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Historia 31962 — capítulo 6

-¡Maldita sea!- exclamó Ahren, mientras se reincorporaba, pero ya el monstruo se encontraba a dos palmos de este. De la nada, al menos eso parecía, Fenrir había aparecido junto al monstruo, y con un fuerte zarpazo, había mandado a este a volar hacia un árbol, el cual se había quebrado con el impacto. Kasch se había lanzado hacia él, y al hacerlo clavo la espada en el estomago de la bestia, ocasionando que esta rugiera de dolor. -¡Ahora, Ahren!- exclamó el hermano, presionando mas al monstruo contra el árbol. Mientras que Ahren, sin perder tiempo, ya se encontraba enterrando su espada en la boca de este, atravesándolo desde el paladar, empalándolo así contra el macizo. -Al parecer no podremos acampar en este punto- soltó Kasch, mientras sacaba la espada del monstruo. -Al menos tenemos comida- soltó Ahren- y las escamas de este monstruo tienen buenos efectos en la resistencia de la piel. Por cierto, ayúdame a buscar el ''Sello de Oro'' Kasch lo miró confuso. -La flor, ¿que ayuda a prevenir infecciones y sirve para detener hemorragias?- preguntó Kasch, sin estar muy seguro. -Exactamente- respondió Ahren- me impresionas. -¡No te burles!- exclamó Kasch- Mendel nos la enseño en la segunda excursión de mi grupo, y justamente en la clase estaba una chica que había tropezado, así que la usó en ella. Decidieron acercarse un poco más al río, que estaba al este de donde ellos se encontraban. Extrajeron las escamas de los Canaris, la cantidad suficiente para prepararla de vez en cuando, pues sus efectos duraban solo dos días. Mientras Kasch montaba el campamento, el cual consistía en dos bolsas de dormir y una fogata entre los hermanos, Ahren preparaba la crema del Sello de Oro, para luego aplicárselo en la herida, y con un pedazo de una camisa vieja, que había empacado en caso de que ocurriese algo así, se vendó el brazo derecho, al terminar, comenzó a preparar una pomada, a base de las escamas de los Canaris, para que de esta manera, estuviera lista al amanecer. En el tercer día de viaje, decidieron acampar poco antes de llegar al desierto, con intención de cruzarlo al día siguiente, ya que si no lo evitaban, les tomaría seis días más llegar a la academia, en cambio, si lo hacían, llegarían en ocho días. Para el cuarto día de viaje, ya se encontraban en unos médanos cercanos a la costa, se mantuvieron en pie gracias a las provisiones de agua que habían recogido antes de entrar al desierto.  Cuando al fin llego la noche del séptimo día de viaje, Ahren tuvo que ayudar a Kasch para llegar al rio de Noctis, en Menegar, pues, una bandada de cinco Sempicor, una especie de cuervo gigante, capaz de vivir cientos de años, que los habían atacado dos días atrás, y cuyas garras venenosas, que causaban una lenta cicatrización en las heridas que ellos mismos ocasionaban, habían herido a Kasch en la espalda, y Ahren necesitaba preparar el Sello de Oro cada noche, para que al menos se detuviese un poco la hemorragia, hasta que la herida se cerrara.En la madrugada del octavo día de viaje, Ahren se encargo de la herida de Kasch, la cual se cerraría quizás al anochecer, de no haber sido por el Sello de Oro, Kasch podría haber muerto desangrado, pues las heridas de las garras de los Sempicor, pueden llegar a cerrarse semanas después del ataque. -¿Cómo te encuentras?- preguntó Ahren, en cuanto había terminado de revisar, y vuelto a vendar la herida. -Mucho mejor- murmuró un Kasch pálido- sin embargo me siento un poco débil. -Ya mañana llegaremos a Midgard, hermano, a medio día- le animó Ahren, mientras le ayudaba a montar en Cerberos- para el anochecer se cerrara, y mañana en la madrugada, luego de descansar en la noche, te sentirás como nuevo. Kasch sonrió. Ahren montó en Fenrir, y comenzaron a cabalgar, tarea que se le facilitaba mucho más que antes a Kasch, cuya herida estaba sanando gracias al Sello de Oro. Ahren y Kasch se detuvieron a medio día, para que Kasch comiera algo antes de seguir adelante, y al anochecer, se encontraban oficialmente en territorio de Midgard. -¡Mira allá, Kasch!