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Harry Potter y la Celda de Merlín — capítulo 2

El mejor de los cumpleaños

Bajo dos frazadas, un cubrecamas desordenado sobre la cama y parte del piso y rodeado por un cuarto repleto de cosas de magia y fotografías de familia, un chico que esa mañana cumplía dieciséis años dormía profundamente sin tener idea de lo que pasaba a su alrededor.

Fue en ese momento en que recibió su primera... sorpresa...

–¡FELIZ CUMPLEÑOS!

Un hombre salto sobre la cama del chico causando un gran desorden. Este se levanto sobresaltado tratando de sacar la cabeza por debajo de las mantas que lo cubrían, mientras buscaba a tientas sus anteojos sobre la mesa de noche, (estos estaban en el suelo). Sentía que el aire se le iba mientras era aplastado por el hombre. Y cuando logro salirse de la presión que este le causaba lo miro con los ojos desorbitados.

–¡SIRIUS! –Grito jadeante.

–Disculpa –Dijo este sentándose en la cama–. ¿Te desperté?

El chico hizo una mueca. Luego vio en las manos de su padrino un paquete de regalo.

–Ah, sí. Para ti Harry –Dijo Sirius–. Sé que no es mucho, pero espero que te guste.

–Gracias –Dijo Harry tomando el regalo y recogiendo los lentes.

–Bueno, no todos los días cumples dieciséis años ¿no? –A Sirius le brillaron los ojos–. ¡Dieciséis años! Harry si este año no consigues novia te juro que te estrangulo.

A Harry se le subieron los colores, ¿qué estaba diciendo su padrino? Le había afectado vivir con los hermanos Potter, se le había atrofiado el cerebro.

–Eh... Sirius... yo no...

–Nada, de nada, abre tu regalo ahora –Sonrió este.

Harry empezó a desenvolver el paquete que tenia entre sus manos. Se sorprendió mucho cuando vio que era una fotografía en marco. Pero no era de sus padres ni de nadie a quien extrañara o bueno... tal vez si... Era una fotografía que se habían sacado en el curso anterior. Ahí estaban todos: él mismo (Harry), Ron, Hermione, Sirius, Lupin, Wood, Ginny, Dumbledore, Hagrid, la señora Figg, Ktrin, inclusive Mclogan. Harry sonrió, la fotografía lo saludaba, todos sonreían, y veía claramente como Ron sujetaba y soltaba la mano de Hermione al mismo tiempo. Veía como los ojos de Dumbledore refulgían en un brillo especial, como su hermana le pasaba un brazo por los hombros a él mismo. Pero por sobre todo, a Ginny. Miraba a Ginny que estaba entre Sirius y Ron. Como la chica pelirroja hermana de su mejor amigo, se había convertido en una chica preciosa al pasar el tiempo, y por supuesto como olvidar la carta que le dio al terminar el curso anterior. Una carta que el había tenido guardada por mucho tiempo.

Durante dos meses y medio no había visto a sus amigos, no había visto a Ron, ni a Hermione, ni a Ginny. Se sonrojo al imaginársela, no se había dado cuenta que Sirius aun estaba ahí y que le sonreía de modo misterioso.

–Sabia que te gustaría la fotografía. Especialmente “Alguien” de ella.

Harry trato de evitar que su cara se sonrojara, e intento de cambiar el tema, dejando la foto sobre su mesa de noche.

–¿Y Key?

–Ah... salió temprano... fue al ministerio. –Dijo Sirius. Parecía que no le había gustado el cambio porque se puso nervioso.

–¿Al ministerio? –Pregunto Harry algo desconcertado–. ¿Para que?

–No lo sé. Solo dijo que tenia que hacer algo importante. Dijo que estaría de vuelta mas tarde. –Dijo Sirius levantándose de la cama y yendo hasta la puerta–. Apresúrate en bañarte y vestirte, tenemos que limpiar la casa.

–¿Limpiar? –Jadeo Harry desconcertado– ¿para qué?

–Eh... nos toca hoy... ¿recuerdas? –Sirius se puso nervioso, así que salió rápidamente de la habitación, Harry quedo mirando el hueco de la puerta desconcertado.

Se levanto y escogió ropa. Era primera vez en su vida que tenia ropa decente, algo que a él le gustara.

