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Luchando por un amor imposible — capítulo 33
Aquel año el otoño se adelantó. El primer día de Septiembre trajo una mañana tersa y dorada como una manzana y, mientras la pareja se aseguraba de que en el baúl de su hija estuviese todo lo indispensable, Hugo se comía una rana de chocolate en la cocina esperándolos. Oía la monótona lista pronunciada por su madre una y otra vez, las mismas palabras con sus correspondientes respuestas. Sin embargo, lejos de temer recibirla el año siguiente, un nudo de emoción se le formaba en el estómago cada vez que lo pensaba.
Eran las diez de la mañana y Ron no quería que pasara el tiempo. Su hija Rosie comenzaría sus aventuras en Hogwarts como él hizo 25 años atrás. Su hija, al igual que haría Albus, conocerían por fin el secreto familiar, entenderían por fin por qué en el callejón Diagón la gente se para admirando a cualquier pelirrojo de apariencia Weasley, ante sus padres, pues, orgulloso de ello, sus nombres no quedaban desapercibidos en los libros de historia.
- ¡Cien centellas! ¡Papá!
Ron oyó cómo su hijo pronunciaba la última palabra con sorpresa. Hermione lo miró fugazmente pero continúo buscando no sabía qué libro con su hija. Ron las observó a ambas y esbozó una tierna sonrisa. Caminó por el pasillo camino a la cocina pensando en las aventuras que correría su hija y deseando que fuesensimples elfos que se encuentre de noche o que a algún profesor le suceda algo gracioso. Hugo corría hacia él emocionado y Ron no pudo hacer otra cosa para frenarlo que alzarlo en el aire.
- ¡Papá, papá! ¡Eres un cromo! - dijo en pleno vuelo. Cuando su padre, con una expresión entre duda y pánico, lo bajó al suelo de vuelta, añadió:- ¡Eres un cromo, papá! ¡Tienes un cromo en las ranas!
A Ron se le aclararon la ideas, mas no supo qué contestar, sabía que Rose habría leído la pequeña biografía, pero Hugo se limitaba a ver al mago o bruja y su nombre (si era corto). Hermione fue lo más fugaz que pudo para arrebatale la estampa al niño antes de que su hermana pudiera leerla.
-
¡Ron! ¿Ya estás otra vez gastándole bromas al niño? - Notó desconcierto en el rostro de él por lo que giñó sutilmente el ojo.
-
Em... um... ¡aj! No me pude resistir.
-
Jo... me hacía ilusión...
Tanto a Ron como a Hermione se les partió el alma verlo marchar encorvado y mirando al suelo. A Ron porque sabía que su hijo pensaba que era un fracasado, con un aburrido trabajo nocturno y con miedo a las arañas. Hermione por su parte sentía que Ron se hundía cada vez que Hugo se decepcionaba así, aun más, por no poderle contar lo emocionante de sus aventuras. Ambos soñaban con el inicio de éste en la escuela para que Ron por fin saliese del cascarón para su hijo. Ese sentimiento extraño aumentaba sabiendo que el niño era conocedor de que su madre había sido un gran cantante y que la había visto evolucionar por sus ideales en el ministerio, incluso, hacía unos meses, publicó un libro, pero su padre, siempre había trabajado para el tío George, mismo horario, mismas vacaciones... pero siempre (o casi siempre) orgulloso de ello.
Los cuatro salieron de casa con el tema sanjado. Enel portabulto, el baúl y Volanda, la lechuza parda y de tamaño mediano que Harry y Ginny regalaron a su sobrina las navidades pasadas.los dos niño atrás hablando sobre lo que ella encontraría en el castillo. Finalmenta, Hermione de copiloto temiendo a su marido al volante de un coche sin mado de invisibilidad o vuelo por primera vez., ya que el día anterior se había sacado el carnet muggle.
Al bajarse del vehículo se apresuraron a cruzar la ajetreada calle hacia la enorme y tiznada estación, el humo de los tubos de escape y el aliento de los peatones relucían como telas de araña en la fría atmósfera. La gran jaula descansaba en lo alto del carrito de equipaje que Ron empujaba, la lechuza dentro de ella, ululaba indignadamente, y la pequeña pelirroja se aferraba al brazo de su padre.
-
Papi, creo que tengo ganas de vomitar - susurró la pequeña.
-
Tranquila, es que estás nerviosa - intervino Hugo agarrado de la mano de su madre. - Como yo cuando pensé que no habría varita para mí.
-
¡No es lo mismo, Hugo!
-
No me discutáis ahora que en tres meses no os vais a ver y eso es mucho tiempo. - los cayó su madre.
Los transeúntes miraban curiosamente a las lechuzas mientras la familia se abría paso hasta la barrera entre los andenes nueve y diez. Buscaban con la entre las cabezas a Harry, Ginny o sus hijos pero supusieron que los verían tras cruzar la barrera. Se aproximaron hacia ella. Con valor, Rosie tomó el carrito de manos de su madre y echó a correr sola, hizo una mueca, pero no se produjo ninguna colisión. Un momento después, se había desvanecido.
