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Luchando por un amor imposible — capítulo 24

  • Anoche me dijo que quedásemos en Hosmeade esta semana. Adora el mundo mágico, lo que, claro, Draco tiene que venir. Ya sabes que una muggle no podría andar sola por este mundo.

Ginny lo pensó unos segundos y finalmente asintió con la cabeza. Hermione sonrió de aprobación.

Finales de agosto. Estaban sentadas en el salón tomando zumo de calabaza en el sofá. Hacía bastante calor, pero era soportable la calidez de estar sobre la manta de lana color violeta.

  • Y ¿qué tal van las preparaciones de la boda? Sabes que para lo que quieras estoy aquí, que si necesitas música, te "presto" a Darla, que si quieres que te ayude a elegir vestido, me apunto sin duda y que tanto si quieres como si no, te voy a preparar la mejor despedida de soltera - Hermione rió-. ¿Tenéis ya la fecha?

Ginny suspiró con una mueca.

  • ¿Qué sucede?

  • Que nos hemos vuelto a pelear, ¡Maldita sea! - Ginny se levantó furiosa y miró por la ventana-. No lo entiendo, no llevamos más de un mes comprometidos y míranos. Estamos a las greñas todo el día.

  • ¿Qué pasó esta vez?

  • No sé… es esa amiga tuya: ¡Crystal! No se que os ha dado a todos con ella. Es una estúpida que no hace más que hablar y hablar y contar cosas sin sentido y aburridas, cuando cuenta cosas con sentido son cosas divertidas que habéis hecho con ella y todos seguís la conversación, ¡parece que ya no existo en esos momentos!

  • Pero, Gin, esos son tonterías, fue más divertido todo lo que hicimos en Hogwarts.

  • No bromees, tía. Además, Harry siempre acaba hablando de ella, ¡Me tiene harta!, pero bueno, olvídalo. Por cierto, ¿es cierto que pronto Ron se viene a vivir contigo?

  • Tan cierto como que se vendrá el día que le den las vacaciones.

  • Va a tener septiembre libre… ¡Hoy le dan las vacaciones!

Justo en ese instante se oyó un girar de llaves en la puerta y la pelirroja vio la sonrisa que le dedicaba su amiga.

  • ¡¿Ya le has dado la llave?! ¿Pero tú estás segura de que quieres hacerlo? - Susurró Ginny.

Hermione no pudo responder. Miró hacia la puerta a tiempo de ver a un Ron torpe, nervioso y contento cruzar la puerta.

  • ¡Anda, enana! no sabía que estuvieses aquí - Titubeó al saludar a Hermione y no supo si besarla o no.

  • ¿Sabe mamá que te has ido de casa?

  • ¡Claro, ella me hizo las maletas, incluso me las encogió - Sonrió mostrando orgulloso unos pequeños baúles del tamaño de cajas de cerillas.

Ginny miró con cara de consecuencia a Hermione que seguía sentada en el sofá mirándolos a ambos.

  • A esto precisamente me refiero - miró a su hermano-. Eres un inmaduro que no sabrías vivir solo. Dependes de tu "mami". ¿Sabes que te digo? Que aquí no vas a tener a ninguna "Molly Weasley" limpiando lo que ensucias, haciéndote la comida o pendiente de tu horario de trabajo. ¡Eres un maldito niño de mamá! - Tras decir esto sin ninguna razón aparente Ginny salió por la misma puerta por la que anteriormente entró su Hermano.

  • ¿Qué he hecho? - trató de preguntarle, pero esta ya se había ido. Sintió la mano de Hermione acariciándole la espalda y se estremeció en un escalofrío.

  • No te preocupes, tiene muchas cosas en la cabeza. Ven, siéntate conmigo - lo atrajo hacia ella.

Ron se quedó pensativo, sus nervios y su alegría parecieron difuminarse allí donde desaparecía la imagen de su hermana menor.

  • Hermione - la cojió de las manos y la miró a los ojos-. Tú piensas igual que ella, ¿verdad?

  • Amor, si pensase que eres un inmaduro que depende de su madre no te habría dicho que te vinieras a vivir aquí alejándote de ella - guiñó un ojo.

Ron pareció conformarse con esa respuesta para recuperar su energía.

  • ¿Dónde me instalo?

  • Em… - los ojos como platos de Hermione revelaban que no lo había pensado con anterioridad-. Tienes dos opciones: mmm… Dormir en mi habitación de cuando era niña o en mi habitación de ahora.

  • ¿Y tú donde dormirás?

  • En la que duermo desde que volví a aquí, la de mis padres.

  • ¿Y si la elijo?

  • Es como un lote, si la elijes, estoy yo dentro.

Las orejas de ron estaban coloradas. Entendía que Hermione le estaba diciendo que podían vivir como una pareja en una casa y no como dos compañeros de piso, la cual era su idea preconcebida.

Hermione se percató de la timidez de su chico

  • ¿Qué sucede? Te estoy dejando elegir, no te obligo a ninguna de las dos opciones.

  • ¿Pero sería dormir juntos? ¿En la misma cama? - El rojo de Ron brillaba cada vez más.

  • No, amor, dormirías en el suelo - ironizó la chica-. ¡Pues claro! Ni que fuera tan raro. Nos conocemos desde niños, llevamos juntos mucho tiempo, me has dejado embarazada… confiamos el uno en el otro y ya estoy inmunizada a tus ronquidos - añadió rápidamente antes de que a ninguno de los dos le entrara la añoranza o pena de aquella pérdida, a pesar de tener aun el corazón roto a causa de ello-. Pero si tú quieres, sabes que no te estoy obligando.