Un año más. Un año había pasado desde que su vida había cambiado, y ahora vivía en una de las más grandes mansiones propiedad de un integrante del ministerio. Lamentablemente muerto a mano de los mortifagos. Von Blase L’bourbauge, había sido el padrastro de Ktrin por quince años.

Hedwig había desaparecido durante la noche junto con Kipan, la lechuza de Ktrin, que pertenecía a James Potter su padre. Había tomado mucho cariño con Harry desde que había llegado a la mansión, aunque a Sirius no lo dejaba ni acercarse a su jaula. Parecía recordarlo, y Sirius se reía de su propio chiste. Ni Ktrin ni Harry entendían, pero sabían como era el padrino de Harry en cuanto a sus cosas personales.

Harry había cumplido dieciséis años. Ahora era mucho mas alto. Tenia casi la altura de Ron, aunque podría imaginarse que este había crecido más. Tenia el pelo como siempre desordenado y de ese color azabache casi azul a la luz del sol. Pero, lo que más destacaba en Harry, además de sus brillantes ojos verdes, era su cicatriz tras su desordenada chasquilla. Que, hablando de ella, ahora, había adaptado un cierto aire de atracción. Se parecía bastante a como era Brian Mclogan el año anterior, el invitado de Slitherin, el que Harry podría jurar estaba tras los pasos de su hermana. Este chico había atraído muchas pretendientes durante el curso pasado, y si Harry se había empezado a parecer a él, no seria raro que atrajera a chicas, aunque solamente le gustaba la idea de atraer especialmente a una.

Se sonrojo ante la sola idea de pensarlo. Su hermana se lo recordaba siempre: Vas a tener bastantes pretendientes Harry, estas pareciéndote bastante a papá, y él era bastante atractivo ¿sabes?–– Le decía de vez en cuando.

Harry se cambio rápidamente después de bañarse, y bajo al salón. Era enorme, tenia una gran mesa redonda en el interior donde habrían al menos veinte sillas. Tenían una lampara de lagrimas con cristales colgada del techo, y un gran jardín. Harry no se demoro en hacerse amigo del perro siberiano (Lyco) que Ktrin tenia, y de la gata negra, Morgana. Lo único que no le gustaba de la mansión, era el gallinero, ya que todas las mañanas cuando tenia que ir a buscar los huevos para desayunar, terminaba picoteado (a Sirius no le gustaba ir).

Pero esa mañana cuando bajo tenia el desayuno listo sobre otra mesa que estaba en el salón de visitas, Harry le sonrió a Sirius agradecido de que no tenia que ir al gallinero, pero Sirius tenia rasguños en la cara y en los brazos.

–Tienes carta de Remus –Dijo este mientras se ponía crema en las heridas–. Llego esta mañana.

–¿De veras? ¿Qué cuenta?

–No lo sé... yo no me meto en tu correspondencia.

–En la mía no, pero en la de Key...

–¡Le llegan cartas de aduladores y petulantes pervertidos! ¿Qué querías que hiciera? ¡Tu padre había hecho lo mismo!

–Aun así, sabes como se pone cuando se enoja –Decía desdoblando la carta y levantando una ceja.

–Y que lo digas –Dijo Sirius algo molesto–. Me costo mucho encontrar el camino de vuelta cuando me mando a Italia. Tuve suerte de encontrarme con Diggle, sino quien sabe lo que me habría pasado.

Harry se rió por lo bajo mientras comenzaba a leer la carta de Lupin, Sirius lo miro irónicamente.

–¡No te rías!

–Solamente a ti se te ocurre jugar sucio con ella.

–Hablas como si la conocieras mucho y llevan solamente casi dos meses viviendo juntos.

–Bueno, es mi hermana ¿no? Tendría que conocerla de antes.

–Si bueno... oye que te dice Remus.

–Estoy leyendo, espera...

Harry: ¡Feliz cumpleaños! Me perdonaras por no ir a saludarte, pero estoy trabajando como auror, así que tampoco me tendrán este año para profesor. Eso sí, ya sé quien tomara mi lugar este año, y no se arrepentirán. Te lo aseguro.

Vaya, dieciséis años, estas grande chico, cuéntame todo cuanto pasa, y si llegas a tener novia, por favor avísame. (Harry se sonrojo) Pero bien, no tengo mucho tiempo para escribir, de todos modos te deseo un feliz cumpleaños. Y también envíale saludos a Ktrin y Sirius.

Suerte

Remus Lupin.

