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Historia 31925 — capítulo 10

A la siguiente mañana, Mankar se levantó muy desanimado. Seguía enojado con Haher y Gonza, pero a la vez se sentía culpable por la forma en que los había tratado. No se habían vuelto a dirigir la palabra desde entonces.

Bajó a desayunar al Gran salón muy lentamente y se sentó solo. Había mucho en qué pensar. Las imágenes de las últimas cosas que habían pasado lo atormentaban y lo divertían por momentos.

La primera clase que tenía ese día era Defensa Contra las Artes Oscuras. Él no había estado en ella la anterior vez, pues estaba muy deprimido por lo que había pasado en el Taller de Vuelo.

Mankar casi no comió nada, pero decidió irse a clases antes de que se le hiciera tarde.

Subió al tercer piso y buscó el aula de Defensa. Entró y se sentó a una mesa lejos del escritorio del profesor. Apoyó su cabeza entre sus brazos y se quedó reflexionando.

—¿Estás bien, Mankis? —preguntó la voz de Jessi Jordan.

Mankar la miró y le sonrió tímido, murmurando un corto «Sí».

—¿Qué tienes? Estás raro...

—No es nada, en serio...

Haher y Gonza llegaron y se sentaron juntos en otro lado del salón. Mankar se quedó mirándolos un momento.

—Dicen que tu tío encontró la Copa ayer... —Jessi se detuvo un momento. Mankar los miraba con una expresión muy seria—. ¿Es por ellos, verdad?

—No... no...

En ese momento entró al aula una profesora. Tenía una cara seria y vestía una túnica de color rojo oscuro.

—Buenos días, niños. Siéntense, por favor.

Jessi se sentó junto a Mankar y le sonrió. La profesora comenzó a revisar la asistencia haciendo un llamado de lista.

—¿Ella es la profesora de Defensa? —preguntó el chico. Jessi asintió.

—¿No lo recuerdas? Ah... es que no estuviste la clase anterior. Es la profesora Taz.

—Weasley, Merlín —llamó la profesora, un momento después. Mankar levantó la mano—. Señor Weasley, me alegro de que hoy nos acompañe. ¿Ya se siente bien?

Entonces Mankar la reconoció. Era Tazllatrix Devil, la auror compañera de Gaby. Terminó de pasar lista y habló dirigiéndose a la clase:

—Bien, jóvenes, hoy vamos a aprender un hechizo útil en situaciones peligrosas. De los hechizos que les dije que investigaran, ¿cuál es útil para emprender una huida?

A Mankar nadie le había mencionado nada acerca de una investigación, así que se mantuvo fuera de la vista de la profesora lo más que pudo.

—Smoketanius —respondió una chica de Ravenclaw, Lilyan Evans.

—¿Qué hace este hechizo? —preguntó la profesora Taz.

—Crea una pantalla de humo denso —dijo Lilyan.

—Bien, cinco puntos para su cuenta —le dijo Taz, sonriendo suavemente—. El hechizo de humo instantáneo lo podrían emplear tanto contra criaturas como contra magos. No causa daño alguno, pero les ayudará a escapar sin ser vistos.

»Le entregaré un frasco vacío a cada uno —continuó la profesora, mostrándoselo a la clase—. Van a apuntar con su varita adentro de él y van a tratar de crear humo. El conjuro, como la señorita Evans dijo, es Smoketanius. Necesitan mucha concentración, así que no pierdan el tiempo. Pasaré de puesto en puesto ayudando a quienes lo necesiten. El hechizo aparece en sus libros en la página once.

La profesora empezó a repartir los frascos. Cuando llegó a la mesa de Mankar, a él y a Jessi les entregó uno también. Le dijo al chico:

—Tú eres el nieto de Gaby, ¿verdad? —Mankar asintió—. Bueno, ya he visto a sus hijos por aquí, también. Si necesitas algo me avisas. Voy a terminar de entregar esto y regreso.

