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Historia 30470 — capítulo 2

Por la mañana, tras el desayuno, cogí la lista de la comida semanal y bajé al hall, dónde habían ya varios alumnos dejando sus listas. Me había puesto el equipo rojo. Con las calzas rojas también, y los zapatos de charol relucientes. Dejé mi lista y me repartieron mi horario. Hice una lista mental de las asignaturas. Lenga, inglés, literatura, francés, tecnología moderna, matemáticas, física y química, equitación, Filosofía e Historia. Una burrada de asignaturas, pero como en un internado no hay mucho que hacer... en fin. Miré cuales eran las asignaturas para aquella mañana de martes y subí a mi habitación a por los libros. Abrí mi mochila y los metí dentro, no iba a ser una mañana complicada. Cogí bolígrafos y todo lo necesario y mi agenda. Me gustaba tener las cosas controladas. La primera asignatura era Historia. La profesora empezó enseguida a hacernos preguntas.

  • Veamos, ¿Quién sabría decirme algo sobre la guerra de la independencia? - juntó las manos y miró expectante a sus alumnos. Yo no sabía mucho sobre ella, solamente que la victoria fue el 4 de julio y que ganaron los casacas azules. Un chico de una fila detrás de la mía levantó la mano - ¿Y usted es el señor...
  • Balthazar Moore.
  • Bien señor Moore, si tuviera que resumir las causas de la guerra de la independencia ¿Qué diría?
  • Que las cargas impositivas establecidas por el Parlamento británico fueron la gota que colmó el vaso - hablaba con facilidad, sin prisas. El tal Balthazar era grande y fornido, tanto que apenas cabía en el viejo pupitre de madera. Su postura convertía la incomodidad en elegancia, como si prefiriera mil veces estar repantingado que sentarse derecho - Aunque a la gente también le preocupaba la libertad política y de religión, por descontado - la profesora enarcó una ceja.
  • De modo que Dios y la política son poderosos pero, como siempre, el dinero es el motor del mundo - se oyeron tímidas risitas por toda la clase - hace cincuenta años, ningún profesor de instituto habría mencionado los impuestos. Hace un siglo, la conversación habría girado en torno a la religión. Hace ciento cincuenta años, la respuesta habría dependido del lugar de residencia. En el norte, os habrían hablado de la libertad política. En el sur, os habrían enseñado sobre la libertad económica, la cual, claro está, era impensable sin la esclavitud - hubo un bufido por la parte de atrás de la clase - Y por descontado, en Gran Bretaña habría quien hubiera descrito a Estados Unidos como un estrambótico experimento intelectual condenado al fracaso. Y eso, más que cualquier otra cosa, es lo que quisiera que aprendiérais sobre la historia - la profesora se remangó la chaqueta de punto y escribió en la pizarra "Interpretaciones Evolutivas" - la idea que la gente tiene del pasado cambia tanto como lo hace el presente. La imagen en el retrovisor cambia a cada instante. Para comprender la historia, no es suficiente con conocer los nombres, las fechas y los lugares. Estoy convencida de que muchos de vosotros ya lo sabéis. Sin embargo, debéis aprender a distinguir las distintas interpretaciones que se le han dado a los acontecimientos históricos a lo largo de los siglos. Ese es el único modo de tener una perspectiva que resista al paso del tiempo. Y es en eso en lo que este año centraremos gran parte de nuestros esfuerzos. La hora pasó volando, después tuve matemáticas y física y química. No hice ninguna amistad con las clases y Courtney parecía que me evitaba, en fin, ¿Para que quería amigos? Mis padres insistieron en que debía estudiar allí para acostumbrarme a los nuestros. Pero... ¿Me acostumbraría? Creía que iba a ser una vampira solitaria. Tras la comida tuvimos gimnásia. Los que habían elegido esgrima se dirigieron al gimnasio, los de equitación a las caballerizas. Debíamos elegir un caballo, que sería nuestro durante todo el curso. Tuvimos que limpiarles la cuadra, cepillarlos y acostumbrarnos a ellos. Montemos bastante poco. Pero tendríamos todo el curso por delante para montar. Por la tarde, tras la clase de equitación cogí el neceser, mis zapatillas, el pijama y las toallas y me dirigí al baño, que estaba para mi gusto un poco (demasiado) alejado de la habitación. Me duché y me puse el pijama y las zapatillas rosas. Me sequé el pelo con el secador de viaje y me puse crema hidratante en la cara. Volví a la habitación y dejé la ropa sucia en el saco y la llevé a la lavandería. Allí trabajaba una chica menuda que se encargaba de lavar las ropas. Me alivió, pues si hubiese sido un chico habría sido violento que me lavara las bragas. Subí de nuevo a la habitación y me puse a repasar los apuntes, pasarlos a limpio y hacer los deberes que nos habían puesto. Después, cené y me acosté. Courtney no me había quitado ojo desde que entré en la habitación, pero no me dirigió ni una palabra. Y así sucesivamente pasaba la semana. Courtney siempre se levantaba antes que yo. Se maquillaba, se peinaba y se marchaba. Cuando se empezaba a peinar, me levantaba yo. Desayunaba mi vaso de sangre y me maquillaba discretamente, me peinaba con esmero para no dejar ningún nudo. La melena ondulada a veces era un estorbo. Me ponía espuma para que no se viera "electrificado". Y me dirigía a las clases.