-¿Puedo yo también sólo? - Pregunto Hugo ilusionado. Ron y Hermione cruzaron la mirada buscando la respuesta del otro.
- Quizás el año que viene - resumió Hermione el veredicto y tiró de su brazo para llevarlo junto a ella. Ron los siguió empujando el carrito.
La familia emergió a la plataforma nueve y tres cuartos, que estaba oscurecida por el vapor blanco que surgía del expreso escarlata de Hogwarts. Figuras confusas se movían como un engambre a través de la neblina.
-
¿Dónde están? -preguntó Rosie ansiosamente, espiando hacia las nebulosas formas que pasaban mientras se abrían paso andén abajo.
-
Los encontraremos - aseguró Hermione tranquilizadoramente. Pero el vapor era denso, y resultaba dificil discernir la cara de nadie. Desconectadas de sus propietarios, las voces sonaban antinaturalmente ruidosas. Ron distinguió la voz de Percy diciendo algo de las regulaciones de escobas, como pudo logró pasar junto a él sin tener que saludarlo.
-
¡Son ellos!- Gritó Hugo señalando al inicio del tren.
Cuatroo personas emergieron de la niebla junto a dos carritos grandes. Sus caras tardaron en enfocarse entre la humareda, pero faltaba James.
-
Hola - dijo Albus, que sonaba inmensamente aliviado. Rose, que ya vestía su nueva túnica de Hogwarts, le sonrió.
-
¿Has podido aparcar bien? - le preguntó Ron a Harry-. Yo sí. Hermione no confiaba en que aprobara el examen de conducir de muggles, ¿verdad que no? Creía que tendría que confundir al examinador.
-
Eso no es cierto - replicó Hermione, con la certeza de que Ron hubiese empleado la magia-. Confiaba plenamente en ti.
Las don madres se empezaron a despedir de sus hijos, sus Hermanos se unían a los abrazos.
- La verdad es que lo confundí. - le confesó Ron a Harry al oído cuando, entre los dos, subieron el baúl y la lechuza de Albus al tren-. Sólo se me olvidó mirar por el retrovisor lateral y... qué quieres que te diga, para eso puedo utilizar un encantamientosupersensorial.
De vuelta en la plataforma, encontraron a Lily y Hugo teniendo una animada conversación sobre cuando finalmente fueran a Hogwarts ellos tmbién.
- No quiero que te sientas presionado -dijo Ron- pero si no entras en Gryffindor, te desheredo.
-¡Ron!
Lilly y Hugo rieron, pero Albus y Rose se mostraron circunspectos.
-
No lo dice en serio, -dijeron Hermione y Ginny, pero Ron ya no les prestaba atención. Con mucho disimulo, señaló a unos cincuenta metros de distancia. El vapor se había disipado por un momento y tres personas estaban de pie en un espacio libre de la cambiante niebla.
-
Mirad quién está ahí.
Draco Malfoy estaba allí de pie con su esposa e hijo, con un abrigo oscuro abotonado hasta la garganta. Su pelo estaba peinado hacia atrás de tal forma que enfatizada la barbilla puntiaguda. El nuevo chico se parecía a Draco tanto como Albus se parecía a Harry. Draco captó un vistazo de Harry, Ron, Hermione y Ginny mirándolo, asintió cortesmentecon una seca sonrisa dedicada a Hermione y se alejó.
-
Así que ese es el pequeño Scorpius - dijo Ron por lo bajo-. Asegúrate de machacarle en cada examen, Rosie. Gracias a Dios heredaste el cerebro de tu madre.
-
Ron, por amor de Dios*, -dijo Hermione medio severa, medio divertida-. ¡No intentes volverlos uno contra otro antes de que empiecen siquiera la escuela!
-
Tienes razón, lo siento, -dijo Ron, pero incapaz de contenerse, añadió-. No seas muy amigable con él, Rosie. El abuelo Weasley nunca te perdonaría que te casaras con un sangre pura.
Todos pensaron en la salud de Arthur, que llevaba casi un mes ingresado en San Mungo por un hechizo tan mal realizado que se convirtió en una maldición que le revotó. Ron se arrepintió de lo dicho al instante.
- ¡Ey!
James había reaparecido, se había librado a sí mismo de su baúl, lechuza y carrito, y evidentemente estaba que explotaba con nuevas noticias.
- Teddy está de vuelta -dijo sin respiración, señalando sobre el hombro hacia las vaporosas nubes-. ¡Acabo de verlo! Y adivinad que está haciendo. ¡Morreándose con Victoire!
Fulminó con la mirada a los adultos, evidentemente decepcionado por su falta de reacción.
-
¡Nuestro Teddy! ¡Teddy Lupin! ¡Morreándose con nuestra Victoire! ¡Nuestra prima! Y le pregunté a Teddy qué estaba haciendo...
-
¿Les interrumpiste? - dijo Ginny - Te pareces tanto a Ron... - Harry y Hermione rieron, él la miró efurruñado.