–Al menos sabemos que esta bien ¿no? –Dijo Sirius con una sonrisa nerviosa mirando el reloj de pie y con péndulo.

–¿qué té pasa? –Le pregunto Harry–. Has estado raro desde la mañana.

–¡Ah, no! Nada, nada –Sirius miro hacia un lado y le entrego unas monedas Muggle a Harry–. ¿Por qué no vas al cine Harry?

–¿Qué? –Pregunto desconcertado.

–Vamos, hay muy buenas funciones hoy, aprovecha esto como segundo regalo –Dijo empujándolo hasta la puerta.

–Pero... pero... y mi desayuno –Jadeo Harry mientras Sirius lo empujaba.

–No importa ya limpio yo, ah si, y vuelve antes de la seis –Sonrió este, y cerro la puerta dejando a Harry afuera.

–¿qué le pasa? –Murmuro con la cara frente a la puerta. Luego miro su reloj –. ¿Antes de las seis? Pero si son recién las once de la mañana, ¿cuánto puede durar una función?

Harry llego al centro algo desconcertado. Había ido unas tres veces al cine desde que vivía con Ktrin (Era la primera vez que iba al cine solo). Claro que le costaba un poco que pasaran desapercibidos incluso en el mundo Muggle, Ktrin llamaba mucho la atención. Harry, en realidad entendía a Sirius, aveces se sentía incomodo de que tantos hombres miraran a su hermana.

Cuando llego al cine se compro la entrada para la primera función. Unas chicas que estaban ahí que debían haber tenido catorce años, lo miraban y apuntaban con el dedo riéndose tontamente, Harry se sonrojo.

Después de tres horas de película, Harry salió algo atontado de la sala. Las mismas chicas de afuera se habían sentado cerca de él, y se reían cuando lo miraban, no lo dejaron ver tranquilo la película. Ahora sabia lo que sentía su hermana cuando los hombres le gritaban cosas o se hacían los galanes con ella, hubo una vez en que le regalaron una rosa, había sido un chico que empezó a pelear con otro por entregársela.

No sabia que hacer, aun le quedaba dinero y no quería entrar de nuevo al cine. Así que se fue a comer una hamburguesa y luego fue al parque. Aun así, era temprano, todavía no alcanzaban ni a ser las cuatro de la tarde. Pensando en que más se podía gastar lo poco que le quedaba, fue hacia un supermercado a celebrarse su propio cumpleaños. Se compro pasteles, chocolates y cosas así. Se fue nuevamente al parque y se puso a comer lo que se había comprado.

No supo como paso el tiempo, aunque el supermercado quedaba a veinte minutos del parque. Y en comer y volver se demoro un poco mas, hasta que finalmente dieron las cinco y media, y en media hora que tardara volver a la mansión estaría justo para la hora que Sirius le había dicho que volviera.

El camino de vuelta fue muy tranquilo. Harry llego justo a tiempo a la mansión. Le extraño mucho que estuviera todo en silencio. Toco el timbre pero no le abrió nadie. Busco en sus bolsillos y descubrió que no traía llaves, entonces se le ocurrió lo mejor que podía hacer: Entrar por una ventana.

Abrió la ventana de un lado de la puerta con cuidado y se metió por el pequeño espacio que esta dejaba. Finalmente callo al suelo. La mansión estaba a oscuras. Se levanto y se tambaleo. Cerro la ventana y se dirigió hasta la puerta que comunicaba al salón.

–¿Sirius? –Llamo–. ¿Key? ¡Ktrin!

Abrió las puertas...

–¡FELIZ CUMPLEAÑOS!

Harry llego a tambalearse y chocar contra una estatua que estaba al lado de la puerta. Adentro del salón estaban todas las personas que él quería, Ron, Hermione, la familia Wesley completa a excepción de Charlie. Sirius, Hagrid, inclusive hasta Lee Jordan. Harry se reincorporo entre abrazos y gritos. Aun no se ubicaba bien. Paso como tres veces por los brazos de la señora Wesley. Fred, Geroge y Ron fueron los primeros en caer al suelo cuando se tiraron sobre Harry.

–¡Ron! –Grito Hermione pescándolo de un brazo–. ¡Déjate de hacer niñerías! ¡Casi asfixias a Harry! Ah, Harry, ¡feliz cumpleaños! –Dijo abrazándolo.

