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Historia 30470 — capítulo 3
Courtney me miraba con tal astío que a veces me extrañaba que no me escupiese cuando pasaba a mi lado. Pero hacía como si viviese sola, que practicamente así era. Un jueves, tras Halloween, salí pronto de la habitación y bajé a los terrenos. Allí había un chico mirando hacia los árboles. Era alto y delgado. Con el cabello color rubio oscuro. Parecía absorto en sus pensamientos. Me acerqué a él en silencio, pues creía que estaba mirando algún animal entre los árboles, y como me gustan tanto los animales...
- Ahhh! - gritó. Yo pegué un retemblido que creía que se me iba a salir el corazón del pecho - ¿De dónde sales tú?
- ¿Yo? Quería ver qué estabas mirando.
- ¿Por qué?
- Por si era algún animal. Una ardilla, por ejemplo, me gusta ver como saltan de árbol en árbol.
- ¿Te gustan los animales? ¿No querrías cazarla? - me miró bastante raro.
- ¿Cazarla? A las ardillas no les gusta estar enjauladas, son más felices en los árboles - me miró más raro todavía - ¿Qué me miras así?
- No nada - dijo rascándose la cabeza - solo que... ¿Por qué has venido a este colegio?
- Por mi madre. Se empeñó - dije encogiéndome de hombros - al parecer, había oído hablar de este colegio muy bien a un grupo de señoras de la jetset y se puso bastante burra con que viniese.
- ¿A sí?
- Sí, ¿Por?
- No, nada. Es que no pareces una niña rica.
- Eso es lo mejor. Serlo y no parecerlo. ¿Te imaginas a la estúpida de Courtney haciendome la pamplina por ser quizá más rica que ella? Es absurda.
- Sí que lo es. ¿Es tu compañera de habitación?
- Sí.
- ¿Y cómo la soportas?
- Haciéndole el mismo caso que ella me hace a mí - reímos. Al poco rato se nos acercó un chico bastante raro con unas zapatillas rojas y una camisa de flores bajo el uniforme.
- Por cierto, me llamo Lucas, éste es Vic y esa chica que se acerca se llama Raquel.
- Yo soy Aurora. Aury para los amigos.
- ¡Entonces Aury colega! - dijo Vic. Era un chico bastante entusiasta.
- Hola - dijo Raquel cuando llegó a nosotros.
- ¿Qué clase tenéis ahora? - preguntó Lucas - Yo tengo matemáticas.
- Lengua - contestó Vic.
- Historia - suspiró Raquel.
- La verdad es que no lo sé. Bueno, voy a ir a por los libros, que he bajado pronto para dar una vuelta antes de las clases. Nos vemos en otro momento. Me marché de allí. Lucas y los demás se quedaron charlando. Cuando entré en mi habitación Courtney estaba eligiendo modelito.
- ¿Te has puesto el conjunto verde? - me dijo.
- Obviamente. No te voy a decir que no, tienes ojos en la cara.
- ¿De dónde has sacado esas calzas? - dijo señalando a mis medias que no eran blancas sinó verdes igual que la falda.
- De la misma tienda que me compré los uniformes.
- Son ideales.
- Lo sé - sonreí.
- ¿Llevaste tus uniformes a arreglar?
- No hizo falta. En la misma boutique donde compré los uniformes. Me los entraron allí mismo. Incluso me adaptaron la horma de los zapatos. Nunca me han rozado.
- ¿Y dónde está esa tienda? Quizá me pase durante las vacaciones de navidad.
- Está en París. Cerca de Yves Saint Lauren, dos tiendas más a la derecha. Boutique Les Coleges Uniforms.
- La conozco, he pasado por allí en varias ocasiones. ¿Vives en París?
- Vivía. Ahora vivo en Chicago.
- No tienes acento francés.
- No. Eso es cierto. Y menos mal, odio lo pegajoso de los acentos - Courtney rió.
