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Historia 31925 — capítulo 5
Regresar a su casa fue como despertar de un sueño, con la diferencia de que la nueva realidad era mucho más alegre. Todo comenzaría de nuevo y en un par de semanas Mankar se marcharía para Harrylatino.
Esa noche, bajó con su padre del autobús noctámbulo con el recuerdo del mejor día de su vida. Habían estado en el Wizentro unas horas más, mirando todas las cosas fabulosas que había tras las vitrinas.
Haher aún conservo todo el día el pelo de color rojo, aunque un poco más oscuro, tal vez idéntico al de Mankar. Las niñas estuvieron todo el día admirando sus varitas e intercambiándolas, pero Mankar sólo tenía ojos para la suya. Y Haher también.
Después de una cena muy agradable con su padre y llena de risas, en la que para nada se tocó el tema del artículo en El Giratiempo, Mankar regresó a su habitación. Allí estaban abandonados algunos dibujos que había hecho esa semana. Pensó que era buena idea quemarlos también. Ahora no era un simple chico que se conformaba con imaginar haciendo magia. Ahora era un chico con una varita mágica de verdad.
La relación entre Mankar y Merlín se hizo más fuerte. Durante los pocos días que faltaban para entrar al colegio no se separaron casi en ningún momento. Era una suerte que también su padre estuviera en vacaciones.
Se divertían jugando fútbol en el patio, montando bicicleta, jugando con las consolas de videojuegos muggle que tanto le gustaban a Mankar... Nunca se imaginó a su padre haciendo todas esas cosas indignas para un mago, pero al parecer Merlín no deseaba hacer nada más que aprovechar el tiempo que le quedaba con su hijo.
Incluso vieron algunas de las películas de Harry Potter que hacían los muggles, totalmente diferentes a la realidad y que a Merlín jamás le habían atraído para nada, pero las tomaron de buena manera, como si fuera una comedia, a pesar de lo dramáticas que podían ser.
La única que no vieron fue la segunda, a pesar de que Merlín era quien más interés tenía de verla, pero a Mankar le aterrorizaba el basilisco, incluso ese monstruo de mentiras que ni en sueños asemejaría el horror que causaba uno real.
A dos días de entrar a HL, Merlín tuvo que salir porque lo llamaron urgente del trabajo, y le dio permiso a Mankar de invitar a alguno de sus amigos. El chico llamó por teléfono a Gonzalo, y este aceptó sin pensarlo dos veces.
Esa tarde, Gonza y Mankar hablaron sobre lo que había pasado en el parque, mientras buscaban el canal en el que presentarían una película.
—Mi madre me castigó la semana entera. Hoy es la primera vez que me deja salir. Todo por culpa de Macnair. Dice que aproveche mis últimos días libres antes de entrar al colegio.
Mankar no estaba dispuesto a decirle que él era el responsable del fuego, así que simuló que era Macnair.
—Bueno, hay que admitir que nos vimos bastante sospechosos.
—Aún así no hay pruebas de nada. Ella ni siquiera estaba en el parque. No entiendo por qué piensa que fuimos nosotros.
—Pero ¿cómo se enteró de lo que pasó?
—Lo vio en... en algún lado... y, pues, yo le expliqué que Macnair había preparado que se incendiara el parque.
—A mí me pasó algo parecido. Mi padre estaba realmente enojado conmigo cuando vio la foto... —de repente Mankar se calló. Acababa de notar algo—. ¡Oye, Gonza! ¡pero si tú eres mago!
Gonza palideció en lo que se tarda en decirlo. En cambio, Mankar se sintió extrañamente feliz.
—¿De... de qué estás hablando?
—¡Pues qué tonto eres! ¿En dónde más iba a ver tu mamá lo que pasó en el parque, si no El Giratiempo?
El amigo de Mankar tenía los ojos desorbitados.
—Entonces... ¡tú también eres mago! Si no, ¿cómo sabes...?