  • No es que no quiera, es que tenía asumido que la próxima vez que durmiéramos juntos sería después de casados.

  • Yo pensaba lo mismo, pero, Ronald, se sincero, tú y yo, pareja actualmente estable, con un pasado de defendernos muchas veces, dispuestos a morir por el otro, ¿cuánto crees que tardarías en quedarte dormido conmigo hablando por las noches, velando mi sueño o protegiéndome de una pesadilla? Seamos realistas, no duraríamos ni una semana.

  • Puede que tengas razón, pero las parejas duermen juntas para… bueno, para eso. Claro que me gustaría dormir contigo, pero eso va a implicar que yo tenga más ganas, y no quiero volver a hacerte… hacernos daño.

  • Ron… - Hermione cerró los ojos pensando en aquel hijo que nunca tuvieron y respiró hondo-. Mira, han cambiado mucho las cosas desde entonces, aquello fue… nos dejamos llevar por el momento, siquiera nos protegimos, no pensamos en las consecuencias, ni tampoco estábamos como ahora…

Ron la observaba con cariño y la calló con un tierno beso en la frente.

  • Llevamos sin discutir bastante, cierto, aun así creo que es mejor que hagamos las cosas bien. Dormiré en tu habitación de niña y respetaré tu intimidad. Además, estoy cansado de esta relación nuestra, la verdad - contempló palidecer a Hermione mientras le retiraba la mirada confusa-. Tan sólo cuando cambies este… - sacó del bolsillo un anillo de plata con unos brillantes con reflejos malvas - por el de oro, dormiremos juntos, y créeme al decirte que ansío que llegue ese día, así que Hermione…

  • Ron… - estaba confundida, ruborizada, emocionada, nerviosa…

Ron no se puso de rodillas, pero con un toque rápido de varita, el salón de Hermione se convirtió en uno de los canales de Venecia y el sofá donde estaban sentados, en una barca. La noche estrellada los cubría, el agua les devolvía su reflejo, y unas cuantas velas blancas encendidas rodeaban la barca flotando sobre el agua. Una suave música de violín sonaba a lo lejos. Hermione lo miraba todo con brillo en los ojos y sonriendo de felicidad.

  • Hermione, sabes que no soy muy romántico y que suelo meter la pata a menudo, me pueden los celos… y qué te puedo contar a ti que de mí no sepas. Aun con todos mis defectos, sé que me quieres. Yo no puedo sentir lo mismo por ti, pues tu único defecto hace mucho tiempo que no existe…

  • ¡Ron, cásate conmigo! - Hermione lo interrumpió.

Confuso Ron no supo si enfadarse porque se lo quería pedir él o sentirse aliviado porque ya no sabía como llegar a la pregunta. Sonrió y agacho la cabeza en muestra de asentimiento. Le colocó el anillo en el dedo índice y fue a besarla, pero algo extraño lo retuvo, rompiendo todo el romanticismo de la escena.

  • ¿Ron…?¿Por qué me miras así? - Alzó una mano para tocarse la cara se percató de lo sucedido al ver caer por su hombro un mechón de su propio pelo suave, liso y castaño claro (o sea, el de Darla) y transformarse en el habitual y encrespado pelo castaño oscuro. La chica buscó su reflejo en el agua: los rostros de Darla y Hermione peleaban por ser los mostrados. Suspiró.

  • Me alegro de que sepas que soy ambas, de lo contrario, ahora seria un momento bastante más embarazoso - cesaron los cambios y permaneció como Hermione.

  • ¿Qué cuernos te ha pasado? - Ron estaba aturdido - No sabía que existían las sobredosis de poción multijugos, solo por lo asquerosas que son, dudo que alguien decida beberse más de la cuenta.

  • Opino lo mismo, pero Darla no es fruto de la poción multijugos. Volvamos a casa y te lo explico.

Mientras hacían hueco y colocaban las cosas de Ron, ella le contaba cómo surgió Darla.

  • ¿Entonces un animago no solo se transforma en animal? - Ron colocaba los calcetines mediante magia.

  • No es eso, no soy exactamente animaga, tan sólo me trasformo en Darla cuando me concentro en cantar y bailar - ella colgaba las camisas.

  • Pero en la barca… Darla te está corrompiendo, ¿es eso? -comentó preocupado.

  • Puede…

  • ¡¿Qué?!

  • ¡Ni idea, Ronald! Cuando canto muestro mis sentimientos, supongo que eso le permitirá a Darla colarse entre ellos.

  • ¿Por qué actúas como si no fuese la primera vez que esto te sucede?

  • Es la primera vez, aun así, Draco y yo sospechábamos que esto podría pasar.

  • ¿Y si te sucede en público? - Ron estaba realmente preocupado - ¡Te descubrirían!

Hermione dejó de colgar pantalones por un momento. Se acercó al pelirrojo y posó sus manos en ambos lados del cuello de él mientras se miraban a los ojos. Esbozó una sonrisa pícara y comenzó a hablar.

  • Darla no es sólo parte de mí. ¿Nunca te planteaste cómo la música de Darla te llegaba tan adentro?

  • Creía que por mi amor por ella, pero después descubrí que porque tú me la dedicabas… ¿no?

  • No te la dedicaba ni te la dedico, es plenamente tuya. Darla en mí es lo que siento por ti.

Ron no entendió muy bien, pero abrazo la cintura de su chica con una sonrisa de seductor.

  • Pues entonces sóis lo más bello de este planeta… Tú, Darla y lo que sientes por mí…

Hermione se escaqueó de su prisión a pesar de querer quedarse ahí de por vida.

  • Ronald, tú eres la música en mí.