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Historia 31925 — capítulo 3
—Que yo... ¿qué?
—¡Que vas a ir a estudiar a Harrylatino! —gritó Merlín, eufórico. Lo último que le importaba era que los muggles se dieran cuenta, por lo visto. A Mankar se le había borrado de la mente todo acerca de lo ocurrido en el parque.
—Pero yo... no puedo...
—¡Claro que sí! Parece que con lo que pasó ayer te ganaste tu cupo —al decir esto, bajo un poco la voz, y disminuyó su sonrisa un poco, pero de inmediato continuó como si nada, alargando el brazo—: ¡Toma!
Mankar no lo podía creer. Efectivamente, lo que Merlín le acercaba era un sobre de pergamino del Colegio de Hechicería Harrylatino, con su sello de color verde esmeralda. Tomó el sobre enseguida, aunque estaba demasiado confundido.
¿Invitado a Harrylatino? Se le cruzaron por la mente numerosas ideas en un segundo: podía ser una broma de Merlín, o una equivocación, o un engaño para ilusionarlos... Bueno, una broma no era, Merlín jamás jugaría con algo tan serio; si era un engaño, estaba muy bien planeado, pero Merlín tal vez se habría dado cuenta; no parecía equivocación, pues allí mismo decía:
Señor Mankar Merlín Weasley
Mankar miró a su padre, quien tenía una expresión radiante; luego a los lados de la calle y comprobó rápidamente que no había nadie cerca que hubiera escuchado a Merlín. Dirigió de nuevo su mirada al sobre, lo abrió y sacó la carta. Enseguida su padre lo rodeó quedando detrás de él para leer mejor.
ESCUELA DE HECHICERÍA HARRYLATINO
Directores:
Andrés El Cronista de Salem
Estimado señor Weasley,
Nos complace anunciarle que ha sido invitado al Colegio de Hechicería Harrylatino. Tenga en cuenta la lista de útiles y libros**necesarios que se envía.
Las clases comienzan el 1 de septiembre. Esperamos una lechuza con su respuesta antes del 20 de agosto.
Cordialmente,
Andrés
Co-director
Mankar leyó una y otra vez la carta: ¡no podía creerlo! ¡Harrylatino!
Miró a Merlín con una sonrisa de oreja a oreja y él le dio un abrazo y una palmada en la espalda. Su padre parecía a punto de llorar.
Mankar había perdido todas sus esperanzas de realizar su educación mágica. Creía que toda su vida iba a tener que estudiar en un colegio muggle, que siempre tendría que arreglárselas para hacer todo sin magia, mientras su familia lo realizaba con mucha más facilidad sólo al mover una varita...
—¡Imagínate la cara de mi madre cuando se entere! —exclamó Merlín—. ¡Estará dichosa! ¡Y el resto de la familia...! ¡Les tienes que enviar una lechuza de inmediato! ¡Ven! —agarró a Mankar de la muñeca aunque no hacía falta, rozando por poco el brazalete, y se dirigieron deprisa a la casa. Entraron a la cocina y el chico tomó un pedazo de pergamino y una pluma—. Invita a todos a que vengan el sábado, tal vez Alita, Lalita y tus tíos también hayan recibido una. ¡Tenemos que celebrar!
Los demás Weasley vivían en barrios de magos, así que se comunicaban por medio de lechuzas, y no por teléfono como hacía Mankar, pues ellos nunca necesitaban contactar a un muggle. Escribió rápidamente:
Querida abue:
¡Adivina qué! ¡Recibí una carta de invitación a Harrylatino! ¡No lo podemos creer! Nunca había visto tan contento a mi papá, y yo también lo estoy.
Supongo que Roonilz, Haher, Luna y Rowlina habrán recibido también ya su carta, felicítalos de mi parte. Nos gustaría que vinieran él sábado para festejar esto.
Invitaremos a toda la familia. Wiiiii.
