Tituladas 17.2% · 34,339 de 199,415 descubiertas
Rescatado 94.6% · 90,776 de 95,911 páginas identificadas · 90,161/90,521 caps con texto ☕ Invitanos un café

← Historia 30470 · de

Historia 30470 — capítulo 4

Mi madre había mandado el permiso para ir a Riverton por correo, mi padre también. Eso le divirtió a la directora.

Subí de las primeras al autobús. Y me senté delante hasta que Vic me hizo una seña y me dijo que fuera hacia detrás. Nos sentemos y al rato se nos unieron Lucas, una chica pelirroja que no conocía que supuse era Bianca y Raquel.

Miré mi monedero, llevaba más de 500$, el resto lo había guardado en mi habitación, metido en medio de un libro, bastante aburrido que no pensaba que iba a leer nunca nadie. Y pensé bien.

Vic se sentó con Raquel y Lucas con Bianca que me miraba raro. ¿Me tenía celos? Vic dijo que quería comprarse un amplificador. Yo me ofrecí a acompañarlo.

Me tocó sentarme sola, a la altura de Vic y Raquel. Al bajar, Raquel se dirigió a una librería, y decidí acompañarla. Vic se vino con nosotros pues Bianca y Lucas iban en plan "cita" y además, iban al cine a ver una película clásica.

Raquel se encaprichó con un par de libros, pero solo llevaba dinero para uno. Salimos de la librería y les dije que cambié de opinión sobre el libro que estaba mirando y volví a entrar. Le compré el libro a Raquel con intención de regalárselo y compré otros libros para mí.

Salí a la calle y los encontré en una tienda de electrónica. Estaban mirando los amplificadores. Raquel no entendía mucho y Vic buscaba uno que fuese potente y económico. Opiné que el Kenwood era la mejor opción, el resto no me daban confianza. Pero valía 450$ y Vic solo tenía 300$.

  • Te los dejo y ya me los devolverás.

  • ¡Que dices! Es mucho dinero.

  • Para mí no es mucho. De verdad, Vic. Cuando vuelvas de vacaciones me lo devuelves. Vas a verme todos los días hasta que se acabe el curso.

  • Pero...

  • Pero nada.

  • Esta bien. ¡Gracias tía! - dijo él exaltado corriendo al mostrador y coger al dependiente con el dinero en la mano.

  • Eres muy generosa - comentó Raquel.

  • No me llama el dinero.

  • Cuando no lo tienes, qué diferentes se ven las cosas.

  • Eso me recuerda... ¿Sólo tienes el equipo negro del colegio?

  • Sí - dijo apenada - ya le están saliendo bolitas de tanto uso.

  • A eso le pondré remedio.

  • ¿Qué dices?

  • Nada, ya verás.

Vic andaba con la caja en brazos todo el camino. Se sentó en un banco dónde estaba el autobús y le pidió al conductor si podía guardar el amplificador en él. El chofer no estaba muy por la labor, pero... accedió.

Seguimos caminando y lleguemos a una casa de empeño. Entramos. El dependiente nos miró mal, pero no dijo absolutamente nada. Habían unos pendientes preciosos, pero eran tan ostentosos que los dejé pasar. Después vi un broche, de una libélula que me pareció precioso. Tenía el cuerpo de Jade y las alas de cristales de Swarowky. Los ojos eran dos esmeraldas.

  • ¿Cuánto cuesta? - le pregunté.

  • Cientocincuenta dólares - me contestó con petulancia como si quisiera disuadirme de comprarlo.

  • ¿Y esos pendientes? - señalé a unos pendientes, que curiosamente eran de oro y brillantes con forma de libélula.

  • Dos cientos dólares.

  • ¿Aceptan tarjetas?

  • La tarjeta de la biblioteca no cuenta, monina para pagar en un comercio.

  • Oh - dije sacando la master card - pensaba pagar con ésta - la dependienta miró sorprendida.

  • ¿Quieres los pendientes?

  • No. Quiero el broche y los pendientes.

  • ¿Estás segura? - me dijo al oído Raquel.

  • Por supuesto.

Pagué y salimos de allí. La dependienta me puso dos cajitas para guardar las joyas y volvimos al autobús que estaba ya lleno de estudiantes. Pasemos por el lado de una heladería y como ya era tarde entré para preguntarle si me podría cambiar 100$ en calderilla para poder llamar por teléfono. La mujer regordeta de detrás de la barra me dijo que sí. Lo sacaría del bote de las propinas y me entregó una bolsa llena de monedas, le di las gracias y la felicité por los helados tan buenos que tenían. No había consumido ninguno, pero como habían ido tantos estudiantes era raro que se hubiese quedado con la cara de todos.

Subí al autobús y regresemos al Colegio.