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Luchando por un amor imposible — capítulo 35
La blanca habitación del hospital tan silenciosa como si nadie hubiera,pero tan cargada que ni un alfiler entraba en ella. Era un cuarto pequeño con suficiente hueco para la camilla, una silla vieja y roída, y algún que otro invento muggle que se había adaptado al mundo mágico. Poco más cabía entre el mobiliario hospitalario y los visitantes regulares de la bruja que en seis meses no había despertado.
Ron, casi cosido a la mano de ella, nunca se despegaba de su lado. La señora Weasley alternaba sus días como visita en el centro entre la habitación de Hermione y la de Arthur, quien poco a poco se encontraba mejor, pero su edad quería pasarle factura, sin embargo, esto no impidió que el viejo mago se diera una vuelta de vez en cuando a ver a su nuera y hacer compañía a su hijo.
Victoire y Ted compartían la silla en silencio como tantas veces, dejando perdida sus miradas y aguardando un milagro que cada vez parecía más lejano. Ginny de pie acariciaba la espalda de Ron hasta que este soltó la mano de Hermione un instante sobresaltado por un pensamiento. Su hermana lo persiguió con la mirada en busca de entender sus intenciones. El pelirrojo hizo aparecer una pluma y un pergamino y comenzó a escribir. Horas después, la sala se vació quedando él solo con su esposa.Hugo y Rosie daban tumbos noche tras noches en las casas de casi todos los familiares. Solían quedarse en casa de Harry y Ginny con James, Lily y Al, o de Bill y Fleur con Victoire, Dominique y Louis, e, incluso, en el apartamento de Ted o la casa de Luna y Rolf Escamander con Lorcan y Lysander.
Ron estaba enfadado, furioso ante el dolor de verla postrada en la cama, quieta... inerte...Con los ojos cargados de lágrimas, escribía una carta a su mejor amigo, que por razones de trabajo y a su pesar no podía estar allí con él casi nunca. Apretaba fuerte la pluma contra el pergamino marcando algunos agujeros y manchas. Tan sólo un par de líneas quiso dedicarle entre tachones:
"Ella nunca se disolverá" me dijiste, Harry. Claro. Pensé lo mismo cuando dijo "sí, quiero" o cuando tuvimos a Rosie o Hugo… "ella nunca se disolverá"… ¡Maldita frase!
Ron
Por otro lado, parecía contener una furia adicional que le permitió extenderse más en el pergamino dirigido a su otro cuñado, pues, aun frustrado por muchas cosas, la ausencia de este individuo los últimos seis meses era algo imperdonable por parte de Ron.
Te preguntarás, como yo, qué carajo hago escribiéndote a ti, que te prefiero en la distancia. Sencillo. Lo único que nos ha unido a ti y a mí ha recibido un fuerte golpe y se encuentra al borde de lo peor.
No me creo que hayas sido tan cobarde de no aparecer por aquí ni una vez a ver a tus sobrinos en estos doce años, pero mucho menos que después de cómo han corrido las voces no te hayas enterado de lo que le pasó a Hermione.
Tú decides, la vienes a ver a San Mungo o no. No pienso insistirte, ya bastante daño le hiciste en el pasado y no pretendo que vuelvas a su vida, sólo que no muestres lo imbécil que eres una vez más y arrastres tu maldito trasero aquí con el fin de poder alegrarla cuando despierte y pregunte por quién fue a visitarla.
P.D.: Si al escorpión de tu hijo le apetece algún día conocer a sus primos, que sepas que ellos lo están deseando.
Ronald B. Weasley
No fue mucho el tiempo que Ron tardó en recibir alguna respuesta, aunque en un hospital el tiempo se prolonga al doble.
Rayo, la lechuza rubia dorado de los Potter llegó con un pedazo de pergamino no mucho más grande que el que empleó para Harry. Comenzó a leer en un susurro en la (casi) vacía habitación temprano en la mañana.