Atentamente,
Tu nieto favorito, Mankar
Escribió las últimas palabras del mensaje con una sonrisa en la cara. Pensó que le resultaría simpático a su abuelita cuando lo leyera.
—Se la llevaré a Mallow —dijo Merlín, refiriéndose a la lechuza de la familia—. Espero que llegue hoy mismo —añadió y se dirigió rápidamente al vestíbulo, donde se encontraba la jaula de Mallow.
Mankar se sentó a la mesa de la cocina y escribió con la misma velocidad dos cartas parecidas a la primera, dirigida una a tía Kriss y otra a tío Kalin. Tendría que esperar a que Mallow regresara para poder enviarlas. Se sentó a la mesa y leyó la carta de Harrylatino varias veces más. Cuando Merlín regresó, encontró a su hijo contemplando todavía el pergamino y se dirigió a la estufa, pues había dejado la cena a medio preparar. Prendió el fuego con la varita y soltó un grito: sin darse cuenta, el fuego estaba muy alto y casi le quema la ropa, pero lo arregló rápidamente.
—¡Ay! Me quemé un dedo —se quejó casi riendo.
Mankar sonrió y desdobló la lista de útiles que necesitaría para su primer año en Harrylatino, la cual no había visto por la emoción. Allí estaban enlistados los libros que necesitaría, el uniforme y otros útiles como el caldero y la varita.
«¡Por las barbas de mi padre!», pensó Mankar. Acostumbraba decir eso, aunque después de leer la lista no resultaba gracioso. Eran demasiadas cosas las que se pedía en ella, y tal vez Merlín no pudiera comprárselo todo. Con eso no contaban, pues Mankar estaba preparando para entrar en un colegio muggle cercano a su casa y los libros y demás útiles que necesitaba eran mucho más baratos. Bueno, ya encontrarían la forma de comprarlo todo, así fuera de segunda mano. Mankar no pensaba decirle nada a su padre acerca de los útiles, no quería amargarle el rato.
En un momento que estiró el brazo, vio de nuevo la gema en el brazalete brillando. La examinó mas detalladamente, era la primera vez que tenía oportunidad de verla brillando tan de cerca, pues cuando apareció se apagó al instante.
Contempló, sorprendido, cómo la llama grabada en ella bailaba alegremente. «Tal vez se pone así cuando siento alguna emoción... —pensó—. Como una ventana a mis pensamientos: ayer, miedo por su repentina aparición... esta tarde, ira por la derrota contra el equipo de Macnair y la trampa que hizo para terminar... y ahora, alegría por recibir esta lechuza. La gema está conectada a mí. Este brazalete no sólo está pegado en mi piel sino que parece parte de mí. Vaya qué inútil si no hace más», pero entonces cayó en la cuenta, horrorizado: ¡¿Cómo iba a hacer un squib para estudiar en Harrylatino?!
Mankar no había demostrado tener aptitudes mágicas, exceptuando el ataque del día anterior, pero sabía que eso no lo había causado él. Lo único que demostraba su cercanía a la magia era el brazalete, pero, además de encontrarlo y que brillara, no percibía nada mágico en él. Prefirió igualmente guardarse el comentario sobre este tema. Pero algo era seguro: esa noche tampoco dormiría nada bien.
Mankar estuvo los siguientes días hojeando sus libros de magia, muy emocionado con la idea de ir a Harrylatino. Merlín envió una lechuza al colegio dando su autorización justo cuando regresó Mallow, y luego fueron enviadas las invitaciones de tía Kriss y tío Kalin.
Sentía un alegría sin igual, pero también un miedo que cada día iba creciendo, aunque no lo expresaba. No podía imaginar lo que haría en una clase en la que necesitara varita, tal vez intentaría en vano hacer levitar una pluma, o convertir un fósforo en aguja. ¿Y si ni siquiera pudiera entrar a clases? ¿Qué tal que no lo seleccionaran para ninguna casa en Harrylatino y tuviera que regresar a vivir con su padre? Incluso podía ser que el dueño de la tienda de varitas no consiguiera encontrar la apropiada y fuera allí mismo donde desistiría de su ilusión de ser mago. Bueno, mientras llegaba cada uno de esos momentos, Mankar podría instruirse con teoría de temas básicos.
