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Luchando por un amor imposible — capítulo 32

Eran aproximadamente las cuatro de la mañana cuando Ron llegó a casa después del trabajo. Trató de no hacer ruido para no despertar ni a los bebés ni a la agotada madre, sin embargo un fulgor de luz pasaba por debajo de la puerta del despacho del señor Granger. Sigiloso, Ron se acercó, no sin antes percatarse de unas nuevas siluetas del tamaño de un tablero de ajedrez que se distinguían en la mesa de la cocina. Empujó la puerta buscando a Hermione dentro. Probablemente ella se percatase de su llegada, pero no cambió su posición: sentada en la silla con los codos sobre el escritorio y sus manos apoyando su cabeza. Su rostro se ocultaba tras el pelo que le caía, lo que lo hizo notar que no llevaba el pijama, pues ella suele dormir con trenzas.

   - Hermione... - buscó si había alguna razón para que ella pudiese estar enfadada con él sin resultado.

   - ¿Qué tal el día?

     Ella cambió su postura y lo miró. Tenía los ojos rojos de haber estado llorando, pero sonreía. No obstante, Ron abrió la puerta de su dormitorio (junto a la del escritorio) para comprobar que los niños durmieran en sus cunas. Con un suspiro de calma, volvió la vista a su esposa.

   - Bien, ¿por qué no estás durmiendo? - Ron analizó la situación, Hermione despierta a su llegada, sus ojos llorosos, su actitud pensativa, su sonrisa... su hermosa sonrisa - Un momento, aguarda. ¡Dime que no me vas a decir que estás embarazada otra vez! No es que me moleste pero ya tenemos dos y...

Ella soltó una risa ahogada que lo hizo callar, mientras, jugaba con un papel que ron no alcanzaba a ver.

   - No, cielo, no - lo miró fijamente a los ojos y sonriente.

     Le mostró la foto que deslizaba entre sus dedos. Él se acercó para ver quién era. Un bebé de mas o menos la misma edad de Rose movía las manos en brazos de una mujer que divertida ponía la mano delante de la cámara. Ron la reconoció como Astoria Greengrass, hermana de Daphne, una slytherin que había estado en su curso. Sabía que eran hermanas porque recordaba haberles servido más de una copa años atrás en el bar, mas últimamente por allí sólo veía a la mayor.

   - No sabía que fueseis amigas vosotras dos.

Hermione negó con la cabeza.

   - Son mi cuñada y mi sobrino, Scorpius Hyperion.

   - ¡¿Ese capullo te ha escrito, después de cinco años para decirte que es padre y está casado?! - Ron le arrancó la imagen de las manos para ponerse a agitarla mientras hablaba.

   - Vino aquí - dijo ella solemne sin dejar que los gritos de él o el llanto de los niños que se acaban de despertar con los gritos de su padre le borrasen la sonrisa.

     Hermione se levantó aun con Ron relatando su versión de los hechos. Salió del despacho para coger a Hugo. Tras ella, Ron cogió a Rose sin parar de hablar. Ya era casi un rito que tenían cuando se despertaban.

   - ¡...encima le abriste la puerta como si nada!

Ambos se sentaron en la cama de matrimonio meciendo a los niños en brazos.

   - ¡Oh, vamos! Estás deseando que te cuente lo que pasó - dijo ella vencida por la necesidad de que se callara.

     Hermione logró su objetivo, él la miró herido por la derrota, así que durmieron a los niños y se fueron al salón. Él hablaba y hablaba dando su opinión ahora en un tono más bajo.

   - ... enserio, el niño es adorable...

   - ¡Venga ya, Hermione! ¿Quieres niños adorables? ¡No se si te has dado cuenta de la cantidad de sobrinos míos entre los que puedes elegir! Por no hablar de nuestros hijos que son unos santos en potencia.

   - Ron, sé que no estás de acuerdo, pero ya está, ya vinieron y ya se fueron. Hugo y Rose conocieron al tío que les faltaba por conocer y a un nuevo primito. Además, considéralo como un regalo de navidad que me hizo. No te obsesiones, ¿de acuerdo? No los vamos a volver a ver, al menos no por el momento.

   - ¿Qué quieres decir?

   - Que acordamos quedar como simples conocidos como él dijo en su carta aquella vez, sólo que se sentía mal por no haber venido a visitar a sus sobrinos y les trajo unos regalos, los dejé en la cocina. Además también quiso que yo conociese al mío y a la madre de él.

Ron la miraba curioso.

   - ¿Cómo es que no lo odias? ¿Dónde te cabe ese corazón tan enorme que tienes?

Ella esbozó una sonrisa ahora ruborizada.

   - Dímelo tú que eres quien lo guarda.

     Bajo aquella penumbra, iluminados sólo por las luces de fuera, Hermione pudo ver el cambio en la expresión de Ron. Éste, tan enamorado de ella como siempre, la rodeó con sus brazos y los tapó a ambos con la manta de lana violeta para que ella no tuviera frío.

   - Te odio, lo sabes ¿no? -Dijo él en un suspiro.

Ella sonrió más y se aferró a su tierno abrazo.

   - ¿Estás muy cansado de trabajar?

   - Después de tantos años aun me quitas el sueño, ¿por? - la miró.

    Se separó de él. Con una mirada picarona en la oscuridad lo dijo todo y con un beso selló las posibles dudas. Ron se dejó llevar, después de todo, hacía varios meses, desde antes de que dos atrás naciese Hugo, que no estaban ellos dos solos, en silencio, despiertos de noche sin bebés que alimentar, sin estrés que apagar con infusiones o café, así, tranquilos en la oscuridad, dueños de la situación. ¿Qué importaba que ese miserable diera señales de vida si eso ponía contenta a Hermione?

     Fundieron sus cuerpos una vez más, con el deseo de ambos escondido entre llantos de bebés, llantos que ahora quedaban silenciados de la mano de morfeo.