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Historia 30368 — capítulo 25
Y Conrad empezó a llorar. Adela se despertó empapada en sudor, entre sus sábanas de franela, salió entre las sábanas y tuvo frío. En Forks el tiempo era frío, muy frío. Conrad se había destapado y por eso no podía dormir. Le dio un poco de leche, aunque lo estaba destetando y se calmó, le cantó y Conrad se durmió, le tapó bien y volvió a acostarse, pero ya no pudo volver a pegar ojo.
A la mañana siguiente, estaba totalmente abrumada. Se sentía como si les hubiese sido infiel a sus dos amigos, tanto a Bella como a Edward, por tener esos sueños. Estaba reviviendo el sueño cuando Edward se plantó delante de ella con los ojos fijos en los suyos. "Hola Edward" alcanzó a decir, y se marchó llorosa y reprendiéndose por haber soñado algo tan carnal con su mejor amigo. Él sintió su vergüenza y sonrió. "Adela, siempre tan sincera..."
El día del baile tuvo que dejar en la reserva Quileute a Conrad durante todo el día, pues Alice la convenció para que fuese a su casa y peinarla y maquillarla.
Fue, porque con Alice, era imposible negarse.
Y allí estaba en su habitación, con la cama con dosel y el superneceser de topmodel lleno de maquillajes. Rosalie se unió al poco y se ofreció a peinarla, alegando que lo hacía mucho mejor que Alice.
Le hizo un cómodo y elegante moño italiano y le puso los adornos que se había comprado. Le maquillaron los ojos del mismo color del vestido y Alice, previsora como la que más, le había comprado una torerita y unos guantes a juego con el vestido. Estaba estupenda, Emmett la acompañó a casa para que esperase a Steve.
Estaba sentada en el sofá, con los zapatos a un lado y llamaron a la puerta. Era él. Llevaba el fajín del mismo color que su vestido ¿Era eso cosa de Alice?, no lo dudó ni por un momento... Hasta la flor de su ramillete era del mismo color, se emocionó. Cogió su bolso y se fueron al Baile. Allí se hicieron la foto de rigor. Después fueron a sentarse en su mesa, reservada junto con Jessica y Lauren. "Menuda compañía", pensó Ady mientras las saludaba con falso entusiasmo.
En una mesa cercana, estaba Edward y Bella, con la pierna escayolada, junto con sus hermanos. La cena fue exquisita. Adela sacó su cámara digital y se hizo fotos con Steve, con las chicas, Alice se acercó a ella e hizo una foto a toda la mesa, después Ady se levantó y se hizo fotos junto con Bella, con Edward, con Bella y Edward, cons sus hermanos, con Alice... Steve vino a buscarla y les hizo una foto a todos juntos.
Después llegó la hora de bailar.
Steve resultó ser un excelente bailarín. Bailaron casi durante toda la noche, excepto cuando Steve fue a buscar un poco de ponche para ambos. Se lo pasó muy bien. Steve la acompañó a casa, ella le invitó a entrar. Sabía lo que ocurriría a continuación. No le importaba que después lo contase o no lo volviese a ver más. Carpe diem (disfruta del momento).
- ¿Te apetece tomar algo? - le preguntó.
- No.
Le llevó de la mano, escaleras arriba hasta su habitación. Steve se quedó mirando la foto de ella, de la portada de Nosferatu. Lo que aconteció allí esa noche, os podéis hacer una idea, lo que Ady pensó, que no fue tan bueno como el sexo con Edward en sus sueños.
Adela se despertó a la mañana siguiente con muy buen humor. Aunque tenía miedo de girarse y darse cuenta de que Steve no estaba, o sí estaba. El quedarse significaría que querría algo más, pero el no estar, podía significar que fué bonito mientras duró. Y el refrán de su abuela, muy sabio... EL AMOR DURA, MIENTRAS DURA "DURA".
Se armó de valor y se dio la vuelta, lentamente. Y sí, ahí estaba Steve, durmiendo. Quiso darse una ducha, pero alguien llamó a la puerta. Se puso rapidamente el pijama y la bata, ya que iba desnuda y bajó a abrir. Se hizo una coleta rápida.
Era Jacob.
- ¡Oh! No me digas que te he despertado, lo siento - dijo Jacob bastante azorado.
- No te preocupes Jacob. Es tarde, debí despertarme antes.
- Te traigo a Conrad. Sue tenía que irse... y como mi padre quería venir a ver a Charlie. Nos ofrecimos para traértelo.
- Vaya mala madre que soy ¿No? Ni me he acordado de él.
- No, tranquila. No te culpes. Eres joven y anoche había un baile. Sue no está enfadada ni mucho menos. Solo que ha tenido que irse, le habría gustado quedarse con el bebé. Seth dijo que se quedaba con él. Pero Sue no quiso.
- Esta bien Jacob, tendré que disculparme con ella más tarde.
Jacob le tendió al niño que estaba durmiendo y Ady lo cogió en brazos, él se marchó y ella cerró la puerta. Llevó al niño a su cuna, que no se despertó en ningún momento.
