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Relatos de mi adolescencia (y algo más) — capítulo 55
No me malinterprete, ¡me encanta mi soledad e independencia! Me costó tanto llegar a tener mi vida actual que tendría que ser verdaderamente estúpida para despreciarla por un momento de debilidad como este. Porque esto, esta sensación que cruzó conmigo la puerta esta tarde, no es más que un pequeño instante de vacilación que se irá en cuanto el sol comience a aparecerse por mi ventana, es solo que… comprenda usted, por favor. Afuera llueve un poco, Yann Tiersen se acaba de apoderar de mi radio y de pronto me parece un poco deprimente la situación en la que estoy. Desde mi cama -tan gloriosa, con el edredón de pluma azul y los almohadones celestes- puedo verlo todo, ¡todo!, la cocina, el ventanal con vista a la 9 de Julio, la puerta del baño con el letrero de un jodido conejo que aun no sé porqué puse allí, el sofá de cuerina (no hay más dinero, excusez-moi*) negro, los libros, cientos de libros esparcidos sobre la alfombra celeste de The Beatles un poco desteñida, el escritorio blanco lleno de más libros y cuadernos, los CDs y películas que de alguna manera prefirieron salir del estante para quedarse en el piso… Sí, desde mi rincón lo veo todo, ese contraste bizarro entre los muebles modernos, las cosas de tonalidades azules, los libros y objetos viejos y… y yo. Yo, la que tanto se esforzó por llegar atener este diminuto espacio en Buenos Aires, mezcla rara de penúltimo linyera y primer polizonte en el viaje a Venus…*yo, que me quedé atascada en algún punto entre lo moderno, lo azul y lo viejo, entre las páginas de algún libro envejecido de la Biblioteca Puerta Dos y un ejemplar recién adquirido de Bukowski en la Yenny del Alto Palermo. ¿No es deprimente? Que pueda verlo todo, que todo esté bajo mi control, que al fin tenga mi propio lugar… y que a la vez, en realidad, no tenga absolutamente nada.
Unos cuantos años atrás este momento habría sido perfecto. Lluvia, Tiersen, sola: ¡la visión de mi sueño hecho realidad!... ¿Por qué ya no es suficiente? Al parecer es verdad que el ser humano es un animal de naturaleza inconformista, ¡pero no lo comprendo, en serio! Sí, hace algunos años, no muchos, este momento habría sido maravilloso, estaría escribiendo mi mejor relato, releyendo Rayuela por milésima vez, con la cafetera llena de café y los cigarros eternos entre los labios, pero ahora… es que ahora mis manos no se quieren mover, mis ojos están cansados y no quiero café o cigarrillos. ¡No quiero café o cigarrillos! ¡Pero cómo! Debí haberlo imaginado cuando me tracé este sueño, debí prever que sucedería algo más, que cuando lo cumpliera ya no me harían feliz las mismas cosas que en ese momento… ¡A quién engaño! ¡Soy la misma mujer de espíritu solitario, amante fiel del café, los libros, la escritura, los Marlboro…! Pero ahora, entre estos pensamientos brumosos y la cama desde laque puedo verlo todo (debería levantar las películas del suelo), otro deseo ha osado colarse por la rendija de la puerta, otra necesidad dispensable para vivir, mas precisa para sobrevivir. Aun me parece ver los circulillos de humo flotando sobre el sofá, la cafetera goteando entre el Jazz de Miles Davis y mis peticiones de escuchar a Tom Waits, el ventanal abierto de par en par para contemplar el atardecer abrazando la ciudad de la furia. Es cierto, caí. Caí como la más ingenua de las doncellas del reino, como Caperucita le creyó al lobo, ¡caí como en los cuentos de hadas, así de fácil! Y hoy, ¿qué espero? Qué espero, qué espero -¡como si desde la cama pudiera hacer algo-, fumando espero … I'm waiting for a little bit of red to walk into this place, a taste of fire to melt the ice inside ofme. No cualquier rojo, no cualquier fuego. ¡ Surojo, sufuego! Es tan clásico, tan obvio, un cliché TANabsurdo. Qué idiota, Dios mío, qué tonta yo. Cómo llegué a permitir que un sujeto -él, joder, ¡él!- lograra destrozar mi felicidad tan fácilmente… Si cierro un poco los ojos aun puedo verlo recostado sobre The Beatles, con el cigarro en la boca y los dedos tamborileando sobre el piso al ritmo de Eddie Vedder, luego de haber llegado a la conclusión de que ni Waits ni Davis podrían ser disfrutados por ambos al mismo tiempo. ¿Cómo -¡por todos los cielos!- permití que entrara a mi vida de esa manera tan intensa? Ahora la cama me queda grande, este diminuto apartamento se ha agrandado, no sé cómo, ¿comprende? Es… simplemente demasiado triste y patético para un ser como yo, que aborrece toda esta sensiblería y las muestras de debilidad. Patético, awful.