Se pasaba horas enteras imaginándose con una varita, haciendo salir de ella rayos de todos los colores, chispas como fuegos artificiales, criaturas imaginarias y toda clase de cosas que pudieran provocar los hechizos, que tal vez él podría aprender. Es más, Mankar se emocionaba tanto con la idea que no paraba de dibujarse a sí mismo, tal como se imaginaba usando la magia: sosteniendo una varita de la que salían burbujas y rayos de colores; junto a su patronus (que Mankar pensaba que sería un águila); incluso apareciéndose y desapareciéndose; y también como vencedor de un duelo de magia (su oponente, parecidísimo a Macnair, se encontraba tirado frente a él).
Y hablando de Macnair, Mankar no pudo dejar de preocuparse por lo sucedido en el parque. Y menos aún cuando llegó la mañana del sábado la lechuza con el periódico mágico, El Giratiempo, cuya primera plana la ocupaba una foto de un hombre sonriente y bastante joven, bajo un título que decía «En su último año». Un poco más abajo, había una pequeña foto de un árbol en llamas partido en dos y, bajo él, un pequeño artículo cuyo contenido Mankar no distinguió, excepto por la parte resaltada: «Continúa en la página 2-14». Horrorizado, Mankar intentaba ver la expresión de su padre mientras leía el periódico, sin duda alguna abierto en la página catorce de la sección dos.
—Esto no puede ser... —dijo Merlín frunciendo el entrecejo—. Oye, Mankar, ¿no estuviste tú en ese lugar el miércoles con tus amigos? Vaya qué peligroso, ¿no viste nada...? —se quedó con las siguientes palabras en la boca, pues se distrajo leyendo la noticia. A Mankar le latía el corazón rapidísimo, y se sintió muy acalorado cuando su padre volvió a abrir la boca—: ¡¿Qué significa esto?! —bramó y le entregó bruscamente El Giratiempo a su hijo.
Mankar tomó el periódico y se asustó aún más al leer el título, pero no tanto como cuando vio que, aunque no muy nítidamente, se veía un grupo de chicos corriendo a toda velocidad y perderse por una calle, quienes regresaban por sus pasos unos cuantos metros y volvían a salir corriendo: él mismo, junto con Gonza, Jesús y Ricardo. Un poco separados del árbol había una banca y uno de los arcos del campo de fútbol, también ardiendo; además, un par de columpios en el mismo estado y personas con expresiones de miedo que observaban los cuatro lugares. Mankar leyó rápidamente la noticia:
SI JUEGAN CON FUEGO...
El pasado miércoles 16 de agosto, un camarógrafo de este periódico captó el momento en que un grupo de magos menores de edad, tras realizar magia de forma ilegal, huyen de la escena del crimen, en una zona muggle y a plena luz del día, no sólo atentando contra el Decreto para la moderada limitación de la brujería en menores de edad y el Estatuto Internacional del Secreto de los brujos, sino también poniendo en peligro la vida de otras personas.
Al parecer, se trataba de un grupo de niños magos que decidieron prenderle fuego a todo el lugar, para asustar a otros chicos. Según testigos, uno de los grupos se vio obligado a salir corriendo casi inmediatamente en vista del peligro, mientras que los demás (los causantes) tomaron un camino diferente minutos después de contemplar su obra.
Lo más curioso de esta historia, es que nadie sabe quiénes fueron los infractores y no se tiene más que una poco útil descripción de los niños.