Después bajó a la cocina a preparar el desayuno. No sabía qué le gustaría a Steve, así que hizo tostadas, té, sacó zumo, leche, preparó café... Y sacó mermelada y mantequilla. Mientras estaba poniendo la mesa, bajó Steve, vestido con su traje de gala, con el fajín en la mano y el pelo revuelto.
- Debería haberme marchado - dijo Steve - esto, es algo violento. Lo pasé muy bien anoche, fue... fantástico, pero... solamente fue una noche Adela. No deseo ser nada más que tu pareja en el baile de fin de curso - para sorpresa de Steve, Adela rompió en carcajadas.
- Steve, yo no te he pedido nada más. Pero ya que estás aquí, desayuna. No quiero que seas mi pareja, ni seas el padre de mi hijo, que es seguramente lo que estás pensando, y por eso te sientes así. Hay que ir paso a paso. Es cierto que lo hemos pasado bien anoche, durante el baile, y después de él. Pero no te voy a pedirte nada una vez que salgas por esa puerta - se sentaron a desayunar - aunque eso no quita que si alguna vez que te apetezca ir al cine, te acuerdes de mí - Steve rió.
Tras el desayuno, Steve se marchó. La única muestra de sentimiento fue un beso en la frente de Ady cuando se despidieron. Definitivamente tener un hijo auyentaba a los hombres. Lloró solamente un momento, una lágrima traviesa recorrió su rostro. No era decepción, ni remordimiento, era pena. ¿Habría alguien que la besaría en la frente durante toda su vida antes de ir a trabajar?
El llanto de Conrad la sacó de sus pensamientos y subió las escaleras para darle todo el amor que tenía por dar a su hijo.
Ady cogió a Conrad aquella mañana y lo vistió con sus mejores ropas. Había pasado todo un año y era el primer cumpleaños del pequeño. Aquella mañana estaba nublada pero hacía buen tiempo para celebrar el cumpleaños en el jardín. Había preparado una barbacoa y había invitado tanto a los Swan, como a los indios de La Push como a los Cullen. Todos aparecieron y se llevaron más o menos bien. De momento...
Le habían traído juguetes al pequeño, que estuvo de mano en mano durante toda la tarde. Ady se encargó de la comida, mientras Charlie se ofreció para ir sirviéndola, sabía de sobras que los indios no tragaban a los Cullen y casi se podía decir que viceversa. Las hamburguesas para los Cullen las había dejado medio crudas, apenas pasadas por la plancha, para que no les diesen tanto asco.
Fue una divertida fiesta, los Cullen se fueron pronto y los indios respiraron más tranquilos desde que se fueron. Conrad daba sus primeros pasitos y Emily lo vigilaba.
Sonó su teléfono movil. Era Conrad. Su Conrad.
- Hola Ady.
- Ho-hola Conrad.
- ¿Qué tal va todo?
- Va bien. Todo bien. Ya ha terminado el curso. Ahora tengo vacaciones, quizá empieze a trabajar en breve.
- ¡Eso es estupendo! ¿Qué tal nuestro niño?
- Está muy bien. Ya camina, bueno, lo intenta.
- Debe estar adorable.
- Completamente. Es todo amor. Tiene una mirada tan dulce...
- Me alegro de que estéis bien. ¿Te alejaste de los Cullen como te pedí?
- No me acerco a ellos mucho. Lo estrictamente necesario.
- Me dejas más tranquilo.
- ¿Qué tal tú?
- Bien, bien. Por aquí las cosas van estupendamente. Estamos en un lugar bastante bueno. Para nosotros claro.
- Me alegro.
- Solo te llamaba para felicitar al niño.
- No te va a entender. No sabe todavía lo que es un teléfono.
- Es una lástima.
- El próximo año seguro que ya atiende. ¡O en Navidad! Llámale en Navidad que seguro que ya te dice algo.
- Eso sería estupendo.
- Sí.
- Ady, tengo que irme, te deseo de corazón que todo siga bien.
- Igualmente.
- Adiós, Ady.
- Adiós.
Colgó. Se sintió llorosa de momento. Cuando ya creía que tenía el corazón preparado para seguir adelante, lo llama Conrad. El padre de su hijo. Los indios habían empezado a marcharse antes de que el movil empezase a sonar. Solo quedaba Jacob cuando Adela colgó. La vio triste y no se atrevió a decirle nada. Le tendió al niño y se esfumó.
Ella entró en la casa, el pequeño estaba perplejo pues no sabía porque su madre estaba tan triste y lloraba. Creía que tendría hambre, como su madre le daba de comer cuando él lloraba... cogió una galleta y se la dio a su madre. Ella sonrió y le pegó un bocado. Sonrió. Conrad pensaba que había atendido a su madre como ella hacía con él. La abrazó en la rodilla y Adela lo cogió en brazos.
- Te quiero cariño, te quiero - le dio besos y abrazos.
- ¿Pupa? - preguntó Conrad.
- No hay pupa, cariño. Ya no hay pupa.
Adela se secó los ojos y sonrió para su hijo. Jugó con él un rato y cuando éste se durmió recogió todo lo del jardín. Miró al cielo... ¿Por qué era tan fácil amar y tan difícil olvidar?