Jessi sacó su libro Inicios en Defensa y lo abrió en la página del Smoketanius. Lo colocó junto a Mankar, para que él también pudiera leer.

—¡Smoketanius! —exclamó Jessi, apuntando con su varita al interior del frasco. Nada ocurrió.

Mankar miró el libro y se quedó pensativo.

«Si con humo pudiera escaparme de este lugar...»

—Dale, Mankis, inténtalo.

Mankar la miró desanimado, introdujo su varita al frasco y susurró el conjuro. Tal y como lo esperaba, no pasó nada.

—Bueno, Mankar —dijo Taz, que se había acercado de nuevo a su mesa—, te explicaré los objetivos del área para este curso.

»Lo principal es aprender a dominar tu poder mágico. Si no pierdes el control de tu magia, ten por seguro que lograrás cualquier cosa. Puedes pedirle a la señorita Jordan que te preste sus apuntes. ¿Cómo vamos con este hechizo? —señaló el frasco.

—¡Smoketanius! —exclamó Mankar, pero sin suerte. Totalmente harto de la situación, le pidió a la profesora que lo dispensara de hacer el ejercicio, pues se sentía indispuesto.

—Vamos, es cuestión de práctica —le dijo la profesora Taz.

—Es que últimamente no he podido hacer ningún hechizo bien...

—Pero ¿no estuviste tú en el problema ese del sábado? —preguntó seria. Jessi lo miró extrañada.

—No... en realidad yo no hice nada... —explicó Mankar en voz baja y mirando al suelo—. Si quiere puede preguntarle al profesor Zancaturtania, en su clase tampoco hice bien ningún hechizo.

—Necesitas práctica, chico...

—No profe, ya lo intenté todo —dijo Mankar, tratando de que Jessi no escuchara—. Estoy aquí por error.

—Señorita Jordan —le dijo Taz a Jessi—, ¿sería tan amable de cederme su asiento un momento?

Jessi accedió sonriente y se fue a sentar junto a Gesux.

—Pero debes de haber hecho magia alguna vez —continuó la profesora Devil—. ¿Nunca has hecho un hechizo?

—El hechizo de fuego.

—¿Cuál de todos?

—¿Eh?... Incendio —dijo dudoso.

—A ver, si pudiste una vez, podrías lograrlo más veces. —Taz se dirigió a su escritorio y regresó con una vela en la mano—. Haz el intento.

Le extendió a Mankar la vela. Él la tomó y le apuntó con su varita. Sintió la gema brillar suavemente.

—¡Incendio! —dijo, seguro del control de su magia. La vela se prendió. Mankar sonrió dichoso, pues la última vez el hechizo no había tenido efecto.

—¿Ves que sí puedes? —le dijo Taz, sonriendo—. Sólo necesitas más confianza.

«Seguro, y una gema con más poderes diferentes», pensó Mankar.

—Ahora intenta Smoketanius —le propuso la profesora.

Mankar insertó la varita en el frasco y pronunció el conjuro... pero nada salió de la varita.

—Creo que sólo puedo hacer fuego...

La profesora Devil se quedó pensativa.

—Bueno... tal vez tu magia prefiera realizar inconscientemente sólo cierta clase de hechizos.

—¿Eso se puede? —preguntó Mankar.

—Sí, pero no es una desventaja. La magia no tiene límites —dijo Taz, haciendo énfasis—. Si sólo puedes hacer fuego, entonces intenta todos los hechizos de fuego que hay. Por ejemplo —tomó el frasco de Mankar, apuntó con la varita y exclamó—, ¡Lancarnum inflamarae!

Una pequeña llama azul empezó a bailar adentro del frasco. Mankar la miró sonriendo. Taz agitó su varita y el fuego se apagó.

—¡Lancarnum inflamarae! —repitió Mankar. Sintió la gema brillar en su muñeca. Una nueva llama azul, mucho más brillante, estaba ahora dentro del frasco. Mankar estaba atónito.