«No entendemos por qué no podemos encontrar quiénes son los culpables —nos comunicó un miembro del Ministerio, de la Oficina Contra el Uso Indebido de la Magia—. Tenemos métodos para detectar dónde y cuándo se ha producido magia, aunque no su autor. Sin embargo, de esto no llegamos a enterarnos, aún siendo fuego mágico. Es como si no lo hubiera hecho un mago, ni niño ni adulto, pues de haber sido así, habríamos acudido de inmediato. Sólo sabemos que se produjo en varios lugares cercanos casi simultáneamente. Continuaremos las investigaciones para llegar al fondo del asunto.»
Si los magos menores de edad han encontrado una forma de realizar magia burlando los sistemas del Ministerio, este es un llamado a los padres para que estén más pendientes de sus hijos.
A todos los muggles que estaban presentes en el lugar les fue modificada la memoria después de dar su declaración.
—¡Oh, vaya! —dijo Mankar aparentando tranquilidad, aunque de forma no muy convincente—. El mismo lugar donde estuvimos...
—¿A quién engañas? —vociferó Merlín—, ¿Crees que no reconozco a mi hijo cuando lo veo en una foto, por muy lejos que se vea? ¡Y aunque no aparecieran tú y tu grupito escapando de la escena del crimen, esto explica la carta!
—¡No, espera! —exclamó Mankar—. ¡La verdad es que esto no lo hicimos nosotros! ¡Yo no soy capaz de hacer magia, y tampoco ninguno de mis amigos! ¡La culpa de todo la tuvo ese Juanjo Macnair! ¡Él provocó el incendio! —el chico le explicó a su padre todo lo que había pasado, y la expresión de Merlín se suavizó un poco. Al final, Mankar concluyó diciendo—: Aún no sé por qué me enviaron la invitación a Harrylatino, pero te aseguro que no fue por lo del parque.
Merlín se quedó pensando un poco en las palabras de Mankar.
—Bueno, ya sabía yo que tendrías una explicación para esto. Espero que sea la verdad —dijo Merlín; ya no estaba enojado, parecía más bien preocupado—. Si hubieras sido tú, el Ministerio lo sabría, pero por la misma razón tal vez tampoco fue Macnair. Hijo, quiero que tengas cuidado con ese chico de todas formas. Ya sabes, tiene apellido de mortífago, y no dudo que sea mago y también vaya a asistir a Harrylatino. ¿Por qué no me habías dicho antes?
—Lo que pasa es que, con todo y la carta, lo olvidé —explicó Mankar, un poco avergonzado. Todavía se sentía muy acalorado, pero al menos se había quitado ese peso de encima.
—Me preocupa —dijo Merlín, al ver que su hijo no iba a decir nada más—. Tal vez lo mejor sea que no estudies en HL. —Subió el tono de la voz, al ver que Mankar lo iba a interrumpir—. Quiero que sepas que me decepciona tu actitud, tanto al salir corriendo del parque, como al ocultármelo. Pero será mejor que continuemos esta charla después. Debes arreglarte rápido, en cualquier momento llegará mi madre o alguno de mis hermanos.
Mankar iba a contestar pero Merlín ya había salido de la cocina. Se quedó ahí sentado, reflexionando. Había considerado la posibilidad de no ir a Harrylatino por alguna razón pero, ¿se lo prohibiría su padre? Era consciente de que, si decidía esto, sería por su propia seguridad. Sin embargo, enterarse apenas unos días después de recibir la carta era inaceptable. En esto pensaba cuando se dio cuenta de que se hacía tarde para arreglarse.
Media hora después, Mankar ya estaba bien vestido y listo para recibir a todos sus tíos, primos y su abuelita. Primero llegaron tía Kriss y Lalita (quien también fue invitada a Harrylatino, tal como había supuesto Mankar) y hablaron muy animadamente sobre lo que les esperaba en el colegio. A esta conversación se sumó Alita (quien recibió su carta el mismo día que Lalita), poco rato después, cuando llegó con tío Kalin. No tardó en llegar Gaby, junto con los demás tíos de Mankar, de edades parecidas a la de él: las chicas Luna, Rowlina y Roonilz; y Haher, el único Weasley de pelo azul, todos invitados también a Harrylatino. También llegaron las hermanas de Gaby: Norita y Vicky.
