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Historia 30470 — capítulo 6
Días después de su visita a Riverton, recibí el paquete que mi madre me había dicho que me mandaría. La directora Bethany me miró con una cara que habría congelado el mismísimo infierno. Me instó a que pidiese ayuda a varias alumnas y que tuviese la cordura de no subir el paquete yo sola para no llamar la atención de nadie "normal". Así que tuve que pedir que me ayudasen a llevarlo. Al entrar a la habitación, Courtney me miró con la misma cara que la directora. Ni siquiera se levantó para ayudarme a meter la caja dentro del cuarto. Mi madre se pasó. Definitivamente. Dijo que me iba a mandar seis calzas, me había mandado veinte. ¡De cada color! También me había mandado faldas, jerseys, chalecos, blusas del colegio como para vestirme durante toda mi instrucción en el instituto. Le tendí a Courtney unas calzas de cada color y estuve guardando toda la ropa. Aparté un jersey de cada y cuatro calzas blancas y dos negras para regalárselo a Raquel. Me sentía abrumada. Bajo la ropa, había tal cantidad de maquillaje para maquillar a todas las chicas de Medianoche. Que burrada, mi madre definitivamente estaba enferma. También habían varios perfumes, ropa de salir, zapatos... No tardó en tener todo guardado en su sitio. El problema es que no tenía mucho sitio.
- ¿Tu madre suele ser tan generosa? - preguntó Courtney.
- Normalmente se controla más. Debe de ser que me hecha de menos.
- Será eso. Salí de mi habitación dejando a Courtney maquillandose y me dirigí a la biblioteca. Me encontré con Erich a mitad camino y me miraba como si fuese a tirarse a mi cuello en cualquier momento.
- ¿Sabes que llevas un perfume muy agradable? - dijo él.
- Siento decirte que no es perfume, soy yo.
- Eso te hace aún más apetecible.
- ¿Tu crees? - me puse coqueta.
- Es más, lo afirmo. Sonreí y me lo dejé allí plantado. Al girar la esquina me encontré con Lucas.
- ¿Qué te decía ése? - me preguntó muy desagradable.
- Hola Lucas ¿Cómo estás? - le contesté.
- No me cambies de tema.
- No pretendía de cambiar de tema. Creo que eres muy grosero, lo que me recuerda que al volver del pueblo estabas muy rarito.
- ¿Te ha dicho algo Bianca?
- No hace falta que me diga nada. ¿Qué ha pasado?
- Nada, habían unos borrachos en la pizzería y me peleé con ellos.
- El hombre de paz.
- Pero eso no quita que Erich te acechara.
- ¿Me acecha? No soy un conejo que el águila mira desde el cielo con intención de comerme, Lucas.
- Yo no estaría tan seguro.
- Pues si tienes miedo que me haga algo podrías acompañarme a la biblioteca.
- Justamente allí mismo me dirigía. Lucas cambió su semblante y estaba mucho más animado. No podía decirle nada a Lucas, pero yo estaba segura de que las lechuzas del bosque acechaban menos que Erich. En los días siguientes, Erich intentó más acercamientos. A mi me divertían, pues la sangre de un vampiro para otro vampiro suele resultarle más desagradable que para un humano la leche estropeada. Si me mordía, no le iba a gustar. Hubo una tarde que fue más directo.
- Aurorita. Me encanta como te has peinado hoy - dijo oliendo mi pelo.
- ¿En serio? Creo que es igual que el peinado del resto de días.
- Eres muy atrayente.
- No me veo como un imán espero, tampoco te veo a tí como un trozo de hierro.
- Me encantaría robarte un beso.
- Tampoco tienes pinta de ladrón.
- Te mordería para saber a qué sabes - esto era una declaración abierta, aunque cualquier otra chica la habría tomado como un cumplido extraño.
- ¿Te gustaría morderme? - me puse bastante provocativa, lo que le encendió.
- ¿Me dejarías?
- Esta noche, en el tercer piso hay un pasillo oscuro dónde hay armaduras. Nos vemos a las doce.
- Te esperaré con ansia. Se alejó silbando una melodía extraña. Yo sabía exactamente lo que tenía que hacer. Si hubiese sabido que era una nacida no me habría tratado así. Bajé al despacho de la señora Bethany y le expuse el caso.
- ¿Puedo pasar directora? - le pregunté tras tocar a la puerta y que ella me dijera "entre".
- Por supuesto. Espero que lo "poco" que le envió su madre le sea útil, al menos.
- Sí directora. Practicamente era todo ropa.
- Me alegra oírlo. ¿Puedo ayudarla en algo?
- Sí. Me están acechando.
- ¿Acechando? Eso es ridículo. Usted es una nacida, no la pueden acechar.
- Es que aquí, nadie sabe que soy una nacida. No voy a clases de tecnología moderna, pues me he criado con las nuevas tecnologías. Creo que Erich cree que soy humana y piensa morderme.
- ¿Tiene pruebas de eso? Esas acusaciones son muy graves.
- No tengo pruebas todavía, pero puedo tenerlas.
- Explíquese.
- Ha estado tonteando conmigo desde hace días. Hoy me ha dicho, abiertamente, que le gustaría saber cómo sabe mi piel.
- Podría tratarse de un cumplido.
- Podría ser, pero también podría ser que no.
- Entiendo.
- He quedado con él a medianoche. En el pasillo de las armaduras del tercer piso, tiene una luz fundida. Pueden observar si tengo o no razón.
- Le ha tendido una emboscada.
- Le he seguido el juego. Nada más.
- Esperaremos a esa hora para averiguar las intenciones del señorito Erich. Me despedí y me marché a mi habitación. Me pasé toda la tarde estudiando, pues teníamos un examen de historia y después de cenar, me puse el conjunto rojo con las calzas rojas y me dirigí al tercer piso.
- Empezaba a pensar que no vendrías - dijo una sensual voz en la oscuridad.
- Apenas han dado las once, además, lo bueno se hace esperar.
- Ya me has hecho esperar demasiado, creo yo.
- Pues yo no pienso igual. Se acercó a mí y me apartó el pelo del cuello, mi carótida se movía al compás de cada latido. Vi el deseo en sus ojos.
- Eres preciosa.
- La belleza es relativa. Depende de los ojos que la admiran.
- Cierto. ¿Qué hacemos de noche, aquí, mirándonos como dos tortolitos?
- Tú eras el que quería probar mi piel.
- Yo dije que quería morderte, no probarte.
- ¿Qué pretendes? ¿Acaso chuparme la sangre o qué? - dije con la más inocente de mis risas.
- Eso es precisamente lo que pretendo - se lanzó a mi cuello rápidamente. Dolió un poco, pero también era excitante. Se apartó de mí y se puso a vomitar.
- ¿Te ocurre algo Erich? - dije melosa - Seguro que mi sangre no tenía el sabor que tú esperabas.
- ¿Qué extraña broma es ésta? ¿Qué eres?
- Soy exactamente lo que soy.
- BASTA - se oyó en la oscuridad. Aparecieron la directora con otros dos profesores - veo que sus sospechas eran ciertas señorita Aurora.
- ¿Qué pasa aquí? - preguntó colérico Erich.
- Ha atacado a una alumna creyéndola humana. Será castigado.
- ¿No es humana?
- ¿Sorprendido? - dije y me marché tarareando una cancioncilla mientras los profesores se llevaban a Erich. La venganza nunca fue tan dulce, aunque Erich seguramente encontraría la forma de vengarse él también.