Se recuperará. Lo sabes. Relájate. Sé que el golpe fue fuerte y ahora es duro. Tranquilo. No te separes de ella si no quieres. Estén con quién estén, Rosie y Hugo estarán bien, pero os echan de menos, al menos envíales una carta o aparécete para verlos un día, abrazaros, daros fuerza, la necesitáis.
Harry
Segundos después de leerla, Ron continuaba buscando algo más, algo que le sirviera para convencerlo, algo por lo que siempre había admirado a su cuñado. Pero no. Nada. En un ataque repentino de furia, apretó el pergamino entre sus manos, arrugándolo cuanto pudo y lanzó la pelotita resultante contra la pared.
Alterado, como si una maratón hubiera corrido, observó el recorrido de la carta. De la furia contenida le brotaron lágrimas por sus mejillas y cerró los ojos trantando de controlar su respiración.
Volvió a abrir los ojos y suspiró volteando para ver a su mujer, allí postrada. Se acercó a ella, le tomó la mano, que dulcemente beso, y comenzó a susurrar palabras tiernas, dulces, pero no dejaban de ser palabras tristes.
- Por favor, Hermione, despierta, te necesito aquí a mi lado. Tú me das la fuerza que me hace falta y siempre pensé que me la darías cuando así fuera, pero ¿qué hago yo ahora sin ti? ¿De dónde saco la energía para poder transmitírtela? ¿Cómo hago que te recuperes? - Se mordió el labio y la miró a la cara, acarició su pelo, pero la mano no se la soltaba - Mi vida… ¿Cuántas veces me habré equivocado contigo?…y todas me las has perdonado. Has sido todo lo que cualquier hombre desea en su vida, inteligente, hermosa, compasiva y mil cosas más… has sido mi amiga… siempre… ¡Tienes que darme la oportunidad de pedirte perdón, de decirte una vez más cuánto te amo! - rompió a llorar-. ¡Hermione, por favor, no me hagas esto… no se lo hagas a nuestros hijos! ¡Por favor!
Su susurro convertido en grito envolvía el pasillo e hizo a Molly Weasley despertarse en la habitación de Arthur. Aunque a ella simplemente le llegaba un murmullo, sabía que era Ron quien se lamentaba. Se llevó la mano a la boca temiendo lo peor. Se deshizo del trozo de fieltro que usaba a modo de manta y se dispuso a ir con su hijo. Cuando llegó al frente de su habitación muchos visitantes de otros pacientes allí se encontraban oyendo a través de la puerta. Algunos habían derramado alguna lágrima con el discurso de Ron. Por lo menos, la señora Weasley ya sabía que Hermione no había experimentado ningún cambio, lo que, teniendo en cuenta los miedos de la mujer, era un gran alivio.
- …perdóname también por lo celoso que fui en Hogwarts y lo idiota que fui por no decirte que te quería desde entonces…
Molly, conmovida, se vio forzada a entrar a calmar a su niño. Apartó de un empujón a todos los que obstruían la puerta y entró rápidamente. Paró en seco, sabiendo que había sido llevada hasta allí por su instinto maternal, le entróel pánico de que su niño, hecho un hombre, rechazara su amor como tantas otras veces.
- …¡Lo siento, mi vida, pero no te vayas, por favor, Hermione, por f…! - Notó que alguien lo acompañaba y le daba igual quién fuera entonces vio de quién se trataba - Mamá… - regresó al susurro exhausto por el discurso y la adrenalina que había descargado.
Por fin soltó la mano de Hermione y buscó el abrazo de su madre con desespero. Ella lo rodeó con sus brazos a aquel niñito tan alto y acarició su cabeza tratando de infundirle fuerza. Conmocionada, trató de no moverse un milímetro mientras sentía como su hijo lloraba en su hombro y poco a poco menguaba la velocidad de su respiración.
- Mi pequeño…
*Gracias a luzbell grenger porque sin ti habría esperado hasta verano para volver a escribir.