—¡Oh, aquí está mi niño, que ya está creciendo! —dijo Gaby dándole un abrazo a Mankar—. ¡Ya irán todos a comenzar su educación mágica! Laura, también muchas felicidades —añadió dirigiéndose a Lalita con una sonrisa—. ¡Cómo pasa de rápido el tiempo! ¿Qué haré para no sentirme vieja? —soltó una carcajada, y lo mismo hicieron los demás miembros de la familia—. Y tú, corazón, ¡qué sorpresa nos has dado!
—Ay, abue, pero si tú no eres vieja —respondió Mankar riendo—. Eres la auror más hábil y joven que conozco.
—Y también la única —dijo Gaby—. Bueno, sin contar a mi comadre Taz. Lástima que no haya podido venir, pero es que tenía bastante trabajo en el Ministerio —añadió con una sonrisa.
Siguieron conversando y bromeando muy alegremente, hasta que Merlín los llamó desde la cocina anunciando que estaba servida la comida. Ya que eran tantos, comieron en el patio. Los trece Weasley salieron por la puerta de la cocina y se encontraron con dos mesas muy largas, unidas y cubiertas por un blanco mantel, sobre el que había platos con comida cuyo olor llenaba el aire. Mankar se sentó en medio de Lalita y Gaby. El cielo era más azul que nunca y no había ni una sola nube. La luz del sol hacía salir destellos rojizos de las cabezas de cada uno. Sus tías, Gaby y Merlín hablaban tranquilamente entre ellos. Alita ponía atención a la conversación entre Kalin y Haher.
—¡De ningún modo habrían podido ganar de no ser por ese árbitro, bien lo sabes! —decía tío Kalin en voz bastante alta, con una pierna de pollo en la mano—. Si hubiera sido un partido justo, nosotros los hubiéramos humillado.
—Te molesta porque sabes que somos mejores —respondió Haher riendo, mientras el color de su pelo cambiaba de azul a verde—. ¡Lo comprobarás la próxima vez que ganemos!
—Es gracioso ver cómo discuten por quidditch —le susurró Lalita a su primo, quien sonrió—. ¿Y qué más? ¿Estás ansioso por ir a comprar tus útiles?
—No lo sé —respondió Mankar encogiéndose de hombros, mientras se servía un poco de ensalada—. Aún no le he mostrado la lista a mi papá. ¿Sabes? No conozco muy bien todos los encantamientos, sólo los que nombran en los libros de Harry Potter, pero he hecho algunos dibujos de hechizos que serían muy útiles... o divertidos.
—¡Qué interesante! Me emociona mucho la idea de ir a HL —comentó Lalita con entusiasmo—. ¿Has pensado en qué casa te gustaría estar? «Son nuestras decisiones las que muestran lo que somos». Si la forma de seleccionar a los estudiantes es la misma que en Hogwarts, tal vez podríamos pedirle al Sombrero Seleccionador que nos coloque en la casa que queramos. Creo que todos los Weasley han estado en Gryffindor. A mí me encantaría ser una leona también.
—Tengo entendido que uno se puede cambiar de casa —dijo Mankar confundido. En realidad no tenía idea en qué casa podía ser seleccionado.
—Creo que sería buena idea probar en diferentes casas antes de encontrar a la que verdaderamente perteneces. ¿En qué casa quisieras estar?
Mankar no sabía qué decir, se notaba que Lalita había pensado en ello detenidamente. El chico abrió la boca para hablar pero escuchó que alguien decía su nombre desde otro lado de la mesa.
—¡Sí! Ha sido toda una sorpresa la que nos ha dado Mankar —decía la voz de tía Vicky. Mankar miró en dirección a ella y vio que le sonreían sus tías; Merlín le hacía un gesto de disculpa: él entendería que a Mankar no le gustaría hablar de ello en ese momento—. Pero oye, aún no nos has contado cómo fue —añadió dirigiéndose a su sobrino.
