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Historia 32333 — capítulo 10
A la mañana siguiente salió de la enfermería con tiempo de sobra para desayunar. Cuando llegó al Gran Salón lo encontró bastante vacío: aún era muy temprano en la mañana. Pero lo prefirió así, no quería que su reincorporación atrajera muchas miradas, si era verdad lo que le habían dicho sus amigos sobre que ahora era una "celebridad". Se sentó a la mesa de su casa y se sirvió avena caliente para combatir el frío que noviembre empezaba a traer consigo. Cuando terminaba un segundo tazón de avena, llegaron sus cuatro amigos y lo recibieron muy contentos. Se sentaron junto a él y lo pusieron al tanto sobre lo que había ocurrido mientras estaba inconsciente, dado que no se lo habían podido contar el día anterior debido a que Madame Pomfrey los sacó de la enfermería.
-Dorian Mcmillan reprobó Pociones con una D de "Desastroso"-le contaba Scorpius muy divertido.-Jagellon dijo que había sido previsible, al no tenerte Mcmillan al lado para que lo ayudes.
-Todavía no puedo creer que lo hallas ayudado-le dijo Lawrence-Yo necesito más ayuda que él.
-Fue sólo una vez-se defendió Albus.-Además ya me pagó el favor.
-Si, pero por hacerlo casi mueres a manos de una mantícora.
-Bueno, pero digamos que eso pasó exactamente al revés-dijo Albus con una sonrisa. ¿Qué había de malo en acompañar el curso de los rumores?
-Entonces... ¿es cierto?-le preguntó Christian anonadado.- ¿De verdad la mataste?
-Pues a decir verdad,-Albus dudó una milésima de segundo antes de continuar.-si lo hice. Yo la maté.
-Increíble.-exclamó Lawrence.
Sintiéndose bastante mentiroso, Albus se marchó junto con sus amigos a la clase de Historia de la Magia que tenían ese día. Aunque, en realidad, no sabía si él había matado a la mantícora; pero era una posibilidad.
***
Luego de almorzar se dirigieron a la clase de Defensa Contra las Artes Oscuras. Cuando entraron en el aula la encontraron vacía, lo cual significaba una clase práctica, que siempre eran las mejores y más entretenidas. Divisó a Emma en el otro lado del aula. La chica también lo había visto y se había aproximado.
-¡Albus! No nos dijiste que hoy te reincorporabas-los labios de Emma dejaron al descubierto sus blanquísimos dientes en una gran sonrisa.-Estas clases no eran las mismas sin ti.
-Eh… gracias Emma-Albus le devolvió la sonrisa medio confundido. Luego añadió, señalando al gran espacio vacío en el centro del aula.-Parece que hay clase práctica, ¿quieres estar conmigo?
-Lo siento Albus.-le respondió la chica en un susurro, al parecer algo apenada.-Ya le prometí a Rob que practicaría con él-tras decir esto un leve tono rosado apareció en sus mejillas. Luego añadió:-. Quizás la próxima clase práctica.
-¿Te gusta Rob?-la pregunta brotó de los labios de Albus antes de que él pudiera evitarlo, pero la rabia se había apoderado de él a una velocidad alarmante. En realidad sabía cuál era la respuesta, pero no estaba dispuesto a aceptarla si no venía de la misma Emma.
-¿Qué?-Emma parecía muy nerviosa y su tez se había vuelto carmesí-Claro que no. Pero, ¿qué dices?
-Lo siento, era solo curiosidad.-se defendió el chico.-Te veré luego, Emma-tras decir esto, un poco más brusco que de costumbre, se volvió junto a sus amigos y escuchó a la profesora Lippi, que acababa de entrar en el aula y se dirigía a sus alumnos:
-El día de hoy practicaremos el Protego, o encantamiento escudo. Como espero que recuerden, hasta hace dos clases estuvimos hablando de el.-les dijo rápidamente.- ¿Quién de ustedes puede decirme en que consiste el encantamiento?