- Yo he vivido en París, en la zona alta. Pero ahora es muy aburrida, hubo un tiempo que era más burgués. Más bohemio. Ahora está lleno de nuevos ricos, de modelos insípidas y de turistas - dijo en tono aburrido. Me sorprendía la conversación tan fluída y agradable que estaba manteniendo con Courtney. Más me sorprendió cuando me dijo que pensaba irse a esquiar a Suiza con Patrice aquellas navidades y si quería ir con ellas. Le contesté que me lo pensaría y nos dimos los teléfonos móviles. Me resultaba todo tan irreal que me tenía realmente confundida. En fin... Aquel día todos se giraban a mirar mis calzas. Supuse que a partir de diciembre ya no sería Aurora la original, sinó Aurora la copiada. A la semana siguiente recibí correo de mi madre. También de mi padre. De unas amigas de París. En fin, lo normal. Mi madre me decía que estaba en París, que hacía muchísimo tiempo que no se lo pasaba tan bien. Que sentía que tuviese que pasarme las Navidades en Chicago con mi padre. Que estaba de boutiques y que nada más poder le tenía que hacer una visita para ir de compras. Mi madre solo le interesaba una cosa, ir de shopping. Pero bueno, en fin. Decidí llamarla más tarde y que me mandara calzas de colores, para mis compañeras. A ella le encantaría la idea. Después mi padre que había cogido entradas para ver a los Chicago Bulls el día antes de Navidad contra los Lakers, bueno... algo es algo. Diversión al puro estilo humano, no sé como mi padre podía ser vampiro con esos gustos tan vanales. Pero era mi padre. Mis amigas de París eran más frívolas, me mandaron fotos, postales y un par de recetas inventadas de la última reunión de cocina. Una tontería, un club de cocina para jovencitas de la alta sociedad parisina. Me alegraba que me mandaran las recetas. Bajé a recepción, ya que había subido a mi habitación para leer la correspondencia. No funcionaba el movil, pero había un viejo teléfono que funcionaba con monedas. Había una chica hablando por lo que tuve que esperar mi turno. Miré mi monedero, tenía calderilla más que de sobra para llamar a mi madre y estar colgada del teléfono por lo menos veinte minutos. La chica terminó y me cedió su puesto. Cuando empecé a marcar pasaron Lucas y Vic por mi lado. Mi madre descolgó a los tres tonos.
- ¿Aló? - Sonó al otro lado, mi madre hablaba en francés, le contesté en el mimo idioma. Lucas se asombró de mi destreza con el idioma.
- Mamá. ¿Cómo estás? - les hice un gesto con que nos veríamos más tarde - Acabo de recibir tu carta.
- ¿De verdad? ¿Qué tal el colegio?
- Interesante.
- ¿Te sirvió mi diario.
- Muchísimo.
- Me alegro mucho. ¿Has hecho amigos?
- Algunos. Tengo una compañera de habitación un poco frívola, te encantaría.
- ¿Es de los nuestros?
- Completamente, no hay nadie más de los nuestros, créeme. También hay otros tres, todos normales. Pero muy simpáticos. ¿Sabes? Soy la envidia del Colegio con las calzas de colores.
- ¡Te lo dije! ¡Había que ir bien Fashion!
- Tenías razón mamá. No sé que haces que no trabajas en el mundillo de la moda.
- Quizá lo intente...
- De eso quería hablarte, ahora que estás en París, ¿Podrías mandarme más calzas?
- ¿Las has roto?
- No, solo que a mis compañeras les han gustado, quería regalarle a mi compañera un juego de cada.
- Te mandaré seis. ¿Te hace falta dinero?
- Pues no estaría de más que me enviaras algo.
- Dólares supongo.
- Supones bien. Por cierto, ¿Me podrías mandar más maquillaje? Derramé el tarrito sin querer.
- ¡Claro! No hay problema ¿Poupies nº3?
- Sí, mándame también el cinco, que era solo un poco más oscuro. Para matizar.
- Veo que vas aprendiendo... Ya veré que te mando. Bueno cariño, no te gastes todo en teléfono, hablamos en otro rato. Aliméntate bien.
- Sí, mamá.
- Arrevoir.
- Ciao. Colgué. Mi madre era peligrosa cuando se trataba de enviar cosas. Pero, en fin, le encantaba comprar, regalar... y si era a su hija, pues con más razón. Marqué después el número de mi padre, saltó el contestador, así que simplemente le dije que las clases iban muy bien y que había recibido su carta, que sería genial ver a los Bulls contra los Lakers y que esperaba con impaciencia las fiestas navideñas. Al salir de la cabina vi que había hecho una cola de tres personas, me miraban mal. ¿Qué? Les dije y me marché con mi monedero más escaso de monedas. Menos mal que al sábado siguiente había salida a Riverton. Erich pasó por mi lado y me miró curioso ¿Sería el latido del corazón? En sus ojos no aparecía nada agradable. Estaba pensando en cazarme. Se iba a llevar una gran sorpresa. Él sería más fuerte que yo, pero un mordisquito y se le erizarían como escarpias todo el vello del cuerpo. La sangre de vampiro, para un vampiro resultaba un tanto asquerosilla. Pero bueno, valía la pena dejarse morder para bajarle los humos a éste estúpido de Erich.