–Vaya gracias –Dijo sonriéndole a sus amigos–. ¿A quien se le ocurrió esto? –Dijo Mirando a Sirius.

–No, no me mires a mí. Fue idea de Ktrin, a ella debes darle las gracias. –Dijo Sirius sonriente.

–vaya gracias... A propósito ¿aun no llega? –Pregunto Harry mirando a los invitados.

–No... –Dijo Sirius quien miro a Arthur Wesley–. Aun debe estar en el ministerio.

–Pero... ¿qué rayos esta haciendo allá?

–Cosas de tu hermana, ya sabes –Dijo Sirius acercándolo a la mesa–. Pero ven, ve tus regalos.

Harry empezó a desenvolver regalos. Estuvo casi media hora dando las gracias por las excelentes cosas que había recibido. Ron como siempre, le regalo algo relacionado con Quiddich. Hermione algo que no se esperaba de ella, un cuarzo rosa como colgante. Hermione sonrió y señalo un papel que venia cerca de la piedra, Harry leyó: Cuarzo rosa, especial para tener éxito en el amor. Harry se sonrojo al mismo tiempo en que Hermione apuntaba a Ginny quien hablaba con Sirius animadamente.

Luego le quedaba el ultimo regalo, uno pequeño y envuelto en un papel muy sencillo. Harry noto como Ginny se escondía tras Hermione y se ponía a hablar con ella, sin que esta la escuchara.

Harry lo abrió muy animado, dentro venia lo que parecía una pequeña estatuilla hecha en barro que representaba a un búho real y en su lomo tenia un lobo. Todo estaba muy bien hecho, Harry miro a Ginny que estaba sonrojada, a el le paso lo mismo, le costo un poco formular las palabras que iba a decir, estaba impresionado con la estatuilla.

–Gracias –Le murmuro.

Ginny se había sonrojado, pero salió tras de Hermione y lo miro:

–No hay de que. Es tu cumpleaños ¿no?

Todos los invitados se miraron entre sí, cuando detrás de ellos se escucho a alguien comiendo rápidamente.

–¡Ron! –Grito Hermione–. No te comas las cosas, aun siquiera a empezado la fiesta.

–Pero Hermi, tengo hambre.

–¡Nada de peros Ronald Wesley, eso es para todos no solamente para ti!

–¿Hermi, Ronald? –Harry se volteo a mirar a Ginny, esta le sonrió por lo bajo.

–Creo que no tuvieron tiempo de decírtelo en sus cartas, estaban muy ocupados discutiendo –Se rió la pelirroja.

–¿A que te refieres?

–Son novios –Dijo Ginny. A Harry casi se le cae la estatuilla de las manos.

–¡QUE! –Grito impresionado. No podía creer lo que escuchaba, al fin Ron lo había logrado. Ginny volvió a reírse. Ron y Hermione seguían discutiendo.

–Aunque... bueno... de vez en cuando tienen sus peleas –Dijo en un susurro, mientras todos los miraban.

La fiesta fue bastante agradable. Hagrid ocupaba gran parte del comedor, y le había regalado a Harry algo que parecía una canasta con sus dulces favoritos. Todos bailaban y.... discutían: Hermione alegaba de que por que Ron no la invitaba a bailar. Pero este estaba muy ocupado en el libro que le había regalado a Harry y decía que para eso tenían bastante tiempo. Morgana y Lyco dormitaban juntos en un sofá hecho especialmente para ellos. Lyco se cubría con una pata sus orejas para no escuchar el barullo y Morgana se ocultaba bajo la cabeza de Lyco, por lo mismo.

Entonces se escucho el abrir de una cerradura. La puerta principal que daba a la calle se abrió y por ella entro Ktrin. Tenia puesta una capa verde botella, se saco la capucha que le cubría la cabeza, cerro la puerta tras de sí, y se apoyo en ella con una sonrisa de triunfo. Levanto su mano derecha donde tenia agarrado un sobre azul, le sonrió a todos:

–Lo... conseguí –Dijo algo cansada.

Arthur Wesley inmediatamente se acerco para ver el sobre y grito emocionado.

–¡Lo conseguiste! Vaya, cuesta demasiado conseguirlo. Ni siquiera autorizan a los propios integrantes del ministerio.

–Fue un arduo trabajo. Desde las siete de la mañana hasta ahora... estoy agotada –Sonrió. Luego miro a Harry que estaba en el centro del salón. Ktrin sonrió y se lanzo sobre el–.¡Feliz cumpleaños!