La mano de su prima Rose fue la primera en elevarse y la única a la que la profesora señaló para concederle la palabra. Al igual que su madre, Rose era la mejor del curso.
-El encantamiento Protego, como bien indica su nombre, nos protege de maldiciones y encantamientos comunes y medianos.-dijo la niña de un tirón.-Sin embargo, su efectividad es nula contra las poderosas maldiciones, la magia negra y las Maldiciones Imperdonables.
-¡Excelente! Veinte puntos para Ravenclaw, Weasley.-la ponderó Lippi con una sonrisa en el rostro.-Bueno, para que todos puedan apreciarlo, la señorita Weasley nos mostrará cómo se realiza este hechizo. Acérquese, por favor-le indicó la profesora a la muy sorprendida Rose, quien dio un paso al frente.-Y tu contrincante será...-la profesora Lippi reflexionó un poco mientras evaluaba a sus alumnos.-el señor Potter, destructor de mantícoras.
Un murmullo general recorrió la clase. La misma profesora estaba declarando la veracidad del rumor que había recorrido el castillo durante la semana pasada. Albus se sintió muy observado mientras salía de entre el resto de los estudiantes y se aproximaba a la profesora. Ésta volvió a hablar:
-Para incentivar un poco el pequeño duelo que deberán llevar a cabo, el que logre vencer (siempre utilizando hechizos leves) tendrá una recompensa de treinta puntos para su respectiva casa.-los alumnos parecían entusiasmados por la pequeña competencia que se llevaría a cabo. Rose y Albus, además de ser primos, eran los dos mejores en esa asignatura y era sabido que ambos ansiaban superar al otro.-Supongo que ambos recuerdan el protocolo de duelo que les expliqué hace algunas clases-los niños asintieron.- ¡Excelente!¡Impresiónennos!
Albus se posicionó en frente de Rose-quien estaba totalmente seria y , al parecer, dispuesta a conseguir esos treinta puntos para Ravenclaw, además del reconocimiento de la profesora- y ambos hicieron una inclinación, con las varitas frente a sus rostros. Luego se dieron la vuelta, dieron seis pasos y volvieron a girar, con las varitas en alto. Rose fue la primera en actuar:
-¡Expelliarmus!
El chorro de luz roja pasó rozando la coronilla de Albus, quien se había agachado para evitar el hechizo. Detrás de él, escuchó cómo la profesora Lippi exclamaba:
-¡Utilicen el Protego!
Albus dirigió su varita a Rose y pronunció el primer hechizo que le vino a la mente:
-¡Densaugeo!
-¡Protego!-bramó Rose levantando la varita, para protegerse del chorro de luz plateado que el hechizo de Albus había provocado. El hechizo de Albus se detuvo frente a Rose y rebotó dirigiéndose a Albus, quién saltó hacia un lado para esquivarlo. Albus volvió a contraatacar:
-¡Eiadacto!-Albus sintió cómo la fuerza dirigida hacia Rose salía de su varita y volvía a ser contrarrestada por el escudo de Rose, aunque haciéndola tambalear.
-No estás demostrándome el Protego, Potter-le espetó la profesora desde un costado. Rose, aprovechando la leve distracción que sufrió Albus, lo apuntó con la varita y exclamó:
-¡Rictusempra!
Pero Albus actuó sumamente rápido. Se cubrió con su varita y realizó el encantamiento escudo. El hechizo de Rose salió despedido hacia ella, quien tuvo que tirarse al piso para evitar ser interceptada por aquel encantamiento de cosquillas. Aún estando sobre el suelo, lanzó otro hechizo:
-¡Petrificus Totalus!
Esta vez Albus no pudo interceptarlo. El hechizo lo golpeó de lleno y pudo sentir cómo una fuerza invisible unía sus piernas entre sí y sus brazos al cuerpo, dejándolo rígido como una tabla y tirándolo al suelo. Los alumnos aplaudieron al dúo y la profesora Lippi tomó la palabra, mientras apuntaba con su varita al niño y lo desencantaba:
-Muy bien hecho, Weasley. Potter debería haber estado preparado, a pesar de que ha sido un buen contrincante. Treinta puntos para Ravenclaw, como prometí que sería el premio. La señorita Weasley-dijo esto último levantando la voz para que sus estudiantes la escucharan con claridad-utilizó con mucho éxito el encantamiento escudo, mientras que Potter debería haberlo hecho en vez de lanzarse al suelo tantas veces.
