Tituladas 17.2% · 34,225 de 199,415 descubiertas
Rescatado 94.6% · 90,464 de 95,612 páginas identificadas · 89,859/90,219 caps con texto ☕ Invitanos un café

← Historia 31721 · de

Historia 31721 — capítulo 6

Ron está decididamente loco. Mal de la cabeza. Pero no es el único. Yo estoy mal de la cabeza, soy una tonta. Peor aún, Malfoy es un idiota: ¿qué demonios hace aquí? ¿Después de lo que me hizo pasar anoche? ¿Después de las horas que lloré? ¡¡Gracias Malfoy, porque para colmo, ahora Harry tampoco confía en mi!!

Y sin duda, de haber visto a Ginny tras Harry, me hubiese enojado más. ¿Acaso no podían dejarme hacer mi vida en paz? ¿No podían permitirme ser yo de nuevo, estudiar sola, trabajar sola, pensar en elfos sola… odiarlos sola?

Porque los odiaba. No sólo a Malfoy por lo que me había hecho ¡¡A Harry y a Ronald también, por estar metiéndose!!

— ¡Basta! —los miré a los dos, furiosa. Harry aún no estaba allí, pero yo sabía que él aparecería en cualquier momento. Sí, aparecería, defendería a Ron y ambos me hablarían horas, haciéndome sentir desgraciada, poniéndome en una situación incómoda ¡¿Acaso les gustaba verme sufrir?! Y eso me enfurecía más, y más y más—. Los dos, basta. Están metiéndose en… no entienden que… ¡¿Qué demonios les pasa?! Ron, tú nunca me dejas en paz, estás pendiente de todo lo que hago, y tú Malfoy… —me acerqué a él, hecha una fiera—. ¿No te fue suficiente con lo que me hiciste anoche?

Y lo fulminé con mis ojos color chocolate. Lo fulminé tanto como me fue posible fulminarlo, si era posible llegar a su maligna alma, a su escaso corazón, destrozar lo que quedara de su ser, si era posible hacerlo sentir miserable, miserable como él había hecho conmigo. Y me sorprendió ver en sus ojos grises la pena.

¿Pena?

Sí, estaba triste. Se sentía mal por lo que había hecho… sus ojos estaban atormentados, llenos de tristeza. Él no entendía más que yo. No entendía la situación… estaba tan confundido igual que yo, igual que Ron…

—Malfoy, tengo que hablar con ella —gruñó el pelirrojo, molesto.

—Estás de más aquí, comadreja.

— ¡¡Tu estás de más!!

Vi a Harry llegar justo cuando Draco gritaba "¡¿Y qué haces tú aquí?!"

Supe que su frase debería haber continuado. Que él no había terminado de hablar. Pero Ron estaba enojado, estaba furioso, y no lo pensó dos veces, no quería pensar dos veces en nada porque su odio inundaba sus venas y yo, absorta como estaba preguntándome qué hacía Harry allí, qué hacían todos allí, no comprendí por qué.

Por qué Ron estaba furioso… y qué hacía Draco allí. ¿Acaso yo le gustaba a más de una persona? ¿Acaso realmente le gustaba a Draco? ¿Quién me quería allí, realmente?

La varita de Ron vomitó un rayo verde que dio contra las estanterías. Y oí también a Madame Pincé, gritando. Gritando, orando y blasfemando por sus pobres libros. ¿Y yo? Yo no oí nada. No entendí nada. Me quedé helada, sumida en mis pensamientos de odio y soledad. Y así habría seguido, pero alguien me pegó, me pegó con mucha fuerza.

No entendí nada… ¿quién me odiaba tanto como para pegarme con esa fuerza, esa violencia? Dolía… ¿Qué hice yo Dios, en qué te ofendí? ¿En qué ofendí a ésta persona que me ha pegado así de fuerte, cuál fue mi error?

No obtuve respuesta. Pero sabía que en ese día había hecho muchas cosas mal. Quizá alguien se había enojado mucho conmigo por mis errores y me había pegado por eso. Y tan fuerte me pegó, que volé. Pero yo no veía nada a mi alrededor, no oía, no entendía. No sé siquiera a dónde fui a parar. Sólo supe que la espalda, donde me habían pegado, me dolía mucho. Y que algo cayó sobre mí. Algo suave y blando, pero pesado a fin de cuentas.

Yo quise llorar. Quise llorar de impotencia e incredulidad, porque yo no había hecho tan mal para que me pegaran de esa forma. Para que me odiaran tanto como para herirme así. Mi cabeza había dado muy fuerte contra el piso, me dolía. Me dolía horrores y sentía algo calido y pegajoso derramar sobre mis cabellos. Y me mareaba, me mareaba y creo que a la vez lloraba por aquella injusticia.

¿Qué he hecho Dios, a quién ofendí?

Oí una voz hablando a mi oído, pero no sabía quién era ni qué quería. También oí cristales romperse y caer. Y algunos rasguñaron uno de mis bazos, que no estaba cubierto por aquel peso. Y yo, absurdamente, veía muy poco. Nada. ¿Tenía los ojos abiertos o cerrados? No entendía. Y esos gritos eran lejanos, cada vez más lejanos. Y el líquido caliente cada vez cubría más mis cabellos. Y un fuerte pitido en mis oídos fue reemplazando los gritos a la vez que mi cuerpo se volvía más pesado y mis pensamientos más confusos.

¿Quién me odia tanto para hacerme esto… Dios… a quién… ofendí?

Y nada más.

No sé nada más…

Porque la oscuridad me deboró.