ver un montón de rostros. Pero había uno, uno que yo había reconocido. Mi bisabuela, estaba hi y me miraba. Como si perdonara de todo lo que había hecho. Mis imágenes desaparecieron, y comencé a correr entre la muralla de personas, siempre intentando tocarla...
Desperté sobre un sofá de cuero negro. Mi cuerpo pesaba una tonelada, y el simple hecho de levantar un dedo, era como intentar alzar a una docena de elefantes, con un solo brazo. Seguí así durante mucho tiempo. seguramente una hora, dos horas. El tiempo no importaba. Abrí un ojo y pude oír unas voces discutir en la puerta. No preste atención a lo que decían. Pero una estaba dolida, y angustiada, y la otra... la otra era un mar de lagrimas. Mi brazo se deslizo por debajo de las cobijas. Las voces se habían marchado, y eso significaba que podía estar sola. Sola. Mi cuerpo seguía pesando una tonelada. Apenas pude soportar mi peso entre mis brazos. que a mi vista parecían hechos de papel. Cuando alguien azotó la puerta, y me tomo de los hombros. Mis ojos no enfocaban correctamente, y el movimiento tan brusco me había lastimado el cuello. El cual apenas podía cargar con mi cabeza. Cuando pude enfocar la vista, pude ver mi rostro en las pupilas negras de Emmett, mi cara. Parecía esas muñecas desechas, las muñecas de trapo, con aquella cara de dolor, de no entender nada. El rostro enfurecido de Emmett se tranquilizo, cuando mi rostro comenzó a mojarse, llenarse de aquel agua que escapaba de mis ojos. Comenzó a farfullar, un perdón, un no debí ser tan brusco. Miles de palabras que comenzaba a dejar de tener un sentido. No me sentía herida. Pero había algo en mi pecho, un gran agujero. Como si yo estuviera destrozada. Las manos tan fuertes de Emmett, soltaron mis hombros. Baje la mirada ellos, y pude ver la marca de sus dedos. Volvió a pedir perdón. Yo me tire de nuevo al sofá. Emmett, no entendía que me pasaba, y yo no entendía por que podía escuchar con tanta claridad sus pensamientos, como si me los gritara. Mi vista se enfoco en un solo punto de la habitación, un gran espejo que había junto a una estereo. Pude ver mi reflejo. Mi rostro parecía vació. Mis ojos, igual. Yo parecía esas muñecas destrozadas. Recordé una imagen que una vez había visto. Una pequeña muñeca, que no tenia estomago que la mantuviera unida, estaba tirada en el suelo, y tenia la misma pinta que yo. Era yo. Emmett, se acerco y puso una mano que trataba de ser delicada en mi frente. Pude enfocar de nuevo la vista en él. Parecía afligido. Su intención era gritarme por lo que había hecho. Algo que no recordaba haber hecho. Y tal vez, darme una buena paliza. Pero la verme en ese estado, había recordado una escena de su vida como humano. Fruncí el ceño, cuando la imagen se enfoco con mayor claridad en mi mente Una chica de cabellos castaños convaleciente, daba su ultimo respiro en el hospital. Mientras él intentaba ir con ella. Su madre, por lo que pude apreciar. Intente hablar, pero mi voz había dejado de existir, Solo pude intentar murmurar un. Emmett...
De pronto Rosalie entro y miro a Emmett, con esa mirada de muérete. Intente sonreír al ver esos ojos. Me dirigió la misma mirada, Emmett se alejo de mi, entendiendo perfectamente, que si no quería dar su ultima batalla con Jasper debía irse. Jasper... el nombre resonó en mi mente, como un eco, un eco silencioso. Rosalie miro mi rostro, mis ojos. Y pude deducir lo que pensaba. ¿Qué le ocurrió? Parece como si estuviera destrozada por dentro. Sentí su lastima hacia mi. Mire el techo. Apenas podía soportarme a mi misma. Pero debía salir de ahí. No quería seguir sin entender nada. Cuando cerraron la puerta, comencé mi lucha. Mein Keffer, como el titulo del libro de Hitler, Mi Lucha. Pude sentarme, pero mi cuello no aguantaba el peso de mi cabeza, y seguramente tampoco lo harían mis piernas. Mis brazos, se apoyaron en el respaldo del sofá, para poder levantarme, Pronto estuve parada, pero no equilibraba, me costaba trabajo no moverme, sin sentir como mis piernas comenzaban a fallar.
Cuando al fin llegue a la puerta, mi cabeza no parecía de esos monitos que con el simple movimiento del aire, comienza a brinca y dar vueltas. Abrí la puerta, con deliberada lentitud. Atenta a cualquier contratiempo, pero sabia que si intentaba correr, me caería. Salí y mire al rededor, no había nadie en el pasillo. Comencé a bajar, de uno en uno los escalones. Cuando solo me faltaban 10 escalones. Sentí el olor de Licántropos. Mi cabeza se mareo, y perdí el equilibrio, cayendo los 10 escalones de un golpe. Termine en el suelo, con los ojos bien abiertos. ¿Seguiría cayendo hasta morir? Carlisle y Esme corrieron hasta donde yo estaba, parecía estar normal, pero había algo que alerto a Carlisle, y puso tensa a Esme. Algo mojado caía de mi cabeza, algo que me mojaba el cabello. Me había hecho daño en la cabeza. Si moriría desangrada, que por favor me dejaran aquí. Se acercaron tres licántropos. Sam, Seth, y Embry. Parecían fascinados con la idea de que muriera desangrada en el piso de los Cullen. Para mi era sorprendente que pudiera pensar con toda claridad, después el golpe que me di. Carlisle me cargo, de verdad era como una pequeña muñeca de trapo, sentía el cuerpo flojo, sin ánimos de mantenerse bien. Sin la tentativa de seguir existiendo, al parecer dejaba gotitas de sangre en el suelo, pero no podía estar segura, por que no veía, solo tenia los ojos abiertos, pero no miraba nada, nada de lo que podían captar mis ojos me era importante.
Me pusieron sobre una silla, seguí guanga (N/A: Floja). El único pensamiento decente en mi cabeza, era el de poder salir de ahí, dándome de tumbos. Me sentí como Bella, torpe.
Las manos frías de Carlisle comenzaron a revisar mi cabeza. Mis párpados seguían sin descanso, pero sabia que pronto se cansarían, y probablemente me desmayaría. Murmuro algo de que estaba bien, la herida se había curado. Escuche las maldiciones de los licántropos. Me miro a los ojos, pero no enfocaba nada, intente capturar mi atención, pero en ningún momento lo logro. No se rendía, quería ver si de verdad estaba bien. Solté el aire que tenia en los pulmones. Me sentí ligera, como una pluma. En ese instante, todo se volvió borroso, había estado parada, y había vuelto a caer desmayada. Estaba condenada a seguir así. Pero aun podía captar lo que pasaba a mi alrededor, como si estuviera conciente en la inconciencia. Carlisle me había sujetado justo a tiempo, y Esme me pasaba un trapo por la frente. Me comenzó a doler el cuello, me ardía y comencé a sentir las gotas de sudor frió en mi frente. Algo malo me pasaba...