Ambos cayeron al piso. Harry parecía avergonzado, pero no Ktrin. Esta se levanto pidiéndole disculpas y le dio la mano para que también se levantara.

–Discúlpame por no haberte saludado esta mañana, pero quería darte un regalo muy especial –Le dijo a Harry mostrándole el sobre azul que tenia en la mano.

Harry parecía desconcertado casi catorce horas fuera solamente para comprarle una tarjeta. De todas maneras para parecer cortes la agradeció. Entonces vio que no era un sobre común. Tenia símbolos e inscripciones extrañas alrededor de la tapa del remitente, sellado con un sello azul de cera que tenia una gran “M”. Harry miro extrañado a su hermana.

–Ábrelo –Le dijo.

Harry abrió el sobre, dentro venia una tarjeta que tenia el mismo color que su envoltorio. También tenia los mismos símbolos, pero esta carta pesaba. Harry la abrió, dentro no habían letras, sino que un pequeño espejo bordeado por letras.

–¿Qué... es? –Pregunto Harry desconcertado. Se escucho que Ron y Bill lanzaban un grito de admiración. (Hay que recordar que Bill nunca había visto a Ktrin, así que no era solamente por el sobre el que gritaba). Ktrin sonrió.

–Es un “resplandor” –Dijo.

–¿qué cosa? –Inqiuirio Harry levantando una ceja.

–Un resplandor que refleja el deseo mas profundo de tu alma en cuanto a los seres que han muerto Harry.

–¿qué quieres decir?

–Harry. Esta carta cuesta mucho conseguirla. Hay que tener un permiso especial. Se puede utilizar solamente en un caso extremo, por eso me demore tanto en conseguirla. Soy menor de edad, hace un mes solamente que cumplí los diecisiete y eso también fue un gran impedimento. Pero de todos modos, lo conseguí, y aquí esta.

–Pero... ¿qué hago con él?

–Esta tarjeta se usa para visitar el otro mundo Harry, por diez minutos. –Dijo Ktrin, Hermione parecía tan sorprendida como Harry, que no parpadeaba–. Sé que tu deseo más profundo es conocer o al menos recordar a quienes perdiste cuando eras solo un bebe. Yo puedo recordarlos, además, los veía... Hasta el incidente del año anterior, pero bueno... Si te miras en ese espejo, este conocerá ese deseo que tanto anhelas con respecto a los que se han ido... Y... Viajaras paralelamente de este mundo al otro por diez minutos... que aquí, serán una hora.

Harry hacia que su cabeza trabajara a mil por segundo. ¿Qué ese espejo le concedería ver a sus padres? Ver a sus padres verdaderamente, nada de hologramas, ni espejos falsos, los vería a ellos. Estaba a punto de tirarse el ahora sobre Ktrin, pero se contuvo. Esta le sonreía, entonces Harry los miro a todos.

–Sé que soy el festejado... pero...

–No te preocupes cielo –Dijo la señora Wesley con una sonrisa–. Tienes que aprovechar el regalo y el tiempo.

–Ve Harry –Le dijo Ron–. Después nos contaras como es el otro lado.

–¡Ron! –Le dijo Hermione–. Ve tranquilo Harry. Son solo diez minutos, tienes que aprovecharlos. Y no te preocupes por contarnos como es el otro lado. –Le dijo con una sonrisa mientras apretaba la mano de Ron con fuerza (este tenia una mueca de dolor).

Harry les sonrió a todos. Luego, miro el sobre, se fijo en el espejo. Era muy distinto a los espejos comunes, este parecía como si el reflejo se moviera rápidamente. Entonces noto que el porte era necesario ya que no reflejaba la cara, reflejaba sus ojos. Sintió algo extraño, un extraño calor, se sentía muy liviano, sintió como si se elevara del suelo, como si flotara. Entonces un remolino de colores lo envolvió. Había una música, una música maravillosa, como si fuera el canto del fénix pero mil veces más bella. Habían colores que no podía describir, el sol le daba en la cara, pero no le dolían los ojos. Derrepente sintió que iba en picada hacia el suelo, y cayo en algo blando. Quiso quedarse así un rato, era agradable estar ahí. Aun escuchaba la música pero más cerca que nunca, no quería abrir los ojos, quería aprovechar ese momento...