—¡Claro que sí! Y Macnair también lo es. Pero, tienes apellidos muggles... ¿cómo?
—En realidad mi apellido no es Delgado. Soy Gonzalo Umbridge... Nos lo cambiamos para no generar sospechas... —Hizo una pausa y agregó—. No lo puedo creer... Bueno, Weasley eres. Imposible que no fueras mago. Mi madre siempre dijo... ¿Vas a ir a HL?
—¡Sí! —dijo Mankar eufórico—. ¡Recibí la carta ese mismo día!
—Bueno, yo unos días antes. Pero mi mamá casi me lo prohíbe cuando leyó lo del... ¿Qué es eso?
Mankar jugueteaba con su varita y Gonza la miraba muy asombrado. La película había comenzado, pero había quedado totalmente olvidada.
—¿Tú no tienes una? —preguntó Mankar—. Está muy cercano el inicio de clases, ya deberías...
—Bueno, sí. Tengo una varita. —La sacó de un bolsillo—. Lo que pasa es que me asombra cómo juegas con la tuya. Yo la he agitado sin querer y por poco nos quedamos sin escaleras en mi casa.
—Uy, sí. No lo había pensado. —Mankar dejó de jugar y se guardó la varita en un bolsillo. Llevaba toda la semana jugueteando así con ella, sin notarlo, poniendo en peligro su hogar—. Entonces, ¿cómo supo tu madre que éramos nosotros los de la foto?
—Dijo que reconocería a su hijo por muy lejos que estuviera. —Gonza se encogió de hombros—. Además era obvio. Yo le había dicho ese día qué íbamos a hacer.
—Entonces somos tú y yo los únicos que sabemos que Macnair fue el causante del fuego —comentó Mankar convincente. Gonza asintió—. ¡Pobres Ricardo y Jesús! Jamás adivinarían que fue un truco de magia.
—¿A ti se te ocurre cómo lo hizo? —preguntó Gonza pensativo—. Es decir, el ministerio no lo detectó...
Y Mankar comprendió algo más: cualquier cosa que provocara su gema no era magia normal. El ministerio debió darse cuenta... Claro, ellos no habrían querido declarar a El Giratiempo, pues demostrarían que no eran del todo eficaces. Negó con la cabeza.
—De verdad, Mankar, no creí que fueras mago, nunca pareciste diferente. Tu padre tal vez es un poco loco. Pero tú no dabas muestras de ser más que un muggle, a pesar del apellido.
«Yo pensaba lo mismo.»
—Bueno, eso te demuestra que somos muchos los magos en el mundo —respondió Mankar, sintiéndose culpable. Tal vez jamás confesaría que lo creyeron squib; sería discriminado por todos. Era cierto que muchos magos descubrieron sus poderes bastante tarde.
«Pero sólo uno con ayuda de un brazalete —pensó Mankar—. Sin él, seguro me habría quedado como squib para siempre.»
—Cuéntame —dijo de pronto Gonza—. ¿Cómo descubriste que eras mago?
Mankar no estaba preparado para esa pregunta. ¿Qué podía decir? «Pues me dio un ataque y apareció un brazalete de la nada». «Sólo incendié el árbol del parque y ya». «Lo descubrí cuando estábamos comprando mi varita, y casi no lo consigo». «En realidad, todo es gracias a esta gema, que me ayuda a realizar encantamientos».
—Mankar... ¡Mankar! ¡te estoy hablando! —Gonza chasqueó los dedos frente a la cara del chico.
—Eh... yo... encogí un armario y todo su contenido. Mi padre se enfureció.
—Hijo, enciende la luz, por favor —le pidió Merlín la noche antes de entrar a Harrylatino.
Estaban viendo un programa de televisión. Mankar ya le había contado a su padre que Gonza también estaría en HL. Se disponía a ponerse de pie, cuando Merlín dijo:
—No, espera. Más vale que no prendas ni una vela en esta casa. ¡Podrías quemarla por completo! —dijo Merlín, mientras se levantaba riendo.