-
...¡y dijo que había venido a verla! Y después me dijo que me largara. ¡Se estaban morreando! - Añadió James como preocupado de no haber sido lo bastante claro.
-
¡Oh, sería adorable que se casaran! -murmuró Lily soñadoramente-. ¡Entonces Teddy sería realmente parte de la familia!
-
Ya viene a casa a cenar casi todos los días - dijo Harry, qué más da que se quede todo el rato.
-
¡Sí! -dijo James entusiasmado-. No me importaría compartir cuarto con Al... Teddy podría quedarse mi habitación.
-
No, - dijo Harry firmemente-. Al y tú os estaríais peleando a cada rato y no quiero que la casa acabe demolida.
Ron comprobó el el reloj.
-
Son casi las once, será mejor que subáis.
-
¡No olvides darle recuerdos a Neville! -dijo Ginny a James y le abrazó.
-
¡Mamá! No puedo hacer eso con un profesor.
-
Pero conoces a Neville...
James puso los ojos en blanco.
- Fuera, sí, pero en la escuela es el Profesor Longbotton, ¿verdad? No puedo entrar en Herbología y darle recuerdos...
Sacudiendo la cabeza ante las tonterías de su madre, se apresuró a adelantarse para dar una patada a Albus.
-
Luego te veo, Al. Vigila a los Thestrals.
-
Creía que eran invisibles. Dijiste que eran invisibles.
Pero James simplemente se rio, permitió que su madre le besara, dio un abrazo rápido a su padre, después saltó rápidamente al tren. Lo vieron avanzar, después alejarse vagón arriba hacia sus amigos.
-
Adios, chicos - se despidió Hermione abrazándolos a ambos, cuidaos, estudiad y divertíos...
-
¡Y no se os ocurra meteros en líos! - los dos abrazaron a Ron. Después a Harry.
-
Los Thestrals no son nada de qué preocuparse - dijo Harry a Albus antes de que se fuera-. Son criaturas gentiles, no hay nada que asuste en ellos. De todos modos, vosotros no vais a llegar a la escuela en los carruajes, iréis en botes.
Ginny se despidió de ellos.
- Os veremos en Navidad.
Albus, no se separaba de su padre, susurraban seriamente. Sólo Albus entre los tres hijos de Harry, había heredado los ojos de Lilly. Pero ya las puertas se estaba cerrando a lo largo de todo el tren escarlata y los sonidos señalaban el momento de partir para los últimos rezagados. Albus saltó al vagón agarrando la mano de su prima que ya Ron la había ayudado a subir y Ginny cerró la puerta tras él. Los estudiantes colgaban de las ventanas que tenían más cerca. Un gran engambre de caras, dentro y fuera del tren, parecían estar vueltas hacia Harry.
-
¿Por qué están todos mirando? - exigió saber Albus mientras Rose y él se giraban alrededor para mirar al resto de los estudiantes.
-
No dejes que eso te preocupe, -Gritó Ron para que lo oyeran-. Soy yo. Soy extremadamente interesante - guiñó el ojo a Hugo.
Albus, Rosie, Hugo, y Lily rieron. El tren empezó a moverse. Hermione vio como Harry caminaba junto a la ventanilla donde se asomaba Al antes de que el tren cogiese velocidad. Sintió la mano de Ron acariciarle el cuello mientras le recorrió un escalofrío por el cuerpo. Soltó unas lágrimas y se apoyó en Ron. Ginny se ató a su brazo y Huguito caminó un poco detrás de Harry despidiendo todos al tren con la mano.
El último rastro de humo se evaporó en el aire otoñal. El tren había doblado una esquina. La mano de Harry estaba inmóvil, alzada en un adiós.
-
Estará bien, -murmuró Ginny. Cuando Harry miró hacia ella, bajó la mano ausentemente y se tocó la cicatriz en forma de relámpago de la frente.
-
Lo sé.
Hermione Ron y Hugo se abrazaron. Lily se les unió seguida de sus padres.
-
Vamos a casa de abuela - rompió Hugo el silencio.
-
No creo que esté en casa, estará en el Hospital, Fleur estaba con ella - le respondió una nueva figura que sigilosamente se les había unido. Alto, moreno, pelo rojo fuego en puntay ojos grises - ¿puedo unirme?
Hermione estiró el brazo para integrarlo en el abrazo colectivo. Se preguntaba cuando habría llegado su ahijado de sus prácticas en Boston, también se moría de ganas por darle la bienvenida a la familia, pero siempre habría tiempo para eso. Ahora lo relevante era centrarse, fundirse en ese abrazo cálido que todos los padres que pasaba se quedaba a observar, pero por extraño que fuera, ningún otro Weasley o conocidos, de todos los que debían despedir a sus respectivos hijos en el andén , se paró siquiera a pensar en romper aquella cariñosa unión con un vulgar "hola".
NOTA: Capítulo calcado del epílogo "19 años después",escrito por J.K. Rowling en "Harry Potter y las Reliquias de la Muerte", para dar continuidad a la historia original del modo más fiel posible.