—Eh... pues yo... yo...
—¡Si hubieras estado, Vicky! —lo interrumpió tío Kalin; Merlín y Gaby lo miraban con una expresión que decía «¡Cállate!», pero Kalin no pareció notarlo—. Estábamos en la sala de estar Kriss, Merlín, mi mamá y yo —enumeró lentamente mientras señalaba a cada uno—. Cuando escuchamos un ruido de cristal rompiéndose, salimos para ver qué había pasado. ¡Tremendo susto el que nos dieron los chicos! Mankar estaba tirado en el suelo y Alita y Laura sentadas junto a él, muy asustadas: se había desmayado y dijo inconscientemente varias cosas sin sentido.
—¿Y? —preguntó tía Vicky, ya que Kalin se había detenido—. ¿Sólo fue eso?
—Bueno, pues sí —le respondió Mankar tímidamente.
—Vaya, pero, ¿cómo saben que no lo hizo alguna de las niñas? —intervino tía Norita. Todos se quedaron pensando en esa pregunta; Mankar, Alita y Lalita se miraban entre ellos. Como nadie respondió, Norita continuó—: Entonces es una irresponsabilidad. ¡Esa «Hechicera» no debería enviar esas lechuzas sin comprobarlo antes!
—Se llama Sorceress —corrigió rápidamente Merlín—. Y en Harrylatino la jefa de Gryffindor no es la subdirectora. Además, ella no firmaba la carta.
—¡Como se llame! —exclamó Norita—. No pueden invitar a su colegio a todo el mundo, si no saben si realmente...
—Tranquila, oye —la interrumpió Kalin—. Puede que parezca imprudente, pero alguna razón deben tener. Sería ridículo si no lo comprobaran con anterioridad. Además —continuó dirigiéndose a Mankar—, tal vez has hecho magia en alguna otra ocasión sin notarlo.
Todas las miradas estaban fijas en Mankar, y se sintió nuevamente acalorado. Pero Merlín lo salvó de tener que empezar a hablar.
—Sí, yo recuerdo que algo muy parecido me ocurrió a mí —afirmó con tono alegre—. Pero tengo que agradecértelo igual, Kalin. Si no hubieras escondido mis zapatos encima de aquel armario, yo no habría tenido necesidad de encogerlo. Toda la ropa que había allí quedó encogida a la talla de un duende. Nunca te había visto tan furiosa, mamá —añadió dirigiéndose a Gaby, quien sonrió, y todos comenzaron a hablar de las primeras veces que hicieron magia.
—Lo lamento, corazón —le susurró Gaby a Mankar—. Sé que es molesto hablar de esto, pero Kalin olvida a veces esas cosas.
El hecho de ver a su tía Norita tan alterada hizo a Mankar conciente por primera vez de que un muggle en una escuela de magia no era un error: era un peligro.
—No te preocupes, no importa —le respondió Mankar quedamente.
Había que valorar el hecho de que Gaby no le había preguntado nada para no indisponerlo, pero ya que se había tocado el tema, Mankar se acordó de algo: no era que no confiara en Merlín, pero Gaby era la persona más indicada para contarle lo del brazalete. Después de varios días de reflexionarlo, llegó a la conclusión de que una auror como ella podría saber algo sobre la gema, o por lo menos sería importante que lo supiera para así poder investigar sobre ello. De todas formas, Gaby no se mostraría tan preocupada como Merlín si se lo llegara a contar y, sin lugar a dudas, su abuelita le guardaría el secreto si él se lo pedía.
