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Historia 31721 — capítulo 5

Ser quien soy no es fácil. No importa lo que los demás digan.

Haberse convertido en quien soy sólo porque la persona que más te gusta en este mundo es muy famosa y crees que jamás se fijará en ti. De repente haber cambiado para bien, a fuerza de voluntad a veces. Que de pronto esa persona por quien cambiaste tanto te ama… Pero no sabes si ama a tu verdadero "yo" o aquel en el que te convertiste en cinco años.

A veces a fuerza de voluntad…

Gustarle a la mayoría de los niños y salir con la mayoría de ellos pese a que no los amas. Pese a que a veces ni siquiera te gustan. ¿Y todo para qué? Para poder llamar la atención del chico más famoso de la escuela que quizá de otra manera no se habría fijado en mí.

Ser la hermana menor de su mejor amigo y huir espantada a los once años de tu propia cocina por haberlo visto desayunando sentado allí y que tan sólo me haya dicho "Hola Ginny" y que yo haya sentido vergüenza de ése solo inocente saludo.

Pasar de ser una niña tímida y asustadiza a ser una joven fuerte y… atractiva quizá.

Pero entonces te preguntarás ¿Realmente les gusto por cómo soy? ¿O sólo les gusta que yo sea atractiva?

Ser quien soy no es fácil.

Muchos creen que llevo las de ganar porque estoy saliendo con el chico de mis sueños y les aseguro, del sueño de varias. Muchos creen que mi personalidad fuerte y dura que ha llevado a tener todo lo que quiero en la vida. Creen que soy suertuda, que lo consigo todo con sólo pestañear un par de veces, que todo lo tengo fácil. Pero tan sólo puedo decir que esas personas están totalmente equivocadas.

Aunque en un momento yo lo llegué a creer así también.

Así es, en un momento yo también creí que llevaba todas las de ganar: tenía el novio más codiciado de Hogwarts y más allá de eso, la persona que yo tanto amaba, acababa de ganar la Copa de Quiditch, estaba rindiendo bien mis MHB, todo era perfecto. Pero de repente las cosas comienzan a derrumbarse sobre mí. Comenzó el día en que Harry me dijo "ya no".

No crean que me cortó por algo que yo he hecho. Por un error mío. No. Me cortó porque Harry Potter es un héroe y su espacio está allí donde el Innombrable vaya. Quiere matarlo, no descansará hasta ése entonces. Entre tanto, teme que sus enemigos me busquen para hacerme daño. Lo sé porque el mismo me lo dijo.

Además, después de su respuesta me deprimí totalmente, no quise volver a jugar al Quiditch un buen tiempo y dejé de estudiar para los exámenes: me costaba mucho concentrarme.

El chico que yo tanto amaba. El único al que amé, aquel por el cual cambié a veces a fuerza de voluntad, a veces llorando noches enteras porque no lograba ser más fuerte, aquel por el que luché, se iría a luchar a otra parte.

Se metería en un mundo peligroso y su vida corría peligro, y todo lo que yo había cambiado para luchar a su lado había sido en vano.

Atrévanse a decir ahora que mi vida es fácil…

No me gusta que la gente a mis espaldas asegure que tengo las cosas fáciles. Ni los que me conocen ni los que no saben quien soy. Porque puedo asegurar fervorosamente que nadie me conoce. No del todo.

Puede que yo parezca una persona abierta y sociable. Totalmente extrovertida y graciosa. Pero todos tenemos un lado oculto queramos o no. Yo, pues, jamás me he mostrado como soy. No del todo… ¿Y saben por qué?

Porque hubo una vez en la que cambié a fuerza de voluntad.

Recuerdo a los catorce años. No me sentía en ese entonces guapa, pero bien, ya se lo dije a Hermione: Hay una edad en la vida de toda mujer en la cual de repente te parece que todo o al menos la gran mayoría de lo que eres es horrible y que todos pueden verlo.

Pero allí estaba yo. En el expreso de Hogwarts, mirando a Harry Potter. Mis maletas estaban en mis manos y me movía levemente hacia los costados por el tren que avanzaba en aquel momento. Harry se vuelve hacia mi y me mira con una sonrisa.

Hacia tiempo que el sol no me parecía tan cálido.

Hacia tiempo que Harry no era cálido.

Caminamos por los pasillos y entramos al vagón de Luna Lovegood. Se las presento. Ella me cae bien… Al verla entiendo que a veces soy muy mal agradecida: ella la pasa peor que yo. Yo al menos tengo la convicción, a partir de ahora, de cambiar.

Fue ése día. Ése día decidí cambiar a toda costa. Ya venía intentándolo hacía tiempo, pero ¿Cómo lo explico?

Hacia ya cuatro años Harry me gustaba y no me animaba a acercarme a él. Me admiro el día en que me acerqué y cambié. También me maldigo porno haberme acercado antes, puesto que no falta mucho para perderlo…

—Acompañaré a Hermione a la biblioteca —dijo Ron, de repente. Lo miré y noté que ambos parecían tensos.

—No es necesario —gruñó Hermione, poniéndose de pie. No sé por qué casualidad de la vida miré hacia Slytherin y vi que Malfoy se volvía a mirarla con los grises ojos entornados. Debo admitir que es lindo, pero es un estúpido.

—Al parecer sí —replicó Harry, algo enojado. Los miré, sorprendida. No acostumbro no enterarme de las cosas. La mesa entera de Gryffindor los estaba mirando en aquel incómodo momento. Hermione se ruborizó y caminó rápidamente hacia la entrada.

— ¡¡Ven aquí!!

Ron la siguió, enojado.

Lavender, desde el otro lado, soltó un fuerte bufido y siguió hablando con Parvati. Yo no dije nada. Pero admito que no entendía nada.

— ¿Me acompañas a buscarlos? —preguntó Harry, poniéndose de pie.

Me encogí de hombros y lo seguí como si no tuviera nada mejor que hacer. Quizá tendría que haberme parecido raro que Draco ya no estuviera en su asiento. Pero en ese momento no me importó: Pansy tampoco estaba y habían cosas más importantes que atender.

Por este pensamiento, por mi manera de poner así las cosas, en escalones de prioridad, estoy a punto de perder al chico que camina adelante mío. Estoy a punto de perder como amado a Harry Potter.

Y aunque estoy a punto de descubrir varias cosas, en éste momento sólo puedo preguntarme para qué sirvió entonces cambiar a veces a fuerza de voluntad…

Entramos a la biblioteca y nos encontramos una imagen de lo más rara. Sólo entendí que Hermione estaba en medio y Ron del otro lado miraba furioso no supe porqué, Harry me tapaba el resto de la escena. Lo último que escuché antes del estruendo fue:

— ¡¡¿Qué haces aquí?!!