- exclamó Ahren, mientras le mostraba un punto al sur-este. -¿Un campamento?- preguntó Kasch, hablando a un nivel en el que Ahren le escuchara.Ahren y Kasch aumentaron un poco la velocidad, y a acercarse, notaron que no era un pequeño campamento. Había alrededor de cuarenta personas, y junto a ellos otros cuarenta animales. -Somos de la Escuela Básica del Sur- se presentó Ahren ante las personas del campamento, quienes estaban todas dispuestas a permitir a más personas en el grupo- tengo un herido, y no soy muy buen médico. -¡Pero si eres el mejor...- exclamó Kasch vagamente- estoy vivito y coleando! -Una bandada de cinco Sempicor nos atacó- explicó Ahren- la única planta que teníamos con nosotros era el Sello de Oro, sin embargo se que lo mejor para tratar estas heridas es la ''Equinácea'', pero no tenemos de esa. -Vengan conmigo- señalo una chica, que iba acompañada por un chico muy parecido a ella- yo tengo un poco. -Vamos, Kasch- dijo Ahren mientras ayudaba a su hermano a bajar de Cerberos- andando, chicos- dijo refiriéndose a los lobos. -Soy Adalia Geiger- se presentó la chica- soy de la Escuela Básica del Este, y este es mi hermano, Alger Geiger. -Un placer- se presentó el chico, extendiéndole la mano a Ahren. -Un placer- dijo Ahren, el cual observaba la mano del chico como si fuese algo extraño. -Un placer, yo soy Kasch Dürer, y este es mi hermano Ahren Wolf- se presentó Kasch dándole la mano a Alger- discúlpale, no es muy sociable- dijo con una sonrisa. -¿Por qué tienen distintos apellidos?- preguntó Adalia. -Lo que pasa es que... -Soy adoptado- apresuró Ahren, interrumpiendo a Kasch. Adalia era una chica bajita, de cabello castaño y ojos verdes, tenía una nariz respingona pero pequeña, y los labios finos y un rostro muy bello y femenino. Su hermano tenía las mismas características que ella, solo que era un poco más alto, del tamaño de Kasch, y sus rasgos eran mucho más masculinos que los de su hermana. -Mi hermana fue la mejor de la clase de Botánica y Mineralogía- comentó Alger, mientras ayudaba a Ahren a sentar a Kasch. -Me haces sonrojar- se burló la hermana del chico mientras revisaba su bolso, en busca de la Equinácea. -Yo, sin embargo, solo sirvo para rastrear- indicó Alger- pero no me quejo- agregó con una sonrisa. -¿Y qué arma usas?- preguntó Kasch. -Una lanza con doble hoja- respondió el chico señalando a dos inmensos lobos de pelaje castaño, los cuales estaban tirados en el suelo, junto a una lanza que media alrededor de los doscientos veinte centímetros, y una moharra grande y recta, de dos pies de largo, ancha por la base, con filo por ambos lados y que se iba angostando hacia la punta, la base tenía dos aletas curvadas con forma de media luna hacía el regatón, el cual estaba cubierto por un hermoso terciopelo azul, modificado de tal manera que tuviese un buen agarre. -Mi padre me la compro- explicó el chico- y me la envió en cuanto le dije que me habían asignado la lanza. -Estaba tan feliz- agregó Adalia, acercándose a Kasch entregándole una taza de té de Equinácea- tómatelo, te sentirás mejor. -¿Y por qué estaba tan feliz?- preguntó Kasch luego de tomar un poco de té- ¡Vaya, está muy bueno!- exclamó. -Gracias- dijo la chica- lo que sucede es que durante todas las generaciones de la familia  Geiger, los hombres habían sido maestros en el arte de la lanza, el hecho de que Alger no rompiera la tradición lo hizo muy feliz- explicó Adalia. -¿Y tú?- preguntó Kasch- ¿Qué arma tienes? -Yo uso un látigo de cadenas- le dijo la chica, señalando el lado derecho de su cintura en donde se encontraba guindada dicha arma, cuyas cadenas estaban forradas por una cota de malla negra, y manubrio envuelto por terciopelo rojo- este me lo compro mi papá porque soy la primera mujer de la familia que quiso ser un Merceseris. -Armas personalizadas...- murmuró Ahren. -Exactamente- dijo Alger con una sonrisa. -¿Por qué están tantas personas reunidas en un campamento?