—Pero sé tal vez por qué he sido invitado a Harrylatino —reveló Mankar tras una pausa, lo más suave que pudo, al cerciorarse de que nadie más le estaba poniendo atención. Gaby clavó en él su mirada con expresión interrogativa—. El martes, en tu casa... pasó algo más... poco después del ataque me di cuenta de que tenía... esto... en la palma de mi mano... —Se levantó la manga del suéter. Allí en su muñeca, estaba el delgado brazalete con la moneda sucia y roja, como si fuera una simple piedra. Gaby se quedó mirando fijamente la manilla, mientras su nieto continuó—: Apareció este... brazalete de la nada y creo que la gema brilla cuando siento alguna emoción fuerte. —Pero apenas lo dijo, pensó que tal vez no era cierto porque entonces estaría brillando en ese momento.
Gaby tomó entre sus manos la muñeca de Mankar y examinó detenidamente la gema por debajo de la mesa, de forma que nadie más se daría cuenta a menos que se fijara en ellos. ¿Sabría ella lo que significaba esa llama? De su expresión no obtendría la respuesta, pues solo se veía concentrada en la manilla. Como su abuelita no decía nada, Mankar continuó con el mismo tono:
—No tengo ni idea de cómo o por qué la obtuve. No me la puedo quitar. No causa magia, ni sé para qué sirve...
Gaby giró la muñeca de Mankar. El brazalete, totalmente liso no pareció darle ninguna señal a Gaby de lo que buscaba. Al fin, dijo:
—Definitivamente, por eso recibiste esa carta. ¿Alguien más lo sabe?
—No. No se lo he dicho a nadie más.
—Bueno, pues no seré yo quien lo haga. Escúchame bien, si alguna vez has leído u oído historias del mundo de la magia, sabrás que nunca se terminarán de revelar secretos desconocidos. Este es uno de ellos. ¿Sientes haber hecho magia? —Mankar negó con la cabeza—. Entonces no podemos afirmar que seas mago. Mira, esto...
—¿Ustedes qué están haciendo? —preguntó la voz de Alita. Tanto Mankar como Gaby giraron rápidamente la cabeza hacia la niña, que estaba detrás de ellos e intentaron adoptar la expresión menos sospechosa que pudieron. El chico escondió la muñeca bajo la mesa.
—¡No es nada! —exclamó Mankar sintiendo fastidio por aquella interrupción.
—¿Cómo que nada? ¿Qué tienes ahí? —preguntó alegremente Alita. No se le había escapado que Mankar ocultaba algo.
—Le estaba dando un regalo —mintió hábilmente Gaby, y tiró del brazo derecho de Mankar, dejando ver el brazalete—. A ti ya te regalé una escoba, ¿no? Bueno, a Mankar le compré esta manilla.
—Ah... ¿o sea que a él le das otra cosa además de la gorra? —preguntó la niña. Mankar no pudo evitar sentir un poco de envidia: ¿a Alita le regalaban una escoba y a él sólo una gorra?
—¡Pero cómo puedes decirlo en frente de él! Perdona, corazón —dijo ahora dirigiéndose a Mankar—, te había comprado otra cosa, pero olvidé dónde la dejé. ¿Sabes qué? —añadió ahora hablándole a Alita—. Por ser tú tan envidiosa, le daré ambas cosas a Mankar, apenas encuentre la gorra.
Alita se retiró con aire ofendido, pero Mankar pensó que ella no tenía motivo para quejarse. Después de todo, incluso para él, una escoba sería envidiable, y mucho más a comparación de una simple gorra y una aburrida manilla. Luego pensó que Gaby jamás le daría algo que no le gustara, y, para una ocasión tan especial, ella le daría un regalo igualmente especial.
—Se la creyó —susurró Gaby riendo—. En realidad, dejé tu gorra allí en la sala de estar, en mi bolso. Te la daré cuando ella no se dé cuenta. Bueno, creo que es hora de irnos.
—¿Ah, sí? —dijo Mankar con tristeza. Quería que se quedaran más tiempo, y seguir hablando con su abuelita—. Bueno, entonces espero que estés muy bien y...
—¿Qué dices? No, corazón. Tu vienes conmigo. ¿No te lo dijo tu padre? Esta tarde iremos a comprar todos tus útiles en el Wizentro.