—Pues mejor no cocino nunca en mi vida. Prender la estufa será un verdadero peligro —respondió Mankar sonriendo.
—De eso no te salvas, ¿eh? Aún tienes manos que puedes... —Merlín se quedó pensando y abrió mucho los ojos—. ¡Oye! ¡Ya sé! Te enseñaré a usar la varita.
—No puedo hacer magia fuera del colegio...
—No importa, estoy contigo.
—¿Y si el Ministerio lo detecta?
—Lo detectará, pero no sabrá que eres tú porque yo también vivo aquí. Recuerda que solo saben cuándo se hace magia, pero no quién la hace.
Mankar no estaba seguro de si debía hacerlo, pero su padre no admitiría una respuesta negativa. Merlín sacó su varita. Mankar no tuvo más remedio que imitarlo y ponerse de pie.
—Debes conocer muchos hechizos. Cuando compramos la varita intentaste usar Lumos, ¿no? —Mankar asintió—. Mira, no es sólo agitar la varita y decir el conjuro. No puedes mover una pierna con solo decirlo. ¿Sabes a lo que me refiero? Siente la varita como parte de ti. ¡Lumos!
Y la varita se encendió. Iluminó bastante, pues Merlín nunca encendió la luz de la sala.
—¿Ves? Con un poco de práctica será mucho más fácil. Inténtalo.
Mankar levantó su varita, de la que no se había despegado desde que la compraron, e intentó hacer lo que su padre le dijo.
—¡Lumos!
Debió haberse acostumbrado el día que la compraron a que no era tan fácil hacer hechizos, porque se preocupó al ver que la varita continuaba igual.
—¡Lumos! —exclamó con más fuerza... nada—. ¡Lumos!
Un horrible presentimiento cruzó por su mente: sólo podía hacer fuego. No... imposible...
—¡Lumos! ¡Lumos! ¡LUMOS!
—Hijo, tranquilo —dijo suavemente Merlín—, recuerda lo que te acabo de enseñar... es sólo... falta de práctica. En el colegio te van a enseñar bien. Intenta una vez más, pero cálmate, por favor.
Mankar intentó calmarse. ¡¿Pero cómo?! ¡Si cualquier otra varita pudo funcionar si intentaba el hechizo de fuego! ¡Ni por accidente había hecho nada más! ¡Toda la semana jugueteando con su varita y ni un solo efecto!
—¡LUMOS! ¡LUMOS! —gritó, ahora desesperado. No... no podía ser un squib—. ¡LUMOS!
—¡No, Mankar, no! ¡Así no se puede! Mira, no sigas...
—¡ACCIO TELÉFONO! —gritó con la varita apuntando a la cocina—. ¡AGUAMENTI! —nada pasó...—. ¡ALOHOMORA! —la puerta del baño no se abrió—. ¡SONORUS! —se apuntó a su garganta, y no gritó más fuerte. Nada servía.
—¡¿TE HAS VUELTO LOCO?!
Merlín estaba realmente asustado, y le apuntaba a su hijo pensando en cuál hechizo usar.
—¡DESMAIUS!—y su padre no pareció tambalearse—.¡EXPECTO PATRONUM! —gritó ridículamente. La única forma de comprobar su miedo era apuntar algo... la cortina... y gritar—: ¡¡INCENDIO!!
Y la gema brilló. Y de la varita salieron llamas enormes. Y la cortina se prendió en fuego y se consumió en el acto. Y la pared también se estaba quemando. Y el tiempo se detuvo. Y todo cambio de color, como los negativos de una fotografía muggle. Y a su derecha se vio reflejado en un enorme espejo que salió de la nada, y su silueta empezó a arder en llamas. Y a Mankar le dio sueño. Y no recordó qué ocurrió después.