- preguntó Ahren. -Verás- comenzó el chico- cuando Adalia y yo llegamos, había solo un campamento de una sola persona, el chico peliblanco que está usando un sweater rojo, dueño de un puma, le preguntamos que si no le molestaba que acampáramos juntos, nos dijo que no había ningún problema, es muy amable. -De repente, ya no éramos los únicos en el campamento, mas personas llegaban, y más se quedaban, Malcolm, el chico peliblanco, lo único que pidió a cambio de acampar juntos, es evitar conflictos en el campamento- explicó Adalia- ahora está buscando algo de agua. -Partiremos mañana al amanecer, de esa manera llegaremos a Midgard al medio día- dijo Alger. -Para entonces ya estarás bien, Kasch- dijo Adalia con una sonrisa- por ahora ve a descansar. -Gracias por todo- agradeció Ahren- vámonos, Kasch. -Me impresionas, hermano- comentó Kasch cuando se habían alejado un poco de Alger y Adalia. -¿Por qué lo dices? -Normalmente, no hubieses confiado mi salud a nadie más- explicó Kasch- tu orgullo y tu desconfianza nunca te habrían permitido dejar que me tratara alguien que no fuera un experto. Ahren no dijo nada. -Estas aprendiendo, pequeño saltamontes- dijo Kasch sonriendo. Ahren y Kasch se levantaron antes del amanecer, pues Adalia se había acercado a ellos con intención de ver como se encontraba la herida de Kasch. -¡Ya debes estar en perfecto estado!- exclamó la chica dándole un golpe a Kasch en la herida. -¡Ouch!..- exclamó el pelinegro. -Fenrir, Cerberos- llamó Ahren- nos vamos en media hora, vayan a tomar algo de agua mientras yo recojo las cosas. -¿En media hora?- preguntó Adalia. -Si- respondió Ahren- no creo que seamos los únicos- dijo señalando a las demás personas del campamento, algunas que incluso ya estaban marchándose. -No nos recibirán uno por uno- dijo Kasch, siguiéndole la idea a Ahren- recibirán a las personas en grupos, los que llegaron ayer quizás estén esperando a que llegue cierta cantidad de personas, para que procedan a recibirlos. -Ya entiendo- dijo Alger, quien se había acercado con las mochilas, su lanza y los dos lobos de pelaje castaño- quiere decir que los grupos que lleguen juntos, serán los que conformen una sección, ¿no es así? -En efecto- contestó Ahren. Ahren y Kasch recogieron todas sus cosas, y junto a Alger  y Adalia, comenzaron la marcha hacia Midgard. El sol salía desde el este, a lo lejos en el horizonte, la mayor parte de Menegar era una gran sabana, mientras los hermanos cabalgaban a toda velocidad, a lo lejos se veían las manadas de leones, de cebras y demás,  en los tramos en los que se formaban las lagunas, e incluso junto al rio se veía a los elefantes caminando hacia el norte. -¡Llegaremos aproximadamente en unas seis horas, quizás un poco más!- indicó Ahren. -Ya quiero llegar- soltó Adalia- no tienen ni idea de cuantas ganas tengo de tocar una cama, de comer comida de verdad, ¡y de echarme un buen baño! -Mujeres-  murmuró Alger. Más o menos a las doce del mediodía, el grupo se encontraba atravesando un tramo de cadenas montañosas, que aparentemente rodeaban a la Academia. -¡Ya puedo ver Midgard!- exclamó un Alger eufórico diez minutos después de que cruzaran el tramo de montañas. -¡Feliz cumpleaños, Kasch!- exclamó Ahren, que había estado esperando a visualizar la Academia para felicitarle. Kasch, que estaba distraído, levantó la mirada y allí estaba, la edificación más hermosa que había visto en toda su vida, no parecía, en absoluto, una Academia Militar. Una construcción con paredes grises, que parecían tener algún tipo de relieve de piedra, el edificio tenia forma de ''C'', y  justo entre las dos partes laterales de la edificación había una enorme fuente, en el centro de la cual se encontraba, con una rodilla flexionada y la otra tocando el suelo, un ángel con el puño en la piedra debajo de él, con sus alas retraídas hacia su espalda, vestido con una ropa ligera y fuerte, y cotas mallas que probablemente le protegerían de heridas leves, con una espada de doble filo clavada en el suelo justo detrás de él, de la cual, de la punta del mandoble, salía un chorro de agua que luego caía alrededor del ángel, justo delante de este, se encontraba una enrome ''M'' tallada en la piedra en la cual se encontraba la escultura. -Midgard- susurró Ahren viendo la construcción. Detrás de la edificación se encontraba un inmenso bosque que llegaba hasta las montañas, que rodeaban a la Academia en un radio de treinta kilómetros, por el este y oeste, y por el sur, señalado en un camino de tierra que separaba el bosque en dos partes iguales, daba a una gran playa y a un puerto, en donde se podían apreciar los navíos de combate, algunos llegando y otros preparándose para partir.  -Al fin estamos aquí, hermano- dijo Kasch con una inmensa sonrisa en su rostro- muy bien, entremos. Los chicos se dirigieron hacia la puerta principal y ellos, Ahren y Kasch, junto con todos los aprobados que habían llegado antes o poco después que ellos, se detuvieron al ver al hombre de cabellera blanca y larga que se encontraba de pie en la entrada principal, esperándolos. -Yo soy Sebastián Leibniz, el Instructor de Lucha y Combate, y fui el examinador en las pruebas para entrar a la Escuela Básica- saludo el hombre- síganme, por favor. Leibniz los guió hasta el interior de la edificación, y al llegar al comedor la impresión en el rostro de Ahren no pudo ser más marcada, no parecía un comedor de cadetes militares, más bien parecía un restaurant de hotel de cinco estrellas, solo que con un espacio lo suficientemente grande como para que quepan unas dos mil personas muy cómodamente, ya que, junto con la cocina, el depósito de armas, y el estacionamiento de los vehículos militares, ocupaba todo el primer piso de la construcción, tenía un el suelo de madera brillante, y las paredes de un color mostaza claro con detalles en relieve, mientras que las luces al estilo antiguo de oro puro estaban guindadas en el techo, dando un toque de más alta clase del que ya tenía. Los estudiantes de primera clase vestidos elegantemente, y algunos con ropa de diario, estaban sentados en las mesas, mientras que los meseros iban de una en una tomando las anotaciones o llevando grandes bandejas de comida para alguna petición en especial. -Las personas que se encuentran vestidas con el uniforme formal de un Merceseris de Mider, es motivo de que, o van a partir, o vienen de llegar de una misión netamente legal, como escoltar a una persona importante o representar a la Academia en alguna reunión con motivo de baja importancia- explicó Leibniz a sus seguidores- los aceptados este año fueron alrededor de unas quinientas personas, este es el tercer grupo en llegar, y puedo ver que son alrededor de cien. -¿Aun faltan más?- preguntó Kasch a lo bajo para que Ahren le escuchara. -Con respecto a las habitaciones; este edificio posee seis plantas extremadamente amplias, todo el perímetro de la Tercera Planta corresponde a las Habitaciones, la cual está dividida en tres partes principales, Wizard, Hauer y Söldner. Cada parte de las habitaciones está separada por clases, Tercera, Segunda y Primera. Todas las habitaciones son individuales, indicadas con su respectivo nombre en la puerta, cada una tiene una cama, un escritorio, un armario y un baño. En la Cuarta Planta se encuentra el Gran Salón, para las fiestas de graduación, cocteles, y cualquier tipo de celebración, menos cumpleaños- agregó al ver algunas sonrisas entre algunos grupos de personas, posiblemente conocidos- toda la Quinta Planta es una Biblioteca, en donde podrán encontrar cualquier libro sobre cualquier tema que necesiten. La Sexta Planta son las habitaciones de servicio, así que está prohibido subir a molestar. ''-Las categorías de cada uno de ustedes está en la Cartelera de Información, la encontraran en la biblioteca, justo junto a la escalera- indicó Leibniz'' ´´-Con respecto a las Materias de Instrucción- siguió Leibniz- en total hay diez grupos, cada uno de cincuenta personas, digamos que en este grupo encontraremos unos veinte Söldner, cuarenta Hauer y cuarenta Wizard. Los dividiremos en cincuenta personas por clase, es decir, entre ustedes se encuentran los Grupos ''E'' y ''F'', en sus habitaciones encontraran una mesita de noche, ubicada al lado derecho de su cama, en ella hallaran una tarjeta de identificación con sus datos, numero de clase, letra con respecto al grupo correspondiente y tipo de Merceseris, al tocarla, su foto respectiva aparecerá en ella.  -Debe de ser magia, entonces- dijo un chico que se encontraba, que estaba un poco cerca de Ahren y Kasch, a otro que, al parecer, iba con él. -Efectivamente- respondió el Instructor, que había escuchado al chico- En esa misma mesa- continuó- hallarán el horario que usaran a lo largo de su estadía en la Academia, en cuanto sean ascendidos a la Segunda o Primera Clase, puede que su horario cambie, al igual que el grupo en el que se encuentran, de igual manera, la tarjeta cambiará los datos automáticamente.''-Tienen hasta el día veinticuatro de febrero para descansar- les indicó Leibniz- el veinticinco, comienzan las actividades'' -Vaya- soltó Kasch en cuanto Leibniz había terminado la charla- por ahora, será la semana más aburrida de toda la historia, ¿No crees, Ahren?- preguntó el chico volteando hacia su hermano- ¿Ahren? -Increíble- susurró el chico. -¿Ah?- preguntó Kasch, confundido- ¿Qué tiene de increíble estar en un paraíso sin hacer nada? -Lo increíble...- comenzó Ahren- es que, efectivamente, estamos en un paraíso. Alger y Adalia sonrieron.  Los cuatro recorrieron la edificación casi en su totalidad, pues en las habitaciones de los profesores, ubicadas en una parte de la segunda planta, del lado este, no era permitida la entrada a los cadetes, en el lado oeste de esta planta se encontraban los salones de clases. -Veamos la cartelera en la biblioteca- sugirió Alger, que ya no aguantaba más tiempo paseando si no veía que tipo de Merceseris sería. -Adalia Geiger... Adalia Geiger- murmuraba la chica mientras leía uno de los papeles referentes a los egresados de las Escuelas Básicas- ¡Wizard!- exclamó la chica llena de alegría- ¡Soy una Wizard, una Wizard! -¡Mi turno!- se adelantó Kasch- Kasch, Kasch, Kasch...-  murmuraba el chico mientras leía en la sección de la Escuela Básica del Sur. -¿Qué eres?- preguntó Ahren. -¡Soy un Hauer! -¡Yo también!- exclamó Alger, quien leía la sección de la Escuela Básica del Este. -Muy bien, es mi turno entonces- murmuró Ahren dando un paso al frente. -¿Qué, qué?- preguntó Kasch, curioso. -¿S-Söldner?- leyó Ahren- ¿soy un Söldner? -¡Vaya, hermano!- exclamó Kasch, sonriente- ¡sabía que tenías dotes de líder! -Acaso, ¿las tengo?- murmuró extrañado.  Los cuatro amigos se separaron en busca de sus habitaciones, Ahren camino en silencio hasta la sección de los Söldner, y notó al instante que esta era muy hermosa, en la entrada de la división de los Söldner, había un gran salón, con muebles y libros (Ahren se preguntaba por que habían libros allí, si en la biblioteca habían de sobra), con paredes pintadas desde abajo hacia arriba, con un color negro que llegaba aproximadamente hasta la mitad y una alfombra de color carbón, cuyo diseño era similar al de las paredes, cubría el suelo de madera, con detalles de líneas curvas sin sentido en color dorado, y el blanco que continuaba su travesía hasta el techo. Justo en el final del salón, una gran puerta de roble daba paso a un gran pasillo, con el mismo diseño de pintura que había en el salón, y habitaciones a cada lado. El dormitorio de Ahren estaba casi al final, pues estaban ordenadas por orden alfabético y el apellido de Ahren comienza por ''W''. -Vaya- soltó en cuanto entro a ella, era  una habitación espaciosa, las paredes estaban pintadas igual que las del pasillo y las luces eran pequeñas y poco extravagantes, se dirigió hacia la mesita y allí estaba una pequeña llavecita plateada, por un momento recordó la Escuela Básica, un horario de clases, que Ahren decidió dejar allí para después, y la tarjeta de Identificación, al agarrarla, sucedió exactamente lo que había dicho Leibniz, su foto apareció de la nada impresa en la parte derecha del plástico. La cama era inmensa, Ahren pensó que allí podrían haber dormido Kasch, Anna y él, y ninguno se habría quejado sobre incomodidad. La decoración era la misma que había en el Salón. Como en la habitación de la Escuela Básica, el armario se encontraba detrás de la puerta, Ahren lo abrió y vio como, nuevamente, toda su ropa estaba ordenada del mismo modo que en la Escuela Básica. -Definitivamente, este es el paraíso- murmuró Ahren para sí.