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Luchando por un amor imposible — capítulo 30
Lo miraba apoyado en la pared con los brazos cruzados. Su cabeza divagaba entre ideas. Quizás fuera el momento. A lo mejor ella ya estaba preparada. Tenía miedo de sujerírselo para no remover del pasado todas esas heridas. Pero, ¿entonces? ¡Por Merlín, que mi hermana pequeña va a tener el segundo!
Vio como el pequeño James agarraba la manta violeta de Hermione para protegerse del frío. Ron sonrió desde su posición. Estaba solo en casa, cuidando de su sobrino de un año que Harry y Ginny solían dejar allí mientras se iban a trabajar. El niño dormía tranquilamente en la cuna que ya pertenecía al moviliario de la casa donde creció Hermione. Cuando ella veía la cuna vacía, Ron notaba un rayo de tristeza en su rostro, pero también pensaba que podría ser que se lo estuviera pensando.
- ¡Ay, Jamesis! Qué ángel pareces cuando duermes, ¿eh, enano? - susurró cariñosamente acercándose a él para sentarse en el sofá a verlo más de cerca.
En sus entrañas, Ron tenía ganas de hacerle ese regalo a su mujer, darle un hijo... Y la verdad es que sería buen momento- pensaba él constantemente-aun sin Darla, el bar va estupendamente, todos los fines de semana un artista diferente, no está mal. A Hermione le va bien en el ministerio defendiendo a las criaturas, ¿por qué no?
Se levantó decidido, pero se olvidó de la cuna que tenía junto a él, por lo que al levantarse no sólo se dio sino que despertó a James Sirius.
Lejos, como en la otra punta del país, a varios kilometros de donde debía estar, las decisiones habían comenzado a tomar forma, pero ella no lo sabía. Sentada en un banco delante de los escaparates obsoletos que daban paso a San Mungo, la joven de 27 no estaba en el trabajo como Ron pensaba. Una noticia la acababa de dejar perpleja y no sabía cómo encajarla. Para colmo, lo peor de todo era pensar en cómo reaccionaría él.
Pocos eran los transeuntes de esa calle, paseantes ocasionales y fugaces que tal como llegaban desaparecían al cruzar la esquina. Pero a ella le daban igual. Rodaban por sus mejillas dos lárgrimas lentas mientras ella miraba al frente sin ver realmente nada. *No te puedo hacer esto, Ron -*pensó. Decidió volver a casa en metro, no tenía ganas de llegar y la magia la habría llevado en simples segundos. Sin embargo, no fue mucho lo que tuvo para pensar, pues cuando quiso darse cuenta estaba girando la llave para entrar.
Encontró a Ron finjiendo correr detrás de su ahijado, cuyos pasos eran torpes debido al pañal y la poca experiencia. Ron hacía ruidos raros y el niño se carcajeaba enralado. Hermione esbozó una sonrisa sin pensarlo. Acto seguido, se le fueron las dudas; estaban preparados.
Antes de que Ron se percatara de que la puerta había dado paso a la chica, esta cogió al niño y le hizo arrumacos.
- ¡Hey! ¡Qué pronto llegas! - lo vio realmente atractivo con el pelo despeinado y la sonrisa divertida que ocultó rápido tras besarla - ¿Pasa algo?
Aun con el niño en sus brazos notó los dedos de Ron recorrerle los surcos de sus lágrimas. Siempre que él hacía eso, sentía un cosquilleo que reconfortaba todo su cuerpo, en este caso, el gesto se veía acompañado por una mirada de intensa preocupación. ¿Podía ser éste el niño insensible con el que discutió tantas veces en Hogwarts? La distrajo de sus pensamientos el tirón de pelo que le dio James sin querer. Siempre le habían parecido curiosos los rizos de su tía. Ron se lo quitó de los brazos para ponerlo en la cuna.
-
No te preocupes. No es nada... al menos nada malo, creo.
-
Cuando me dices que no me preocupe me preocupo más. ¿Sucedió algo en el trabajo?
-
De hecho... no fui.
Tras quitarse el abrigo se sentó junto a la cuna y fijó la vista en su ocupante, que la observaba con los ojos de su padre. Ron se sentó junto a ella. Curiosamente, también miró al pequeño olvidando el tema de conversación que segundos antes lo había preocupado. Se fijó en Hermione que brillaba viendo como James le sonreía y le ofrecia el chupete. La rodeó cariñosamente por los hombros. Ella dejó apoyar la cabeza sobre su mentón, buscando un abrazo.
- Tengamos uno, Hermione - las palabras surgieron de la boca de Ron sin previa meditación, aunque no se arrepintió. Ni siquiera cuando Hermione se separó de él sobresaltada.
- Ron... ¿Lo sabes?
- ¿Qué tengo que saber? - se sorprendió.
- Estoy embarazada.
El chico entró en una especie de ataque. Se levantaba, se sentaba, caminaba... Hermione, mientras, mecía la cuna con James sentado dentro aplaudiendo. Lo observó hasta que lo vio desaparecer tras la pared de la cocina y no pudo más.
- ¿No quieres o qué? - estalló Hermione levantándose - me acabas de decir que tengamos uno, ¿a qué te referías?
Ron se apoyó sobre la encimera pensando. La noticia le alegraba realmente, pero lo cogió por sorpresa. Ella seguía farfullando cosas, dolida. Él quería evitar la pelea y aun estaba a tiempo de controlar la situación, lo sabía.
- ¡Hermione! ¡Para ya! - salió de la cocina.
Sorprendida ella no pudo mascullar palabra.
- Si es niña se llamará Rose, ¿de acuerdo? - Ron hablaba serio - No me preguntes por qué, sólo sé que ese maldito nombre es como quiero que se llame nuestra hija - se acercó a la aun extasiada mujer y le colocó un mechón del pelo. Torció el tono a uno bastante más suave y romántico - Si es niño, ya lo decides tú - la estrechó entre sus brazos.
Poco a poco ella comprendió la situación y se acomodó al cuerpo de su marido.se dejó envolver por su cariño, sintiendo como tantas veces explotar su corazón.
- ¿Lo has oído James? ¡Vas a tener otro primo! - dijo Ron al niño que ahora se agarraba de pie en la cuna, con el chupete en la boca y queriendo unirse al abrazo.
Hermione le dio un golpe molesta con la mano separándose un poco de él.
- ¡Prima! - corrigió antes de recibir una queja. Ambos sonrieron, se abrazaron mirando a James.