Albus no pudo controlarse, y menos a su lengua. Levantó la varita apuntando a su prima y exclamó con la voz cargada de rencor y envidia:
-¡Citimoris!
Rose, quien estaba muy feliz siendo rodeada por sus compañeros de Ravenclaw que la felicitaban, adoptó en su rostro una mueca de horror absoluto y profirió un grito agudísimo. La profesora Lippi la miró extrañada mientras la niña salía corriendo y gritando del aula. Lippi se volvió hacia Albus y lo vio con la varita en alto y una expresión de satisfacción en el rostro.
-¡Potter!-bramó la profesora, sacando a Albus de una extraña sensación de placentero trance.- ¿Qué le hiciste a Weasley?
-Yo no le hice nada, profesora.
-Si, si lo hizo-Rob Warwick, el mejor amigo de su prima, se dirigía a la profesora sin quitarle los ojos de encima a Albus.-La hechizó, yo lo vi.
-¿Con qué hechizo?
-No lo sé; era algo así como "citimoris".
-Se acabó la clase, váyanse.-los alumnos, bastante decepcionados por no poder practicar el encantamiento por su cuenta, se dirigieron a la puerta. Albus estaba por hacer lo mismo cuando la voz de la profesora resonó por sobre los murmullos de los alumnos:-Tú te quedas, Potter.
Albus se detuvo al instante. Lippi lo miraba con extrañeza. La profesora le hizo un ademán con la mano para que se acerque y le indicó que se sentara en un pupitre que hizo aparecer de la nada mediante un movimiento de su varita. Tras observarlo con detenimiento durante unos segundos, le preguntó:
-¿Cuál fue el hechizo que utilizaste con tu prima?
-No lo recuerdo bien-la profesora no parecía muy convencida-Creo que dije algo como "citimoris", como le dijo Warwick. Pero no estoy seguro.
-¿Cómo puedes no estar seguro de un hechizo que tu realizaste?
-Es que no lo recuerdo, profesora. Nunca había escuchado algo como lo que dije. Ni siquiera sé lo que le hice a Rose.
Lippi lo miró un momento antes de hablar:
-Te creo, Potter. Pero aún así, tu conducta fue reprobable. Veinte puntos menos para Slytherin. Ahora vete.
Pensando que la profesora había sido extremadamente indulgente, salió apresuradamente del aula y se dirigió al Gran Salón a cenar.
***
Caminaba junto con Augustus hacia la biblioteca, para seguir cumpliendo con el castigo que tenían. Cuando llegaron la señora Pince ya se había ido, por lo que abrieron con su propio juego de llaves. La biblioteca estaba muy silenciosa e igual de polvorienta que siempre.
-¿Qué te parece si hoy hacemos la sección de Runas?-le propuso a Augustus como quien no quiere la cosa. En realidad quería ordenar esa sección para poder sacarle a Augustus el tema de su marca en el pecho, y, con algo de suerte, conseguir que la examinase.
-De acuerdo; pero te advierto que será muy aburrido.
La sección de Runas Antiguas era más pequeña que las demás y estaba en un rincón de la biblioteca. Todos los libros eran de tamaño regular y la terminaron alrededor de dos horas después de haber empezado a organizarla. Cuando pusieron el último libro en su correspondiente lugar, Albus le preguntó a su amigo:
-¿Es cierto que sabes Runas Antiguas?
-¿Cómo sabes eso?-Augustus parecía algo abochornado.-No es algo que me gusta divulgar, me verían como un sabelotodo.
-No te preocupes, no es mi caso.-lo tranquilizó Albus-De hecho, me sería muy útil que me ayudes con unas runas.