—¡Bien hecho! Ahora, para completar el ejercicio de mi clase, sólo debes llenar el frasco con humo espeso.

—Pero no conozco ningún hechizo...

—Profesora Devil, ya terminamos —le dijo alguien a su espalda. Era Gonzalo. Miraba serio a Mankar y al frasco con fuego azul.

—Bien, señor Umbridge, déjeme terminar de ayudar al señor Weasley y enseguida voy a su mesa.

Gonza se retiró a su asiento lentamente. Seguro que había visto el hechizo que había hecho, y ahora pensaba que Mankar les había dicho que era un squib para que se alejaran de él.

—¡Focum Fumum! —exclamó Taz. En la punta de su varita apareció una pequeña y alegre llama, y empezó a salir una humareda—. Este hechizo reemplaza a Smoketanius. Puedes dispersar el humo si lo deseas, o puedes dejar que se quede.

Mankar apuntó al interior del frasco y exclamó «¡Focum Fumum!», y sintió la gema brillar. De la punta de la varita salió una pequeña llama que empezó a bailar, pero no apareció nada de humo.

—Vaya... qué cosa tan rara... —dijo la profesora en voz baja—. Bueno, chico, sigue practicando.

La clase de Defensa Contra las Artes Oscuras le enseñó a Mankar algo muy importante: él podía manejar toda clase de fuego, y hacer lo que quisiera con eso. Aunque no pudo realizar ninguna actividad en la clase de Transformaciones (y la profesora Sorceress comenzaba a preocuparse), Mankar se esmeró en investigar todos los hechizos relacionados con fuego que encontrara en El Diccionario, la biblioteca del colegio.

Había unos bastante complicados, como el fuego de Gubraith, que producía una llama que jamás se apagaba, o el Fiendfyre, el peligrosísimo fuego maldito del que brotan criaturas mágicas, como quimeras y dragones.

Mankar intentó crear fuego de Gubraith, siguiendo las instrucciones del libro, pero la gema no reaccionó. El otro hechizo ni siquiera era buena idea probarlo, ya que era mucho más difícil y poderoso.

También había hechizos simpáticos, que Mankar probó a realizar con éxito, como aquel para crear figuras en el aire, o uno de fuego multicolor.

Dos hechizos en especial le llamaron la atención.

—¡Infocúbilum! —exclamaba Mankar, apuntando a una hoja de papel, que ardía por el efecto de fuego invisible.

Era un hechizo bastante atractivo, pero Mankar comprendió que debía ser cuidadoso al usarlo, pues si una chispa del fuego invisible llegaba a saltar a cualquier objeto, este se quemaría sin que nadie lo notara.

—¡Focum Ventum! —decía Mankar, para provocar que una pequeña llama saliera de la punta de su varita y que, al moverse, producía una corriente de aire, que era dominada por el chico, tanto en su intensidad como en su dirección.

Tomó nota de los hechizos que quería perfeccionar y se retiró a su Sala Común.

Allí estaban Haher y Gonza, hablando y riendo. Mankar se fue a su dormitorio y se sentó en su cama. Al día siguiente tendría clase de Encantamientos y no tenía idea de hacer ningún hechizo de los que el profesor Zancaturno les estaba enseñando. Pero su investigación en la biblioteca le había dado una idea.

Tal vez no podía hacer precisamente el hechizo de levitación, Wingardium leviosa, pero podía usar algún hechizo con fuego que le sirviera.

Tomó la pluma que usaba para practicarlo y exclamó:

—¡Focum Ventum!

La corriente de aire que emitía la llama de la varita (con un poco de concentración de Mankar) hizo que la pluma se elevara. Pero al profesor Zancaturno seguramente no le haría gracia que le mostrara un hechizo diferente al que le pedía, así que Mankar debía combinar Focum Ventum con Infocúbilum, para que la llama fuera invisible. Además, debía encontrar una forma de hacer creer al profesor que lo que estaba usando era el hechizo Wingardium leviosa.

