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Historia 30470 — capítulo 5

Al volver, le pedí a Raquel que me dejase su bolsa para ojear el libro que se había comprado, y cuando se la devolví, le había metido el otro libro dentro. Lo hice cuando quedaba poco para llegar al Colegio, de forma que Vic estaba contando una de sus historias y no miró su contenido. A Raquel la noté un poco rara al bajar del autobús, como si temiera volver a entrar al colegio. Nos despedimos de los demás después que Vic me prometiera más de doscientas veces que me devolvería el dinero del amplificador.

  • ¿Te ocurre algo Raquel? - le pregunté.
  • No es nada.
  • Pero parece que tiemblas.
  • Es que no me gusta éste edificio.
  • Perdona que te lo pregunte, pero ¿Te ha ocurrido algo?
  • No, bueno, sí. Es que en mi habitación, por la noche, se oyen ruidos.
  • ¿Se oyen ruidos?
  • Como si arañasen los tejados.
  • Quizá sea alguna rata. ¿No crees?
  • No creo que se parezcan a los ruidos de las ratas. En mi casa hemos tenido y no se parecen en nada.
  • ¿Y los árboles con el viento?
  • Quizá.
  • Bueno, tú no te asustes. Dentro de la escuela no te va a pasar nada malo. Además ¿No va a haber nadie que se atreva a subir por los tejados, no? - sonreí y le arranqué una sonrisa.
  • Tienes razón. Pero asusta mucho.
  • ¿Y tu compañera de cuarto?
  • Dice que no le molestan. Y que deje de preocuparme.
  • Pues eso debes hacer. Subieron y se despidieron. Me imaginé la cara que pondría Raquel cuando se diese cuenta qu etenía en la bolsa los dos libros que quería. Saqué mis nuevos pendientes de la bolsa y los guardé en el joyero de viaje que tenía, no cabían con su caja así que las cajitas tanto del broche como de los pendientes las guardé en una de las maletas. Dejé el broche tras sostenerlo un momento en las manos. Dejé los libros encima del escritorio y salí del cuarto con todo lo necesario para darme una buena ducha. Me encontré con Bianca de camino y le pregunté porque traían esos morros tan largos tanto Lucas como ella. No me quiso contestar, quizá porque no teníamos mucha confianza, aún así pues le di mi apoyo y si quería hablar... podía contar conmigo. Tras la ducha (habría preferido un baño) y secarme y plancharme el pelo (toooodo un ritual de belleza que había heredado de mi madre) me dirigí a mi habitación. Allí estaba Courtney con Patrice hablando sobre una fiesta en los terrenos, yo me puse mi mascarilla hidratante en la cara y me puse a hacerme la pedicura. Siguieron hablando sin prestarle atención, cosa que agradecí. Tras pintarme y decorarme las uñas con mis pegatinitas y mis brillantinas, me quité la mascarilla facial que como era hidratante, solo tenía que retirar los excesos con un tisú. Mi madre me había metido en la maleta (sin darme cuenta, todo hay que decirlo) una braun silk-epil. Una depiladora eléctrica. No tenía mucho vello ya que estaba abonada a la depilación a laser y apenas me salían, pero me la pasé igualmente. Después me puse crema hidratante corporal y me puse el pijama. Por último, me dispuse a hacerme la manicura. Primero me limé las uñas, a veces escuchaba la conversación, pero como hablaban de estupideces, pues no les presté la mínima atención. A veces me preguntaban algo y contestaba. Pero cuando me empecé a pintar las uñas... el neceser se abrió como un abanico y dejó a la vista toda una colección de lacas y productos. Las uñas de los pies como las pintaba con un juego especial para pies no había abierto el neceser. Patrice y Courtney dejaron la conversación insípida que mantenían y se pusieron a mirar lo que había dentro del neceser. No tocaron nada, pues Courtney y yo teníamos la norma de no tocar las cosas de la otra.
  • ¿Dónde te has comprado ésta preciosidad? - preguntó Patrice. Aunque Courtney me miraba expectante para enterarse ella también.
  • La verdad es que me lo regaló mi madre por mi cumpleaños. No tengo ni idea de dónde lo compró. Probablemente fue en París, como te comenté Courtney que a mi madre le gusta comprar ahí. Si queréis se lo pregunto y después os digo.
  • ¡Sí por favor! - dijeron las dos. Después de ello estuvieron hablando más animadas y añadiéndome a la conversación de vez en cuando, yo seguí pintándome las uñas y ellas de vez en cuando se ponían a mirar lo que estaba haciendo. Al final, me lo ví venir, terminé haciendole la manicura a las dos. Pero me divertí bastante. Al día siguiente llegó el correo. La señora Bethany me miró con una cara... que mejor no describir. Me dio una caja, enorme, pero enorme ENORME dentro cabría bien una lavadora para un piso normal. Y pesaba. Vaya si pesaba. Pero pude con ella. Me encontré con Bianca, estaba seria, no quiso decirme lo que pasó con Lucas, pero me enteraría por él, quise hacerme su amiga, pero de momento, no hubo suerte.