-¿De qué runas hablas, Albus?-se intrigó su amigo-Estamos en primer año y las runas sólo se empiezan a estudiar en tercero, y sólo por aquellos que lo desean.
Albus decidió contarle sobre el incidente de la enfermería. Omitió el asunto del sueño: no quería que nadie pensara que estaba loco, así como Augustus no quería que lo vieran como un sabelotodo. Cuando terminó su relato, Augustus estaba con la boca abierta.
-¿Y no recuerdas cómo te las hiciste? Quizás la mantícora tuvo tiempo a atacarte o algo así sin que tú lo sintieras…
-No lo creo, aunque no puedo afirmarlo; pero no recuerdo cómo apareció esa marca-era la cuarta vez en dos días que Albus pronunciaba esa mentira.
-Qué extraño.-su amigo parecía pensativo.-Bueno, muéstramelas; capaz puedo descifrar qué significan.
Albus se quitó el suéter y se desabrochó los primeros botones de la camisa, dejando al descubierto su blanco pecho, surcado en la zona del corazón por las extrañas marcas color rosado. Augustus las miró durante un par de segundos antes de hablar.
-Estoy casi seguro de que son las runas que se utilizan para hablar de la vida o el renacer. Algo así como volver a vivir
Era muy extraño que a uno le dijeran que tenía grabadas en el pecho las runas equivalentes a todo eso para siempre. Decidió no darle más vueltas al asunto y le dio las gracias a Augustus, quien parecía querer continuar hablando de ello, para luego proponerle que ordenaran una sección mediana que correspondía a "Invisibilidad y Ocultamientos". Trabajaron rápidamente para luego de un par de horas terminar con esa sección. Considerando que habían trabajado bastante por una noche, tomaron sus respectivas cosas y salieron al pasillo principal de la biblioteca. Fue entonces cuando lo oyó.
-¡Estoy aquí! ¡Ven y tómame! ¡Estoy aquí!
-¡¿Qué dijiste?!-miró a Augustus con una mueca de horror dibujada en el rostro.
-Yo no dije nada, Albus.-Augustus lo miró preocupado-¿Estás bien?
-Si, estoy bien. Pero tú...tú dijiste...
-Yo no dije nada. Ven, vámonos de aquí. Necesitas dormir.
Augustus lo tomó con fuerza del brazo y comenzó a arrastrarlo hacia la salida. Albus estaba muy nervioso. Al mirar hacia atrás, vio con toda claridad una silueta humana deslizándose entre un par de estanterías.
-¡Detente, Augustus! ¡Hay alguien por ahí!-le dijo a su camarada en un inaudible susurro.
-Estas cansado, eso es todo. El sueño te hace imaginar cosas.
-No me imagino nada, Augustus.-le respondió muy impaciente y muerto de miedo.- ¡Aquí hay alguien más!
El niño pareció haber detectado con toda claridad el miedo en su voz, por que se detuvo y se quedó en silencio. Albus pudo ver cómo escrutaba la oscuridad. Luego de unos segundos, su amigo le susurró:
-Vámonos de aquí. Apresúrate, pero no corras.
Muertos de miedo, los niños comenzaron a caminar lo más rápido que podían sin hacer ruido. El miedo lograba acrecentar la capacidad de sus sentidos; los muebles crujían a su alrededor y les hacían sentir aún más miedo. Cuando estaban a la mitad de la biblioteca oyeron un chirrido a un costado, totalmente ajeno a algún mueble crujiendo, que hizo que se desesperaran.
-¡Corre Augustus!
Los dos chicos empezaron a correr hombro con hombro hacia la salida de la biblioteca en una carrera desenfrenada. Cuando llegaron a la puerta de entrada, la cerraron precipitadamente e introdujeron desesperadamente las llaves en la cerradura, para luego hacerlas girar y desplomarse en el suelo.
-¿Qué ha sido eso?-su respiración estaba entrecortada por la carrera que habían realizado-¿Quién puede haber estado en la biblioteca a estas horas de la noche?
-No lo sé, pero quiero alejarme de este lugar cuanto antes. Vamos a la sala común.