Eso le ponía en dos problemas: inventar un hechizo, con base en otros dos conocidos, y aprenderlo a realizar de manera no verbal, es decir, sin pronunciar el conjuro.

De los apuntes que había tomado, leyó que los nombres de los hechizos, que generalmente venían de alguna raíz latina, ayudaban a realizar el hechizo, aunque no eran indispensables, pues un mago con total control de un hechizo no necesitaría pronunciar el conjuro. Mankar recordó que él había hecho fuego en algunas ocasiones sin decir nada, e incluso sin varita.

Tomó una hoja de papel y trató de quemarla con la mente, pero fue imposible. Sin embargo, logró hacerlo al intentarlo de nuevo, usando la varita.

«La magia no tiene límites».

Apuntó ahora a la pluma y pensó «¡Infocúbilum Ventum!», mientras decía en voz alta las palabras «¡Wingardium leviosa!», con la gema parpadeando en su muñeca. El conjuro que exclamó no tuvo efecto alguno, pero el que hizo mentalmente elevó la pluma con la misma gracia que tendría el encantamiento de levitación.

—¡Lo tengo! —exclamó dichoso.

Mankar se sentía exhausto. Redactó rápidamente unas líneas en su libreta de Herbología y se echó a dormir.

—¡Excelente, chico, bien hecho! ¡Veinte puntos para su cuenta!

El profesor Zancaturno estaba orgulloso. Incluso el brillo en sus gafas oscuras parecía sonreír, mientras reflejaban la pluma que flotaba frente a él.

Mankar se sentía algo culpable porque pensaba que lo que hacía era una especie de trampa, aunque fuera la única salida que tenía para cumplir en la clase.

Sin embargo, no podría valerse de la misma estrategia para todos los hechizos, ni tampoco en Transformaciones o Defensa Contra las Artes Oscuras.

Al terminar la clase, Mankar atravesó sin querer a un chico. La Copa estaba escondida. Salió corriendo a toda velocidad y recorrió casi todo el segundo piso.

Estaba cansado, tanto por el hechizo no verbal que había hecho en Encantamientos, como por el esfuerzo que hizo corriendo.

Pero, por increíble que fuera, al doblar una esquina, la Copa de los Tres Magos brillaba en todo su esplendor al final del pasillo sobre un pedestal. Mankar corrió como nunca, llegó junto a la Copa y la agarró con todas sus fuerzas. Pero alguien también lo hizo. Era Haher. Gonza iba corriendo también.

—¡CLICK! —gritaron Mankar y su tío al mismo tiempo, con todas sus fuerzas.

Mankar dejó de sentir el suelo bajo sus pies. Se sentía empujado por una fuerza que lo atraía fuertemente a la Copa. Se miraron los dos con dureza, mientras viajaban envueltos en una ráfaga de viento y un torbellino de colores.

Y de repente, ambos cayeron. Se encontraban en el Gran Salón.

Sólo uno de los dos tenía la copa en la mano. Y sólo uno de los dos se encontraba en la plataforma del Sombrero Seleccionador. Haher se levantó y miró incrédulo la Copa, mientras que Mankar, desde el frente del podio veía las palabras «Felicidades a Haher Roha Weasley por encontrar la Copa de los Tres Magos».

El squib se levantó y se marchó del Gran Salón hacia las mazmorras, donde tenía clase de Pociones, mientras todos los presentes aplaudían y se acercaban a su tío a decirle cosas como:

—¡Felicidades Haher! ¿Dónde estaba?

Qué iluso. Click no era un hechizo de fuego, sólo activaba el traslador. Mankar no era capaz de realizar esa sencillez. Y Haher... él no le permitió quedarse con la copa, aunque fuera para comprobar si era o no un squib.